campo de oro, lo que en heráldica representa poquísima cosa. Valen más las armas de los Buendía, que son un sol de oro en campo de azur, ó las de los Calatayud, que son tres zapatos jaquelados de plata y sable en campo de gules.
Daba también en el Cuzco gran importancia á los Valdez y Bazán la circunstancia de que de padres & hijos se habían declarado protectores de la orden de la Merced y gastado no poco en la fábrica del convento, adorno de la iglesia y fundación de capellanías. «Á canas honradas no hay puertas cerradas. » El Valdez y Bazán de quien nos ocupamos cumplía sin discrepar un ápice con sus deberes de cristiano viejo y de leal vasallo, siendo por lo generoso y caritativo muy querido del pueblo. Pero en tocándole á lo rancio y auténtico de sus pergaminos, tiraba los treinta dineros y se le subía á las barbas á cualquiera. Lo que prueba que no hay caracol que no tenga comba, ni hombre sin lado flaco ó pantorrilla, como hoy decimos.
Vino por entonces al Cuzco un mancebo, sobrino del Excmo. Sr. don Pedro de Castro y Andrade, conde de Lemos y virrey del Perú, al que también había agarrado el diablo por esto de la nobleza de su abolengo: y un día trabóse de palabra con el anciano Valdez y Bazán á propósito de si eran hechos los unos de mejor pasta que los otros. Ambos alegaban venir, no del padre Adán, que fué un plebeyo del codo á la mano é inbábil para el uso del Don, sino de reyes, que así pudieron ser los de copas y bastos como dos perdidos; pues si me atengo á lo que dice el poeta de la Henriada, Le premier qui fit roi fût un bandit heureu.c.
Claro es que nuestros dos hidalgos de sangre azul rechazaban todo» parentesco con Cristo señor nuestro; porque al fin, el Rodentor fué hijo de carpintero y plebeyo por todos sus cuatro costados, pues el parentesco con el rey David viene de árbol genealógico un tanto revesado.
Desde ese día, el de Valdez y Bazán tomó tirria y enemiga por el do Sarmiento y Sotomayor, que era un mozo zumbón y cachidiablo, que no perdía oportunidad de desatarse en burlas contra el anciano corregidor.
Chismosos de oficio, que siempre abundan, iban luego á éste con el cuento; y alguno que á la limpieza de sangre atañía, hubo de llegarle tan á lo vivo, que gritó furioso su señoría: —Miente el bellaco por mitad de la barba; que bien nacido y de sangre azul soy, así por la sábana de arriba como por la sábana de abajo.
Y tras ceñirse la tizona, calose el chambergo, embozóse en la capa de paño de San Fernando y echóse á la calle en busca del vizconde.