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primero por tener bayas mas grandes, debe haber sido pues tal como la describe Olivarez i solo aceptable para el paladar de un salvaje.

Es un hecho curioso bajo el punto de vista de la jeografía botánica, que el jénero "Schinus", que es propio del centro i Norte de Chile (el molle, el huingan) i falta en las provincias del Sur, tenga representantes en la Patagonia en latitud relativamente avanzada. Parece que mas al Sur el muchi es reemplazado, para la confeccion de chicha, por el michai i calafate, hermosos arbustos con bayas dulces, del jénero "Berberis". D. Ramon Lista refiere que los tehuelches del Sur hacen de ellas una bebida refrescante [1]. Olivarez agrega que los puelches sacaban tambien chicha de otra fruta de árbol el laurapú, el cual tiene olor a lentisco [2].

Volvemos a hacer aqui la observacion que un pueblo en la infancia de su existencia haya tratado de preparar bebidas fermentadas para embriagarse a pesar de la escasez de los elementos que su pais le ofreciera para su elaboracion. Es como si este i tantos otros pueblos hubieran imitado el ejemplo del patriarca Noé, quien plantó la vid, cuando apénas habia salido del diluvio. Es difícil pronunciar una opinion fundada sobre la conexion de las dos ejemplos: no sabemos si esta costumbre se haya trasmitido del Viejo al Nuevo Mundo, o si en nuestro caso haya sido espontánea i propia de cierto grado de evolucion en la vida del jénero humano.

Los puelches usaban como armas para la caza i la guerra, flechas i bolas enramadas. Segun Pietas iban a sus cacerias a caballo i acompañados de mui buenos galgos. Llama la atencion que empleaban tambien flechas envenenadas. Hemos visto arriba que, segun Rosales, murieron dos españoles víctimas de esta arma en la espedicion de Francisco de Villagran al Este de la Cordillera. Olivarez relata que Laguna, en una ocasion de mucho peligro para él mismo, presenció la lesion de un indio compañero suyo por una flecha de esta clase, que le causó la muerte en pocas horas. Falkner dice que los hulliches i tehuelches envenenan a veces las puntas de las flechas con una clase de veneno, que tiene el efecto que los heridos se vayan consumiendo durante dos o tres meses hasta fallecer finalmente hechos unos esqueletos [3]. Es raro que las dos clases de veneno obren de un modo tan diverso.

Segun Rosales, Medina i Treutler los araucanos, tanto los del Norte como del Sur, usaban igualmente flechas envenenadas [4]. Parece,

  1. Ramon Lista, Mis esploraciones en la Patagonia, 1880 p. 124.
  2. Logro la ocasion para comunicar un corto dato sobre la fabricacion de la chicha de semillas de Molle, tal como se usa hasta hoi en el campo en la parte central del pais: ellas se tuestan primero en una callana especial de barro o, a su falta, en una olla de fierro, i se cuecen en seguida mezcladas con agua: sale mui dulce i se pasa como bebida a los trabajadores ocupados en la cosecha.
  3. l. c p. 161. Véase tambien: La Verdad en Campaña l. c. p. 156.
  4. Rosales, l. c. I p. 378, 118. Medina Aborijines p. 136. P. Treutler Fünfze hn Jahre in Südamerika (Quince años en Sudamerica), Leipzig 1882 t. II p. 9 citado por O. Peschel, Völkerkunde.