Pensamientos (Rousseau 1824): 04

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

COMEDIA.


 La comedia debe repesentar al natural las costumbres del pueblo para quien es hecha, á fin de que por ella se corrija de sus vicios y de sus defectos, asi como delante de un espejo se quitan las manchas de la cara. Terencio y Plauto se engañáron en su objeto; pero ántes que ellos Aristofanes y Menandro habian manifestado ya á los Atenienses las costumbres atenienses, y despues el solo Moliere pintó con mas sencillez aun las de los Franceses del último siglo á la vista misma de estos. El cuadro ha mudado, pero sin embargo no ha vuelto á haber otro pintor. Ahora se copian en el teatro las conversaciones

de una centena de casas de Paris: fuera de esto nada se aprende en él de las constumbres de los Franceses.

 Moliere se atrevió á pintar á los plebeyos y á los artesanos del mismo modo que á los marqueses: Socrates hacia hablar á los cocheros, carpinteros, zapateros y albañiles; pero los autores del dia, que son de otro porte, se creerian deshonrados si supiesen lo que pasa en el mostrador de un mercader ó en la tienda de un obrero: no necesitan sino de interlocutores ilustres, y buscan en el rango de sus personages la elevacion que no pueden sacar de su genio.

 Por fortuna la tragedia, tal como existe, dista mucho de nosotros: nos presenta ideas tan gigantescas y retumbantes, que el ejemplo de sus vicios casi no es mas contagioso que lo que es útil el de sus virtudes, y que á proporcion que ella nos instruye menos, nos daña tambien menos. Pero no sucede lo mismo con la comedia, cuyas costumbres tienen una relacion mas inmediata con nosotros, y cuyos personages se parecen mejor á los hombres: todo es malo y pernicioso en ella: todo es de importancia para los espectadores; y el placer mismo del cómico, fundandose sobre un vicio del corazon humano, es una consecuencia de este principio: que cuanto la comedia es mas agradable y perfecta, tanto mas funesto es su efecto para las costumbres.

 Todos convienen (y cada dia se conocerá mas) en que Moliere es el autor cómico mas perfecto de los conocidos; pero ¿quien podrá dejar de convenir tambien en que el teatro de este mismo Moliere, de cuyos talentos soy el mayor admirador, no es una escuela de vicios y de malas costumbres, mas peligrosa que los libros mismos en que de intento se trata de enseñarlas? Su mayor esmero es convertir en ridículo la bondad y la sencillez, y poner la astucia y la mentira de parte de aquel ácia quien se toma interes. Sus personas honradas no son mas que personas que hablan; sus viciosos son personas que obran y á quienes favorecen las mas veces los mas brillantes sucesos; en fin, el honor de los aplausos que raramente es para la que mas estimacion merece, es siempre para el que es mas diestro.

 Examinemos lo cómico de este autor: por todas partes hallarémos que los vicios de carácter son el instrumento, y los defectos naturales el asunto: que la malicia del uno castiga la simplicidad ó la sencillez del otro, y que los tontos son los pícaros; lo que por ser demasiado cierto en el mundo, no merece presentarse sobre el teatro con un aire de aprobación, como para escitar á las almas péfidas á castigar bajo el nombre de tontería el candor de las gentes honradas
Dat veniam corvis, vexat censura columbas.

 He aquí el espíritu general de Moliere y de sus imitadores. Son gentes que, cuando mas, se burlan alguna vez de los vicios sin hacer jamas amar la virtud: de ellas decia un antiguo, que saben despavilar bien la lámpara, pero que jamas le echan aceite.

 He aquí como este hombre, para multiplicar sus burlas y sus chanzonetas, turba todo el órden de la sociedad; con quen escándalo da por tierra con todas las relaciones mas sagradas sobre las cuales está fundada; como convierte en irrision los respetables derechos de los padres como sobre sus hijos, de los maridos sobre sus mugeres, de los amos sobre sus criados. El hacer reir, es verdad, pero por eso mismo es mas culpable, pues por un encanto invencíble precisa aun á los sabios á prestarse á aprobar unas burlas que deberían provocar su indignacion. Oigo decir que ataca los vicios; pero yo querria que se comparasen los que ataca con los que favorece. ¿Cual es mas vituperable, un plebeyo vano y sin talento que hace neciamente del caballero, ó un caballero bribon que le engaña? En la pieza de que hablo, ¿este último no es el hombre honrado? ¿no está el interes por él? ¿y el público no aplaude todos los engaños que hace al otro? ¿Quien es mas criminal, un aldeano bastante loco para casarse con una señorita, ó una muger que trata de deshonrar á su esposo? ¿Que se debe pensar de una pieza en que el patio aplaude la infidelidad, la mentira, la impudencia de esta muger, y se rie de la tontería del aldeano castigado? Seguramente es un gran vicio ser avaro y prestar á usura; ¿pero no lo es aun mayor en un hijo robar á su padre, faltarle al respeto, y hacerle mil insultantes reconvenciones, y responder con un aire burlon, cuando este padre irritado le echa su maldicion, que no sabe que hacer de sus regalos? Si la burla es escelente, ¿es por eso menos punible? Y la pieza en que se hace amar á este hijo insolente que la ha hecho, ¿es menos que una escuela de malas costumbres?

