El rizo robado (1851)/Canto III

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época
CANTO TERCERO.

De bosques rodeado, y guarnecido
El Tamesis de flores, orgulloso
Las torres mira y grupo magestuoso
De la vecina Hampton, donde unido
El senado breton falla prudente
Del tirano extrangero, ó ninfa bella,
La caida infalible:
De allí, reina invencible,
Ana gloriosa, con feliz estrella
Y cetro omnipotente,
Tres reinos mandas con ministros sabios:
Y allí recrea el té tus tiernos labios.
Juntos héroes y ninfas se solazan
Y de la corte gustan los placeres,
Y en lenguage instructivo allí se pasan
Y en el baile tambien y en la visita
Las horas deliciosas; quien recita
Las glorias de su reina y sus haberes,
O el indiano abanico otro pondera;
Un tercero interpreta la mirada,
Movimientos y guiños, ó vé muera

Con palabra sutil la cimentada,
Firme reputacion; se gasta y tose,
Se abanica y la pausa es nuevo goce;
Se rie, canta y guiña; y las miradas
Hablan mas que dos dueñas requintadas.
 Corta la esfera el sol de medio dia.
Con sus oblicuos rayos abrasando;
Y los hambrientos jueces firman luego
Sus sentencias de fuego;
Pero el triste ahorcado1
Que es hora de comer dice al jurado;
De la bolsa retorna el comerciante
En paz con su ganancia exhorbitante.
 Del tocador cesaron los trabajos;
Mas la hermosa Belinda, á quien inflama
El amor de la fama,
Arde por encontrar dos caballeros,
Diestros aventureros,
Y en un solo del Hombre2 en el combate
Decidir el debate;
Y su pecho se abrasa en la esperanza
De conquista futura, si la alcanza.
Tres bandas se preparan, y juntando
Y de ellas todas batallon formando,
De nueve con el número sagrado,
Cortesana sagaz las dividia,
Formando compañia.
Y luego que Belinda ha desplegado
Su linda mano, pareció volando
El aéreo escuadron, y se coloca
Cada sylpho al momento á dó le toca;
Sobre el gran matador Ariel se posa;
Cada cual por su rango allí reposa;
Pues sylphos, que mugeres antes fueron,

Aman siempre los puestos que tuvieron.
Cuatro reyes, mirad, que reverendos,
Barbas partidas y bigotes sendos,
Y cuatro reynas que en sus manos levan
Ramos de hermosas flores, bello emblema
De su poder suave, y se le agregan
Cuatro sotas de trages revestidos
De la guardia fiel, gente de flema,
De gorra y capa y alabarda en mano,
Que eran luego seguidos
De un escuadron de tropa muy brillante,
Vestido en terciopelo muy ufano,
Preparado al combate en el instante.
Mueven la guerra fieros matadores
Con la tez de moriscos atezados;
La Espadilla, señor de los señores,
Dos triunfos cautivó, barre la mesa;
Mas, el moro Malilla, con gran priesa,
A muchos moros deja mal parados
Sobre del verde campo; el moro Basto
Le sigue, mas, con suerte muy contraria,
Un triunfo solo gana y muy plebeyo;
Con ancho sable y con la barba cana
Y apariencia de gefe, en veste varia,
De espadas aparece el rey anciano;
La pierna avanza, y al combate invita
A los rebeldes, que el furor incita,
Y el resto cubre con su rojo manto.
Ya la rebelde sota, que se atreve
Su principe á invadir infiel y aleve,
Victima fué de su legal castigo
Del real poderio su enemigo.
Aun de bastos la sota poderosa,
A los reyes y reinas ominosa,

