Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/57

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llaban mas altos, i pudimos percibir las crestas de los altos cerros que al Este forman su fondo i en el cual se dibujaba una línea blanca, chorro de agua producido por las nieves derretidas, que caia perpendicularmente de las cimas al lago.

A medio dia, se armaron los botes de guta-percha, i compusimos una flotilla con la embarcacion de madera i cuatro botes remolcados por la primera. Como el viento era favorable, se iban a ayudar los hombres con la vela clásica de los chilotes: tres o cuatro ponches, unidos por agujas de palo. Despachamos casi todos nuestros viveres i todas las cabras i deseamos buena travesia a nuestros marineros.

Con el teodolito, situamos la isla i algunos puntos cercanos de las dos riberas.

El tiempo seguia bueno.

20 de diciembre.—Habia niebla, aunque el viento viniese del sud, viento que en la Colonia siempre traia buen tiempo.

Lenglier salió para reconocer las orillas del lago situadas entre el Norte i el Nor-Oeste. Anduvo como trescientos metros por una orilla cortada a pico i guarnecida de raíces tortuosas i de troncos de árboles; despues encontró una playa de arena, larga como de 1,500 metros, a que vienen a desembocar tres o cuatro grandes lechos de torrentes que bajan de la cima del Osorno; uno de ellos es particularmente notable; formado de paredes verticales, principia mui arriba en el volcan para venir, aumentando su ancho, a concluir en el lago. Las cimas de sus paredes están cubiertas de árboles verdes; pero lo mas curioso eran unos árboles verdes situados en el medio del lecho que se hallaban enterrados en la arena hasta una altura de tres o cuatro varas; probablemente, esos árboles brotaron entre dos: grandes avenidas del torrente i fueron despues cubiertos por la arena, producto de la trituracion de las lavas arrastradas por las aguas en el último derretimiento de las nieves.

Estos lechos sirven tambien de caminos a los leones que viven en las faldas del Osorno i que vienen a apagar su sed en las aguas del lago; Lenglier encontró mui frescos en la arena los rastros de un leon, es decir de una leona, porque detras se distinguian los rastros mas pequeños de un leoncito. Se paseaba talvez por gusto o por hijiene con su cachorro, dándole a conocer los rincones i escondrijos de sus dominios futuros.

En la noche, cuando volvia Lenglier de esta espedicion, llegaban tambien los hombres que habian ido al otro lado del lago: el viaje se habia verificado sin accidente; tres de ellos habian que-