Lecturas Araucanas/Prólogo

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Lecturas Araucanas
(narraciones, costumbres, cuentos, canciones, etc.) (1910)
Prólogo de Félix José de Augusta

PROLOGO Y ADVERTENCIAS PRELIMINARES.

I. OBJETO Y FIN DE LA OBRA.

La impresión de la presente obra se ha efectuado por orden y bajo la protección del M. R. P. Burcardo de Roettingen, Prefecto Apostólico de las Misiones Capuchinas de la Araucanía: habiendo sido el motivo primario para ello, poner en manos de los P. P. Misioneros unos Textos escritos en legítimo araucano, en los cuales pudieran encontrar, para el más fácil y correcto aprendizaje de dicho idioma, la aplicación práctica de las reglas de la gramática[1]).

Ciertamente poseemos ya para dicho objeto un interesante libro en los "Estudios Araucanos" por el Dr. Rodolfo Lenz; sin embargo cada libro trae algo de nuevo, y sería muy de nuestro gusto poseer muchas publicaciones semejantes para aclarar todas las oscuridades del idioma y darles su explicación gramatical. Además, como nuestras Lecturas no constan solamente de cuentos, sino que versan sobre muy variadas materias, presentan también un lenguaje especial y expresiones y giros particulares y nuevos.

Pocos hay quienes se toman el trabajo de penetrarse bien del idioma araucano, y es innegable que su aprendizaje no tiene utilidad práctica sino para los Misioneros y para aquellos comerciantes que quieren atraer una gran clientela de indígenas; sin embargo merece su conocimiento en alto grado la propagación entre los círculos científicos, no dejando entonces de conquistarse la admiración de los lingüistas, por su sencilla y lógica estructura, la riqueza de sus formas verbales, la precisión y claridad de dicción y la facilidad con que da expresión á todo modo de pensar y sentir. Era un profundo pensador, no un entusiasta iluso, quien dijo antiguamente[2]):..... La lengua de los araucanos, aunque lo es de bárbaros, no solamente no es bárbara, sino que aventaja á las demás lenguas así como los Andes sobresalen entre las demás montañas, de manera que á quien la posea le parecerá ver las demás como de lejos y bajo sus piés, conociendo claramente cuánto en aquellas hay de superfluo y cuánto les falta, y con cuánto derecho puede reconvenir á cualquiera que no sea araucano: „Si el idioma tuyo es bueno, el de los araucanos tiene la preferencia etc. etc.“

Aunque nuestro libro en primer lugar tiene el ya mencionado objeto, podemos aseverar con confianza que también bajo otro aspecto ofrece no poco de interesante y nuevo. Porque en él el mismo araucano da noticias sobre sus creencias y costumbres, sobre su carácter, sus inclinaciones y facultades mentales. Esta nación, hoy día tan despreciada por cierta clase de personas que desean y proponen el secuestro de sus bienes y hasta el exterminio de su raza, esta nación vive, piensa, ama, tiene sus leyes tradicionales, sus ideas religiosas, su culto, poesía, elocuencia, sus canciones, su música, sus artes, sus fiestas y juegos, su vida cívica, sus pasiones y virtudes. Aunque nuestra colección no alcanza ni de lejos á extenderse á todas sus costumbres, no dejará de convencer al lector despreocupado, de que el araucano no es el hombre brutal cual se muestra en las cantinas de la Frontera, donde de los pechos de la decantada civilización chupa el veneno mortal que destruye su raza. Al juzgar sobre el derecho de existencia se suele tomar como piedra de toque la cuestión: „¿De qué sirve el indio para el acrecentamiento de la riqueza nacional?“. Este criterio es enteramente falso. También los antiguos Germanos eran perezosos. ¿No yacían ellos sobre sus pieles de osos y bebían su aloja? Y ¿qué se ha hecho de ellos, no tanto por su propia iniciativa, sino principalmente mediante el poderoso influjo de la cultura romana? La respuesta es innecesaria. Pero ¿no se han empleado métodos científicos para estudiar las facultades mentales de los indios, y no ha sido el resultado que ellas son inferiores á las de los chilenos de raza española? No queremos hacer la crítica de estos métodos ni de sus aplicaciones prácticas: también sin aquellos métodos uno puede formarse opinión de las aptitudes de los araucanos; y la nuestra es que ellos tienen todas las disposiciones indispensables para el progreso de una nación en el sentido de la cultura y civilización. Hay que evitar los extremos y las exageraciones: ni una admiración excesiva, ni un desprecio infundado de este pueblo conducen á la realidad de los hechos. Encuéntrase entre los araucanos toda clase de caracteres, é individuos de aptitudes muy diversas; existen personas de talento sobresaliente y otras de muy poca capacidad; unos son laboriosos, otros perezosos; hay ladinos y engañadores, pero también no pocos que por lo recto de su proceder, lo despierto de su genio, la sencillez y pureza de sus costumbres se hacen acreedores á la estimación y cariño de todos.

