Página:Sucesos de las islas Filipinas por el doctor Antonio de Morga (edición de José Rizal).djvu/356

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En las cosas de su religion, procedían mas bárbaramente, y con mayor ceguedad que en todo lo demas; porque, sobre ser gentiles, y que no tenían conocimiento alguno de Dios verdadero[1], ni discurrían por camino de razon para hallarle, ni afijaban en ninguno. El Demonio los engañaba de ordinario, con mil errores y ceguedades; parecíales en diferentes formas, horribles y espantosas y de animales fieros, con que le temían y temblaban del, y le adoraban las mas veces, haciéndole figuras de dichas formas[2], que tenían en cuevas y casas particulares, donde le ofrecían per-

    menos supiese mover el pié ó que más pesase en un vals, etc., á trueque de sudar, perder el compás y ser pisados en un callo. El Dr. D. Pedro Mata, en su Medicina Legal reproduce también este horror á la virginidad de los Filipinos, teniendo por tales á los del reyno de Arakan que supone un reino de Filipinas. Ahora bien, como en el Archipiélago no se ha encontrado jamás un reino de este nombre, sino en Birmania, en la costa E. del golfo de Bengala, creemos ocioso refutar esta aserción del ilustre Mata, considerándola como un lapsus de geografía, repetido y creído después por otros médicos y escritores españoles posteriores.

  1. En esto del Dios verdadero, cada pueblo cree que lo es el suyo, y como hasta ahora no se ha encontrado un reactivo para descubrir al verdadero Dios, y distinguirlo de los falsos, sólo se le puede perdonar tal pretensión á Morga, que era una persona de un juicio superior á muchos de sus contemporáneos, en gracia de las dominantes ideas de entonces y de que acababa de reinar Felipe II.
  2. Pigafetta describe de la siguiente manera los ídolos que vió en Sebú: «Estos ídolos son de madera, huecos ó cóncavos sin las partes de detrás; tienen los brazos abiertos y separadas las piernas, con los pies vueltos hacia arriba. El semblante lo tienen bastante grande con cuatro dientes enormes semejantes á los colmillos del jabalí; todos están cubiertos de pinturas.» Algunos historiadores, posteriores á Pigafetta, hablan de ídolos de plata, oro, marfil piedra, hueso, etc., que encontraron en Luzón, algunos en poder de las babaylanas. Los Tagalos tenían Anitos para montes y campos, para las sementeras, para el mar, á quienes encomendaban sus pesquerías y navegaciones, anitos para la casa entre los que solían poner á sus antepasados. Llamaban á sus imágenes Likhã ó Larawan (Colin pág. 54). Estos ídolos no siempre tienen la forma que les atribuye Pigafetta; á veces están sentados con los brazos cruzados, apoyados los codos sobre las rodillas; á veces los brazos están pegados á los costados con las manos encima del abdomen, ó cruzados sobre el pecho y las manos sobre las clavículas, etc. No siempre se los encuentran con dientes ni colmillos, y los que los tienen son probablemente las imágenes de genios malévolos.