Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/168

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costumbre entre ellos, que cuando algun indio ha estado ausente algun tiempo, a su regreso las chinas celebren la vuelta con cantos en honor del viajero [1]. Ya habia presenciado tal escena la primera vez que pasé por los toldos de Huincahual con Antileghen i su hija mayor, que habia estado ausente algunos meses. I despues que le hubieron cantado, hizo matar un potrillo que se repartió a las cantoras.

Hacia mui pocos dias que Inacayal habia vuelto de sus cacerias en las pampas del Sur, i la misma ceremonia se celebró. Pero hasta entónces no habia retornado nada; pero al dia siguiente de la borrachera regaló un potrillo, a cuya carne tienen mucha aficion los indios. Se laceó el potrillo, lo mataron a bolazos en la cabeza; despues se repartieron los miembros entre la jente de la tolderia, e hicieron todos una comida de gargantúas. A Inacayal como dueño del animal le cupo la sangre de que se hicieron morcillas. Despues del almuerzo, propuse a Inacayal que me acompañase hasta Lalicura en donde vive Paillacan, a fin de llevarle los regalos que le destinaba, i conocer el verdadero pensamiento del cacique, sobre mi pasaje para Patagónica.

Paillacan, como se puede recordar, me habia prometido que si iba hasta Valdivia a buscar el rescate de los hombres que se quedaban con él a mi vuelta acompañaria a Quintanahuel hasta Patagónica. Pero yo tenia desconfianza del cumplimiento de esta promesa, porque cuando Quintunahuel vino a visitarme, me dijo que nunca habia pensado seriamente en ir a Patagónica. Luego me habia engañado Paillacan; i lo probará la relacion de como se pasó la visita que le hice con Inacayal i Hueñupan.

Cuando llegamos a Lalicura, Paillacan estaba presenciando la matanza de un ternero. Hizo como si no nos hubiera visto. Si estaba mortificado por mi parte, lo estaba mas pensando cuanto debia herir el amor propio de mi compañero la impolítica del cacique. Nos mirábamos sin decir una palabra, hasta que Pascuala, la mujer de Paillacan, rompió el hielo de la situacion, trayéndonos unos pellones. Nos sentamos i entonces comenzó la india con su avidez ya tan conocida, diciéndome al oido ¿i qué es lo que me trajistes? tú has regalado a las chinas del Caleufu? ¿I el chalon que me habias prometido? etc. En mi vida habia visto una cara en donde estuviese pintada mas claramente la ambicion, con todo lo que tiene de mas asqueroso principalmente cuando se manifestaba con la voz ronca de esa mujer;

  1. Esta ceremonia se llama tahilmar.