Revista del Jardín Zoológico de Buenos Ayres/Tomo I/Las leyes de la vida/I

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PARTE I.

LAS DIFERENCIAS SEXUALES DE LA MENTE.

«La mujer es débil; el hombre es fuerte», se dice por lo comun. Pero las palabras débil y fuerte son muy inexactas, y tan poco adecuadas á las ideas que ahora voy á exponer, que, para llenar mejor mi actual propósito, voy á servirme del método gráfico.

Las palabras presentan el grave inconveniente de tener siempre acepciones ó demasiado generales y vagas, ó demasiado estrictas y limitadas. Son los «signos convencionales», por medio de los cuales el hombre «piensa su palabra», sí; pero nada mas que su palabra; porque encierran á su inteligencia dentro del estrecho círculo sugerido por el sentido corriente de las palabras. ¡Ah! el lenguaje, los conceptos, las líneas de separacion imaginarias!

El método gráfico, acompañado de los viejos signos convencionales, tiene, por el contrario, la ventaja de dejar abierto ó de romper el circulo de la sugestion verbal, y deja á las inteligencias en mas libertad para ir adelante, poco ó mucho, segun sean la actividad y fuerza propias de cada una. Como muy lacónicamente lo decía Filon y despues San Pablo, «la palabra mata; el espíritu vivifica».

Pero, debe tenerse bien presente que, si las palabras matan, es porque son signos; por lo cual sería mas exacto decir: los signos matan; lo significado vivifica.

Valiéndome, pues, del método gráfico, para explicar en qué consiste la diferencia entre el sexo celestial y el maldito sexo, respecto del lenguaje mas adecuado á cada uno de ellos para comprender ó interpretar las leyes de la vida, trazaré lo que yo llamo el diagrama de la evolucion.

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Fig. 22.

El estudio de lo relativo á los sexos y á las diferencias sexuales, muestra que los sexos no son sino las dos fases opuestas de una misma propiedad ó «fuerza»: una en esta direccion (Fig. 23) y otra en esta (Fig. 24).

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Fig. 23.
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Fig. 24.

Pero que, por antropomorfismo, las llamamos sexos masculino y femenino [1]. Estas dos fases, de asimilar y de desasimilar, constituyen lo que llamamos vivir, cuando obran en sucesion inmediata y simultáneamente en el mismo individuo; pero cuando cada una se especializa en individuos distintos, forman lo que se llama dos sexos distintos.

Más aun: la diferencia más fundamental entre los vegetales y los animales consiste en lo mismo que distingue al sexo femenino del masculino. Los vegetales son especialmente asimilantes y económicos (femeninos); los animales son especialmente desasimilantes ó sea gastadores (masculinos).

Existe un acertijo ó adivinanza, como decimos nosotros, cuya solucion es la siguiente: de lo que hay mayor número en el mundo es de extremidades.

Efectivamente, todo tiene, por lo menos, dos extremidades, dos extremos, ó si no dos polos.

El organismo, en la actividad de su desarrollo, tambien tiene dos extremos.

Representaré el organismo por medio del esquema siguiente:

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Fig. 25.

Su desarrollo, como acabo de decirlo, presenta dos extremos: El uno, esa parte mayor, porque yo la represento ya desarrollada, se llama plasma personal ó somático (soma, el cuerpo). La otra parte, ó sea el otro extremo, es la más pequeña; se llama plasma germinativo.

El plasma personal es el extremo más dispuesto á desarrollarse, el primero que se desarrolla, formando el individuo, y el que lleva las numerosas y pequeñas diferencias sexuales. En él se efectúan simultánea y recíprocamente las dos funciones esenciales de la vida del individuo: la femenina de asimilar y la masculina de desasimilar. La primera tiene á sus órdenes el sistema nervioso del gran simpático; la segunda el del cerebro-espinal. Ambas están ligadas entre sí de una manera sumamente curiosa, y existen entre ellas relaciones recíprocas, y tan intimas, que la falta de actividad de la una exagera la de la otra, y vice-versa.

