Pensamientos (Rousseau 1824): 03

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TRAGEDIA.


 La impresion mas ventajosa de las mejores tragedias es la de reducir todos los deberes de la vida humana á algunas afecciones pasageras, estériles y sin efecto; poco mas ó menos como sucede á esas personas urbanas que creen haber hecho un acto de caridad, diciendo á un pobre: Dios le ampare á vmd.

 ¿Por que se enternece mas bien el corazon por los males fingidos que por los males verdaderos? ¿Por que las imitaciones del teatro muchas veces nos arrancan mas lágrimas que las que nos haria verter la presencia misma de los objetos imitados? Porque las emociones que nos causan son sin mezcla de inquietud para nosotros: dando algunas lágrimas á estas ficciones, hemos satisfecho todos los deberes de la humanidad, en vez de que los infortunios reales en las personas exigirian de nosotros unos cuidados, unos

consuelos, unos trabajos que podrian asociarnos á sus pesares, que á lo menos costarian algo á nuestra indolencia, y de los que nos alegramos estar esentos. Con razon podria decirse que nuestro corazon se comprime de miedo de enternecerse á nuestra costa.

 No siempre es necesario atender á la catástrofe para juzgar del efecto moral de una tragedia; pues, respecto á esto, está lleno el objeto cuando uno se interesa por el desgraciado virtuoso mas que por el culpable feliz. Asi como no hay persona alguna que no quisiese mejor ser Britanico que Neron, convengo en que debe tenerse por buena la pieza que los presenta, aunque Britanico perezca en ella. Pero guiados por el mismo principio, ¿que juicio formarémos de una tragedia en la que, aunque los criminales sean castigados, se nos presentan bajo un aspecto tan favorable, que todo el interes está por ellos? ¿Una tragedia en que Caton, el mas grande de los humanos, hace el papel de un pedante; en que Ciceron, el salvador de la república, Ciceron, que de todos los que lleváron el nombre de Padres de la Patria fué el primero á quien se honró

con él, y el solo que lo mereció, se nos muestra como un vil orador retórico, un cobarde; miéntras que el infame Catilina, cubierto de crímenes que no se atreveria uno á nombrar, pronto á degollar á todos los magistrados, y á reducir la patria á cenizas, hace el papel de un grande hombre, y reune por sus talentos, su firmeza y su valor, toda la estimacion de los espectadores? Está bien que tuviese, si se quiere, una alma fuerte; ¿pero era por esto menos un malvado detestable, y se necesitaba dar á los crímenes de un salteador de caminos, un bandido, el colorido de las espediciones de un héroe? ¿A que, pues, se dirige la moral de una pieza semejante, sino á animar á los Catilinas, y á dar á los malvados diestros premio de la estimacion pública, debido á las gentes honradas?

 Oigo decir que la tragedia conduce á la piedad por el terror: sea asi enhorabuena; pero ¿cual es esa piedad? Una emocion pasagera y vana, que no dura mas que la ilusion que la ha producido; un resto de sentimiento natural, muy pronto sofocado por las pasiones; una piedad estéril, que se alimenta de alguna lágrimas, y que jamas ha

producido ningun acto de humanidad. Asi lloraba el sanguinario Sila al oir la relacion de los males que él mismo no habia hecho. Asi se ocultaba el tirano Phera en el espectáculo, por miedo de que se le viese gemir con Andromaca y Priamo, miéntras que oia sin emocion los gritos de tantos desgraciados como se degollaban todos los dias de su órden.