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CÁMARA DE DIPUTADOS

que nunca en Norte-América, la tiranía que ejerce en todos los negocios públicos, la influencia sin freno del partido triunfante. El advenimiento de un nuevo Presidente ha sido la señal para que desciendan de sus puestos todos los empleados de la Federacion para cederlos a los partidarios fautores i colaboradores del candidato triunfante.[1]

Estas diversas vías que sigue la voluntad racional para espresarse en los poderes constitutivos del Estado, i que por brevedad hemos querido presentar en esqueleto, no existen, sin embargo, sin freno que modere mas o ménos la influencia dominante.

A mas de la distinta procedencia i manera de renovarse de las Cámaras altas, que tienen por objeto contener el torrente de las ideas i los intereses del momento representados en Inglaterra en el Ministerio, en Francia en la poderosa i duradera influencia personal del Rei, en Norte-América en el Presidente elevado por un partido, existe ademas un poder activo, suspicaz, intelijente que se muestra en las minorías de las Cámaras organizadas bajo una bandera conocida i jefes de crédito que luchan con el partido dominante, que lo acechan, lo denuncian aun en sus menores faltas, hasta que cambiando las circunstancias i con el ausilio de nuevas elecciones, las mayorías se desmoronan poro a poco, cayendo sus derrumbes en las minorías, que al fin se alzan en mayorías para desempeñar a su vez el papel de poder director o, segun la espresion comun para espresar la voluntad nacional.

Omitimos examinar la manera de manifestarse ésta en España i Portugal, porque valdría tanto tomar, por ejemplo, a Buenos Aires o Nueva Granada. A la falta de costumbres para el ejercicio de los derechos electorales, reunen estos pueblos el estado de efervescencia i de lucha, los pronunciamientos i los estados de sitio que no dejan aun descubrir el carácter distintivo de las influencias que presiden a la marcha de los negocios.

¿A cuál de los tres modos de manifestarse la voluntad nacional se asemeja Chile en la época actual, en las que próximamente le han precedido i en las que probablemente le sucederán? ¿Vá, como en Inglaterra, el poder influyente desde las Cámaras al Ministerio? ¿Viene, como en Francia, desde la cabeza del Ejecutivo al Ministerio i a las Cámaras? ¿Sube desde el partido triunfante en las elecciones hasta el Presidente, i desde allí a todos los resortes de los poderes constituidos, como sucede en Norte-América? ¿Hai, en despecho de todo esto, oposicion organizada, para contrariar aquella influencia dominante, cualquiera que sea el camino que siga? ¿Es posible una oposicion real en Chile? ¿Deja por eso de haber verdadera manifestacion de la voluntad nacional? ¿Cuáles son en suma las peculiaridades que ha revestido en Chile el sistema parlamentario, aplicado a la direccion de los negocios públicos? Nuestros lectores comprenderán fácilmente que las preguntas que preceden requieren soluciones circunspectas, meditadas detenidamente i sobre todo, verdaderas; porque no serlo valdria mas no haberlas enunciado. Si no nos cabe, pues, la gloria de solverlas de un modo satisfactorio, el proponerlas tan sólo puede ser un bien; por cuanto despertarán mas avisadas capacidades que resuelvan los problemas. Sabemos mui bien que habrán millares de individuos que se creerán en aptitud de cortar el nudo gordiano con una sola palabra: tiranía, por ejemplo; que otros se estasiarán, diciendo: popularidad del gobierno. Pero cuando un hecho reviste formas punto ménos que invariables; cuando éstas difieren en los puntos esenciales de otras con las que debieran ser análogas, es preciso convenir que hai algo de mas fundamental que la inercia de un Gobierno, o mas complicado que lo que una palabra puede esplicar.


Núm. 8

Las elecciones para renovar el personal de la lejislatura son en las monarquías constitucionales motivo de excitacion i de afanosa actividad para todos los partidos; la minoría se empeña en reforzar sus filas para ponerse en aptitud de luchar con ventaja con el partido dominante; i no admira poco ver cómo la mayoría ministerial, en Francia sobre todo, llega a veces a ser apénas superior por unos cuantos votos a la minoría; pero su superioridad la conserva siempre, tanto por las subdivisiones de la minoría, que sólo en las grandes cuestiones se une para formar lo que se llama en lenguaje parlamentario coalicion, como por lo que nosotros apellidaremos razon colectiva de partido.

Efectivamente, los políticos tienen por lo jeneral un criterio, una conciencia de las cosas que no les es propia; su juicio pertenece al color político de que forman parte, i todas las cuestiones las miran al traves de este prisma; en otros términos, la opinion está formada de antemano por la voluntad i es inaccesible a todo convencimiento.

La discusion es ménos para ilustrar los juicios que para ostentar los razonamientos en que cada partido se apoya; por lo que es seguro que, al terminarse el mas acalorado debate, el número de los que sostienen el pro i el contra será el mismo, ni mas ni ménos que el que era ántes de principiarse; salvo aquella parte de la representacion que el vulgo creería compuesta de los hombres imparciales que están prontos a dar su voto al partido que lleva razon, pero que en lenguaje de Cámara se llaman el vientre; esto es,

  1. Este artículo ha sido tomado de El Progreso del 8 de Junio de 1844, núm. 489. —{Nota del Recopilador).