Las funciones del gran simpático son las de la señora de la casa, que tiene las llaves de la despensa, va al mercado, hace la comida y la distribuye en toda la familia, así como tambien mantiene todo en orden, ventila, lava, barre y arroja las aguas y basuras á la calle. Las funciones del cerebro-espinal son las mismas del esposo: todas ellas se relacionan con los asuntos de fuera de casa; pero ambos cónyugues viven juntos, comen de la misma comida, duermen en el mismo lecho y tienen muchos hijos.

Á la facultad del plasma personal, de desarrollarse convirtiendo lo asimilado en moléculas de su mismo tipo y desasimilarlas despues, es á lo que los metafísicos llaman «las facultades del alma».

El plasma germinativo, el más pequeño, lleva la única y más característica de las diferencias sexuales: la de asimilar ó la de desasimilar, y su especializacion en individuos distintos determina la separacion de los sexos en individuos distintos. Pero, sea femenino ó masculino, no empieza á desarrollarse sino más tarde, y entra en actividad funcional á medida que el plasma somático, ó sea el individuo formado por él, disminuye su crecimiento. En nosotros, esta disminucion empieza, por término medio, hácia los quince años de edad.

El diagrama de la evolucion dá una idea bastante clara del desarrollo del plasma personal y nos revela un hecho muy curioso respecto del plasma germinativo, á saber: que se ha invertido completamente el significado de la sexualidad de las células reproductoras, considerando masculinas á las más fuertemente femeninas, y vice-versa.

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Fig. 26.
Este diagrama está formado por dos ángulos cuyos lados divergen de O, y despues de llegar á V y V' respectivamente, convergen en C.

Si unimos OC y VV' las líneas trazadas formarán la cruz; el esquema de la analogía trascendental, del órden universal y absoluto, el último escalon de la ciencia, la cima del saber.

Pero ¡no os hagais ilusiones, los estudiantes, ni os alarmeis, los hombres de ciencia! El saber es semejante á un cono: su cima es de muy poca extension y excesivamente abstracto es su esquema. Sería muy escaso nuestro saber si nos quedásemos en la cima, sin recorrer, observar é inspeccionar, los hechos concretos que lo constituyen desde su base y son el objeto de las ciencias especiales. Sería, en el lenguaje de Filon, dejarnos matar por el signo de la cruz.

Por tradicion, desde tiempo inmemorial, se ha enseñado y repetido, aunque de una manera figurada y misteriosa por algunos, é inconscientemente por los más, que la cruz es el «signo» que nos restituirá la libertad de pensar; que nos emancipará de la tutela de los que pensaron para sí y legaron sus generalizaciones á los mas atrasados; que nos «redimirá», en una palabra, del «pecado» de creer con demasiada precipitacion. Pero la desconfianza que inspira ese lenguaje tan diferente del nuestro, y la indiferencia por el estudio de la vida, que el amor propio trae consigo, han mantenido encubierto por la metáfora el antiguo misterio, intencional en su origen.

Yo no revelaré todos los secretos de la cruz, porque sería una tarea muy superior á mis fuerzas, y sólo una parte de ella haría interminable mi trabajo. Además, no quiero privar á mis lectores del placer de descubrirlos ellos mismos. Diré tan sólo que á mí me ha iniciado en esos secretos el uso del método que consiste en buscar, por medio del control de los hechos contradictorios, las leyes más generales. Y si yo he podido iniciarme, es evidente que todos los demás podrán hacerlo y que no se necesita mucha inteligencia, sino un poco de actividad y el deseo y propósito de no dejarse engañar, ni por meras afirmaciones, ni por las primeras apariencias.

