Pedro José Agrelo (VAI)

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Vidas de argentinos p.132.jpg
PEDRO JOSÉ AGRELO.


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PEDRO JOSE AGRELO
(1776 - 1846)




I.


NACIÓ en Buenos Aires, el 28 de junio de 1776, siendo su padre el escribano público don Inocencio Antonio Agrelo, español, y su madre doña Antonia Moreyra, argentina. Hizo los primeros estudios en las escuelas públicas de la ciudad de su nacimiento, y más tarde en el Colegio real de San Carlos donde siguió el curso de filosofía dictado por el doctor D. Francisco Sebastiani de 1791 á 1793, con cuyo motivo sostuvo conclusiones públicas de lógica el 20 de diciembre de 1791. En 1794 empezó el estudio de la teología, y desde entonces no se le ve figurar como alumno de aquel establecimiento, siendo muy probable que con esa fecha coincida su partida para el Alto Perú, pues se sabe que, deseosos sus padres de que abrazara la carrera de la Iglesia, le enviaron, tonsurado ya, á la universidad de Chuquisaca.

 En esta ciudad pronunció un sermón, que aun se conserva manuscrito, y que según se asegura fué bien recibido, valiéndole á Agrelo la protección decidida que le dispensó desde entonces el agente fiscal de aquella audiencia don José Calvimontes, circunstancia que tuvo influencia decisiva en su vida, pues variando de resolución abandono los hábitos y, después de recibirse de abogado, contrajo matrimonio en 1804 con una hija de su protector y amigo.

 Los enemigos de Agrelo tejieron más tarde al rededor de este episodio de su vida de joven una fábula de cuya verdad dudamos mucho, pero que ha quedado consignada, junto con otras afirmaciones calumniosas, en uno de los numerosos panfletos que vieron la luz durante la administración de Pueyrredon, y en los cuales se proponían sus autores justificar las violencias de la autoridad á costa de la buena fama de las víctimas.


II.

 Habiéndose dedicado algún tiempo al ejercicio de su profesión de abogado, obtuvo en seguida, y á instancias de su suegro y amigos, el cargo de subdelegado de la provincia de Tupiza, en el Alto Perú, puesto que conservó hasta fines de 1810, en que habiendo sido perseguido por creérsele equivocadamente partidario de los españoles, bajó á Dueños Aires con la intención de dedicarse de nuevo á sus tareas de abogado, y vivir encerrado en el hogar, sin preocuparse de las cuestiones que en esos momentos agitaban el espíritu de américanos y españoles.

 Á pesar de las intenciones que abrigaba de permanecer alejado de la vida pública y libre de todo compromiso, aceptó el puesto de redactor de la Gaceta de Buenos Aires, que le confiriera el gobierno de 18 de mayo de 1811, llevado por el ardiente deseo de servir á una causa en cuyo nombre había sido perseguido y calumniado, y que amaba por instinto. « Temía sólo entrar en la revolución, dice Agrelo, por que me conocía y sabía bien que una vez entrado no podría obrar á medias, ni el negocio lo permitía por su naturaleza. »

 Mientras permaneció al frente de la Gaceta, su pluma se empleó en avivar las pasiones é inflamar los ánimos, á fin de infundir valor al pueblo y acostumbrarlo á mirar sin temor los peligros que lo rodeaban por todas partes. Pero su táctica no le produjo sino odios y resentimientos: los españoles le empezaron á mirar con horror, y los patriotas, como en Monteagudo en seguida, creyeron ver en Agrelo un revolucionario por demás ardiente, y un afiliado peligroso de la escuela de Mariano Moreno, sobre cuya memoria pesaba entonces, si no la maldición por lo menos el desdén de los que regian con incierta mano la nave de la Revolución. Convencido de la inutilidad de sus esfuerzos, pidió por repetidas veces, sin conseguirlo, que se exonerase del cargo de redactor de la Gaceta, hasta que en los primeros días de octubre de 1811 hizo renuncia indeclinable del honroso puesto que desempeñaba.


III.

 En 1812 se suprimieron las Reales Audiencias que en el sistema administrativo colonial presidían la administración de justicia, creándose en su lugar las Cámaras de apelación: á Agrelo le tocó desempeñar, con ese motivo, el empleo de Fiscal de la Cámara de Buenos Aires, y suplir en sus funciones al doctor Teodoro Sánchez de Bustamante, que se hallaba ausente y había sido nombrado fundador de la misma. Más tarde, por renuncia de Bustamante, Agrelo fue nombrado en propiedad para la misma plaza.

 En su puesto de fiscal concurrió con pasmosa actividad á descubrir los autores de la conspiración conocida en la historia de la Revolución argentina por el nombre de Álzaga, el principal actor de ella; y por los extractos de la causa que se les siguió, y que se han publicado en la Revista de Buenos Aires, puede juzgarse de la consumada habilidad de Agrelo, de la variedad de sus recursos y de su inflexible severidad en el curso de aquel ruidoso proceso.

 Agrelo consiguió también regularizar la recaudación de los impuestos atrazados que retenían los comerciantes españoles, recurriendo a artimañas ó pretextos frívolos, con el objeto de dificultar la marcha del gobierno: debido á sus esfuerzos éste recibió en sus arcas ingentes sumas de dinero.

 Hacia esa misma época, y á indicaciones suyas, el gobierno creó una Comisión extraordinaria de justicia, cuya dirección se confirió al mismo Agrelo, á fin de reprimir prontamente los crímenes que día á día se sucedían al amparo del estado de conmoción general de la sociedad; y á que daba lugar, por otra parte, la mala administración de justicia y los procedimientos morosos que había legado la extinguida Audiencia á la nueva Cámara de apelaciones.

 Agrelo perteneció también al grupo de ciudadanos que formaron la Sociedad Patriótica, asociación que se proponía difundir los principios democráticos, y llevar adelante la Revolución por medio de la propaganda en la prensa y en los círculos políticos y literarios.


IV.

 En noviembre de 1812 el gobierno le nombró, junto con otros sujetos distinguidos, para que de común acuerdo y con el concurso de sus conocimientos, formularan un proyecto de constitución, que sería sometido al examen de la Asamblea General Constituyente, próxima á reunirse. La comisión fué cumplida; pero según dice el mismo Agrelo, se acordó que no era oportuno pensar por entonces en constitución escrita.

 Agrelo fué miembro de la famosa Asamblea Constituyente de 1813, en calidad de diputado por la provincia de Salta, y tuvo una participación importante en sus tareas legislativas durante el primer año de su instalación. « Disidente y disgustado de las opiniones que principiaron á manifestarse principalmente después que regresó de Francia Fernando VII á su trono » dice en su autobiografía, Agrelo permaneció alejado de los negocios públicos, hasta que á mediados del mismo año fué separado de la Asamblea con los diputados Moldes y Vidal, retirándose luego á su casa con licencia indefinida, en su carácter de fiscal de la Cámara, y con el objeto de atender su quebrantada salud.

 En enero de 1815, Alvear subió al elevado puesto de Director Supremo, y le llevó á su lado como Asesor y Auditor General de Guerra suplente. Pero ocurrida su caída en abril del mismo año, con motivo del movimiento revolucionario de Fontezuelas. Agrelo quedó comprendido entre los partidarios del Director, y en su consecuencia fué preso, juzgado y condenado á ser internado al Alto Peru. Habiendo reclamado de esa resolución fundándose en los motivos insignificantes que la motivaban, se modificó la sentencia dándosele por pena la residencia indefinida en el pueblo de San Nicolás de los Arroyos.


V.

 Allí permaneció hasta el mes de mayo de 1816 en que recibió permiso del Director Balcarce para trasladarse á Buenos Aires. Poco después fué que empezó la redacción de un periódico político, circunstancia que ha dado lugar sin duda á que se le haya atribuido la redacción de El Independiente de 1815, confundiendo, quizá intencionalmente, aquella hoja con la que bajo el mismo título publicó Agrelo en 1816.

 Al emprender dicha publicación, Agrelo se proponía dos objetos: el primero, hacer una exposición completa y metódica del mecanismo de la constitución inglesa, sirviéndose para ello de los autores más reputados de su época, y principalmente de los escritos de De Lolme; y en segundo, abogar por su aplicación inmediata á las provincias que se hallaban representadas en el Congreso de Tucumán, sin introducir en ella más modificación que la que indicaba en la parte relativa al Poder Ejecutivo, y á la manera de constituirlo. Este, decía Agrelo, puede hacerse inamovible de una determinada clase de ciudadanos, por ejemplo, de los militares; exigiendo el grado de brigadier en quien lo hubiere de administrar; y continuándolo en esía suprema magistradura por cuatro ó cinco años, con facultad en el poder legislativo para intimarle el cese y también para reelegirle si lo tuviese por conveniente.

 El Independiente duró desde el 15 de setiembre de 1816 hasta el 5 de enero de 1817, en que dejó de aparecer por no costearse los gastos de imprenta. Este periódico es uno de los más interesantes de su época, y quizá el único que se ocupó de preferencia, durante el período revolucionario, del estudio de materias constitucionales y de la aplicación de los principios de la ciencia á la organización definitiva de las Provincias Unidas.


