Príncipe flautero

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FÁBULA VII.
la vanidad necia pára en irrison.
Príncipe flautero.
Cuando un hombre vano, encaprichado de un aplauso imaginario, llega al extremo de una presuncion insolente, su necia liviandad viene ordinariamente á parar en risa.

Hubo en Roma un flautero de algun crédito, llamado Príncipe, que solia hacer el son á Batylo, cuando danzaba en el teatro. Este en ciertos juegos, no me acuerdo cuales, al moverse rápidamente una máquina, dió sin pensar una gran caida, y se rompió la canilla izquierda, aunque hubiera querido mas que se le quebrasen dos de sus flautas derechas. Cogido en brazos y dando muchos gemidos, le llevan á su casa: pasanse algunos meses en curarse hasta sanar; y los mirones segun su costumbre y buen humor, comenzaron á echar menos al que con sus flautas avivaba la agilidad del bailarin. Estaba para dar unas grandes fiestas cierto personage, y ya Príncipe comenzaba á andar por su pie. Redúcele á fuerza de súplicas y dinero á que por lo menos se deje ver en público en el mismo dia de los juegos. Luego que llegó, comienza á correr la voz en el teatro. Unos afirman, que es muerto: otros, que saldrá luego á las tablas. Corridas las cortinas, remedados los truenos, bajaron los dioses á hablar en el teatro en la forma ordinaria. Entonces engañó al pobre flautero, el coro de músicos y su sabida cantinela, cuya substancia era esta: Gózate Roma dichosa por la salud de tu Príncipe. Levántanse todos á aclamar. y el flautero se deshace á besamanos, porque piensa que lo hacen por él. Advierten los caballeros su error grosero, y pereciendo de risa, mandan que se repita la cancion. Repítese, y el buen hombre se tiende de largo á largo en el tablado: los caballeros le aplauden por mofa: el pueblo imagina, que pide la corona, premio de estos juegos. Pero luego que se hizo patente á todos su loca persuasion, el triste del Príncipe con su pierna ligada con bendas blancas, con su vestido y zapatos blancos, engreido con el imaginado honor, que es propio, de la augusta casa, asido de los cabezones, fue por todos arrojado fuera del teatro.



notas.

Este suceso parece haber sucedido á Augusto; no parece ser sátira contra Sejano, como alguno otro ha pensado.

Princeps. Es nombre propio.

Bathylo es nombre propio: fue uno de los mas célebres graciosos ó bufones de aquel tiempo.

Habia costumbre entonces de introducir en los teatros unos representantes ó graciosos tan diestros, que con solo las acciones y posturas, sin hablar palabra, daban á entender lo que querian. Batylo era de este género de representantes. En latin se llaman Pantomimi. Lege Sintágma (que significa tratado) de Mimis, et Pantomimis. Nicola Calliachi, editum Patávii, anno 1713.

Duas cùm dextras. Antiguamente los flauteros tocaban dos flautas á un mismo tiempo. La que tocaba con la mano derecha la llamaban la derecha; y la que tocaban con la izquierda izquierda. En Publio Victorio, l. 58, c. 92, se puede ver esto.

Ingredier. Se pone por ingredi, por la figura Paragoge.

Devolutis tonitrubus. Á la venida de Júpiter y demas dioses precedian truenos artificiales. Hacíase esto echando á rodar por detras del tablado gran multitud de gruesas piedras. Festo dice, que estos truenos se llamaban Claudiana tonitrua, truenos de Claudia, por ser el inventor de estos truenos.

Lætare. El cantar la música este verso dió motivo á Príncipe para que se engañase; pues la que se decia por haber recobrado la salud Augusto César, entendió se decía por él.

El verso lætare &c. alude á la costumbre de aclamar á los emperadores. Suetonio trae otra semejante á esta, c. 6, de la Vida de Calígula.

Salva Roma, salva Patria, salvus est Germanicus.

In plausus. Comunmente se ponía de pie la gente para victorear, y con especialidad se guardaba inviolablemente esta costumbre, cuando se hacia con alguna persona de distincion. Just. Lip. l. 2, Elect, c. 10.

Púlpito. Era una parte del teatro, á donde salia a á hablar y representar las personas que habían de divertir al pueblo.