Enciclopedia Chilena/Historia/5 de septiembre 1938, Sucesos del

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ECH 354 37 - 5 de septiembre 1938, Sucesos del.djvu
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Sucesos del 5 de septiembre 1938
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-354/37
Título: Sucesos del 5 de septiembre 1938
Categoría: Historia


5 DE SEPTIEMBRE 1938, SUCESOS DEL

Como se puede apreciar en el artículo básico sobre la Segunda Presidencia de don Arturo Alessandri Palma, en el analítico sobre los Sucesos del 21 de mayo de 1938, el movimiento nacista, o nacional socialista, nacido a mediados de 1932, ocupé la atención tanto del Gobierno como de los partidos políticos tradicionales y de la extrema Izquierda.

La acción violenta de sus avanzadas de asalto provocaron frecuentes actos de hecho con lamentables consecuencias e inútiles derramamientos de sangre, debidos, casi exclusivamente, al fanatismo de sus huestes inspiradas en un sano patriotismo nacionalista pero carentes de la morigeración, propia al desenvolvimiento democrático, que siempre ha caracterizado la evolución política chilena.

En los artículos antes referidos se expresó que en el mes de abril de 1938 quedaron perfiladas dos candidaturas presidenciales para suceder en el Gobierno a don Arturo Alessandri, Eran ellas la de don Pedro Aguirre Cerda, por la combinación de partidos de Izquierda, denominada "Frente Popular"; y la de don Gustavo Ross Santa María apoyada por las corrientes de Derecha y por sectores independientes adictos a la Administración del Sr, Alessandri.

Una tercera candidatura venía también gestándose desde hacía algún tiempo: la del ex-Presidente de la República General don Carlos Ibáñez del Campo, la cual tomó cuerpo en el mes de junio de ese año. En efecto, la hasta entonces "Organización Ibañista", se fusionó con la "Unión Socialista" y el «Movimiento Nacional Socialista" o Nacista, formándose una nueva colectividad que se denominó "Alianza Popular Libertadora". Uno de los jefes más destacados de este partido, que hacía su estreno en la vida política, fue don Jorge González von Marées, el mismo lieder del Nacismo.

Aunque los partidos tradicionales restaron importancia al nue vo movimiento, sus desfiles, giras a provincias y solapada, propaganda, impresionaron a la juventud que con verdadero misticismo empezó a incrementar sus cuadros.

Dos meses antes de la jornada electoral, la dirección del movimiento preparó una concentración en la capital, la que se verificó el domingo 4 de septiembre de 1938 con la concurrencia de delegaciones de todo el territorio y con la finalidad de proclamar la candidatura presidencial del General don Carlos Ibáñez del Campo, Esa misma noche, la mayoría de los delegados de lugares cercanos regresaron a sus pueblos, pero aquellos que venían de provincias más apartadas pernoctaron en Santiago sin siquiera sospechar el sacrificio a que estaban destinados en los sucesos del día siguiente.

El lunes 5 de septiembre, al medio día, un grupo de nacistas entre ellos muchos de los venidos desde provincias a la concentración del día anterior, entraron a mano armada al edificio de la Caja de Seguro Obligatorio, dando muerte a un carabinero que estaba en la puerta, construyendo barricadas en la escalera del séptimo piso y tomando prisioneros a algunos empleados de la Institución que no alcanzaron a arrancar.

Otro grupo de nacistas, a esa misma hora, se apoderó de la Casa Central de la Universidad de Chile, cerrando herméticamente las puertas del edificio y secuestrando en su interior al Rector, Sr. Juvenal Hernández, quien se encontraba trabajando en su despacho.

Estos actos revolucionarios, que eran manejados por radio desde una camioneta por don Jorge González von Marées, Jefe del Nacismo Chileno, provocaron de inmediato la alarma en el Gobierno y en la ciudadanía que con pavor presenciaba los asaltos. El ambiente de la calle era favorable al Ejecutivo pues se pensó que un nuevo golpe de fuerza, similar a los de la anarquía habida entre los años 1924 a 1932, venía a perturbar la tranquilidad nacional.

En el Palacio de la Moneda, a escasos metros del edificio del Seguro Obrero, desde donde se disparaba a los carabineros que trataban de recuperarlo, se reunieron con el Presidente Alessandri los Ministros de Estado, Jefes de las Fuerzas Armadas, el General Director de Cara bineros, Presidentes de ambas ramas del Congreso y muchos Parlamentarios y políticos adictos al Gobierno.

La incertidumbre que en todos reinaba en un comienzo, sobre los orígenes y proyecciones de tan sorpresivo movimiento, creó un nerviosismo cercano a la histeria colectiva. Cuando se conoció la inspiración nacista se presumió, de inmediato, la implicancia del General don Carlos Ibáñez y se supuso la participación de algunos regimientos, lo que podía llevar al país a un estado de franca revolución.

Las órdenes terminantes y nerviosas fueron reprimir a los sediciosos con energía implacable.

