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sobre una base sólida, prometiéndole al fin, despues de tantas dificultades, un porvenir halagüeño. Podemos figurarnos la viva satisfaccion, que esta buena noticia debió producir en la mente del padre Hoyo i de los demas interesados en la suerte de la mision.

Fué sensible que en la primera vez, que se mandara traer este socorro de Valdivia, sucediera una desgracia al padre Gaspar López, quien iba encargado de esta comision. Como la llegada del situado desde Lima a Valdivia se habia retardado ese año, el padre fué sorprendido en la Cordillera, al volver ya entrado el invierno, por una fuerte nevada, que le produjo un serio quebranto en su salud, del cual no alcanzó a reponerse. Fué enviado por sus superiores de Chiloé a Santiago en busca de mejoria, pero falleció en Valparaiso ántes de llegar a la capital. Este fué el fin que cupo a este modesto misionero, que se habia distinguido como conocedor del araucano i como abnegedo ausiliar del padre Guillelmo en sus empresas, de que haremos mérito un poco mas adelante. Fué uno de tantos que cayeron víctimas de las inclemencias o peligros de la infortunada mision.

En 1712 tuvo lugar en Chiloé un suceso, que echó sus oleadas hasta la apartada mision de Nahuelhuapi e hizo entrar en accion al padre Hoyo. El jefe del fuerte de Calbuco Alejandro Garzon de Gurricochea, amparado por su protector Andres de Ustariz, gobernador del Reino, suscitó un conflicto con el gobernador de Chiloé José Marin de Velasco, quien se vió precisado a decretar la prision de aquel en defensa de su propia autoridad. Garzon se negó a obedecer esta órden, abandonó la plaza de Calbuco, llevando consigo la guarnicion de cuarenta i dos soldados, i tomó el camino por tierra a Concepcion, a donde llegó con su armamento i banderas despues de un viaje lleno de peligros por el territorio de los indios. Mediante la proteccion de Ustariz, Garzon salió justificado en su conducta i fué mandado volver por mar a Calbuco para reasumir su puesto.

Mientras tanto el fuerte de Calbuco habia quedado desamparado. Con este motivo los indios vecinos, hostigados por el penoso trabajo de la corta de tablas de alerce, creyeron propicia la ocasion para recobrar su libertad; el 10 de febrero de 1712 se sublevaron, mataron a catorce españoles encomenderos i cometieron grandes depredaciones. El gobernador Marin de Velasco anduvo con prisa i acierto en la sofocacion de la rebelion, ajusticiando como ochenta individuos comprometidos, con lo que los isleños atemorizados se sometieron. El gobernador Ustariz despachó al maestro de campo Pedro De Molina a Chiloé "por juez comisario a la averiguacion de lo que en este particular habia sucedido". Este jefe acabó de pacificar a los isleños, empleando medidas suaves, i suspendió i encausó al gobernador Maria.

Damos aquí tambien la version del historiador Carvallo sobre este suceso, la cual, aunque no sea del todo auténtica, no carece sin