Tambien sus armas rinde,
Que las arrolla el vencedor Capote,
i Triste suerte de guerra malhadada!
Todo lo vence la invencible Espada.
Ambas armadas á Belinda ceden,
Que los pasos conceden
Del campo de batalla; y la guerrera
Amazona acomete a sus infantes;
Y a la Reyna imperial del Rey Espada,
A pesar de orgullosa y altanera,
El tirano de Bastos muerte ha dado.
¿Qué sirve la diadema en su cabeza,
El gigantesco cuerpo allí tendido,
Del hermoso ropage la riqueza,
Y tener de monarca el globo asido ?
Sus Copas el Baron mostraba aprisa
Y del Rey con bordado á media guisa,
Y la Reyna valiente con sus tropas,
Poder ya quebrantado,
Facil triunfo sobre ellos ha alcanzado;
De Oros, Bastos y Copas
El confuso tropel el nivel pierde,
Y huyen vencidos en el campo verde,
Como cuando una armada derrotada
Corre precipitada,
Y del Asia las gentes allí giran,
Y los negros del Africa se miran
En desorden huyendo
Con sus diversos trages discurriendo,
Y caen á montones
Batallones sobre otros batallones.
Mas, la sota de oros tan artera
A la reina de copas i overgüenza!
Vencer quiere tambien. Belinda fiera

Siente su sangre huir, y que comienza
La palidez pintarse en su semblante;
Tiembla al mirar: se acerca petulante
Con las abiertas fauces el Codillo;
Como suceder suele en un Estado
Que de un golpe feliz, el mas sencillo,
Su salvacion depende; un As de copas
Se opone valeroso; mas sus tropas
El invencible Rey acecha osado,
Y a su cautiva Reyna lamentaba,
Y en bravo vengador muestra su faz
Y cual Rey le da muerte al triste As.
El grito de la ninfa lega al cielo,
Y el eco lo repite en todo el suelo;
Pero ¡ó ciegos mortales,3 que del hado
Ignorais la fortuna!
Ya en la tierra yaceis, cual polvo hollado,
Ya os levantais al cerco de la luna.
Ese tan grande honor será perdido,
Y el victorioso dia maldecido.
 Pero; ¡ay! que la mesa coronada
Se mira ya con tazas y cucharas;
Las granas del café dani muestras claras
Que el molino en sus giros las oprime
Con estallante son; ya levantado
El altar del Japon en torno brilla;
Ya la plateada lámpara elevada
Con rayos ilumina; ya se humilla
El bullente licor, que raudo gime
Por la plateada boca resonando,
Con sus perfumes el salon llenando;
Y en la pintada china luego humea,
Que el gusto y el olfato azas recrea;
Y va y vuelve la taza, que, hechicera,

El banquete prolonga placentera.
Rueda en tanto la banda voladora
En torno de la hermosa, su señora;
Si el licor humeante ella gustara
A gitando sus alas lo enfriara,
o las tienden cubriendo su regazo,
Temblando por las flores de lampazo.
El café, que al político hace sabio,
Cuando le gusta con sediento labio,
Y que lo mira todo en sus antojos,
Teniendo medio abierto los dos ojos;
Del Baron al cerebro sus vapores
Le inspiran los ardides mas traidores
Para osado robar el rizo hermoso.
Tente, jóven audaz, y mira atento
Que no es tarde, y desiste de tu intento,
Teme los justos Dioses, que castiguen
Tu traicion y te obliguen
De Seyla infiel á soportar la suerte,
Mas cruda que la muerte;
El cabello robando de su esposo;
Y por juicios del cielo riguroso,
Niso, milano, con furor se inclina
A perseguir á Seyla golondrina.
Pero el hombre ya al mal determinado
Instrumentos del mal do quier ha hallado,
Ya la bella Clarisa en el comeno,
De su estuche sacaba el mas brillante,
De agudisimas puntas de diamante,
Una arma de dos filos, cual pudiera
Una doncella en rostro placentera
La lanza presentar á un caballero,
Cual lo suele pintar un romancero.
Recibe el don con grande reverencia,

