Vida y escritos del Dr. José Rizal/Primera época, I

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Vida y escritos del Dr. José Rizal
Edición Ilustrada con Fotograbados (1907) de Wenceslao Retana
Primera época, I
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

PRIMERA ÉPOCA




(1861-1882)


I


Del matrimonio de don Francisco Rizal-Mercado y Alejandra y doña Teodora Alonso y Quintos nacieron diez hijos, á saber: Saturnina, Paciano, Narcisa, Olimpia († 1887), Lucía, María, José, Josefa, Trinidad y Soledad; fué, pues, José el séptimo de los hermanos, y vino al mundo en Calamba, provincia de la Laguna, en la isla de Luzón, el 19 de Junio de 1861; bautizáronle á los tres días de nacido. La partida de bautismo no deja de ofrecer algunas particularidades que la hacen digna de estudio; dice así[1]:

«Don Ángel M.ª Villaruz, Cura párroco de Calamba, Laguna, I. F.

»Certifico: que en el libro 3.º de reposición de esta Parroquia, al folio 222 se halla una certificación que literalmente copiada dice así: — «Certifico, yo el infrascrito Cura párroco de este pueblo de Calamba, que de las diligencias que con la debida autorización se practicaron para la reposición de los libros canónicos incendiados el 28 de Setiembre de 1862, y obran en el legajo de Bautismos número 1, folio 49, resulta, según declaración de testigos competentes y juramentados, que José Rizal Mercado es hijo legitimo y de legitimo matrimonio de D. Francisco Rizal Mercado y de D.ª Teodora Realenda (sic); fué bautizado en esta Parroquia en veintidós de Junio de mil ochocientos sesenta y uno por el párroco D. Rufino Collantes; fué su padrino D. Pedro Casañas. — Y por verdad lo firmo. — Leoncio López

»Concuerda con su original á que me refiero. Y para que conste, libro la presente, que sello y firmo en esta Casa parroquial, á 20 de Julio de 1905.Ángel M.ª Villaruz, Pbro.» (Sellado.)

Dedúcese de la lectura de este documento: primero, que la partida original no existe; segundo, que no consta en la certificación el día del nacimiento de José Rizal Mercado; y tercero, que la madre de éste figura con un apellido que no usó en su vida. En cuanto á lo primero, el mal es irremediable. Mas por lo que toca á lo segundo, no ofrece la menor duda: todos los biógrafos están conformes en que José Rizal-Mercado y Alonso nació el día diez y nueve de Junio de 1861[2]. En lo que atañe á lo tercero, requiere una explicación, que da en los siguientes términos un hermano de José[3]: «La madre del Dr. Rizal es Teodora Alonso y Quintos; éste es el apellido de familia; si en la partida de bautismo [de José] aparece con el de Realonda (sic), esto se explica porque hubo un tiempo en que muchas familias [filipinas] acostumbraban inscribir á los niños con el apellido del padrino ó la madrina, y á la madre de Rizal le dieron el de-su madrina, que es Realonda

El apellido Rizal requiere asimismo alguna explicación. No es indígena. La z no existe en ninguno de los idiomas del Archipiélago Filipino, como no existe en tagalo ninguna palabra que comience con erre. Trátase, por lo tanto, de un, apellido adoptado, y adoptado precisamente á consecuencia del decreto del general Clavería, de 21 de Noviembre de 1841, por el que dispuso lo que entonces dió en llamarse «renovación de apellidos»[4]. Y D. Francisco Morcado, padre del Doctor, eligió el de Rizal, no se sabe cómo, dado que en el catálogo ofrecido para que eligiera, no figuraba el dicho de Rizal[5]. «Los hermanos de Francisco Rizal-Mercado (dice D. Paciano) no llevaron el apellido de Rizal; sólo éste y algunos hermanos jóvenes (eran doce) fueron los que lo usaron.»

D. Francisco [Rizal-]Mercado nació en Biñang (Laguna); era hijo de Juan Mercado y de una tagala apellidada Alejandra; Juan á su vez lo era de Francisco Mercado, también de Biñang, quien «según tradición de la familia lo era de un chino»[6]. El padre del Doctor era, pues, biznieto de una tagala y de un chino, y el Doctor tataranieto. Este antecedente sínico, que debemos remontar á los últimos años del siglo XVII, en que debió de emigrar á Manila el chino de quien se trata (que al bautizarse adoptó el apellido de Mercado), no autoriza en justicia á clasificar á José Rizal entre los «mestizos chinos»[7], ya que sólo llevaba en las venas una 82-ava parte de sangre del continente asiático: el tatarabuelo, ó sea el chino fundador de la familia, casó con una tagala, y tagalas fueron la mujer del bisabuelo, la del abuelo y la del padre, doña Teodora Alonso, nacida en Meisic (arrabal de Manila), en 1825. — Su esposo don Francisco debió de nacer en 1811[8].

Los padres del Doctor, según los filipinos, eran ricos; según los españoles, tenían sólo un muy modesto pasar. Desde luego consta por el propio Rizal en el Diario que llevaba en Madrid siendo estudiante[9], que quien le sostenía era un tío suyo, modestamente por cierto. Los padres, sin embargo, no fueron, como se ha dicho, simples aparceros, seres de todo punto vulgares; antes bien habían recibido cierta educación, y así lo prueba el hecho de que D. Francisco supiese latín y que doña Teodora procediera del Colegio de Santa Rosa de Manila[10]. Tanto D. Francisco como sus antecesores, el chino inclusive, se habían dedicado á la agricultura; todos ellos en Biñang, excepto D. Francisco, que siendo joven se estableció en Calamba para explotar allí una pequeña parte de los grandes terrenos cultivables que los frailes dominicos poseían en el pueblo.

