Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/201

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13 de marzo.—Al dia siguiente todo estaba en movimiento en la toldería; las mujeres prepararon el almuerzo mas temprano que de costumbre: dos indios andaban en busca de la caballada para traerla a los toldos a fin de escojer los caballos choiqueros, que debian servir en la cacería. Almorzamos i nos pusimos luego en marcha. Yo iba adelante con Inacayal i Lenglier, i nos seguían sus dos hermanos Marihueque i Chiquilin i tres mocetones arreando veinticinco caballos. Descendimos por el valle orillando el Caleufu por espacio de media hora i llegamos a los toldos del viejo cacique Puelmai, a quien encontramos listo, montado, con todos sus mocetones i unos ochenta caballos. Los indios con la cara pintada de colorado o de negro para preservarse del sol i del viento que con violencia sopla en la pampa, estaban vestidos los mas lijeramente posible, teniendo solo el chiripá i la huaralca de cuero de guanaco; en la cintura dos pares de boleadores, uno de dos bolas para avestruces i otro de tres para los guanacos. Una numerosa jauría de galgos saltando i ladrando al rededor de los caballos completaban la comitiva. Cambiamos los saludos i cumplimientos de costumbre, saludos que varian segun el carácter de cada indio. A las palabras de Eiminai, ioshresh, si es pehuenche o pampa, el indio que quiere guardar la reserva se contenta con responder "he, he," si es mas espansivo, agregará peñi, Yinua (hermano), i si es alguno que quiere ostentar su conocimiento de la Castilla, como llaman ellos al español, dirá "buenos dias, pariente." Aumentada nuestra columna, con los nuevos compañeros, seguimos la marcha orillando siempre el Caleufu i apresurando el paso para dejar atras la caballada i evitar así el ser sofocados con la polvareda que se levantaba.

Al otro lado del rio, percibimos tambien nubes de polvo a traves de las cuales se dejaban ver indios i caballos al galope; eran nuestros vecinos del otro lado que debian juntársenos en el confluente del Caleufu i del Chimehuin. Como la caballada estuviese algo lejos, nos detuvimos para esperarla en un lugar que debia ser ordinariamente un punto de estacion para los indios, porque habian estacas plantadas para amarrar los caballos: los indios se apearon, desensillaron i se echaron de barriga en el pasto, es su costumbre, de esta manera se abrigan del viento. Habiéndonos alcanzado los caballos, partimos, pasamos al Caleufu i llegamos luego a su confluente. Un poco mas arriba está el vado del Chimehuin; en este punto, el rio es bastante ancho, el agua llegaba hasta mojar las monturas; la corriente es rápida; los lebreles con ahullidos prolongados manifes-