Para demostrar la gran antigüedad del signo de la cruz, como emblema sagrado, aduciré las pruebas siguientes: Su existencia, como tal, en los sepulcros etruscos y en los del Cáucaso, pertenecientes á la remota edad del bronce. En los ladrillos asirios, en los monumentos egipcios y persas, y en los variados objetos de alfarería y de bronce asiáticos, giiegos y etruscos, se encuentra con mucha frecuencia la cruz llamada griega 🞣, así como tambien se ve en el cetro de Astarté y en los símbolos de los misterios de Venus y de Mithra. No menos comun es la crux decussata 🞪 ó de San Andrés. Bajo la forma de una llave, tal vez la llave de los misterios, la crux ansata ☥ es tambien muy comun en los monumentos egipcios y se la ve constantemente en las manos de Isis, Osiris y otras divinidades, como símbolo de la vida. «Layard la encontró en las esculturas de Korsabad y en las tablillas de marfil de Nemrod y está esculpida en las paredes de los templos subterráneos de la India». Cuando el Serapeum fué destruído por orden de Teodosio, los cristianos vieron en esa cruz, que encontraron esculpida en piedras, un signo profético de la venida de Cristo, y modelaron bajo el mismo tipo el símbolo de redencion».

La crux ímmissa ó patibulata, llamada á veces la cruz tau, por su semejanza con la letra griega (Τ), es la misma cruz ansata, pero sin el asa; es tambien un símbolo místico de muy antiguo é incierto orígen. Algunos arqueólogos la consideran la mas antigua de las cruces simbólicas. En el alfabeto hebreo, las letras, en vez de llamarse a, b, g, d, etc., tienen nombres de objetos: aleph es buey; beth, casa; gimel, camello; daleth, puerta, etc. Pues bien, la te se llama tau y quiere decir cruz.

En una de las tres religiones principales de la China, el Taoísmo de Lao-Tseu, el Tao es la razon suprema, el porqué universal. El Tao, dice, es impalpable, invisible, inagotable, inaccesible, inexplicable, invariable, ilimitado; es la fuente y el origen de todo; comprende á la vez el absoluto ideal y el mundo material relativo. El conocimiento del Tao es la única base de la certeza y el único fundamento de toda la moral.

La cruz acaballada, en términos heráldicos,

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Fig. 27.

es un símbolo de sorprendente difusion. Es el emblema sagrado de Vishnú y la swástica de los budistas; se ha encontrado en los monumentos celtas y en las urnas cinerarias etruscas y fenicias, así como tambien en los sepulcros de la edad del bronce en el Cáucaso, y en las mas antiguas monedas griegas. La swástica es el diagrama de la evolucion, arreglado de manera á ponerlo fuera del alcance de los profanos, y se trasfonna en ese diagrama invirtiendo la posicion de una de las dos zetas de que está compuesto, de modo que los cuatro garfios formen dos cuadros. [2]

«La cruz era un símbolo comun entre los británicos, irlandeses, celtas, druidas y escandinavos. Los conquistadores de América encontraron cruces de piedra y de madera en México. Los Muyscas y los Mayas adoraban ese signo, y los Toltecas lo llamaban el árbol de la vida. En las ruinas de Palenque y en las de las ciudades de América Central, de prehistórica antigüedad, se la encuentra esculpida en piedras, con guardas que prueban su carácter sagrado».

Pero basta ya de crucificar á los lectores; volvamos al desarrollo de los organismos.

En el diagrama de la evolucion, el cual no es sinó la resultante de las dos fuerzas de la cruz, el punto de interseccion O corresponde á lo que en embriología se llama el oosporo, porque está compuesto de dos células de sexo ó propiedades diferentes, ó mas bien dicho, divergentes, y son: el elemento neomasculino ú óvulo, y el neofemenino, llamado esporo, zoosporo ó espermatozoide.

El cosporo se halla en equilibrio inestable que desaparece al empezar el desarrollo. Las diferencias sexuales del embrion no tardan en hacerse visibles y de más en más notables á medida que el nuevo ser adelanta en una ú otra direccion: el macho toma una y la hembra la opuesta. Así continúan desarrollándose hasta que llegan á uno ú otro de los puntos VV'; extremos de las líneas señaladas con los signos astronómicos de Venus y Marte, respectivamente.