En lo que se refiere á la cuna de D. José Rizal, Calamba, como es dicho, hácese indispensable decir alguna cosa; porque la circunstancia de ser de Calamba influyó por modo decisivo en la vida del biografiado, así como en gran parte de sus obras novelescas y políticas. Calamba es un pueblo que constituye de antiguo una hacienda; allí ningún filipino es propietario de un solo palmo de terreno, que ha venido perteneciendo íntegramente á la corporación dominicana. El origen de esa propiedad es muy curioso. Allá por el siglo décimo-octavo, un señor D. Pedro de Negrete, que vivía en Nueva España, por una de las cláusulas de su testamento previno que «en el caso de que no se fundase el colegio que intentaba erigir en Carranza, para cuyo destino dejaba 125.000 pesos, era su voluntad que sus albaceas los entregasen al procurador general de la provincia de Filipinas de la Compañía de Jesús residente en México, para que el provincial que fuere de dicha provincia funde diez ó más misiones, hasta donde alcanzase, en nuevas conversiones [de infieles] en estas Islas Filipinas, ó en las de su inmediación que le pareciese más conveniente á dicho P. Provincial, á cuya dirección lo dejó»[11]. Una buena parte de la suma apuntada dedicáronla los jesuitas á la compra de las haciendas de Calamba y de Nagtahan, que eran entonces de la propiedad de D. Manuel de Jáuregui. Los nuevos propietarios, los jesuítas, «hicieron una gran presa en el río de Tanauan, que viene á embocar en la laguna (el lago que describe magistralmente Rizal en sus novelas), orillando el pueblo. Por medio de esta presa regaban aquella grande lanada, que ahora[12] está llena de guayabos, y otros espaciosos terrenos que producían gran cantidad de arroz… Además de estas tierras, tiene Calamba muchos parajes para sembrar trigo, maíz, mongos, frijoles, patani, pimienta, cacao y todo género de frutos… Abunda de muchas y ricas maderas, y tiene excelentes pastos para ganado mayor… Hace tres ó cuatro años que el Rey vendió todas las haciendas de los jesuitas, que llamamos de temporalidades: la de Calamba estaba valuada en 15.000 pesos, y no se halló comprador que ofreciese esta pequeña cantidad por una hacienda que proporciona tantas ventajas y utilidades. Es verdad que hay que entrar gastando mucho dinero en componer la presa; pero también es cierto que dentro de pocos años produciría bastante para resarcirse; y que si se quiere gastar más, puede esta hacienda llegar á ser la más pingüe de cuantas hay en las Islas Filipinas. — Se acaba de comprar al Rey en más de 40.000 pesos»[13].

El pueblo hacienda de Calamba vino á ser, en 1833, propiedad de los frailes dominicos, que destinaban la renta al sostenimiento de la Universidad de Manila; y á causa de graves y ruidosos pleitos entre los deudos de Rizal y los mencionados religiosos, entablóse una lucha de muerte entre amos y colonos; lucha que llevó á Rizal, amantísimo de su familia, á las más exaltadas exageraciones, según se verá más adelante. Por ahora sólo conviene que conste que la circunstancia de haber nacido en Calamba influyó poderosamente en sus ideas y escritos.

Dicen[14] que á los tres años «comenzó sus estudios» bajo la dirección de sus padres, que le dieron una educación «sana y sólida», según el citado Sr. Santos. «Su estro poético (se lee en La Independencia) dióse á conocer cuando sólo contaba ocho años de edad, con una composición poética que fué la admiración de los poetas tagalos de la provincia.» Persuadidos los padres de que el niño despuntaba, sobre todo por su afición al estudio, lleváronlo á Manila y lo matricularon en el Ateneo Municipal, regido por jesuítas, donde se cursaba, y continúa cursándose, la primera y la segunda enseñanza. En el Ateneo comenzó á estudiar en 1871. Uno de los más calificados amigos del Doctro ha escrito[15]: «Conoció personalmente á los Padres Laza, Dandan y Mendoza, porque les había visto repetidas veces en casa de Burgos, en donde vivía y estaba estudiando Rizal en Enero de 1872; también celebraba y enaltecía las condiciones individuales de éstos.» — Fácil es calcular lo que heriría la imaginación infantil de Rizal aquella serie de persecuciones y de ejecuciones motivadas por los sucesos de Cavite de Enero de 1872. Aprovechóse la sublevación de los obreros del Arsenal para mandar á presidio ó para poner en el palo afrentoso á los hijos del país que más brillaban por su talento, que más se distinguían por su independencia de carácter ó que más fama tenían de liberales sinceros. Un ilustre escritor francés, de quien dijérase que presentía el porvenir. de Filipinas, escribió cinco años más tarde, á propósito de tan terrible tragedia[16]:

«Aquellas sentencias en masa para criollos, mestizos é indígenas, dictadas por el Consejo de Guerra, han sido un error grandísimo. Hasta entonces, las diferentes razas filipinas vivían con desconfianza unas de otras; pero, al juzgarlos de aquel modo, les enseñaron que sus intereses eran solidarios. Las generaciones venideras podrán decir que sus antiguas rivalidades deben desaparecer por completo para llegar á un acuerdo y combatir algún día con ventaja al enemigo común, es decir, al amo.»