 La comedia del Misantropo nos descubre mejor que otra cualquiera la verdadera mira con que Moliere ha compuesto su teatro, y puede hacernos juzgar mejor de sus verdaderos efectos. Teniendo que agradar al público, ha consultado el gusto mas general de los que le componen: sobre este gusto se ha formado un modelo, y sobre este modelo un cuadro de los defectos contrarios, del que ha tomado sus caracteres cómicos, y distribuido las diversas acciones en sus piezas. No ha pretendido pues formar un hombre honrado, sino un hombre de mundo: por consiguiente no ha querido corregir los vicios sino las ridiculeces, y ha hallado en el vicio mismo un instrumento muy á propósito para conseguirlo. Asi, queriendo esponer á la risa pública todos los defectos opuestos á las cualidades del hombre amable, del hombre de sociedad, despues de haber representado tantas otras ridiculeces, le ha quedado aun que representar la que el mundo perdona menos, la de la virtud: esto es lo que hace en el Misantropo.

 Seguramente no podrán negarseme dos cosas: una, que Alceste en esta pieza es un hombre recto, sincero, estimable, un verdadero hombre de bien; y la otra, que el autor hace de él un personage ridiculo. Esto basta, á mi parecer, para hacer inescusable á Moliere. Se podria decir que ha representado en Alceste, no la virtud, sino un verdadero defecto, que es el aborrecimiento ó aversion á los hombres. A esto respondo, que no es cierto haya dado este aborrecimiento á su personage. No debe engañarnos el nombre de Misantropo, como si el que lo lleva fuese enemigo del género humano. Semejante aborrecimiento no seria un defecto, sino una depravacion de la naturaleza y el mayor de todos los vicios, pues que refiriendose todas las virtudes sociales á la beneficencia, nada la es tan directamente contrario como la inhumanidad. El verdadero Misantropo es un monstruo: si fuese posible que existiese, no haria reir, causaria horror. Puede que mis lectores hayan visto en la comedia italiana una pieza intitulada: La vida es un sueño: si se acuerdan del héroe de esta pieza, verán en él el verdadero Misantropo.
 ¿Que es pues el Misantropo de Moliere? Un hombre de bien, que detesta las costumbres de su siglo y la malignidad de sus contemporáneos; que precisamente, porque ama á sus semejantes, aborrece en ellos los males que reciprocamente se hacen, y los vicios que son obra de estos males. Si se conmoviese menos por los errores de la humanidad, si se indignase menos de las iniquidades que vé, ¿seria él mismo mas humano? Tanto valdria sostener que un padre ama mas á los hijos de otro que á los suyos, porque se irrita de las faltas de estos, y jamas dice nada de las de aquellos.

 Estos sentimientos del Misantropo estan perfectamente desenvueltos en su papel: confieso que dice ha concebido un aborrecimiento terrible contra el género humano; pero ¿en que ocasion lo dice? Cuando llevado de cólera de haber visto á su amigo hacer traicion cobardemente á su sentir, y engañar al hombre que se lo pide, se vé aun él mismo mofado en lo mas fuerte de su cólera. Es natural que esta cólera degenere en furia, y le haga decir entónces lo que no piensa estando sereno. Por otra parte, la razon que da de este aborrecimiento universal

justifica plenamente la causa de él.
Les uns, parce qu'ils sont méchans;
Et les autres, pour être aux méchans complaisans.

Es decir: á los unos, porque son malos; y á los otros, por ser complacientes con los malos.

 No es pues enemigo de los hombres, sino de la maldad de los unos, y del apoyo que esta maldad encuentra en los otros. Si no hubiese pícaros ni aduladores, amaria á todo el mundo. No hay un hombre de bien que en este sentido no sea Misantropo, ó mas bien los verdaderos Misantropos son los que no piensan asi.