En estos puntos extremos, vértices de los ángulos del diagrama, una metamórfosis tiene lugar en los productos del plasma germinativo. Venus y Marte cambian allí de direccion, invierten sus inclinaciones, porque se han agotado sus respectivas fuerzas que los llevaron hasta allí, y el plasma germinativo entra en accion, funcionando á expensas del individuo que lo lleva. En adelante, Venus, ó sea el óvulo recien formado, se transforma en Marte; es decir, toma la direccion V ♂ C, paralela á O ♂ V', pues se hace desasimilante, es decir, masculina. En el ángulo opuesto, Marte, sea el zoosporo ó espermatozoide recien formado, experimenta el mismo cambio de direccion, pero en sentido opuesto, pues se hace asimilante ó sea femenino. El punto C es en donde ambos convergen y en donde vuelve á establecerse el equilibrio por medio de la refecundacion. Esta consiste en la asimilacion por el hambriento y egoista espermatozoide, de lo desasimilado por el generoso y abnegado óvulo. C es el homólogo de O, pero en grado ascendente.

Como ya lo sabemos, el estado de equilibrio en que se halla el oosporo, no es estable, sinó transitorio; pero ahí nos detendremos, porque ahora no es necesario ir mas allá.

He hecho un bosquejo muy breve, sí, pero exacto, de la forma, del desarrollo del individuo y del orígen de las diferencias sexuales; y como todos los desarrollos son idénticos en su forma fundamental, y ya sabemos cuál es el orígen de todas las diferencias sexuales, sólo me falta hacer notar que ese cuadro del diagrama tiene las dimensiones arbitrarias que yo he querido darle. Representa, sí, la forma fundamental de todos los desarrollos, pero no las dimensiones. Para representar las dimensiones de todos los desarrollos seria necesario dividir y subdividir los cuadros en otros de más en más pequeños, hasta hacerlos tan diminutos, que muy difícil sería el distinguirlos.

Poniéndonos en un «justo medio», tomémoslos tal cual están ya. El lector podrá subdividirlos mentalmente hasta donde le plazca, al infinito, si quiere; así como tambien, haciendo la operacion inversa, reponer sucesivamente los tres que faltan al cuadro mayor, para hacer uno formado de cuatro iguales al que le sirvió de base.

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Fig. 28.
Epicuro decía que la materia es como una vasta tela de mallas más ó menos finas; y ese diagrama tambien se parece á una tela. Es, además, el diagrama de lo que yo llamo la cosmogonía de los tabiques ó de las líneas de separacion, lo cual explicaré más adelante. Es asunto de tan grande interés, que merece muy especial atencion. Antes voy á ocuparme de las diferencias sexuales de la mente, haciendo, con sujecion al diagrama, primero una ligera exposicion de sus más claras manifestaciones y luego de sus causas, para terminar despues con algunas observaciones sobre las consecuencias de no prestarles toda la atencion que merecen.

El punto de interseccion O representa á un niño en ese estado de indiferencia religiosa, correspondiente al de equilibrio inestable ó de transicion, en que tambien se halla el oosporo.

Este niño, este Cupido, hijo tambien de Vénus y de Marte, recibirá de su crédula é infantil mamá, una educacion muy religiosa. Un dia, y otros sucesivamente, hará las siguientes ó análogas preguntas:

—Mamá ¿quién ha hecho este y este y todos los muebles?

—Los carpinteros (Hombres).

—¿Y las casas?

—Los albañiles (Hombres tambien).

—¿Y la ropa, los carros, los juguetes y las tiendas?

—Los sastres, los carroceros y los fabricantes de toda clase de objetos (Hombres y siempre hombres).

—¿Y los árboles, la lana, el hierro, el agua y el Sol? ¿Quiénes los han hecho ó cómo se llaman los fabricantes de todo eso?

—¡Ah, hijo, ese es Tata-Dios! Él solo es quien los ha hecho y hace todo. Es el infinitamente bueno, poderoso, sábio y justo, principio y fin de todas las cosas. Vé y sabe todo, hasta lo más oculto. Premia á los buenos y castiga á los malos. A los muy buenos los lleva al cielo; á los menos buenos pone en el purgatorio, y los más malos van al infierno (especie de «fuego central» y no menos subjetivo).

