Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/197

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 "Señor don José María Llanquitrue.

"B. Aires ha acabado hasta el presente con todos los enemigos que ha tenido. La misma suerte sucederá a vos si tu no te resuelves a hacer la paz. He oido que tu eres un hombre bueno e intelijente, i quiero tratar contigo: si consientes en hacer la paz, te haré regalos este año i todos los otros años; juntad a todos tus caciques i comunicadles mis propuestas. En caso favorable, ponte en comunicacion con el Comandante de Guardia-Blanca.

"Dios te guarde i te dé buenos consejos.
 "Mayo 1856.

Pastor Obligado."

Aquí está la otra.

"Apreciado cacique: tu hermano Manquelaf i el cacique de los Tehuelches han estado aquí en Buenos Ayres i han tratado conmigo las paces en tu nombre. Me alegro mucho que hayas aceptado mis consejos.

"Te convido ahora a venir a verme a Buenos-Ayres i te recibirá como hermano. Trae todos los cautivos que tengas en tu poder.

"En poco tiempo te mandaré regalos del valor de 50,000 pesos para tu persona, tus caciques i tu jente; no puedo mandarte mas porque estamos pobres ahora. Hemos tenido muchas guerras. Pero cada año que se consolidará la paz, agarraremos mas fuerzas, i entónces te mandaré regalos magníficos.

"Dios te guarde muchos años.
 

Pastor Obligado."

Se ve por esas cartas lo que era este Llanquitrue que la muerte detuvo en su carrera a la edad de treinta años. Su hermano Manquelaf no era menos belicoso. En un malon que dió a los Tehuelches, fué vencido i muerto.

Chincoleu, el tercer hermano, venia con mucha jente armada para cobrar su muerte a los Tehuelches. Debía haber una gran reunion de los caciques del Norte del Limai, para saber qué conducta debian observar en esta ocasion.

Poco ántes se habia sabido que cerca de Cholechel unos soldados arjentinos habian acuchillado una partida de indios; los soldados eran mandados por este mismo Mercado, que vivia cerca del cacique Llanquitrue cuanda lo visitó Muhm. Despues del encuentro, habiendo sido tratados con dureza por su jefe Mercado, los soldados se re-