Canto de la florera ciega

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Canto de la florera ciega de Edward Bulwer-Lytton
Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

 ¡Comprad, comprad mis flores!
Si es hermosa la tierra como cuentan,
Sus castas hijas son y sus amores.
¿No guardan de su madre los primores
Que los placeres del que ve acrecientan?
 De su regazo amante

Frescas las he tomado en este instante:
Durmiendo incautas en sus tiernos brazos
 Mecíalas el viento
 Que es de ella el blando aliento.
En sus labios aun vaga el dulce beso
Que recibieron al romper el día;
 Y del materno lloro
 Conservan todavía
Húmedas gotas en su cáliz de oro.
 Porque esa madre llora,
Llora apacible, y pasa hora tras hora
Velando con solícita ternura;
Y al ver lucir tan puros y brillantes
Los tintes de sus hijas y blancura,
Llora de amor purísimos diamantes
 Que parecen rocío,
Pero lágrimas son; madres amantes
Vierten así de lágrimas un río.

 Tenéis de luz un mundo
Donde el amor habita entre placeres;
Pero yo ¡ciega! vivo en el profundo
Abismo de la noche donde me hundo:
Son huecas voces para mí los seres.
Cual reprobo en el reino del espanto.
 Enloquezco y deliro,
¡Y me anonado en infortunio tánto!
Ansio por ver las formas y allá miro,
Oigo que como sombras se deslizan,

 Y percibo su aliento;
Tiendo los brazos ávidos al viento,
Y hallo que para mí todos los vivos
Espíritus son sólo, fugitivos.

 ¡Comprad, comprad mis flores!...
Oíd... ¿No comprendéis lo que suspiran?
(Porque ellas tienen voz como la nuéstra):
 "Con su aliento esta hija
"De la medrosa noche los colores
"Entristece y empaña de las flores.
 "¡Libradnos de sus manos!
"No nos dieron los dioses soberanos
 "Matices y hermosura
 "Para la sombra oscura;
"¡La luz nos alimenta y regocija!
"Vuestros ojos del sol son resplandores".—
 ¡Comprad, comprad mis flores!

A. Posada.