—¿Y dónde vive Tata-Dios?

—Allá arriba, tras de aquello azul. Ese es el cielo y allí está él, como está en todas partes.

—¡Ah, yo quisiera verlo!

—No se puede ver sino tan solo su retrato y aquí lo tienes.

—¿Ese es Tata-Dios; ese viejo barbudo?

—Sí, ese es.

Pero los años pasan y el niño crece. Ha aprendido que la vejez es el estado de decadencia avanzada. Viejo y todo-poderoso son cosas incompatibles.—«Pues no creo en Dios», dice.

Vá á su mamá, le manifiesta sus dudas y le pide explicaciones.

—Sí, le dice ella, tienes razon; pero Dios no es igual á los demás hombres; es muy superior á todos: es más que hombre.

Hé ahí dado el primer paso, el más pequeño en la evolucion de las creencias religiosas.

¿Qué ha sucedido?

Lo siguiente:

En nuestra teogonía, el hijo de Marte, en lugar de llevar los ojos siempre cubiertos por una venda, los tiene dotados de muy buena vista cuando se trata de creencias ajenas al amor. Además, ha recibido por intermedio de la madre, como ya lo sabemos, las armas y el valor de sus padres y abuelos masculinos: de Marte, en una palabra.

Sintiéndose tan bien preparado, ya no le arredran las dificultades de una lucha, ni los temores del fuego central, y no pudiendo detenerse, se desvía en la direccion ♂, eliminando las afirmaciones que no le explican satisfactoriamente el orígen ó causa de todo lo que ve. El nuevo Marte, el eliminador, empieza á voltairizarse, desviándose en la direccion ♂, por medio de la siguiente eliminacion: «Puesto que en el hombre son incompatibles la vejez y el gran poder, Dios, el autor de todo, no puede ser un viejo omnipotente.» Con lo cual el niño llegó al vértice del ángulo masculino del primer cuadro en la línea de la incredulidad.

Encontrándose allí, y estando impulsado en la direccion V'C, paralela á O♀V, línea de la credulidad, se pregunta: «¿Quién es Dios?» y al dirigirse en esa línea, pide explicaciones á quien cree se las puede dar, pues está ávido de afirmaciones.

La mamá, por su parte, ya había recorrido toda la línea ♀ con sus creencias sobre la naturaleza de Dios, y se halla en el vértice opuesto al que ocupa su hijo. Pero al unirse las objecciones del pequeño Marte con las afirmaciones de Venus, ambas convergen al punto c, en donde se combinan y fecundan. ¡Es tan pequeño el primer cuadro, tan corto el camino á hacer por ambas partes, pues son tan pequeñas las concesiones recíprocas requeridas, que el paso ha podido darse sin dificultad!

Parecerá muy racional el creer que la evolucion de las creencias religiosas continúa, ó por lo menos puede continuar de la misma manera; es decir, por medio de concesiones recíprocas, pequeñas y contínuas, ó sea en la direccion ascendente y de un cuadro pequeño á otro igual. Pero no es así. La Naturaleza muestra ser sofismas la mayor parte de los que nosotros llamamos silogismos, y sigue su camino sin mas guia que su propia inteligencia; la nuestra no hace sino oponerle la resistencia que el peso opone á la fuerza motriz.

En efecto, los hechos contradicen terminantemente tales conclusiones acerca de la manera de verificarse la evolucion de la credulidad, pues Venus y Marte son inmortales. Gracias á los muy valiosos servicios que se prestan mútuamente, no sólo se rejuvenecen y perpetúan, sino que además adquieren gradualmente mayor energía en sus respectivas facultades. Traducido ésto al lenguaje gráfico, se expresa diciendo que las líneas de los lados O♀V y O♂V' se hacen continuamente mas y más largas, y, por consiguiente, tanto más se alejan una de otra sus extremidades. Las diferencias sexuales todas, inclusas las de la mente humana, se hacen continuamente mas y más considerables, de modo que los sexos vienen á ser tanto más diferentes entre sí.