 Una prueba bien segura de que Alceste no es literalmente Misantropo, es que con sus asperezas y estravagancias no deja de interesar y de agradar. Los espectadores, á la verdad, no querrian parecersele, porque tanta rectitud es incómoda; pero ninguno de ellos se enfadaria de tener que tratar con alguno que se le pareciese: lo que no sucederia si fuese el enemigo declarado de los hombres. En todas las otras piezas de Moliere el personage ridículo es siempre aborrecible ó despreciable: en aquella, aunque Alceste tenga ciertos defectos reales que no dejen de merecer la risa, se esperimenta sin embargo en el fondo del corazon un respeto ácia él, al que no podemos resistirnos. En esta ocasion, la fuerza de la virtud sobrepuja al arte del autor, y hace honor á su carácter. Aunque Moliere compuso piezas muy reprensibles, personalmente era un hombre honrado, y jamas el pincel del hombre honrado supo cubrir de colores odiosos los rasgos de la rectitud y de la probidad. Hay mas: Moliere ha puesto en boca de Alceste tan gran número de sus propias máximas, que muchos han creido que se quiso pintar á sí mismo. Asi pareció acreditarse en el disgusto que manifestó el patio en la primera representacion de esta pieza, no siendo sobre el soneto de la opinion del Misantropo: porque bien se vé que esta era la del autor.  Sin embargo, este carácter tan virtuoso es representado como ridículo. Lo es con efecto bajo ciertos respectos; y lo que demuestra que la intencion del poeta es hacerlo tal, es el del amigo Filinto á quien pone en oposicion con el suyo. Este Filinto es el sabio de la pieza; uno de esos hombres honrados del gran mundo, cuyas máximas se parecen mucho á las de los picaros; uno de esas gentes tan moderadas que siempre hallan que todo va bien, porque tienen interes en que nada vaya mejor; que estan siempre contentos de todos, porque no se les da cuidado de nadie; que al derredor de una buena mesa sostienen ser falso que el pueblo tenga hambre; que con la bolsa bien provista llevan á mal que se declame en favor de los pobres; y que bien cerrada su casa, verian robar, saquear, degollar, asesinar á todo el género humano, sin compadecerse de él; puesto que Dios les ha dotado de una dulzura muy meritoria para soportar las desgracias de otro.

 Ya se deja ver bien que la flema charlatana de este es muy propia para redoblar y hacer sobresalir de un modo cómico los furores del otro; y el yerro de Moliere no es el haber hecho del Misantropo un hombre colérico y bilioso, sino el haberle dado unos arrebatos pueriles sobre unas cosas que no debían moverle. El carácter del Misantropo no está á disposicion del poeta; está determinado por la naturaleza de su pasion dominante. Esta pasion es una violenta aversion al vicio, nacida de un amor ardiente á la virtud, y exasperada por el espectáculo continuo

de la maldad de los hombres. Solo pues una alma grande y noble es susceptible de aquella aversion ó aborrecimiento. El horror y el desprecio que alimenta en ella esta pasion ácia todos los vicios que la han irritado, sirve aun para desviarlos del corazon que agita.

 No quiere decir esto que el hombre no sea siempre hombre; que la pasion no le haga muchas veces débil, injusto y falto de razon; que quizá no espíe ú observe los motivos ocultos de las acciones de los otros con un secreto placer de ver la corrupcion de sus corazones; que un mal pequeño no le cause algunas veces una gran cólera, y que irritandole de intento un malvado diestro, no pueda llegar á hacerle pasar por un malvado como él; pero no es menos cierto que no todos los medios son buenos para producir estos efectos, y que deben asemejarse á su carácter para ponerlas en uso; sin lo cual es sustituir otro hombre al Misantropo, y pintarnoslo con unos colores que no son los suyos.

 He aquí pues ácia donde debe dirigir sus defectos el carácter del Misantropo; y he aquí tambien de lo que Moliere hace un uso admirable en todas las escenas de Alceste con su amigo, en que las frias máximas y las chanzas de este, desconcertando al otro á cada momento, le hacen decir mil impertinencias muy bien traidas; pero este carácter áspero y duro, que en la ocasion le da tanto odio y desabrimiento, le aparta al mismo tiempo de toda tristeza pueril que ningun fundamento racional tiene, y de todo interes personal muy vivo, del que de ningun modo debe ser susceptible. El encolerizarse por todos los desórdenes que está presenciando, es añadir nuevos rasgos al cuadro; pero es menester que sea frio sobre lo que se dirige directamente contra él, porque habiendo declarado la guerra á los malos, debe esperar que estos á su vez se la harán á él. Si no hubiese previsto el mal que le haria su franqueza, esta seria una imprudencia y no una virtud: el que una muger le venda, que amigos indignos le deshonren, que otros mas débiles le abandonen, debe sufrirlo sin murmurar: conoce á los hombres.  Si son justas estas distinciones, Moliere ha pintado mal al Misantropo: ¿y puede pensarse que sea por error? No, sin duda, sino porque el deseo de hacer reir á costa del personage, le ha forzado á degradarle contra la verdad del carácter.