Y las cierra y las abre en su presencia:
Y todo justamente esto pasaba
Cuando el licor fragante la arrobaba,
Y su cabeza la Belinda inclina
A embriagarse en aroma tan divina.
 Al rizo mil espíritus volaron
Y alas mil agitaban el cabello:
Tres veces el zarcillo bambolearon,
Y otras tres ella torna el rostro bello.
En este mismo instante Ariel cuidoso
De la virgen comtempla el pecho hermoso,
Y sobre el ramillete recostado,
Acecha el pensamiento que le agita,
Y vió, casi asombrado,
Que un amor terrenal en su alma habita;
Confuso suspirando se retira
Y resignado ve su imperio espira.
 El Par4 extiende la feroz tigera,
Y casi la cerrara toda entera
Cuando un sylpho imprudente
En el medio se pone diligente,
Mas del hado la fuerza poderosa
Las tigeras cerrara presurosa,
Y en dos partes el Sylpho dividia;
Pero al punto se unia;
Que la aérea substancia
De atraccion tambien sigue la observancia;
Y en las puntas mordiendo al rizo de oro
De su frente no es ya gloria y decoro.
 Rayos disparan sus brillantes ojos,
Brama de horror el irritado cielo;
Ni chillidos mas fuertes se escucharon
Cuando de muerte horrible son despojos
Un esposo querido, ó un faldero;

O se precipitaron
Un rico vaso chino ó un florero,
Y en refulgente polvo los vé el suelo.
 Que mis templos5 adornen las coronas
¡De victorioso lauro el Lord esclama!
Mio es el triunfo gritará la fama;
Mientras que el pez ligero al agua amare,
Al aire el ave y bellas las bretonas,
Coche y tiro de seis las paseare,
Y de Atalantis6 lean la novela,
o á Milady en su lecho la consuela
La pequeña almohada, y las visitas
Se hagan y paguen en solemnes dias
Con la luz de bugias infinitas,
O siguiendo de amor en las porfias
Del Támesis las ninfas escribieren
Billetes dulces ó mil citas dieren;
Otro tanto mi honor, mi vida y gloria
El templo ocuparán de la memoria:
Que si todo lo absorve el tiempo fiero,
No asi lo que se escribe con acero;
El destruye las obras de los Dioses;
Y de Troya imperial la torre alzada
De su poder sintió golpes atroces;
Y miró aniquilada
La egecutoria dó el orgullo nace;
Y del arco triunfal minó la base;
¿Y admirarás, ¡ó ninfa ! que el acero
Conquiste un rizo de vapor ligero?


NOTAS.

N. 1. Imitacion de Congrive: And wretches hand.

N. 2. Es bien conocido el poema latino del italiano Vida sobre el ajedréz, y Pope le imitó en el tresillo.

Non aliter campis legio &.

N. 3. Imitacion de Virgilio en una de las poquísimas veces que él habla por si mismo.

Nescia mens hominum fati sortisque futuri
Et servare modum rebus sublata secundis!
Turnus tempus erit magno cum obtaverit emptum
Intactum Pallanta et cum obtaverit ista diem que
Oderit . . . Virg. Eneid. Lib. 10. ver. 501.

N. 4. ¿Pudo Milton hacer reñir los angeles? ¿por que no serán heridos los Sylphos de Pope? Buenas son las grandes alas de Milton para aguarecerse bajo de su sombra.

N. 5. Dum juga montis apros pluvios, dum piscis amabit

Semper honos nomenque tuum laudesque manebunt.
 Virg. Eg. 5. ver. 76.

N. 6. El romance de Mrs Manley intitulado Atalantis, por el gusto del sofá de Crevillon hijo, da á entender que la hija de Mrs Rooger Manley, autor del Espion Turco, no era de las mas acendradas costumbres; y sin embargo tenia talento, instruccion, y vivió entre los literatos mas famosos por muchos años; escribió comedias, pero al cabo murió obscura y abandonada. Las damas inglesas, aun las jóvenes, leen y releen este romance á pesar de su afectacion religiosa; alli se encuentra á Londres por dentro, siendo de advertir que le manejan con frecuencia las hijas de los curas protestantes, miserables despues de la muerte de sus padres Quæque misserrima vidi et, &.

Ille quoque eversus mons est, &.
Quid faciant crines cum ferro talia cedant,
 Catull, de Com. Beren: