Pensamientos (Rousseau 1824): 29

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Pensamientos de Jean-Jacques Rousseau
Diferencia entre el hombre civilizado y el salvage

DIFERENCIA ENTRE EL HOMBRE CIVILIZADO Y EL SELVAGE.


 El hombre selvage y el hombre civilizado difieren de tal modo por el fondo del corazon y por las inclinaciones, que lo que hace la suprema felicidad del uno reduciria al otro á la desesperacion. El primero no respira mas que el reposo y la libertad, no quiere mas que vivir y estar ocioso, y aun la misma tranquilidad de alma del estoico no iguala con su profunda indiferencia ácia todo otro objeto. Al contrario, el ciudadano siempre activo suda, se agita y atormenta incesantemente para buscar ocupacion

cion aun mas laboriosa: trabaja hasta la muerte, corre á ella para ponerse en estado de vivir, ó renuncia á la vida para adquirir la inmortalidad. Hace su corte á los grandes á quienes aborrece, á los ricos que desprecia; nada perdona para obtener el honor de servirlos; hace alarde orgullosamente de su bajeza y de su proteccion, y ufano de su esclavitud, habla con desprecio de los que no tienen el honor de participar de ella. ¡Que espectáculo seria para un Caribe ver los penosos y envidiados trabajos de un ministro europeo! ¡Cuantas muertes crueles no preferiria este indolente selvage al horror de semejante vida, que muchas veces si aun es endulzada por el placer de hacer el bien!

 El selvage vive dentro de sí: el hombre social vive fuera, no saber vivir sino en las opiniones de los otros; saca de su solo juicio, por decirlo asi, el sentimiento de su propia existencia. De aquí viene que preguntando siempre lo que oimos á los demas, y no atreviendonos jamas á preguntarnos sobre esto á nosotros mismos, en medio de tanta filosofía, de humanidad, de civilizacion, y de máximas sublimes, solo tenemos un esterior engañoso y frívolo,

honor sin virtud, razon sin sabiduría, y placer sin felicidad.

 El hombre selvage, luego que ha comido, está en paz con toda la naturaleza, y es amigo de todos sus semejantes: si alguna vez trata de disputar su comida, jamas llega á las manos sin haber comparado ántes la dificultad de vencer con la de hallar su subsistencia en otra parte; y como no se mezcla el orgullo en el combate, este se termina por algunas puñadas: come el vencedor, el vencido va á buscar su fortuna por otro lado, y todo queda en paz. Pero otra cosa sucede entre los hombres en sociedad: primeramente se trata de proveer á lo necesario, y despues á lo superfluo; en seguida vienen las delicias, luego las inmensas riquezas, despues los súbditos, y en fin los esclavos: no tiene un momento de descanso; lo mas singular es, que cuanto son menos naturales y urgentes las necesidades, mas se aumentan las pasiones, y (lo que es peor) el poder de satisfacerlas: de suerte que, despues de largas prosperidades, despues de haber absorvido muchos tesoros, y muerto muchos hombres, mi héroe acabará por aniquilarlo todo, hasta que sea el único dueño

del universo. Tal es en compendio el cuadro moral, sino de la vida humana, á lo menos de las secretas pretensiones del corazón de todo hombre civilizado.