Pensamientos (Rousseau 1824): 18

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HOMBRE.


 En el estado en que se encuentran las cosas, un hombre abandonado desde su nacimiento á sí mismo entre los demas seria el mas desfigurado de todos. Las preocupaciones, la autoridad, la necesidad, el ejemplo, todas las instituciones sociales en que nos hallamos sumidos, sofocarian en él la naturaleza, sin reemplazarla con nada; seria en él como un arbolito nacido por casualidad en medio de un camino, que muy pronto perece á manos de los pasageros que chocan con él por todas partes, y tiran de sus ramas en todas direcciones.

 Se mejoran las plantas por el cultivo, los hombres por la educacion. Si el hombre naciese ya grande y robusto, le serian inútiles su estatura y sus fuerzas, hasta que hubiese aprendido á servirse de ellas: le serian perjudiciales, impidiendo á los demas que cuidasen de socorrerle; y abandonado a sí mismo, moriria de miseria antes de haber hecho conocer sus necesidades. Nos quejamos del estado de la infancia, y no se vé que la especie humana hubiera perecido si

hubiera principiado el hombre por ser adulto.

 Supongamos que un niño al nacer tuviese la estatura y la fuerza de un hombre hecho; que saliese, por decirlo asi, del seno de su madre, como Palas del celebro de Jupiter; este hombre niño seria un perfecto imbécil, un autómata, una estatua inmóvil y casi insensible. Nada veria, nada entenderia, no conoceria á nadie, no sabria ni aun volver los ojos ácia lo que necesitase ver. No solamente no distinguiria fuera de él ningun objeto, sino que tampoco referiria ninguno al órgano del sentido que se lo hiciese distinguir: los colores no estarian en sus ojos, ni los sonidos en sus oidos; los cuerpos que tocase no estarian sobre el suyo, ni aun él mismo sabria que tiene uno: el contacto de sus manos estaria en su celebro; todas sus sensaciones se reunirian en un solo punto; no existiria sino en el sensorio comun; no tendría mas que una sola idea, la del yo, á la que referiria todas sus sensaciones; y esta idea, ó mas bien este sentimiento, seria la única cosa que poseyese mas que un niño ordinario.

 La suerte del hombre es padecer en todo tiempo: hasta el mismo cuidado de su conservacion

está unido á la pena. Bien feliz es el no conocer en su infancia sino los males físicos, males mucho menos crueles, mucho menos dolorosos que los otros, y que mucho mas raramente que ellos nos obligan á renunciar á la vida. Nadie se mata por los dolores de gota; únicamente los del ánimo producen la desesperacion. Compadecemos la suerte de la infancia, cuando es la nuestra la que deberíamos llorar.

 Miéntras que los hombres se contentáron con sus cabanas rústicas, en tanto que se limitáron á coser sus vestidos de pieles con espinas ó raspas de pescados, á adornarse con plumas y conchas, á pintarse el cuerpo de diversos colores, á perfeccionar y hermosear sus arcos y sus flechas, á labrar con piedras cortantes algunas canoas ó barcas de pescadores, ó algunos groseros instrumentos músicos; en una palabra, en tanto que solo se aplicáron á obras que podia hacer uno solo, y á artes que no necesitaban la concurrencia de muchas manos, viviéron libres, sanos, buenos y felices, tanto como podian serlo por su naturaleza, y continuáron gozando entre sí de las dulzuras de su comercio independiente; pero desde el momento en

que un hombre necesitó del auxilio de otro, desde que echó de ver que era útil á uno solo tener provisiones para dos, desapareció la igualdad; la propiedad se introdujo, se hizo necesario el trabajo: los inmensos bosques se convirtiéron en bellas campiñas, que se hizo preciso regar con el sudor de los hombres, y en las que se vió bien pronto germinar la esclavitud y la miseria y crecer con las mieses.

 Las dos artes cuya invencion produjo esta grande revolucion, fuéron la metalurgia y la agricultura. El oro y la plata, segun el poeta, y el hierro y el trigo, segun el filósofo, son los que han civilizado á los hombres y perdido al género humano.

 Los hombres no son hechos para amontonarse como hormigueros, sino para derramarse sobre la tierra que deben cultivar. Cuanto mas se juntan, mas se corrompen: las enfermedades del cuerpo, asi como los vicios del alma, son el efecto infalible de este concurso demasiado numeroso. De todos los animales el hombre es el que menos puede vivir en rebaños: amontonados los hombres como carneros, perecerian todos en muy corto tiempo. El aliento del hombre es mortal

tal á sus semejantes, y esto no es menos cierto en lo propio que en lo figurado.

 Si soló se tratase de mostrar á los jóvenes la máscara del hombre, no habria necesidad de hacerlo, porque harto la verian siempre; pero pues que la máscara no es el hombre, y no queremos que se dejen engañar por su barniz, al pintarles los hombres, pintadselos tales como son, no para que los aborrezcan, sino para que los compadezcan: á mi parecer este es el mas juicioso sentimiento que puede el hombre tener sobre su especie.

 El Ser Supremo ha querido honrar en todo á la especie humana: dando al hombre pasiones sin límites, le da ni mismo tiempo la ley que las regla, para que sea libre y pueda mandarse á sí mismo: entregandole á pasiones inmoderadas, junta á estas pasiones la razon para gobernarlas: dando á la muger deseos ilimitados, junta tambien á estos deseos el pudor para contenerlos. Para colmo de todo añade aun una recompensa actual al buen uso de sus facultades, á saber, el placer que se esperimenta en las cosas honestas cuando ellas reglan sus acciones.

 Dicen los hombres que es corta la vida, y yo veo que ellos mismos hacen lo que pueden

den para hacerla mas corta. No sabiendo emplearla, se quejan de la rapidez del tiempo; y yo veo que este corre con demasiada lentitud segun su deseo. Poseidos siempre del objeto á que aspiran, miran con dolor el intervalo que los separa de él: uno querria haber llegado ya á mañana, otro al mes próximo, otro diez años mas allá; nadie quiere vivir hoy; nadie está contento con la hora presente; todos los hombres la tienen por lenta en pasar.

 ¡Mortales! ¿no dejaréis jamas de calumniar á la naturaleza? ¿Por que quejaros de que es corta la vida, pues que no lo es aun bastante segun vuestro deseo? Si hay alguno entre vosotros que sepa templar suficientemente sus deseos para no anhelar nunca que corra el tiempo, ese no la tendrá por demasiado corta: vivir y gozar, serán la misma cosa para él; y aun cuando muriese jóven, moriria satisfecho de sus días.