Pensamientos (Rousseau 1824): 30

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EL HOMBRE COMPARADO CON EL ANIMAL.


 No veo en todo animal mas que una máquina ingeniosa á quien la naturaleza ha dado sentidos para dirigirse por sí misma, y para garantirse hasta un cierto punto de todo lo que termina á destruirla ó á desordenarla. Las mismas cosas precisamente percibo en la máquina humana, con la diferencia de que la naturaleza sola lo hace todo en las operaciones del bruto, en vez de que el hombre concurre á las suyas en calidad de agente libre. El uno escoge ó desecha por instinto, y el otro por un acto de libertad; lo cual hace que el bruto no pueda desviarse de la regla que le está prescrita; aun cuando le fuese ventajoso hacerlo, y que el hombre se desvie de ella muchas veces en perjuicio suyo. Asi es como un pichon moriria de hambre cerca de un plato lleno de carne, y un gato en un monton de

frutas ó de granos, aunque uno y otro pudiesen mantenerse muy bien con el alimento que desprecian, si se determinasen á probar de ello. Asi los hombres disolutos se abandonan á escesos que les causan enfermedades y la muerte; porque el espíritu deprava los sentidos, y la voluntad habla todavía cuando se calla la naturaleza.

 Todo animal tiene ideas, pues que tiene sentidos; y aun combina sus ideas hasta cierto punto, y el hombre respecto á esto difiere mas ó menos del bruto. Algunos filósofos han añadido que hay mas diferencia de tal á tal hombre que de tal hombre á tal bruto; no es pues tanto el entendimiento el que hace entre los animales la distincion específica del hombre, cuando su cualidad de agente libre. La naturaleza manda á todo animal, y el bruto obedece. El hombre esperimienta la misma impresion, pero se reconoce libre de consentir ó resistir; en la confianza de esta libertad es sobre todo en lo que se manifiesta la espiritualidad de su alma: porque la física en cierto modo esplica el mecanismo de los sentidos, y la formacion de las ideas; pero en la potencia de querer, ó mas bien de elegir, y en el

sentimiento de esta potencia, no se hallan mas que actos puramente espirituales, de los que nada puede explicarse por las leyes de la mecánica.

 Pero aun cuando las dificultades que rodean todas estas cuestiones diesen márgen á disputar sobre esta diferencia del hombre al animal, hay otra cualidad muy específica que les distingue, y sobre todo la cual no cabe disputa, y que es la facultad de perfeccionarse; facultad que, á favor de las circunstancias, desenvuelve sucesivamente todas las demas, y reside entre nosotros, tanto en la especie cuanto en el individuo; en vez de que un animal es al cabo de algunos meses lo que será toda su vida, y su especie al cabo de mil años lo que ella era en el primero de estos mil años. ¿Por que solo el hombre está sujeto á hacerse imbécil? ¿No es esto volver á su estado primitivo, y que mientras el bruto que nada ha adquirido, y que de consiguiente tampoco tiene nada que perder, permanece siempre con su instinto, el hombre volviendo á perder por la vejez ó por otros accidentes todo lo que le habia hecho adquirir la perfectibilidad, vuelve á caer asi en un estado inferior al del bruto mismo?