VI.

 Apenas dejara la redacción de El Independiente, Agrelo fué deportado con otros ciudadanos, á pretexto de que conspiraba públicamente contra la seguridad del Estado (febrero de 1817). El Director Pueyrredón trató de justificar su conducta y al efecto publicó un manifiesto dando á conocer en él las razones de aquella medida, las cuales consistían en que los expatriados acusaban de inacción al gobierno en presencia de la invasión portuguesa de la Banda Oriental.

 Desde Baltimore, en los Estados Unidos, Agrelo envió una hoja suelta á sus amigos del Plata, en la cual formulaba á su vez, en un lenguaje apasionado y que descubría claramente sus padecimientos morales, la más formal protesta contra los desmanes del poder, y contra las acusaciones calumniosas que se habían hecho pesar sobre él.

 No saltemos ciertamente cuando regreso del destierro, ni de qué medios se valió para permanecer en Buenos Aires, en los últimos tiempos del Directorio de Pueyrredón, pues aseguran algunos que en los años de 1818 á 1819 redactó un periódico titulado El Abogado Nacional. Sólo nos consta, que después de la caída de Pueyrredón (1819), Agrelo hizo publicaciones contra la administración de éste, y que algunas de ellas fueron insertadas en los periódicos del Padre Castañeda.

 En 1820, según se dice, hubo de publicar un periódico que tendría por título La Ilustración pública con la flor y nata de la filosofía, y del cual sólo apareció el Prospecto que consta de un cuaderno de 22 páginas en 4º menor. — en el que se proponía combatir al nuevo Fray Cirilo de Buenos Aires, nombre con que se pretende designaba Agrelo al P. Castañeda. Creemos, sin embargo, que este dato es cuando menos dudoso, pues parece que Agrelo cultivó siempre una estrecha y casi fraternal amistad con el Padre Castañeda.


VII.

 En 1821 se trasladó á la provincia de Entre Ríos, que se hallaba en vísperas de constituirse, y fué nombrado diputado á lo que llamaron Congreso por entonces, y que era una simple convención. En diciembre del misino año renunció el empleo de secretario que desempeñaba en ella, y empezó la redacción del Correo Ministerial, periódico oficial, como lo indica su título, de la administración del general Mansilla.

 Habiéndole nombrado este Ministro Secretario de Gobierno, Guerra y Hacienda, Agrelo anunció á mediados de 1822 que dejaba la redacción de aquel periódico, pero se sabe que continuó en ella hasta el 15 de enero de 1823 en que la tomó á su cargo el Sr D. Domingo de Oro.

 Á fines de 1822 hubo de perecer á manos de un individuo desconocido, que habiéndole sorprendido en las calles de la Concepción del Uruguay, le infirió cuarenta y ocho heridas, mortales muchas de ellas. Con ese motivo regresó á Buenos Aires y desde esta ciudad envió su renuncia de los ministerios que tenía á su cargo.


VIII.

 Entre las grandes reformas iniciadas en Buenos Aires bajó la administración del general Rodriguez, fue una de ellas la organización de la Universidad, que empezó á funcionar en 1822. La enseñanza de la Economía Política hizo parte del plan general de estudios adoptado por aquel establecimiento, pero no se llevó á cabo por falta de profesor hasta el año de 1823 en que, con fecha de 28 de noviembre, el gobierno nombró al doctor Agrelo para desempeñar dicha cátedra; continuando en el ejercicio de ella hasta su total supresión en 6 de abril de 1825.

 En el siguiente año sucedió al doctor Don Antonio Saenz en la de Derecho Natural de Gentes, habiendo cesado de desempeñarla en noviembre de 1829, con motivo del nombramiento de Fiscal General. En esté empleo permaneció hasta el año de 1835 en que Rosas le separó de él. « En este puesto, dice Florencio Varela, hizo servicios de aquellos que nunca perecen, porque consisten en establecer principios que, si hoy son atropellados por la justicia, por el fanatismo, ó más bien por la hipocresía de mandonos absolutos, quedan siempre registrados, para servir á su tiempo de fundamento á las instituciones ó de base para ciertos arreglos internacionales del mayor interés. Entre otros trabajos del doctor Agrelo, merecen mención especial los que hizo defendiendo las regalías del patronato de la Nación en la provisión de mis iglesias, cuando la silla de Roma pretendió desconocerlos, proveyendo de obispos á Buenos Aires sin presentación del gobierno. Esta materia vidriosa o importante fué tratada con maestria singular por el doctor Agrelo, que dejó registrados sus principios y doctrina en dos volúmenes que dió á luz en 1834; el uno bajo el título de Memorial ajustado de los diversos expedientes seguidos sobre la provisión de obispos en esta iglesia de Buenos Aires; y siendo el otro un Apéndice al primero. »


IX.

