Sentencia del TOF 3 dictada en el caso del atentado contra la AMIA el 29 de octubre de 2004 (163)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Volver al índice
Ir al anterior
Ir al posterior


  • TÍTULO I. LA CAUSA POR EL ATENTADO
    • CAPÍTULO VIII. La instrucción judicial
        • F) Apriete al abogado Semorile
          • 1) La actuación de Vergez



La actuación de Vergéz no se redujo únicamente a la recolección de información que luego apareció como suministrada por la camarista Riva Aramayo al juez Galeano. Su accionar también se proyectó sobre el Dr. Gustavo Semorile, abogado de Telleldín.


A tal fin, basta recordar que el capitán Vergéz, de modo expreso, interrogó a Telleldín acerca de si “Semorile era un tipo para apretarlo y negociar”, a lo que aquél respondió que “sí, es un cagón”.


Gustavo Semorile, en la etapa instructoria, prestó declaración testimonial, el 4 y 6 de junio de 1996, como testigo de identidad reservada, identificado con el nº 2, sin haber sido relevado del secreto profesional (fs. 111.439/111.444 y 111.446/111.448).


En esa ocasión sostuvo, en prieta síntesis:


a) que Telleldín lo llamó con motivo del incidente acaecido en Olivos y pudo averiguar que quien estaba detrás de ese episodio era el comisario Juan José Ribelli de la Brigada de Investigaciones de Lanús;


b) que a efectos de blanquear el suceso, en razón de las lesiones de Casas, se vinculó a Telleldín en un sumario por homicidio;


c) que de esta última circunstancia tomó conocimiento por Ribelli y por dichos del personal a sus órdenes;


d) que tiempo después lo llamó Ana María Boragni o Telleldín para que fuese a la Brigada de Investigaciones de Lanús, ya que este último había sido detenido;


e) a pesar de que su socio, el Dr. Alberto Spagnuolo, concurrió al lugar, igualmente debió hacerlo ya que Telleldín sólo quería hablar con él;


f) al llegar se enteró, por dichos de Telleldín, que ya había arreglado su situación, entregándole a Ribelli y al subcomisario Leal dos mil pesos ($2.000) en efectivo, una moto Kawasaki, un Renault 18 y un Ford Falcon;


g) que dicha entrega le fue confirmada por los funcionarios policiales;


h) recordó, incluso, “que poco antes de retirarse del asiento policial, Carlos Telleldín conversaba con el subcomisario Leal, como que quedaban en verse en alguna oportunidad para ir a comer algún asado o pescar” (sic);


i) que “si bien tiene conocimiento que la mano derecha de Ribelli a nivel operativo es el oficial Hugo Reyes, interpreta que en dicho ‘arreglo’ habría participado el nombrado Leal...”.


En la segunda declaración Semorile sostuvo:


a) que en oportunidad de encontrarse con Hugo Antonio Pérez, en los tribunales de San Isidro, éste le contó que Telleldín, además del barco, pudo haber entregado “a la brigada de Vicente López” la camioneta utilizada para volar la A.M.I.A.;


b) que en un encuentro ocasional el subcomisario Rago, que estaba molesto, le dijo que tenía entendido que en el “apriete” Telleldín había entregado dinero en efectivo, un barco y “algo más”;


c) que avanzada la conversación, Rago mencionó que ese “algo más” bien pudo ser la entrega de la Trafic que luego fue utilizada en el atentado a la A.M.I.A.;


d) que era su deseo dejar expresa constancia de “que recuerda muy bien lo afectuoso que fue el saludo que se brindaron el subcomisario Leal y Carlos Telleldín, cuando éste recupera su libertad luego de entregar los vehículos a que hiciera referencia en su declaración anterior”.


En dichas testimoniales Semorile suministra al juez direcciones, teléfonos, nombres, hechos y detalles que, prácticamente, constituyen el meollo de las imputaciones que se formularon a los funcionarios policiales.


Los dichos de Telleldín vertidos en su indagatoria del 5 de julio de 1996 no han hecho más que confirmar la información que adelantaran Vergéz, la Dra. Riva Aramayo y, luego, Semorile.


De la declaración de Gustavo Semorile como testigo de identidad reservada, llama la atención el puntual conocimiento que éste tenía de los delitos de los que fue víctima Telleldín, supuestamente cometidos por los policías bonaerenses.


Provoca igual sensación, el ahínco con que el testigo recalcó determinadas situaciones, tales como la confesión de Ribelli, la relación entre Leal y Telleldín, el destino de los bienes y las actividades y delitos perpetrados por los integrantes de la Brigada de Investigaciones de Vicente López.


No menos curioso resulta, a juicio del Tribunal, que todo ese cúmulo de información convergiera, casualmente, en Gustavo Semorile.


Volver al índice
Ir al anterior
Ir al posterior