En los animales inferiores, ó invertebrados, más pequeños y menos inteligentes que nosotros, y, por consiguiente, menos pesados para la Naturaleza, las diferencias sexuales recorren, en las numerosas especies, una larga y contínua serie, ya en la forma, ya en el volúmen de los individuos. En unos, á pesar de ser de un tamaño relativamente considerable (Equinodemos), es imposible distinguir diferencia sexual alguna, sin el auxilio del microscopio; mientras en otros, por el extremo opuesto (muchos Insectos), la hembra es un grande y tranquilo animal formado por una série de anillos iguales y el macho es un ágil y pequeño ser alado. Hay muchos cuya hembra es enorme y el macho está reducido á su solo plasma germinativo (Alcipe lampas): es un pigmeo ó hasta microscópico; ó vive en el interior de la hembra, en el oviducto mismo (Bonellia), ó en el útero (Trichosomum crassicauda).

Las semejanzas y diferencias sexuales, que en otros animales se observan en la forma y en el volúmen de sus cuerpos, en la especie humana se presentan principalmente en la inteligencia; esto es, en las funciones de lo más perfeccionado de una de las dos partes primordiales del plasma personal. En el hombre, la diferencia sexual se manifiesta por su actividad, por su tendencia á eliminar por medio de la duda, y luego á asimilar de nuevo y creer con más ó menos fundamento. La mujer, por el contrario, es mas indiferente, se inclina siempre á conservar las creencias ó explicaciones que se le han dado, y conserva hasta esos caractéres infantiles, encanto del sexo de barro; es apacible, estacionaria por prudencia, por temor de extraviarse en un vacío desconsolador, que en realidad no existe.

Muchos hombres hay, es cierto, que, por su timidez é inaccion intelectual, pertenecen completamente al sexo femenino; mientras en otros, el sexo masculino está bastante y áun del todo caracterizado. Respecto de estos últimos, puede decirse que el niño, del cual me he servido para figurar la evolucion de las creencias religiosas, ha adelantado mucho en la linea O♂V', ha eliminado mucho, muchísimo, todo.... á excepcion de lo mas viejo, mas arraigado y mas contrario hoy al progreso intelectual y moral: le queda aún su íntimo y exagerado amor propio. Este sentimiento le induce á creerse—no en teoría, pero sí en la práctica—un ser aparte en la Naturaleza, una creacion especial y monstruosa, un tipo aberrante, en una palabra.

Haciendo á un lado las ideas emanadas de ese verdadero «pecado original» y universal, llamado amor propio, y mediante el método gráfico, veamos cuáles son las consecuencias del desconocimiento de las diferencias sexuales de la mente.

El bello sexo, ó, para comprender tambien á los hombres femeniles, los individuos del lado ♀, tienen sus creencias religiosas, que de generacion en generacion se conservan desde tiempo inmemorial, y, por consiguiente, la línea recorrida por ellos es muy larga.

El hombre varonil, por el contrario, ha continuado avanzando en la direccion ♂ y alejándose de O y más y más de O♀V. Ambos sexos están, pues, á gran distancia el uno del otro.

¿Se creerá posible, acaso, invertir el órden natural, haciendo retroceder á los femeniles hasta el punto O, de completa ignorancia é indiferencia religiosa, ó sea de equilibrio inestable respecto á esta clase de creencias, para de allí traerlos al punto á que la evolucion nos ha llevado á nosotros en direccion opuesta? ¿Se creerá posible, si no, arrancarlos de donde se hallan y hacerles dar un salto violento hasta el extremo opuesto á su credulidad?

Se me dirá tal vez que la dificultad se reduce á darles la enseñanza ó saber de que carecen. Pero medíteselo bien; véase la distancia que hay entre las creencias femeniles y subjetivas, llamadas religion, y las varoniles y objetivas, llamadas ciencia; ó hágase la prueba experimental, y se verá que semejante tarea sería contraria á las condiciones sexuales de la mente, y, por lo tanto, impracticable.

