Elementos de economía política: 50

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Sección III : Circulación de la riqueza.[editar]

Capítulo XII : De las salidas y de los límites de la producción.[editar]

    • I. Teoría de las salidas.
    • II. Consecuencias.
    • III. De las objeciones opuestas a esta doctrina.
    • IV. De los límites de la producción.

§. I. Teoría de las salidas; teorema de J. B. Say.[editar]

359. Hemos visto que un hombre no hace bien más que un cierto número de objetos, y que sólo por medio del trueque logra gozar de todos los productos que pueden hacer los demás, casi siempre por medio de una mercancía intermedia, la moneda, o bien por medio de signos representativos de esta moneda.
Esto sentado, todo trabajador debe buscar salidas, es decir, medios de efectuar el cambio o trueque de sus productos, o en otros términos, consumidores a quienes puedan convenir sus productos, porque ya hemos visto que la importancia de la fabricación está en relación directa con la división del trabajo, y ésta con la extensión del mercado. Así, en el lenguaje económico, mercado y salida son casi sinónimos (167).
Es, pues, muy importante conocer lo que pasa en este particular, gracias sobre todo a J. B. Say, que ha analizado esta parte de la ciencia con tanta sagacidad como la que desplegó Smith en demostrar los prodigiosos efectos de la división del trabajo.
360. Si los productos no costasen nada, el pedido que de ellos se haría sería infinito, porque está demostrado (véase el principio de población) que los hombres acuden adonde quiera que pueden obtener las cosas capaces de hacerlos subsistir; por consiguiente, en este supuesto de los productos gratuitos, las salidas serían inmensas, y como lo que falta al hombre nunca es la voluntad, sino el medio de adquirir, las salidas no se hallan limitadas más que por la necesidad en que están los consumidores de pagar lo que quieren adquirir.
Ahora bien, ¿con qué se pagan los productos de que se tiene necesidad? -Claro está que con dinero. -Pero ese dinero ¿con qué se ha adquirido? -Con productos. Luego el dinero no es más que una mercancía intermedia; y en suma, no se compran productos sino con productos.
361. Este principio es incontestable, y pasa ya con razón por un axioma en la ciencia.
El propietario, el capitalista, el rentista, el privilegiado, todos sin excepción, no compran productos sino con productos. Si el propietario de tierras no vende su cosecha, su colono la vende por él. Si el capitalista no vende los objetos fabricados con sus capitales, el fabricante los vende por él. Si un pensionista del Estado, que nada produce, compra, lo hace con dinero que se le ha dado en cambio de sus servicios o sea de los productos inmateriales que ha suministrado, de modo que ni aun ese dinero ha dejado de ser obtenido en cambio de un producto.
362. Resulta de este principio el siguiente corolario; a saber, que si con productos se compran otros productos, cada producto halla tantos más compradores cuanto más se multiplican todos los demás productos.
Los hechos vienen en apoyo de este aserto y son como su prueba matemática. Hoy se compran y se venden en todos los países cultos diez veces más cosas que hace quinientos años; y sin embargo, queda ya demostrado en el capítulo de la MONEDA que este hecho no es el resultado del descubrimiento del Nuevo-Mundo y de la multiplicación del numerario, su consecuencia inmediata; admitamos que, por su rareza, la plata valiese cuatro veces más, por ejemplo; lo único que de aquí resultaría es que con una pieza de veinte reales se compraría y se vendería lo mismo que con una pieza de oro de ochenta reales (283).
363. Si ciertos hechos son la prueba del principio establecido, otros son como su contraprueba, de modo que la demostración es perfecta. En erecto, tan cierto es que los productos se compran con productos, que una mala cosecha perjudica a todas las ventas. Ciertamente que el granizo que destruye la flor de la vid en nada daña a los cáñamos, y sin embargo, la venta de lienzos sufre alguna paralización de resultas de la piedra; ¿por qué? porque los productos del albañil, del carpintero, etc., son menos pedidos, y porque estos varios consumidores compran menos vino a los consumidores de lienzos.
Lo que sucede con las cosechas agrícolas se manifiesta también cuando decae la producción fabril y comercial.