Antes de una hora llegaron a la Plaza de la Constitución efectivos del Regimiento Tacna. Hasta ese instante se ignoraba si acudían a reforzar la revolución o a defender el Poder constituído. Tanto así que los jóvenes nacistas, desde la torre del Seguro Obrero, lanzaron vítores de alegría dando por descontado que las conexiones con el Ejército, sobre las cuales se les había dado absoluta seguridad, empezaban a brindar el triunfo anhelado.

Sin embargo, ningún cuerpo armado adhirió a los revolucionarios y el Regimiento Tacna emplazó cureñas, tanto contra el edificio del Seguro Obrero como contra la Casa Universitaria, entrando estas últimas en acción para derribar la puerta principal lo que permitió a carabineros penetrar al interior de la Universidad-

Los jóvenes refugiados en la Gasa Central, luego de una breve resistencia que produjo la muerte de cuatro de sus compañeros, fueron tomados prisioneros y los veinticinco sobrevivientes, muchos de ellos heridos, fueron llevados al exterior con sus brazos en alto.

Se les hizo entrar por Morandé en dirección a la Prefectura de Investigaciones, más, cuando cruzaban Agustinas, llegó la orden de retroceder y de conducirlos al interior del edificio del Seguro Obrero cuyos primeros siete pisos ya estaban en poder de carabineros. La intensión,- según se desprende de las piezas de los procesos seguidos mas tarde,- parece haber sido colocar de vanguardia a los rendidos para subir a los pisos superiores evitando bajas dentro del personal de Carabineros e induciendo, a los nacistas arriba parapetados, a termi nar su resistencia.

Esto sucedía a las dos y media de la tarde.

Poco después llegó la notificación de que había plazo hasta las cuatro para que Carabineros terminara su misión y, en caso contrario actuaría el Ejército el cual, con sus baterías ya emplazadas, bombardearía los pisos superiores del edificio.

El ofuscamiento del momento, -mezclado con las órdenes permanentes y nerviosas de proceder con rapidez y energía y con el orgullo herido de tener que entregar la operación a las Fuerzas Armadas,- produjo reacciones irracionales entre los oficiales y tropas que actuaban dentro del recinto.

A las tres y media los nacistas, considerando la acción perdida, se rindieron y entregaron a los empleados y empleadas del Seguro Obrero que mantenían como rehenes, los que fueron encerrados por Carabineros en una oficina a fin de individualizarlos posteriormente, Luego empezaron a bajar hasta el sexto piso y, colocados en fila los 66 jóvenes nacistas ya rendidos, fueron cobardemente masacrados, Faltaban minutos para las cuatro de la tarde.

Sólo tres, gravemente heridos, refugiados bajo los cadáveres de sus compañeros, lograron hacerse pasar por muertos y mantenerse inmóviles, sin exhalar un quejido, hasta las nueve de la noche en que entraron algunos civiles al lugar de la tragedia, entre ellos el Diputado don Raúl Marín Balmaceda quien les salvó la vida.

Estos lamentables sucesos que ocasionaron la muerte de sesenta y siete nacistas (63 en el edificio del Seguro Obrero 4 la Casa Central de la Universidad de Chile) influyeron poderosamente en la política nacional y en el acto electoral próximo a verificarse en octubre.

El General Ibáñez se entregó ese mismo día a la Justicia y tras un breve sumario se comprobó su absoluta prescindencia en el intento revolucionario. Así y todo, renunció a su candidatura presidencial plegándose, con sus adherentes, a la postulación popular de don Pedro Aguirre Cerda la cual, desde los sucesos del 21 de mayo, empezaba a reflejar una violenta lucha contra el Gobierno. Esta oposición cre ció enormemente a partir de lo ocurrido en el Seguro Obrero, ya que sectores independientes le dispensaron su amparo moral.

Las investigaciones para establecer los hechos y las responsabilidades se iniciaron por el Parlamento y por la Justicia Ordinaria. A pesar de todas las suposiciones nunca se pudo establecer, a ciencia cierta, de donde emanó la orden de ultimar a los jóvenes rendidos. Los procesos, sustanciados con declaraciones de todos los participantes, sólo dan luz sobre la confusión, la histeria y el ofuscamiento colectivos de quienes tenían la obligación de actuar con serenidad. Jamás se supo si la orden fatídica salió de la Presidencia de la República, del General Director de Carabineros, de otro oficial superior o de un obcecado subalterno.

Una placa conmemorativa, -colocada al cumplirse un año de la tragedia, en el muro del edificio del Seguro Obrero donde hacen esquina las calles Morandé y Moneda,- recuerda a los nacistas inmolados y advierte a la ciudadanía los extremos desgraciados a que pueden llegar el fanatismo de quienes pretenden violar la Constitución y el descontrol de los llamados a resguardarla.

Bibliografía: Diarios: "La Hora", "El Mercurio".

Revistas: "Hoy", "Ercilla".
Sesiones del Congreso Nacional 1938-1939.


H.R.P./