Toda injusticia, todo crimen, todo lo que no fuera como debía ser, hería la imaginación del estudiante, que, si la tenía viva, no por eso dejaba al propio tiempo de ser todo un hombre reflexivo. El nos ha dicho en uno de sus artículos[17]:

«Sobre la fina arena de las orillas del lago de Bay, hemos pasado largas horas de nuestra niñez pensando y soñando en lo que había más allá, al otro lado de las olas. En nuestro pueblo veíamos, todos los días casi, al teniente de la guardia civil, al alcalde cuando lo visitaba, apaleando é hiriendo al inerme y pacífico vecino que no se descubría y saludaba desde lejos. En nuestro pueblo veíamos la fuerza desenfrenada, las violencias y otros excesos cometidos por los que estaban encargados de velar por la paz pública; y fuera el bandolerismo, los tulisanes, contra los cuales eran impotentes nuestras autoridades. Dentro teníamos la tiranía y fuera el cautiverio. Y me preguntaba entonces si en los países que había allá, al otro lado del lago, se vivía de la misma manera; si allá se atormentaba con duros y crueles azotes al campesino sobre quien recaía una simple sospecha; si allá se respetaba el hogar; si para vivir en paz había que sobornar á todos los tiranos»…

Son también sumamente curiosas las noticias que acerca de la niñez de Rizal ha publicado D. Manuel Xerez y Burgos, médico, sobrino carnal del presbítero Burgos, agarrotado por los aludidos sucesos de Cavite en 1872. Hẻ aquí lo que dice el Sr. Xerez[18]:

…«trajeron á un niño á mi casa para que se le pusiera interno en el Colegio de los PP. de la Compañía de Jesús.

»Lefa con una corrección perfectísima, y era muy juiciosito, á pesar de su corta edad. No se mezclaba con sus compañeros más que para comentar aquellos sucesos [los de 1872] que acababan de perturbar todo el Archipiélago. Tenía unos sentimientos nobilísimos y se dejaba vislumbrar por su asiduidad en auxiliar á alguno de sus compañeros, que se hacía algún daño jugando, sus sentimientos humanitarios; su porte franco y decidido; su decisión en llevar á cabo actos de valor en obsequio de sus compañeros, hablaban bien alto en favor de aquel niño, que más tarde llegó á ser el apóstol de su país y el ídolo de sus compatriotas.

»Como ya hemos dicho, él no se mezclaba en los juegos y travesuras de los demás pupilos compañeros suyos. Estaba regularmente á las horas de recreo leyendo las Fábulas de Iriarte y Samaniego, lectura que le era muy agradable, pues no soltaba nunca aquellas obritas, que me vi obligado á regalárselas en vista de su afición á cogerlas de mis armarios en cuanto volvía del colegio.

»Una tarde, era un jueves, había vacación y los muchachos estaban, á pesar del calor, jugando á la sarangola (cometa) desde una de las azoteas de mi casa. El joven Pepito estaba en la ventana del comedor con su Iriarte en la mano y dirigiendo de cuando en cuando miradas á sus compañeros, que disputaban entre sí por sus voladores. De pronto, uno de los más pequeños se puso á llorar con desesperación: su volador se había enredado en una de las matas que en una de las cornisas de la torre de la catedral de Manila había crecido, con esa potencia germinativa que en estos países adquieren las plantas. El dueño del volador lloraba, mientras sus compañeros reían á mandíbula batiente, burlándose de él; Pepe dejó el libro en el alféizar de la ventana y salió á consolar á su compañero, y dirigiéndose á los demás que se reían, les dijo: — «Señores, no os burléis del pobre; bastante desgracia tiene con la pérdida de su juguete favorito.» — Cogió la cuerda del volador, y tiró de ella; después de convencerse de la imposibilidad de desasir el artefacto de aquella mata, se fijó bien cómo estaba sujeto, y luego le dijo á su lloroso amiguito: — «No llores ni tires de la cuerda; yo veré si te lo puedo traer.» — Y echó á correr, subió á la torre, y por el agujero en que estaba la esquila…, salió por debajo… y por una moldura saliente se fué gateando hasta donde estaba la mata en que el volador quedó aprisionado; tiró de él, y á gatas volvió á meterse por debajo de la campana del Ángelus.

»Cuando estaba él en el momento de desenredar la sarangola de la mata, salí yo de mi habitación, y al ver la ansiedad, la fijeza al par que el silencio de todos los muchachos que estaban en la azotea y al sol, fuíme hacia ellos á enterarme de aquella estupefacción; dirigí la vista hacia donde ellos la tenían puesta, y vi al muchacho en grave peligro de que una ráfaga de viento lo arrastrara con el volador y lo precipitara al abismo; temblé de pies á cabeza; pregunté quién era, y me dijeron que era Rizal. Salí corriendo á ir por él á la torre; lo encontré bajando ya el último piso de la misma; lo cogí del brazo y le dije: — «¡Chiquillo!, ¿por qué has ido por ese volador á un sitio tan peligroso? ¿Vale acaso tu vida menos que unos cuantos pliegos de papel de Japón y unas cañitas? ¿Por qué has bajado á la calle sin pedir permiso?»

»—Señor, perdone usted; la sarangola no es mía; es de Julio Melliza, el pequeño: como lloraba y los demás se reían, me dió lástima, y he ido por la cometa. No hay tanto peligro como usted cree; pero de todos modos, le pido perdón por mi falta: no volveré á hacer nunca cosa que desagrade á usted.»


«Algunas noches después, serían las ocho y media, llegaba yo á mi casa de dar un paseo; al subir las escaleras, lo primero que vi fué al niño aquel, sentado debajo de la lámpara del comedor, solo y leyendo en sus inseparables Fábulas: me acerqué á él, se puso en pie, y vino á darme las buenas noches. Le cogí de la mano y me senté al lado de la ventana, haciendo que él lo hiciera á mi lado. — «Por qué, le dije, no vas á jugar con tus compañeros? ¡Mira cómo se divierten! ¿No oyes cómo ríen de contento?»