Respecto del deseo de saber, tambien hay dos extremos: los mas ó menos ávidos y los mas ó menos indiferentes. Cada uno de estos extremos puede subdividirse en otros dos, del modo siguiente:

Avidos Por inclinacion.
Por sugestion.
Indiferentes Por sugestion
Por inclinacion.

Es inútil decir que, debido á los distintos grados y matices, las líneas de separacion no existen tampoco aquí.

Entre los curiosos por inclinacion, hay muchos que son mas ó menos indiferentes por sugestion; es decir, por el disgusto, desaliento y desconfianza de sí mismos, causados por la enseñanza casi siempre contraria á las inclinaciones individuales ó sexuales. El curioso de esta clase podrá salir de su indiferencia cuando los agentes del medio le sean favorables. De lo contrario, quedará para siempre como sapo bajo una piedra.

Entre los indiferentes por inclinacion, hay muchos que son mas ó menos curiosos por sugestion. Estos son aquellos individuos que no aprenden sino lo que se les enseña, y tan pronto como se les deja, quedan parados y muy satisfechos de su saber. Son como un vehículo cargado, al cual se le ha quitado los caballos en la mitad del camino.

La mujer pertenece principalmente á los primeros: á los indiferentes por sugestion. Su natural credulidad y timidez infantiles no le permiten eliminar sus creencias religiosas, y sigue sin desviarse del camino trazado por los que van mas adelante que ella en la misma direccion ♀, es decir, por los hombres que, por atrofia espontánea ó artificial de su plasma germinativo, ni visten como los demas (San Mateo, Cap. XIX, ver. 12).

Los hombres mas varoniles, ó sea los del lado opuesto, han continuado eliminando y adelantando en la direccion ♂; pero cuando, por sugestion, arrastran tras sí á los individuos femeniles, desprestigiando sus creencias religiosas, determinan en ellos una verdadera tension de espíritu, que los pone en una posicion inestable y violenta, cuyas consecuencias son siempre desastrosas.

Estas consecuencias difieren en su naturaleza segun el grado de femenilidad propia de cada individuo, y se presentan bajo dos formas tambien distintas, por sus grados, y segun la moralidad natural de cada individuo

Si es una persona muy femenil, cuando un peligro la amenaza ó una desgracia la aflige, el equilibrio por sugestion ó artificial desaparece, y el individuo desciende violentamente hasta el punto de donde se le había arrancado. La lesion recibida en tan duro golpe se manifiesta por las angustias del vacío en que se encuentra, por el arrepentimiento de haber abandonado su fé, ó por el temor de un castigo, que si bien es puramente subjetivo en cuanto á su forma y hasta cierto punto imaginario, no por eso deja de presentársele bajo el aspecto mas horrible.

La segunda forma es menos violenta, pero no menos funesta. El individuo sugestionado es parcialmente varonil; ha eliminado las creencias femeniles, no retrocede, pero tampoco avanza: está voltairizado, escéptico y á veces indeciso, porque se ha parado antes de llegar á V', y estando lejos de O, no puede atravesar hasta C, porque no puede ver el camino. La pérdida de un ser amado es para él una desgracia para siempre irreparable; el «cielo», el «purgatorio» y el «infierno» son creaciones sin fundamento, de la loca y aberrante fantasía del «rey de la creacion», del especial, del único. El está libre de las leyes universales de la materia orgánica ¿para qué estudiarlas? Esas leyes son para los animales y él es un dios. Poco importa que su conducta sea buena ó mala; no hay premio ni castigo para él. Como su moral no tiene otra base que ciertas leyes biológicas puestas bajo la forma de metáforas que, tomadas al pié de la letra, son absurdas en su mayor parte, considera una pura necedad los «mandamientos de la ley de Dios». Robar, calumniar, traicionar y ser tan depravado cuanto sea posible, no es malo, con tal de conservar las apariencias de hombre honrado, para poder engañar con mas facilidad; y despues... «muerto el perro (lo dicen ellos mismos) se acaba la rabia».