 Despues de la aventura del soneto, ¿como no espera Alceste los malos procederes de Oronte! ¿Puede admirarse cuando se le instruye de ellos, como si fuese la primera vez en su vida que hubiese sido sincero, ó la primera que su sinceridad le hubiese acarreado un enemigo? ¿No debe prepararse tranquilamente á la perdida de su pleito, lejos de mostrar anticipadamente el despecho de un niño?

Ce sont vingt mille francs qu’il m’en pourra coûter;

Mais, pour vingt mille francs, j’aurai droit de pester.

Es decir en castellano, poco mas ó menos:

Veinte mil francos solo

Será lo que me cuestes; 
Pues por veinte mil francos
Quiero decir mil pestes.
 Un Misantropo no tiene necesidad de comprar tan caro el derecho de echar pestes ó invectivas contra todo el mundo, no tiene mas que abrir los ojos; y no estima bastante el dinero para creer haber adquirido en este punto un nuevo derecho por la pérdida de un pleito; pero era necesario hacer reir al patio.

 En la escena con Dubois, cuanto mas motivo tiene Alceste para impacientarse, mas flemático y frio debe permanecer, porque la imprudencia del criado no es un vicio. El Misantropo y el hombre colérico son dos caracteres muy diferentes, y allí era la ocasion de distinguirlos. Moliere no lo ignoraba; pero era menester hacer reir al patio.

 A pique de hacer tambien reir al lector á mi costa, me atrevo á acusar á este autor de no haberse aprovechado de muy grandes conveniencias, de una gran verdad, y quizá de nuevas bellezas de situacion. Esto era hacer tal variacion en su plan, que Filinto entrase como actor necesario en el nudo de la pieza, de modo que pudiesen ponerse sus acciones y las de Alceste en una aparente oposicion con sus principios, y en una perfecta conformidad con sus caracteres: quiero decir, que era necesario que el Misantropo estuviese siempre colérico contra los vicios públicos, y siempre tranquilo sobre las maldades personales de que él era víctima. Al contrario, el filósofo Filinto debía ver todos los desórdenes de la sociedad con una

flema estoica, y enfurecerse al menor mal que se dirigiese directamente contra él. Me parece que trazando por esta idea los caracteres en cuestion, cada uno de los dos hubiera sido mas verdadero, mas teatral, y que el de Alceste hubiera hecho incomparablemente mas efecto; pero entónces el patio no hubiera podido reirse sino á costa del hombre de mundo, y la intencion del autor era que se riese á costa del Misantropo.

 Con el mismo objeto le hace decir algunas veces unas espresiones de enfado, de un gusto muy contrario á aquel que él le da. Tal es este chiste de la escena del soneto:

La peste de ta chute, empoisonneur du diable ! 

En eusses-tu fait une à te casser le nez !

Esto es:

¡Mal haya tu caida
Ponzoña endemoniado!
¡Ojalá tus narices
Se hubiesen aplastado!
 Chiste tanto mas mal puesto en boca del Misantropo, cuanto acaba de criticar otros mas soportables en el soneto de Oronte; y es bien estraño que el que lo ha hecho proponga un instante despues la cancion del Rey Enrique por un modelo de gusto. De nada sirve decir que se escapa esta palabra en un momento de despecho; porque el despecho nada dicta menos que chistes; y Alceste, que pasa su vida en regañar, debe haber tomado, aun regañando, un tono conforme á su espíritu.
Morbleu ! vil complaisant, vous louez des sottises !

Es decir:

¡Oh adulador maldito, 

Que aplaudes las simplezas!

 Asi es como debe hablar el Misantropo colérico. Jamas vendrá bien un chiste despues de esto; pero era menester hacer reir al patio, y he aquí como se envilece la virtud.

