Voces chilenas de los reinos animal y vegetal/B

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A
Voces chilenas de los reinos animal y vegetal que pudieran incluirse en el Diccionario de la lengua castellana y propone para su examen a la Academia chilena (1917) de José Toribio Medina
B
C
B


Bailahuén. m. (Haplopappus baylahuen).

Planta compuesta, de las tubulifloras, que crece en la provincia de Atacama, «con hojas cuneadas en la base, oblongas, con las márgenes crespas y desde el medio aserradas; son de consistencia rígida y barnizadas.» Así Reiche. Se da como remedio contra la puna o soroche.

Su etimología es ciertamente indígena, alterado el primer componente tailn, traspirar, en baila; y liaweri, remedio.

Lenz, n. 1439.


Bailarín, m. (Elanus dispar).

Ave de rapiña bastante común en las provincias centrales de Chile, y se le halla también en el Uruguay y en el Brasil. Corresponde a la especie que en España se llama neblí.

«El macho adulto es de un color blanco limpio, en la parte inferior del cuerpo; en la espalda, de color negro, y el resto de la parte superior del cuerpo, exceptuando la cabeza, es de un color gris claro, mas cargado en unas partes que en otras... Su nombre vulgar le viene muy bien, en atención a su costumbre de mantenerse en un mismo punto en el espacio, batiendo rápidamente las alas cuando ha logrado ver algún animalito que puede servirle de alimento. Los movimientos que hace cuando se mantiene así en el aire, son sumamente rápidos y se asemejan a un baile.» Reed.


Barata. f. «Nombre vulgar que se da en Chile a la cucaracha o blata de los naturalistas. Salta a la vista que es corrupción de esto último.» Advertiremos, con todo, que el nombre de cucaracho se aplica en Chile a un coleóptero de la familia de los carabus, negro, que vive en la tierra en lugares húmedos. Es, así, muy diverso de la barata, que es un ortóptero.


Belloto. m. (Bellota Miersii).

«Árbol chileno, perteneciente a la familia de las lauríneas. Produce una nuez silvestre que sirve de alimento a los animales. Vea la Academia si ha llegado el caso de admitirlo en su Diccionario.» Román.

«El belloto es un árbol hermoso, de la cordillera de la costa en la provincia de Aconcagua.» Reiche.


Blanquillo. m. (Latilus jugularis).

«Pez chileno, de trece a quince pulgadas de longitud y de color rojizo, más o menos pardo sobre el dorso y plateado bajo el vientre. Merece admitirse en el Diccionario. Llamamos también blanquillo, m., un durazno parecido al de Zaragoza, pero de cascara y corteza blancas.» Román.


Boldo m. (Boldoa fragans).

Arbusto o árbol siempre verde, de la familia de las monimiáceas, diclino dioico, de hojas pecioladas, opuestas cruzadas, ovalado-elípticas, coriáceas, ásperas, enteras y aromáticas: son medicinales. Flores blancas en racimos axilares. Fruto: drupa amarilla, comestible.

«...aunque en esto se le aventaja la corteza del boldo...» Córdoba y Figueroa: «Los labradores llaman boldo a esta última especie, y se valen de su corteza para sahumar las vasijas en que envasan sus vinos.» Molina. «El boldo es de mucha y apacible fragancia en la corteza, hojas y fruto, y éste, que es semejante en el color a una aceituna verde e igual en el tamaño, es de un dulce muy gracioso; su huesecillo, por la dureza, color y figura, es de mucho aprecio para cuentas de rosario.» Olivares.

«El boldo, cuyos carpidios son unas pequeñas drupas comestibles, últimamente recomendado como remedio en las enfermedades del hígado». Phillippi.

Lenz, n. 69. Román: «Ya es tiempo de que el Diccionario acoja esta voz».

Zerolo trae, erradamente, boldo y boldu como especies diversas, y boldoa como planta originaria de México.

De las hojas del boldo, cuya eficacia en las enfermedades hepáticas está hoy perfectamente comprobada, se extrae la boldina.


Bollén, m. (Kagenekia oblonga).

Arbusto o arbolito de altura de tres a cuatro metros, de la familia de las Rosáceas, lampiño, siempre verde, de hojas coriáceas, oblongas, a veces trasaovadas, obtusas o agudas, con dientes glanduliformes poco marcados. Inflorescencias axilares; fruto folículo.

«El bollén es un árbol que da la hoja muy parecida a la del belloto, da la flor a modo de una estrella, y allí cría en los rayos de la estrella una telita blanca, delgada como papel.» Rosales. «En las playas del país crece también otro árbol grande y de bellísimo aspecto, llamado bollén, el cual me parece un verdadero veneno. Sin embargo, en ciertas circunscias críticas usan los médicos de los polvos y de sus renuevos disueltos con agua, administrándolos como vomitivo y como purgante, pero no pasando la dosis de medio escrúpulo, por cuanto estos polvos son uno de los eméticos más terribles que se conocen en el reino vegetal.» Molina. «Las hojas de estos árboles son semejantes por la figura a las del limón, pero el color es más vivo, y especialmente las del bollén, que son de un verde luciente y muy alegre.» Gómez de Vidaurre.

Lenz. n. 1459, que escribe esta voz con v. Puesto que no hay certidumbre de su etimología araucana y todos los escritores emplean la b, conservamos esta letra. Así también Román, quien dice: «Aboguen los naturalistas porque sea admitida en el Diccionario».


Boqui. m. (Lardizabala biternata).

«Género de plantas sarmentáceas, de las cuales la más común en Chile es el voqui (vitis striata) colorado de las provincias centrales y meridionales.» Phillippi. Con tal nombre designa el abate Molina a las yedras en general, voz que encuentra su semejante en los bejucos Así, dice Rosales: «.. para atarlos y juntarlos [haces de enea, totora...] ha proveído Dios de unas sogas naturales que llaman boqui, largas y delgadas, flexibles y de mucha fortaleza y duración en el agua. Hállanse colgadas de los árboles en abundancia, que como yedra trepan por ellos, de que también hacen gruesas maromas torciendo unas sogas con otras... »

Ya se ve poresto, según decía, que el boqui es como el bejuco. «El boqui nace en los bosques más sombríos y húmedos, en donde serpenteando al rededor de los árboles, sube hasta la rama más alta...» Molina.

Su etimología es araucana.

Lenz, n. 1460, que escribe con v, ajustándose a su procedencia indígena; pero ya el propio Febrés tradujo boqui, y así escribieron Rosales y Molina, seguidos en esto por Román.

Véase cóguil.