 Desde 1835 vivió retirado y sin tomar participación alguna en los acontecimientos políticos: pero á mediados de 1838 fue prendido y encarcelado por creérsele complicado en una revolución operada en la campaña de Buenos Aires. Pero después salió en libertad, siendo perseguido de nuevo á fines del mismo año. Prevenido en tiempo, logró ocultarse, y mediante los buenos oficios del Cónsul de los Estados Unidos, refugiarse á bordo de uno de los buques franceses que bloqueaban el puerto de Buenos Aires. Trasladado en seguida á Montevideo, fijó allí su residencia para siempre.  En 1839 fué solicitado por los agentes de Rosas, quienes le ofrecieron en cambio de su vuelta, restituirle sus bienes confiscados, y reponerlo en el empleo de Fiscal. Pero Agrelo resistió, á pesar de su excesiva pobreza, y continuó viviendo con los exiguos recursos que le proporcionaba el ejercicio de su profesión.

 Hacia 1841 comenzó á decaer rápidamente la integridad de sus facultades mentales, y desde entonces hasta el día de su fallecimiento permaneció en el más deplorable estado de melancolía y abatimiento. Agrelo murió en Montevideo, en medio de la mayor miseria é ignorado hasta de sus mismos amigos, el 23 de julio de 1846.


X.

 Agrelo había escrito mucho sobre su vida pública y sobre los sucesos que presenció, ó en los cuales tuvo alguna participación: en los últimos años de su trabajosa existencia, determinó modificar la redaccion de esos recuerdos creyendo que la primera forma era imperfecta por haber empleado un lenguaje demasiado apasionado, y á veces dejado guiar su pluma por la amargura de los recuerdos que torturaban su alma. Esas Memorias se conservan en poder de diversas personas; y en la forma definitiva que les dió el autor, ha publicado el Sr. Lamas, en 1851, un fragmento que comprende los hechos de la vida de Agrelo desde fines de 1810 hasta mediados de 1816.

 « El doctor Agrelo, dice Florencio Varela, ha sido uno de los hombre públicos más laboriosos que ha tenido nuestro país; y el único, á conocimiento nuestro, que trabajó metódicamente por conservar recuerdos y monumentos auténticos de la historia nacional antes y después de 1810. — Escribió muchos volúmenes de Memorias suyas, acompañados de copiosos documentos, que si no pueden llamarse un cuerpo de historia, son, sin disputa, una preciosa colección de materiales para escribirla. »

 Varela tenía en su poder, donados por el autor, siete volumenes de sus Memorias, escritos todos de su puño, y que contenían los siguientes trabajos: 1º Una célebre causa criminal seguida en el Cuzco en 1805, por una supuesta rebelión contra el rey de España, 1 vol. — 2º Los procedimientos del consejo de guerra seguido á sir Home Popham, en 1807, traducidos del inglés, 1 vol. — 3º Los del consejo de guerra seguido contra el general Whitelocke, por su derrota en Buenos Aires, en, 1807, traducidos también del inglés, 2 vols. — 4º Varias relaciones y documentos sobre las invasiones inglesas de 1806 y 1807, 1 vol. — 5º Memorias y documentos sobre la Revolución de 1810, 2 volúmenes.

 El Dr D. Andrés Lamas conserva también otros trabajos inéditos de Agrelo, diversos de los que hemos enumerado. — 1° Memoria sobre la causa formada el año de 1820 al Directorio y Congreso; y sobre varios proyectos para el establecímiento de la forma monárquica en las Provincias Unidas del Río de la Plata. — 2º Otra sobre la deportación del autor á Norte América, con ocho ciudadanos más, en 1817. — 3º Otra sobre los escritos de Fr. Francisco Castañeda. — 4º Opiniones de Agrelo sobre el juicio por jurado en estos países. — 5º Disertación sobre elección de obispos. — 6° Un volumen conteniendo todas las poesías escritas con ocasión de las invasiones inglesas en 1806 y 1807, inéditas.

 Muchos otros trabajos importantes de Agrelo han desaparecido en las peripecias do su agitada vida, entre ellos un proyecto de concordato con la Santa Sede, acompañado de una memoria explicativa; y la traducción de varias piezas dramáticas de Corneille, Racine, Voltaire, una de ellas escrita en verso blanco.

 Entre los impresos, debemos mencionar también sus investigaciones sobre el descubrimiento de América y el origen de sus aborígenes, y unas noticias cronológicas de los gobiernos de Buenos Aires.


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