Pensamientos (Rousseau 1824): 06

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MÚSICA.


 Toda música no puede componerse sino de estas tres cosas: melodía ó canto, armonía ó acompañamiento, movimiento ó compas.

 La armonía no es mas que un accesorio lejano en la música imitativa. No hay en la armonía, propiamente tal, ningun principio de imitacion: ella es verdad que asegura las entonaciones, testifica de su exactitud; y haciendo mas sensibles las modulaciones, añade energía á la espresion y gracia al canto; pero de la sola melodía es de donde sale esta potencia invencible de los acentos apasionados: de ella deriva todo el poder de la música sobre nuestra alma. Formemos las mas sabias series

de conciertos sin mezcla de melodía, y nos hallarémos fastidiados al cuarto de hora; pero unos bellos cantos sin ninguna armonía resisten largo tiempo á la prueba del fastidio. Que anime el acento del sentimiento á los cantos mas sencillos, y ellos serán interesantes. Al contrario, una melodía que no habla, canta siempre mal, y la armonía sola jamas ha sabido decir nada al corazon.

 Como la armonía tiene su origen en la naturaleza, es la misma para todas las naciones, ó si tiene algunas diferencias, son introducidas por las de la melodía; asi, pues, solamente de esta es necesario sacar el carácter particular de una música nacional; con tanta mas razon cuanto este carácter dandose principalmente por la lengua, el canto propiamente tal debe resentir su mayor influencia.

 Pueden concebirse unas lenguas mas propias que otras para la música, y otras que absolutamente no serian á propósito para ella: tal podria ser una que solo se compusiese de sonidos mixtos, de sílabas mudas, sordas ó nasales, pocas vocales sonoras, muchas consonantes y articulaciones. ¿Que resultaria de la música aplicada á tal lengua? En primer lugar, el defecto de fuerza ó espresion en el sonido de las vocales obligaria á darla mucha al de las notas; y como la lengua seria sorda, la música seria chillona: en segundo lugar, la dureza y la frecuencia de las consonantes forzaria á escluir muchas palabras, y á no proceder en las otras sino por entonaciones elementales, y la música seria insípida y monotona: su marcha seria ademas lenta y fastidiosa por la misma razon, y aun cuándo se quisiese avivar un poco el movimiento, su velocidad pareceria á la de un cuerpo duro y anguloso que rueda sobre un empedrado.  El compas, esto es, la tercera parte esencial de la música, es poco mas ó menos para la melodía lo que la sintáxis para el discurso: él es el que forma el encadenamiento de las palabras, el que distingue las frases, y el que da un sentido, una union al todo. Toda música de la cual no se conoce el compas, se parece, si el defecto viene del que la ejecuta, á una escritura en cifra, de la que es menester precisamente hallar la clave para encontrar el sentido de ella; pero si en efecto esta música no tiene compas sensible, entónces no es mas que una coleccion confusa de palabras tomadas por casualidad y escritas sin consecuencia, en las cuales no encuentra el lector ningun sentido, porque el autor no ha puesto ninguno en ellas. El compas depende tambien de la lengua, y singularmente del atributo llamado Prosodia: esto es evidente, porque es preciso que el compas siga las combinaciones de los breves y los largos que se hallan siempre en una lengua. Mas supongamos una nacion cuya lengua no tuviese mas que una mala prosodia, es decir, una prosodia poco botada, sin exactitud y sin precision; que los largos y los breves no tuviesen entre sí, en duraciones y en números, unas relaciones sencillas y propias para hacer la rima agradable, exacta y regular; que tuviese unos largos que lo fuesen mas ó menos unos que otros; unos breves que igualmente lo fuesen mas ó menos; unas sílabas ni breves ni largas, y en fin que las diferencias de unas y otras fuesen indeterminadas y casi inconmensurables: es claro que la música nacional, hallandose precisada á recibir en su compas las irregularidades de la prosodia, solo tendría una suerte vaga, desigual y muy poco sensible; que el recitativo sobre todo se resentiría de esta irregularidad
que no se sabria casi como hacer convenir con ella los valores de las notas y los de las sílabas; que seria forzoso mudar en ellas el compas á cada momento; que jamas se podrian hacer los versos en una rima exacta y cadenciosa; y que aun en los aires compasados todos los movimientos serian poco naturales y sin precision.

 El hombre tiene tres clases de voz, á saber: la voz parlante ó articulada, la cantante ó melodiosa, y la patética ó acentuada, que sirve de lenguage á las pasiones, y anima el canto y la palabra. Una música perfecta es la que mejor reune estas tres voces.