Elementos de economía política: 05

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Capítulo I : Nociones preliminares.[editar]

    • I. Definición de la Economía política y de la riqueza.
    • II. Nociones elementales sobre la utilidad y el valor.
    • III. Nociones elementales sobre los cambios y la moneda.


§. III. Nociones elementales de los cambios y la moneda.[editar]

III. En una sociedad industrialmente constituida, como la que existe en todos los países que están más o menos civilizados, nadie crea todos los productos de que tiene necesidad; de aquí la precisión de comerciar o de cambiar lo que cada cual produce en un solo género o en algunos, después de satisfechas sus propias necesidades, por todos los demás objetos necesarios.
Pero este cambio directo es casi siempre imposible; un librero, por ejemplo, que no tiene más que libros, no puede pagar a su panadero, a su zapatero, etc., con libros. Por fortuna, hay en la sociedad actual una mercancía excepcional, privilegiada, llamada la moneda, que los compradores de libros dan al librero, y que éste a su vez da a los que le venden a él los géneros que necesita.
15. De la naturaleza de esta mercancía intermedia, que todo el mundo acepta por los motivos que más adelante expondremos, resulta que no vendemos más que para comprar. Cuando vendemos, es decir, cuando cambiamos un objeto por una cantidad de numerario, es para comprar con él alguna otra cosa; si trasmitirnos aquella suma a otra persona, esa persona la empleará en una compra cualquiera; si la fundimos, podemos decir que hemos comprado una barra de metal, etc. Una venta, no es, pues, más que la mitad de un cambio, lo mismo que una compra: de modo que para que exista realmente un cambio es preciso vender y comprar.
16. Lo que importa a nuestros intereses es el valor de un producto representado en otros productos, y no solamente la relación que éstos pueden tener con el dinero. Veremos, en efecto, y a mayor abundamiento es fácil comprender que, si el dinero abunda, está barato, y el labrador recibe mayor cantidad de él en cambio de su trigo; pero también al mismo tiempo tiene que dar mayor cantidad de dinero en pago de los géneros que compra para su consumo; al paso que si el trigo llega a valer más o menos relativamente a los otros productos, el labrador con su trigo obtiene mayor o menor cantidad de éstos.
Lo que interesa, pues, al labrador es el valor del trigo y no el del dinero. Si la América no hubiese contenido numerosas minas de plata y oro, estos dos metales serían mucho más raros, pero las riquezas del mundo serían las mismas. Si, por ejemplo, hubiese la mitad menos de numerario, el labrador no sacaría de la venta de su trigo más que la mitad menos de metálico; todos los demás productos valdrían igualmente una mitad menos de lo que valen ahora. Los valores, en general, serían los mismos, aunque representados por menos números; el caudal de un hombre que tiene un millar de pesos de renta, no es menor que el de otro que tiene de renta veinte mil reales.
17. Muchas veces se han desconocido en el mundo estos principios tan obvios y tan sencillos. Mucha sangre se ha derramado por acumular en un país, con preferencia a otro, los metales preciosos; y sin embargo, ¿qué se ha conseguido, aglomerándolos, más que engrosar las cifras de todos los inventarios? Lo repetimos, el oro, la plata y las monedas no se codician por sí mismos, sino en proporción de lo que con ellos se puede comprar.
18. Si las riquezas se evalúan siempre en dinero y no en otros valores, es porque las monedas disfrutan, como instrumentos intermedios en los cambios, de ciertas propiedades que las hacen más cómodas al efecto que cualquiera otra mercancía.
La moneda no es más que un denominador común de muchos valores. Supongamos que poseemos una casa, dos caballos y un rollo de veinte y cinco monedas de oro; seguramente que nos formaríamos una idea muy confusa del valor de estos objetos si los evaluamos en consideración a las muchas cosas que podríamos obtener en cambio de ellos; pero convirtiendo su valor en una misma mercancía, convirtiéndolo al mismo denominador, es decir, a moneda, y diciendo que una casa vale dos mil pesos, los dos caballos mil, y las veinte y cinco monedas de oro, ciento: total, tres mil cien pesos; nos formamos una idea la más clara posible el valor absoluto de todos aquellos objetos y de su valor relativo.
19. Obsérvese también que lo que constituye la riqueza es absolutamente independiente de la naturaleza de la mercancía que sirve para evaluarla: en otros términos, un valor es una riqueza, no porque puede proporcionar dinero a su adquiridor, sino todo lo que se puede comprar con dinero. Lo que motiva que las cosas sean riquezas es la facultad que nos dan de comprar algo con ellas, y esta facultad es lo que se llama valor.
20. Bastan por ahora estas consideraciones; más adelante examinaremos a fondo la naturaleza íntima de la moneda, que es una de las cuestiones más importantes de la Economía política. (Véase el cap. IX.)