 Una cosa bastante notable en esta comedia es que lo mucho que sin necesidad ha recargado el autor el papel del Misantropo, le ha forzado á suavizar lo que era esencial al carácter; asi, miéntras que en todas sus otras piezas estan cargados los caracteres para hacer mas efecto, en esta sola lo estan para hacerla mas teatral. La misma escena de que acabo de hablar, suministra la prueba de esto. Se vé en ella á Alceste tergiversar y usar de rodeos para decir su parecer á Oronte. No es este el Misantropo; es un hombre de mundo cortés, que le cuesta trabajo engañar á aquel que le consulta. La fuerza del carácter exigia que se le dijese ásperamente: vuestro soneto no vale nada, arrojadlo al fuego; pero esto hubiera quitado lo cómico que nace del embarazo en que se encuentra el Misantropo, y de sus yo no digo eso repetidos, que sin embargo en realidad son otras tantas mentiras. Si Filinto á su ejemplo le hubiese dicho en este lugar: ¡ola! ¿que dices tú, pues, traidor? ¿Que tenia que replicar? En verdad que no merece la pena de permanecer Misantropo para no serlo mas que á medias; porque si se permite la primera consideracion y la primera alteracion de la verdad, ¿donde estará la razon suficiente para detenerse y para no llegar á ser tan falso como un cortesano? El amigo de Alceste debe conocerle. ¿Y como se atreve á proponerle que visite á los jueces, es decir en términos políticos, que trate de corromperlos? ¿Como puede suponer que un hombre capaz de renunciar aun á las conveniencias por amor á la virtud, lo sea de faltar á sus deberes por interes? ¡Solicitar á un juez! No es necesario ser Misantropo, basta ser hombre de bien para no hacerlo. En todo lo que haria al Misantropo tan ridículo, no haria mas que el deber de un hombre honrado; y desde luego desempeñaría mal su carácter si su amigo supusiese que podia faltar á él.

 Si el autor hábil deja obrar alguna vez á este carácter en toda su fuerza, es solamente cuando esta fuerza hace la escena mas teatral, y produce un cómico de contraste ó de situacion mas sensible. Tal es, por ejemplo, el humor taciturno y silencioso de Alceste, y en seguida la censura intrépida y vivamente apostrofada de la conversacion en casa de la coqueta.

Allons, ferme, poussez mes bons amis de cour.

Es decir:

¡Vamos! ¡firme! esforzaos, mis buenos amigos cortesanos.
 Aquí ha marcado el autor fuertemente la distincion del maldiciente y del Misantropo. Este, en medio de su humor acre y mordaz, abjura la calumnia y detesta la sátira: los vicios públicos, los malos en general, son los que ataca; la baja y secreta maledicencia es indigna de él; la desprecia y aborrece en los otros; y cuando habla mal de alguno, principia por decirselo á él mismo en su cara. Asi durante toda la pieza, en ninguna parte hace mas efecto que en esta escena, porque en ella es lo que debe ser, y porque si hace reir al patio, las gentes moderadas no se avergüenzan de haber reido.

 Pero en general no puede negarse que si el Misantropo fuera mas Misantropo, seria mucho menos agradable, porque su franqueza y su firmeza no admitiendo nunca rodeos, jamas le dejarian en el embarazo. No es por consideracion por lo que el autor suaviza alguna vez su carácter; es, por el contrario, para hacerle mas ridículo.

 Otra razon le obliga aun á ello, y es que el Misantropo de teatro, teniendo que hablar de lo que vé, debe vivir en el mundo, y por consecuencia templar su rectitud y sus modales por algunos de esos respetos de mentira y de falsedad, que forman la política ó cortesía que el mundo exige de cualquiera que quiere que se le aguante en él. Si se mostrase de otro modo, no harian efecto sus discursos. El interes del autor es hacerle ridículo, pero no loco, y esto es lo que receria á los ojos del público, si fuese enteramente sabio.

 Cuesta sentimiento dejar esta admirable pieza, cuando uno ha principiado á ocuparse de ella: cuanto mas se examina, mas bellezas se la descubren. Pero en fin, pues que, sin contradicción, de todas las comedias de Moliere es esta la que contiene la mejor y mas sana moral, por ella juzgamos de las demás, y convenimos en que siendo la intención del autor agradar á los ánimos corrompidos, ó su moral conduce al mal, ó el falso bien que predica es mas peligroso que el mal mismo: convenimos en que seduce por una apariencia de razon; en que hace preferir el uso de las máximas del mundo á la exacta probidad; en que hace consistir la sabiduria en cierto medio entre el vicio y la virtud; y en fin, convenimos en que para mayor consuelo de los espectadores, les persuade que, para ser hombre de bien, basta no ser un malvado descubierto.