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SESION EN 3 DE JUNIO DE 1844

la parte innoble, sin creencias, sin conciencia, i que baila al son que le tocan.

No sucede lo mismo en las Repúblicas, en las que todo el interes público se reserva para la eleccion de Presidente; pues que el Presidente dará el tono a la Lejislatura, i su partido se hará lugar en todos los puntos por donde la voluntad nacional haya de manifestarse; entendiéndose siempre por voluntad nacional la del partido dominante.

Hemos creido necesario hacer estas apuntaciones ántes de caer a nuestro asunto, que es examinar el carácter de nuestras actuales Cámaras Lejislativas, i su oríjen.

Las elecciones de donde procede la parte renovada del personal, fueron pacíficas, como todos recuerdan, i apénas hubo otra lista que las suministradas por el Gobierno.

A las causas arriba indicadas, reúnese en Chile, para amortiguar el calor de las elecciones, el que los Diputados, no obstante el espíritu de la Constitucion, no representan intereses locales o provinciales; i cualquiera que sea el partido que propusiera la lista, siempre o las mas veces han de componerse éstas de personas estrañas a los electores.

Esta circunstancia dará a la representacion nacional un carácter distinguido de que carece en Norte-América, en donde ca la departamento elije por representante a un individuo del mismo lugar, lo que hace que no pocas veces se vea en los Diputados toda la rusticidad aldeana que los ha elevado.

El Gobierno, pues, ha dispuesto esta vez, de la eleccion sin que nadie haya querido disputársela de veras. Se ha encontrado solo en el campo; i quizá su completo predominio no ha dejado de alarmarlo, pues que no parece sino que ha temido que la representacion nacional se le muriese en las manos, segun el empeño que ha manifestado en echar en ella elementos de vida, llamando a los hombres que, a su juicio, representan mejor no la voluntad nacional, sino la razon nacional.

Esta situacion es peregrina i merece ser estudiada detenidamente. No recordamos ejemplo de Gobierno constitucional que se haya encargado él mismo de hacer su parte en la lejislatura a cada uno de los partidos e ideas que dividen la sociedad. Muchos dirán que en esto el Gobierno se ha mostrado equitativo i deseoso de representar dignamente a la nacion, llamando a los destinos públicos al mérito, donde quiera que lo ha encontrado. Nosotros, sin negar esta loable intencion del Ministerio, quisiéramos escudriñar las causas anteriores que lo han puesto en esta predisposicion de ánimo tan contraria a la manera de obrar de todos los partidos dominantes. Porque no se nos rechace esta palabra partido de que con tanta frecuencia usamos, diremos que un partido es para nosotros una manera de pensar o de juzgar, i todo hombre que piensa sobre las cosas públicas ha de incorporar su pensamiento individual en una de dos, tres o mas fracciones en que la sociedad está naturalmente dividida, en cuanto a la manera de juzgar las cosas i los hechos.

El Ministerio, dueño de una inmensa mayoría en las Cámaras, quiso repartir en las elecciones pasadas la minoría entre dos tintes políticos que no tenían órganos en la representacion nacional. Dió tantos asientos a los antiguos jefes del partido liberal, tantos a los jóvenes de capacidad que empezaban a hacerse notar, i tantos a otros individuos notables por sus luces, probidad, ductibilidad u otras causas.

El Ministerio, obrando así, obedecía a una necesidad de su posicion. No olvidemos el oríjen de la administracion presente; procede de la administracion Prieto, pero no es una continuacion de aquella. La muerte de Portales, que la daba nervio i espíritu, dejó desenvolverse nuevos intereses o, para mejor decirlo, dejó mostrarse los que había realmente en el fondo de la sociedad. Los hombres que tenían el timon de la política se sentían inclinados por convencimiento a las ideas que habia representado en otro tiempo el partido Pinto, i que se presentaron con el mismo caudillo en la lucha electoral. Despues del triunfo de las elecciones para la presidencia, el Gobierno empezó a inclinar su rumbo hacia el partido liberal vencido, pero con el que tenía ya costados en contacto i puntos de afinidad. Sus notabilidades fueron poco a poco incorporadas en la administracion, viniendo a formarse en ésta, como en la representacion nacional, un Gobierno que se llamaría de coalicion, si todos los partidos antiguos de Chile no hubiesen perdido su fe i sus convicciones, escepto uno que por fortuna no está fuertemente representado.

Si este estado de cosas es cómodo para todos, si deja desenvolverse pacíficamente las mejoras materiales, no deja, por otra parte de traer sus inconvenientes, al ménos para los progresas de la nacion en masa, para aquellos progresos en las ideas i en las costumbres que lega una jeneracion a otra.

De aquí nace la especie de estagnacion que todos creen apercibir en los negocios, el letargo que otros notan en el espíritu público, la falta de discusiones en la prensa, de esas discusiones que sacuden a la sociedad, que la animan i la dividen.

Este estado de cosas no es violento, ni preparado por la administracion, ni por un hombre, ni por un partido, como pretenden los que creen resolver las cuestiones con volver los ojos diez años atras, a buscar allá en lo pasado los remedios de presente. Nó, aquellos mismos hombres están ahí ahora, libres de oponerse a la marcha del Gobierno, sí quisieran o si se sintiesen ani