El vado

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Traducciones (1897)
traducción de Leopoldo Díaz
El Vado de Olindo Guerrini
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

El vado

A Luis Berisso.


Tú que vienes de allá, Boloñesado,
Río del agua cristalina y quieta,
Humilde río de mi pueblo amado,
Por tí, sólo por tí, me hice poeta;
Entre el móvil juncal y el perfumado
Boscaje de tu orilla tan discreta,
En tu alegre ramaje florecido
Amor, por vez primera, he conocido.

Sobre la arena de oro luminosa
Con murmullo gentil el agua huía;
Por de es más clara y menos peligrosa
Pasar al otro lado se quería.
Ella cantaba y la canción ruidosa

Allá, tras de los sauces se extinguía;
Ella era rubia, hermosa y yo la amaba,
Mas, tímido, decírselo no osaba.

Abrazados y juntos, como esposos,
En los férvidos ímpetus nupciales,
Marchábamos callados, por umbrosos
Caminos, bajo encinas colosales;
Y exhalaban su veste y olorosos
Cabellos, los perfumes virginales,
Los perfumes de carne inmaculada
Que lleva al corazón ruta ignorada.

Cuando al vado, por fin, nos acercamos,
Un pensamiento asiónos de improviso,
Y un instante, de pie, nos observamos
Con aire avergonzado é indeciso.
El sitio era desierto y nos miramos
Frente á frente; avanzar cra preciso:
Con murmullo gentil el agua huía,
Y cruzar á otra margen se quería.

Dije súbito: Ven! — de audacia lleno,
¡Ven! mis brazos te lleven reclinada:
Ella dijo que sí, rió, y el sereno

Mirar, clavóle fijo en mi mirada.
El deleite, hasta el fondo de mi seno,
Sentí correr cual lámina acerada:
La lengua rebelóse á todo acento
Y palpitóme el corazón violento.

Cuando me hube en el musgo descalzado,
Mientras ella, á hurtadillas, me miraba,
Entré al agua, su cuerpo aprisionado
En mis brazos — y cómo la adoraba!
Así, por vez primera, me he estrechado
Sobre su corazón, que se agitaba
Lo mismo que una cándida paloma
Se estremece en la mano que la toma.

Oh! lindos piesecitos bien calzados,
Por no mirar su rostro, os contemplaba,
Y por no ver sus ojos espantados
Donde el placer con el temor luchaba!
Bajo mis dedos juntos y crispados
La carne de su busto se plegaba,
Y el hálito gentil de su alegría,
Procaz y ardiente, el rostro me encendía.

Se acercaba á mi pecho, interrumpiendo

La marcha, con su rísa delirante,
Y un bucle del cabello, apareciendo
Rozábame, de pronto, en el semblante.
Miré en su rostro centellear, huyendo,
El reflejo del agua, y al instante,
Sereno ya, no fuisteis contemplados,
Oh! lindos piesecitos bien calzados!

Al rostro la miré con osadia
Y sus ojos miré, con alma entera,
Su carne, junto á mí, se estremecía,
Y la marcha detuve en la ribera;
La mal cerrada veste, me ofrecía,
Los cándidos misterios que allí vicra,
Después, vencióme amor....cai de hinojos,
Besé su boca y entorné los ojos.

Luego, ¿qué sucedió? Bien lo ha escuchado
El agua cristalina, el agua quieta,
Y tú, lo sabes, de mi pueblo amado,
Río que pudo hacer de mí un poeta;
Lo saben tu juncal y el perfumado
Boscaje de tu orilla tan discreta,
Y tu alegre ramaje florecido
Do amor, por vez primera, he conocido.