— Este libro también me divierte, contestó.»

Y á seguida refiere el Sr. Xerez otra anécdota que da idea de la delicadeza de los sentimientos del niño Rizal. Sus colegas entreteníanse en martirizar á cuantas cucarachas habían á las manos, y aquél les reprendió, invocando que quien maltrata á un animal no muestra buen natural.

De aquella casa, Rizal pasó al Ateneo jesuítico en calidad de interno. Merecen quedar transcritas aquí las palabras que siguen, debidas á la pluma de un condiscípulo suyo[19]:

«Aun recordamos, como si fuera ayer, á Rizal de niño, siendo interno en el Ateneo Municipal, con blusa de rayadillo y su pantalón de cáñamo, que era entonces el traje de reglamento para los colegiales, jugando en el recreo con los demás compañeros y llamando la atención, tanto de sus maestros como de los demás padres jesuitas, la viveza de su carácter, contrarrestada por una exquisita sensibilidad moral y un aplomo impropio de sus pocos años. Todavía viven algunos de los profesores de Rizal, y aseguran que, aun de niño, no hubo necesidad, para corregirle, de ningún castigo ni segunda amonestación; era tal su docilidad y afable carácter, que á todo se amoldaba, sin encontrar nada desagradable. Pronto notaron sus maestros, entre ellos los PP. Cándido Bech y Francisco Sánchez, que Rizal era una inteligencia nada vulgar, equilibrada por un fondo moral perfecto.»

Todo esto lo confirman los propios jesuítas, autores anónimos de una serie de artículos publicados con el titulo Rizal y su obra[20], de quien son estas palabras: «Estudió [Rizal, en el Ateneo Municipal] primera y segunda enseñanza, hasta obtener, por los años de 1877 á 1878, el grado de bachiller en artes, con tan brillante hoja de estudios, que las notas de sobresaliente se cuentan en ella por asignaturas. Ganó en debida oposición la mayor parte de los premios de sus clases, de las que fué siempre el primero; siendo un niño excelente en sentimientos religiosos, costumbres y aplicación, con aprovechamiento digno de su privilegiado talento. Por todo ello, y por la buena conducta que constantemente observó durante su permanencia en el Ateneo Municipal, mereció ser admitido en la Congregación Mariana del mismo, en la que por gradación ocupó todos los cargos hasta llegar al de secretario; siendo también celador del Apostolado de la Oración»[21].

Si la injusticia de lo que había visto en su pueblo le preocupaba, preocupóle tanto ó más el problema racista que existía en su país: corría allí como la cosa más natural del mundo que el hombre blanco era superior al hombre de color, y Rizal se dedicó desde muy niño á estudiar esto, que se le antojaba otra injusticia. Puede decirse que conocemos íntegramente su pensamiento, porque el sabio profesor F. Blumentritt, depositario que fué de todos los secretos de Rizal, lo ha revelado en el curioso artículo que en los Archivos Internacionales de Etnografía publicó en memoria del ilustre Mártir[22]. Nótose que en los párrafos del Prof. Blumentritt no hay una palabra de sobra:

«Rizal dijo que desde pequeño se encontraba grandemente resentido por verse tratado por los españoles con cierto menosprecio, sólo por ser indio[23]. Desde entonces tendió á averiguar en qué ley ó fundamento moral se basaban los españoles y todos los blancos en general para creerse superiores á unos hombres de su misma estructura y capaces de igual ilustración y poder que ellos.

»Los europeos tuviéronse por los señores del orbe: consideraban su raza como la única portadora del progreso y de la cultura, y como la única especie legitima del homo sapiens, mientras que á las otras razas las consideraron como de inferior inteligencia, de más simplificado lenguaje, incapaces de poderse asimilar la cultura europea, formando estas razas de color una variedad del homo brutus.

»Rizal se preguntó entonces: ¿serán ciertas estas afirmaciones? Esta pregunta fué su preocupación desde estudiante, y esta preocupación impresionó desde entonces fuertemente, no sólo á él, sino á sus colegas europeos. Observó bien pronto que en el colegio no notaba ninguna diferencia intelectual entre unos y otros. La nivelación era muy regular entre los blancos y los indios: por un lado y por otro se veían perezosos y activos, aplicados y desaplicados, listos y torpes; en fin… no veía preponderancia ninguna ni en los estudiantes blancos ni en los de color. Hizo un estudio de las razas: regocijábase cuando ocurría que un problema algo difícil puesto por el profesor no podía ser resuelto por sus compañeros blancos y recurrían á él para que lo resolviese. Consideraba y alegaba esto, no como un triunfo personal suyo, sino como un triunfo de sus paisanos. Fué, por consiguiente, el colegio el primer sitio donde empezó á convencerse que de igual modo los europeos que los indios reunían las mismas condiciones de inteligencia y aptitud para cualquier trabajo. De todo lo cual sacó la conclusión de que el europeo y el indio estaban dotados de una igual inteligencia natural.

»Como primera consecuencia de esta conclusión, dedujo Rizal que si como él estuvieran todos sus paisanos convencidos de ella, ese sería un modo de elevar la cultura nacional. Llegó hasta adquirir el convencimiento de que los tagalos tenían una inteligencia superior para el estudio á la de los españoles (los pocos españoles que él hasta entonces había conocido); y contaba con verdadero placer el modo como había llegado á adquirir este convencimiento. Así, decía: —En nuestros colegios se explica todo en español, lengua madre para los españoles y extraña para nosotros; nosotros, por esto mismo, tenemos que hacer un esfuerzo mayor de inteligencia, que ellos, para comprender y expresar una cosa: es así que, como he dicho anteriormente, no se nota diferencia alguna entre españoles é indios en los colegios; luego nuestra inteligencia es superior á la de ellos.— Aun hizo otra observación, que le aumentó la duda que ya tenía de la superioridad de la inteligencia de los españoles. Hizo la observación de que los españoles se creían merecedores de los mayores respetos y de la sumisión de los indios, porque éstos tenían la convicción de que los blancos, por el mero hecho de serlo, eran nacidos en una tierra superior á la de los indios. Supo entonces Rizal que aquel respeto y sumisión que los indios tenían á los españoles —porque así éstos se lo habían inculcado á aquéllos,— no era sólo porque los considerasen de una raza superior, sino que era un medio para ocultar el miedo y el egoísmo. El miedo, porque por el arbitrario modo en que se veían oprimidos, tenían á los blancos como dueños y señores; el egoísmo, porque llegaron á conocer el carácter europeo y comprendieron que por la vanidad que en éstos se encerraba, podrían conseguir ciertas ventajas mostrando una humillación que estaban muy lejos de sentir, y así lo hicieron. Los indios no sentían, por consiguiente, ningún aprecio por los europeos: se mostraban sumisos cuando se encontraban en su presencia, pero en cambio se reían de ellos á sus espaldas, se burlaban de su pronunciación y no daban señal ninguna del respeto que aparentemente les tenían. Por no haber los españoles llegado á comprender el verdadero pensamiento de los indios, mientras que éstos sí llegaron á penetrar en el de los españoles, se veía ya autorizado Rizal á deducir que la inteligencia de los blancos era inferior á la de sus paisanos. El Dr. Rizal volvió algunos años después á caer en el mismo sofisma que en su juventud, porque pudo experimentar por sí mismo lo fácilmente que un pueblo formaba de otro un concepto equivocado. En su juventud, al oir ó leer el concepto que de su raza tenían, se indignaba, llenándosele el corazón de cólera; ahora no le sucedía nada de esto, pues al oir aquellos mismos conceptos, se contentaba con sonreir, recordando el proverbio francés: tout comprendre, c'est tout pardonner

Pudo, pues, mucho el amor propio en Rizal para lograr aquella su brillantísima hoja de estudios, por ningún otro superada. Ganó, como es dicho, todas las asignaturas con la nota de sobresaliente y obtuvo porción de primeros premios, incluso en comportamiento y dibujo[24].

Su afición á éste llevóle á practicar la escultura sin maestro; y cuentan qué dió pruebas de poseer no escasas facultades. Los mismos jesuitas lo atestiguan. «Por entonces, dicen[25], fué cuando el piadoso niño, dando una hermosa muestra de su devoción á la Santísima Virgen, al par que de la habilidad peculiar á su raza, talló en madera de baticulín [una de las más estimadas de Filipinas y de mayor densidad], y sin más instrumento que un sencillo cortaplumas, una linda imagen de Nuestra Señora, tan á gusto de los profesores de Rizal, que uno de ellos le preguntó si le haría del mismo modo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Prometióselo el joven artista, y poco tiempo después entregaba su nueva obra al Padre, de cuyo agrado fué en tal manera, que la guardó y dispuso traerla á España cuando, algún tiempo después, hubo de regresar á ella.»

Esta última escultura juega un papel importante. Se trasconejó; el jesuíta á quien estaba dedicada vino á España sin traérsela, y, veinte años más tarde, sirve precisamente para conmover á Rizal, cuando se hallaba en capilla, y decidirle á reconciliarse con la Iglesia[26].

Queda consignado que Rizal, siendo muy niño, dió ya muestras de poeta; y como no podía menos de suceder, volvió á darlas de estudiante. Conócense varias, y créese que la primera que mereció los honores de la lectura en acto solemne es la que dedicó á la flota de Magallanes, escrita en 1875, y que dice así[27]:


EL EMBARQUE




(Himno á la flota de Magallanes.)




En bello día
Cuando radiante
Febo en Levante
Feliz brilló,
En Barrameda
Con gran contento
El movimiento
Doquier reinó.

Es que en las playas
Las carabelas
Hinchan las velas
Y á partir van;
Y un mundo ignoto,
Nobles guerreros
Con sus aceros
Conquistarán.

Y todo es júbilo,
Todo alegría
Y bizarría
En la ciudad;
Doquier resuenan
Roncos rumores
De los tambores
Con majestad.

Mil y mil salvas
Hace á las naves
Con ecos graves
Ronco cañón,
Y á los soldados
El pueblo hispano
Saluda ufano
Con afección.

—¡Adiós!, les dice,
Hijos amados,
Bravos soldados
Del patrio hogar;

Ceñid de glorias
Á nuestra España,
En la campaña
De ignoto mar.

Mientras se alejan
Al suave aliento
Del fresco viento
Con emoción,
Todos bendicen
Con voz piadosa
Tan gloriosa
Heroica acción.

Saluda el pueblo
Por vez postrera.
A la bandera
De Magallán,
Que lleva el rumbo
Al Oceano
Do ruge insano
El huracán.

5 Diciembre 1875.


Entre las últimas que escribió siendo interno del Ateneo figura la intitulada Por la educación recibe lustre la Patria; escribióla cuando cursaba el quinto año del bachillerato (1876-1877), «y por una casualidad se ha encontrado en los Archivos del Ateneo de Manila» (según El Renacimiento). No tiene la suavidad que otras composiciones del Autor; pero en cambio merece notarse la tendencia, no muy propia de un escolar de quince años. Hé aquí esa composición:


POR LA EDUCACIÓN
RECIBE LUSTRE LA PATRIA




La sabia educación, vital aliento
Infunde una virtud encantadora;
Ella eleva la Patria al alto asiento
De la gloria inmortal, deslumbradora,
Y cual de fresca brisa al soplo lento
Reverdece el matiz de flor odora:
Tal la educación al ser humano
Bienhechora engrandece con larga mano.

Por ella sacrifica su existencia
El mortal y el plácido reposo;
Por ella nacer vense el arte y la ciencia
Que ciñen al humano lauro hermoso:
Y cual del alto monte en la eminencia
Brota el puro raudal de arroyo undoso;
Así la educación da sin mesura
Á la patria do mora paz segura.

Do sabia educación trono levanta
Lozana juventud robusta crece
Que subyuga el error con firme planta
Y con nobles ideas se engrandece:
Del vicio la cerviz ella quebranta;
Negro crimen ante ella palidece:
Ella domeña bárbaras naciones,
Y de salvajes hace campeones.

Y cual el manantial que alimentando
Las plantas, los arbustos de la vega,
Su plácido caudal va derramando,
Y con bondoso afán constante riega
Las riberas do vaso deslizando,
Y á la bella natura nada niega:
Tal al que sabia educación procura
Del honor se levanta hasta la altura.

De sus labios las aguas cristalinas
De célica virtud sin cesar brotan,
Y de su fe las próvidas doctrinas
Del mal las fuerzas débiles agotan,
Que se estrellan cual olas blanquecinas
Que las playas inmóviles azotan:
Y aprenden con su ejemplo los mortales
Á trepar por las sendas celestiales.

En el pecho de míseros humanos
Ella enciende del bien la viva llama;
Al fiero criminal ata las manos,
Y el consuelo en los pechos fiel derrama,
Que buscan sus benéficos arcanos,
Y en el amor del bien su pecho inflama:
Y es la educación noble y cumplida
El bálsamo seguro de la vida.

Y cual peñón que elévase altanero
En medio de las ondas borrascosas

Al bramar del huracán y Noto fiero,
Desprecia su furor y olas furiosas,
Que fatigadas del horror primero
Se retiran en calma temerosas;
Tal es el que sabia educación dirige
Las riendas de la patria invicto rige.

En zafiros estállense los hechos;
Tribútele la patria mil honores;
Pues de sus hijos en los nobles pechos
Trasplantó la virtud lozanas flores;
Y en el amor del bien siempre deshechos
Verán los gobernantes y señores
Al noble pueblo que con fiel ventura
Cristiana educación siempre procura.

Y cual de rubio sol de la mañana
Vierten oro los rayos esplendentes,
Y cual la bella aurora de oro y grana
Esparce sus colores refulgentes;
Tal noble instrucción ofrece ufana
De virtud el placer á los vivientes,
Y ella á nuestra cara patria ilustre
Inmortal esplendor ofrece y lustre.

José Rizal[28].


Tenemos, pues, recapitulando lo apuntado, que Rizal, á los diez y seis años escasos, ó sea al salir del Ateneo con su título de bachiller en el bolsillo, era estudioso, muy estudioso; reflexivo, modesto, de gran rectitud moral; y que sobre haber ganado con la nota de sobresaliente todas las asignaturas, y casi todos los premios por oposición, había dado muestras de posta, tallista y dibujante. Á la verdad, no de todos los hombres se puede decir lo mismo.

Pero no cerremos el artículo sin presentar la lista de las asignaturas que estudió. Véase á continuación, según consta en el documento oficial[29]:
1871-1872.
Aritmética
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
1872-1873.
Latín, primer curso.
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Castellano
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Griego
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
1873-1874.
Latín, segundo curso
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Castellano
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Griego
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Geografía Universal
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
1874-1875.
Latín, tercer curso
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Castellano
................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................
Sobresaliente.
Griego
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Historia Universal
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Historia de España y Filipinas
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Aritmética y Álgebra
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1875-1876.
Retórica y Poética
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Francés
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Geometría y Trigonometría
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1876-1877.
Filosofía, primer curso[30]
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Mineralogía y Química
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Sobresaliente.
Filosofía, segundo curso
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Física
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Botánica y Zoología
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Bachiller en Artes el 14 de Marzo de 1877
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  1. Copia exacta de la certificación, legalizada en regla, que tenemos á la vista, que nos ha sido remitida por el Sr. T. H. Pardo de Tavera.
  2. El Renacimiento, diario de Manila, escribía, entre otras cosas, bajo el titulo: Por Rizal, en su número del 19 de Junio de 1905: — «El nacimiento de Rizal no debe pasar, para nosotros los filipinos, como un día ordinario y vulgar. Señala una época, una efemérides memorable. — Celebran todos la muerte del insigne filipino, el 30 de Diciembre, como una fiesta oficialmente declarada para todo el Archipiélago: el nacimiento de Rizal debe servir también como un recordatorio, una evocación de la vida, de las glorias, de los triunfos del gran libertador del Pueblo. — La primera señala un ocaso, la caída del Idolo, el destronamiento de los grandes ideales; la otra representa el primer palpitar de la vida; alborada de una época grande; primer chispazo de luz. Ambas fechas son gloriosas. Ambas deben grabarse dentro de los pechos con esa satisfacción y con ese amor que produce en nosotros los acontecimientos providenciales… No es justo, pues, que el 30 de Diciembre sea únicamente el día conmemorativo del gran patricio. Debe serlo también el 19 de Junio, el día de hoy, la fecha solemne del nacimiento de RizalEtc.
  3. El Sr. Paciano Rizal, en unos apuntes manuscritos que á ruego nuestro ha tenido la bondad de dirigirnos.
  4. Fué preciso adoptar esta medida, porque á lo mejor acontecía que en un mismo pueblo, y sin ser parientes entre sí, habla quince, veinte, ó más sujetos que se apellidaban de la Cruz, de los Santos, etc.; mientras que los restantes llevaban, por lo común, una palabra indígena de más ó menos difícil pronunciación. Diéronse, pues, á los pueblos listas de apellidos españoles, para que los jefes de familia procediesen á la «renovación», y en tanto que unos eligieron, ó les tocaron en suerte, los más nobles (Borbón, Austria, etc.), otros optaron por los más ridículos (Meaperejil, Jumento, etc.). Entre los apellidos indígenas quedaron algunos privilegiados, por su gran nobleza, como el de Lacandola, verbigracia, que lo llevan los descendientes de uno de los régulos de Manila en el siglo XVI. En general se conceptúan nobles los precedidos de la partícula Gat (como Gatmaytan), que conservan algunas familias tagalas, principalmente en Bulacán y Batangas.
  5. El Sr. Epifanio de los Santos, en unas notas inéditas dedicadas al que esto escribe, dice: — «Tengo á la vista el decreto de Claveria de 21 de Noviembre de 1849, y el catálogo de apellidos y el modelo del padrón adjunto… No figura este apellido» [Rizal]. — Por lo demás, acaso no huelgue consignar aquí que la palabra rizal es castellana castiza; significa lo que ricial, adjetivo, que define así en su Diccionario la Real Academia Española: «Aplícase á la tierra en que después de cortado el pan en verde, vuelve á nacer ó retoñar. ‖ Dícese de la tierra sembrada de verde para que se lo coma el ganado.» (Diccionario citado, 13.ª edición.)
  6. El Sr. Paciano Rizal, en sus apuntes citados. — Según éste, dicho chino fué un inmigrante procedente de Samshui.
  7. En muchos españoles fué sistemático tener por mestizos chinos á los filipinos que por cualquier circunstancia descollaban. De aquí proviene el que á Rizal, á pesar de sus facciones malayas y de sus grandes ojos sin nada de oblicuidad, le hayan llamado mestizo, desde el P. Font y el periódico La Vez Española, de Manila, hasta el Secretario del Gobierno general y el auditor Sr. Peña, en documentos oficiales. Rizal protestó, al tiempo de firmar su sentencia de muerte, de que le calificasen de «mestizo». — «Soy tagalo», dijo; y en rigor dijo la verdad.
  8. D. Francisco Rizal y Alejandra falleció en Manila el 5 de Enero de 1898, «á los 87 años de edad», dice la partida de defunción, de la que hemos visto una copia autorizada.
  9. Este Diario lo llevaba en Madrid en una «Agenda de Bufete» el año de 1884. Hoy se halla en poder del distinguido bibliófilo americano Mr. E. E. Ayer. Más adelante, en el texto, hallará el lector reproducido el Diario.
  10. Debo esta noticia al Sr. Epifanio de los Santos.
  11. Tomo estos datos del Inventario de las obras pías que administraban los jesuitas en Filipinas al tiempo de la expulsión, formado en 1797; documento oficial auténtico que hoy pertenece al citado Mr. Ayer.
  12. Entre 1803-1806, en que escribió y dejó inédito un notable libro de viajes el ilustrado agustino P. Martínez de Zúñiga, titulado Estadismo de las Islas Filipinas. Lo sacó á luz el que esto escribe, profusamente ilustrado, en 1893, en dos tomos. — Véase el I, páginas 179-180.
  13. Las palabras subrayadas, sin duda las añadió después el Autor. Ya queda dicho que su obra permaneció inédita desde 1806 hasta 1893.
  14. La Independencia, número extraordinario fechado en Malabón, á 25 de Septiembre de 1898; periódico diario que fué órgano de la fugaz República Filipina. Dirigíalo Antonio Luna, y lo redactaron las plumas más brillantes de la juventud tagala. Dicho extraordinario, consagrado íntegramente á Rizal, es todo anónimo. Pero gracias al Sr. Epifanio de los Santos, sabemos que el articulo biográfico «José Rizal» lo escribió el Director; «Rizal, médico», Salvador V. del Rosario; «Como poeta», Fernando María Guerrero; «Rizal, poliglota», M. V. del Rosario (Tito-Tato), y «En la novela», Epifanio de los Santos.
  15. D. Antonio María Regidor, en Filipinas ante Europa; núm. 9: Madrid, 28 de Febrero de 1900. — Todos los mencionados por el Sr. Regidor (que por cierto no firma el trabajo, pero consta positivamente que es suyo) eran sacerdotes filipinos, que por su ilustración fueron víctimas de los sucesos de Cavite de 1872, en los que también el mencionado Regidor fué complicado. Laza, Dandan y Mendoza sufrieron deportación, y Burgos (así como Gómez y Zamora) pena de muerte en garrote.
  16. M. E. Plauchut, en la Revue des Deux Mondes: Paris, 1877. — Su interesante trabajo concluye con estas proféticas palabras: «Al terminar este estudio, séame permitido decir á los ministros de la Península, que España no conseguirá, por el terror, atraerse á los habitantes de las Islas Filipinas. Serán precisas muchas concesiones para que el rey Alfonso se granjee el afecto de aquellos dulces hijos del Pacifico. Bastará concederles la representación en las Cortes y los derechos — comunes para todos los españoles — de ocupar empleos en las Administraciones civiles, religiosas y militares del Estado. Por despreciar reclamaciones de esta índole, España ha perdido gran parte de sus colonias en el comienzo de este siglo, y Manila, «la Perla de Oriente», pudo haberse desprendido de su real corona.»
  17. Intitulado Ingratitudes. Vió la luz en La Solidaridad, núm. 23: Madrid, 15 de Enero de 1890.
  18. Articulo intitulado Rizal de niño, inserto en el diario República Filipina: Mandaloyon, 30 de Diciembre de 1898.
  19. Homenaje á Rizal, publicado en el folletín de La Democracia, diario de Manila; transcrito en Rizal, «semanario científico, político y literario», cuyo primer número (donde comenzó á reproducir el Homenaje) vió la luz en Manila, á 16 de Octubre de 1899; murió pronto este semanario. En cuanto al Homenaje aludido, del que se hizo tirada aparte, consta de un tomo en 8.º de 417 págs. (y la v. en b.). Contiene, además de la portada y el índice, que va por delante: Al lector. — Biografía (cortísima y con inexactitudes; rapsodia de lo publicado por La Independencia). — Y la reproducción de los principales trabajos de Rizal publicados ya en La Solidaridad. Cierra el volumen una carta del profesor Blumentritt, fechada en Leitmeritz, 16 Nbre. 1898, publicada antes en La Independencia, en la cual reproduce la que Rizal le dirigió á su venida á España (á bordo del Isla de Panay, 28 Septiembre 1896) y la que le escribió hallándose en capilla, de las cuales incluímos sendas copias en los lugares correspondientes.
  20. En la revista, que ya no vive, La Juventud, de Barcelona. Esta serie de artículos se halla comprendida en los tres primeros números de 1897. Después hízose de ella un folleto, que corre con el antetítulo La Masonización en Filipinas (Barcelona, 1897, de 50 págs. en junto). Nueva edición de este opúsculo hállase en el tomo IV de mi Archivo del Bibliófilo. — Aunque el trabajo es anónimo, nadie ha puesto en duda que lo escribiera casi todo el P. Pablo Pastells; los artículos finales, que llevan el epígrafe «Ultimos momentos de Rizal», fueron redactados por uno de los jesuítas que le asistieron en vísperas de su muerte; de ellos damos amplio extracto en el lugar oportuno.
  21. Esta noticia la amplía el P. Pastells en carta particular fechada en Barcelona, 6 de Enero de 1897, y dirigida al autor de estos renglones. — «En 1875 (dice el P. Pastells) era yo Director de la Congregación de la Virgen, en el Ateneo Municipal de Manila, cuando fué nombrado Rizal Prefecto de ella; y le aseguro à Vd. que merecía el cargo, por su ejemplarísima conducta, por su aplicación constante y aprovechamiento extraordinario en virtud y en letras.» — En este respecto no hay una prueba en contrario: todas son alabanzas para el niño Rizal.
  22. Internationales Archiv für Ethnographie, tomo X (1897), páginas 88-92. — Traducido al inglés con notas y adiciones, por Mr. Howard W. Bray. Singapore, 1898. Me guío por la traducción castellana, inédita, hecha directamente del alemán, á ruego mío, por el distinguido médico de Sanidad militar Dr. Sixto Martin.
  23. Los malayos de Filipinas fueron llamados indios por los españoles. — Nota del Prof. Blumentritt.
  24. Así consta en el libro intitulado: Ateneo Municipal de Manila: Solemne distribución de premios merecidos en el curso de 1876 á 1877… El viernes 23 de Marzo á las ocho de la mañana. — Manila, Imprenta de Amigos del País, 1877; en 4.º
  25. Rizal y su obra, artículo II; alúdese á la época en que Rizal se hallaba interno en el Ateneo Municipal, cuando contaba catorce años.
  26. El P. Pablo Pastells, en su carta citada de 6 de Enero de 1897, dice: —«Fué muy devoto de María Inmaculada y del Sagrado Corazón de Jesús, cuyas imágenes talló á la edad de catorce años, con destreza suma, con sólo su cortaplumas. Esta última la regaló á su profesor el P. Lleonart, quien me ha dicho tuvo intención de traérsela á España; mas se le olvidó al ropero colocarla en el baúl, y Dios se ha servido de ella para hacer revivir en su corazón, al final de la hora undécima, la fe por tanto tiempo extinguida.»
  27. Según copia que nos fué remitida por D. Ramón R. Guerrero. Publicada por primera vez en La Patria: Manila, 30 Diciembre 1899. En opinión de los Sres. Mariano Ponce y Vicente Elio, esta poesía la escribió Rizal en 1874. Conviene advertir que el Sr. Guerrero se atiene á los datos suministrados por el jesuíta P. Sánchez, profesor del Ateneo, bien informado do lo que escribió Rizal mientras fué interno en dicho colegio.
  28. Véase El Renacimiento, diario de Manila, núm. del 29 Diciembre de 1905. La composición de Rizal fué leída en la velada celebrada en el Teatro Zorrilla, de dicha capital, por el gobernador de Bataan D. Tomás G. del Rosario. Y se imprimió por primera vez en el mencionado diario, número del 2 de Enero de 1906.
  29. Certificación extendida en toda regla, y sellada, por la Secretaria del Ateneo de Manila, con el visto bueno del Rector, fechada á 20 de Agosto de 1906. — Débola á la bondad del P. Pablo Pastells, que la solicitó y obtuvo de aquel establecimiento de enseñanza.
  30. Creemos que ha sido un error de transcripción poner el primer curso de Filosofía en el año de 1876-1877. Nótese que el mismo año figura el segundo curso de la propia asignatura. Así, pues, debe entenderse (si no nos equivocamos) que el primero de dichos cursos debió de estudiarlo durante el año académico de 1875-1876.