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SESION EN 21 DE JUNIO DE 1844

rencia de una arma a otra; pero en las otras clases no puede decirse que hai la misma proporcion.

Me parece que lo dicho es bastante para manifestar la observacion que he hecho.

El señor Ministro de la Guerra. —Señor, creo que no necesito empeñarme mucho en decir que todo lo que fuera en beneficio de los militares, yo estaría pronto a hacerlo por mi parte, i lo mismo el Gobierno; por eso, todas las clases subalternas ganan algo por este proyecto.

Acerca de la diferencia a que se ha referido el señor Diputado, realmente yo no sé cuál debería ser la verdadera proporcion; pero encuentro que subiendo a las clases superiores, la diferencia debe ser ya mas considerable; un capitan, por ejemplo, deberá tener mayor aumento que otro subalterno de inferior graduacion, porque muchas veces será jefe de una compañía i algunas de un escuadron, i por eso habrá casos en que tenga que hacer mayores gastos.

El señor Presidente. —Lo que está en discusion es la clase de teniente coronel, i sobre esto va a recaer la votacion.

El señor Palma. —Yo habia creido que el artículo estaba en discusion i por eso pedí la palabra, pero ya está dicho.

— Se dió por aprobado.

— Se dieron igualmente por aprobados los sueldos mayores i menores de los grados de Sarjento Mayor, de Capitan, Ayudante, Teniente i Subteniente.

El señor Secretario. —Sólo hasta la clase de Subteniente tiene el proyecto la distincion de sueldo mayor i menor, para adelante el sueldo es el mismo. En discusion el sueldo de sarjento 1.º

El señor Ministro de la Guerra. —Señor, este proyecto en su oríjen señalaba el sueldo de ocho pesos al soldado, i en proporcion eran mayores tambien los que se señalaban al Cabo i al Sarjento, considerando que esto era lo ménos que podia dárseles; varias consideraciones hicieron que se disminuyese i quedase reducida a siete pesos. Sin embargo, como el Gobierno se ocupa de un proyecto que tiende a mejorar la condicion del soldado, creo necesario decirlo a la Sala, para que tenga conocimiento de ello, que el del soldado será siempre de ocho pesos, i así en proporcion el de los demas.

Por lo que hace a la idea que se tiene del soldado, yo creo que siempre se les juzga por la clase a que pertenece, i esto induce a un juicio erróneo. Un soldado se dice que sale de la última clase del pueblo, de gañan, i aunque varia de estado, no varia de costumbres i si ántes era vicioso, ahora no deja de serlo, i por consiguiente vale tanto darle seis u ocho pesos, porque siempre seria lo mismo para él; aquí me parece que está el error. Uno de esos hombres que supongo sean de la última clase, se enrolan en la milicia, creyendo encontrar una existencia cómoda, alguna libertad i talvez algunos goces; pero este hombre sufre un desengaño cruel, no encuentra mas que un pequeño sueldo, mas fatigas, una disciplina rigurosa i ningun goce. ¿Qué hace entónces? se deserta; porque comparando su vida pasada con la presente, vé que ésta es mucho mas penosa i que en lugar de un mejor sueldo, encuentra perdida su libertad i su independencia.

Si este hombre al entrar de soldado, encontrase asegurada su existencia, un buen sueldo i todos esos goces que deseaba, no sólo no desertaría, no sólo permanecería en el servicio, sino que morijeraría sus costumbres, i con el tiempo seria un buen soldado. Pero hai otro error, se cree que la mayor parte de nuestra tropa se compone de esta clase de hombres, i no es así; nuestro Ejército se compone por lo regular de soldados viejos, de hombres honrados i de buenas costumbres, i aun esta consideracion es un motivo mas para que la Cámara se decida a acordar un mejor sueldo al soldado. Por otra parte, casi todos los soldados viejos a que me he referido, están cumplidos i todos desean salir; el año pasado han sido licenciados por cumplidos un gran número, i en este año habrá que licenciar de trescientos a cuatrocientos. Por mas que el Gobierno trabaja en reenganchar a estos soldados, ninguno quiere permanecer en el servicio, hai necesidad de llenar todas estas plazas i no puede hacerlo, sino con reclutas porque todos esos soldados antiguos resisten entrar al servicio. Actualmente hai en Concepcion un cuerpo que tiene veinte plazas vacantes i no pueden llenarse, así es que el Gobierno se encuentra en un gran conflicto para completarlas. Como la milicia no proporciona ninguna clase de goces, como no ofrece tampoco estímulos, no se encuentran tampoco soldados que enganchar, medianamente aptos para el servicio, digo medianamente porque no se puede pensar en tenerlos tan capaces como en otras partes.

Yo creo, señor, que la cuestion se reduce a encontrar un medio que mejore la vida del soldado: sin esto, jamas podremos tenerlos, como deben ser. El Gobierno ha creido encontrar este medio, estableciendo en el Ejército las Cajas de Ahorros.

No me detendré en hablar de las ventajas de esta institucion, porque son bien conocidas de todos. El soldado necesita un estímulo, no sólo para el servicio, sino para ser honrado; dos grandes resortes hai que los mueven: el honor, que puede poco i el interes, que puede para todos. Sin decir nada malo de nuestros soldados, me parece que el primer resorte no lo tenemos por ahora; el segundo es el que necesitamos tocar. Un soldado que se empeña por ocho o diez años i que por todo ese tiempo deje depositada en la Caja de Ahorros una pequeña parte de su sueldo, formará al fin un capital, que se aumentará con los intereses que vaya produciendo i