Respecto de la moralidad, tambien hay dos extremos: buenos y malos naturales ó por inclinacion, y sus intermediarios de malos y buenos por sugestion, ó artificiales.

Los intermediarios deben su posicion principalmente á la relativa deficiencia de la base en que se apoyan las doctrinas morales; así como tambien á esos reglamentos en globo ó al por mayor, confeccionados para suplir la moralidad natural, y á los cuales damos el pretencioso nombre de leyes civiles. Esas doctrinas y esos reglamentos tiran, con mas ó menos fuerza, á los buenos hácia atrás y á los malos hácia adelante, y los sujetan á todos en equilibrio inestable, que desaparece tan pronto como se presentan las circunstancias favorables. En este caso hacen se realice lo de la fábula de la gata metamorfoseada en mujer y que se precipitó del lecho nupcial cuando sintió el ruido de un raton.

Creo haber cumplido mi promesa de explicar con exactitud cuáles son la diferencia y los distintivos sexuales de la mente; así como tambien la de exponer, aunque muy á la ligera, los fundamentos generales de la necesidad de dar á la religion católica una base científica. Sólo me resta, para poner término á este capítulo, el indicar el medio práctico de realizarlo.

El lector va lo habrá deducido de las premisas, pero diré, no obstante, que el medio de conciliar las creencias sexuales y hacerlas converger á la formacion de una religion científica, es el de seguir el camino trazado por la Naturaleza, el cual consiste en hacernos concesiones recíprocas entre femeninos y masculinos. Serán por cierto de alguna consideracion para los femeninos, pero tambien, ayudándonos de la metáfora, serán tanto mas fáciles para los masculinos, cuanto mayor sea la diferencia entre nuestros conocimientos actuales y los de aquellos que permanecen á miles de años atrás.

Los femeniles, por su parte, podrán eliminar sus mas antiguas y decrépitas interpretaciones subjetivas de las leyes de la vida, porque las nuevas descansan sobre una base sólida y objetiva, y, como se verá despues, son tan consoladoras para los buenos, como terriblemente amenazadoras para los malos.

Por medio de esta convergencia podremos hacer que el bello sexo nos acompañe en todo á nosotros y no á los individuos femeniles, y se cumpla, así, respecto de las creencias religiosas, la misma ley que rige para la formacion de un nuevo ser: la fecundacion de las ideas femeniles, esterilizadas en su estabilidad, por medio de las varoniles, rejuvenecidas por la evolucion.

Empero, para llegar á ese punto de convergencia, no son la mujer y los individuos femeniles los que han de iniciar el movimiento y venir hacia nosotros; eso sería querer violar una ley sexual, tan sabida, como dulce es obedecerla: somos nosotros, los varoniles, los que debemos ir hácia la montaña, y no llegaremos á ella sino por medio de la suprema concesion de nuestra parte. Consiste ésta en admitir por base y dogma fundamental de nuestra religion científica, el siguiente principio: todo es natural.


  1. El antropomorfismo ó antropismo, como dicen los italianos, es una propension cuyo estudio es muy útil y sumamente interesante. Consiste en atribuir la forma y las facultades humanas á las entidades mitológicas y metafísicas y á todos los séres, objetos y fenómenos, reales ó supuestos. Es el modo más antiguo y más fácil de explicar las causas y los efectos de todo y las leyes á que obedecen. Pero siendo esencialmente subjetivo, como la religion, resulta que, respecto de las leyes de la Naturaleza, es la verdad vista del revés, principalmente en cuanto á lo que con el hombre se relaciona.

    En efecto: el antropismo hace que, en lugar de estudiar las leyes de la Naturaleza y explicar por medio de ellas lo que sólo por su forma es exclusivamente humano, observamos, de una manera muy superficial, lo exclusivamente humano por su forma, y con ese criterio interpretamos las leyes naturales.

  2. En basco, sua significa fuego, as, principio; tica es una desinencia. La etimología de la palabra swástica es el principio del fuego, en la lengua de un pueblo que probablemente es el descendiente del Esaú de la Biblia, y el que conserva más pura la lengua de los antiguos adoradores del fuego.