La raza araucana pasa hoy por un período de transformación. Lo que nuestra obra refiere acerca de sus costumbres y supersticiones, dentro de poco ya no corresponderá á la realidad, ni se guardará memoria de ello; por eso hemos querido conservar estos detalles para la ciencia etnológica; al mismo tiempo creemos que por la lectura de estas páginas nadie se formará un juicio desfavorable de los indios de hoy día. Léanse p. e. los siete discursos referidos de memoria por el ciego José Francisco Coliñ (pg. 54), obsérvese cuántas composiciones poéticas y en prosa retiene la memoria de un Domingo Segundo Wenuñamko, de un Painemal Weitra ó Julian Weitra; tómese nota de la facilidad y el modo interesante con que discurren, el largo relato que hizo un niño de 16 años de lo que su madre le había encargado, dijera al Misionero (pg. 63); la prudencia con que Ignacio Coliñ tranquiliza á sus mocetones en un asunto delicado (pg. 60) y el viejo Weitrañamco convence á dos bandos contrarios para que hagan las paces entre sí: todas estas y muchas otras observaciones que pueden hacerse en este libro, producen la persuasión de que aquí no se trata de una raza estúpida ni degenerada.

II. ORÍGEN Y DIVISIÓN.

La idea de consultar á textos araucanos nos ha sido inspirada por la lectura de los citados „Estudios Araucanos“ del Dr. Lenz.

Una gran parte de nuestros textos la hemos recogido en Wapi, reducción marítima, situada unas cuatro leguas al sur de Bajo Imperial, y ya los teníamos reunidos cuando escribimos nuestra gramática, formando ellos, juntamente con la traducción de la Historia sagrada, la de los Evangelios dominicales y muchos apuntes cortos, el material que nos servía de base para la dicha gramática.

En el mes de Enero de 1909, cuando ya habíamos principiado á imprimir estos textos, hicimos un viaje á Panguipulli, donde aprovechando la inmensa popularidad del R. P. Sigifredo de Fraunhaeusl entre los indios de su Misión apuntamos en el corto espacio de diez días una gran cantidad de textos nuevos que sonde los mejores y más interesantes de nuestra colección. Desde luego se notará la superioridad intelectual de los indios de Panguipuili sobre los de la costa.

A petición nuestra, el R. P. Sigifredo continuó después nuestro trabajo y reunió á su vez cuentos, parlamentos y canciones en número tal y de tanta importancia, que hemos creído de nuestro deber asignar un lugar propio al trabajo de nuestro Hermano de Religión, y así en efecto lo hemos hecho, como puede verse en las páginas 274 y siguientes de esta obra. Es á la verdad admirable cómo el R. P. Sigifredo ha logrado sacudir el árbol de la producción poética de los indios de su Misión y hacer una cosecha tan copiosa. Nadie fuera de él, por cierto, habría alcanzado á introducirse tanto en la confianza de los indios. Como prueba, baste decir que cierta machi, no pudiendo reproducir sus canciones de otra manera, se sentaba en la mesa del Padre y se las cantaba y las repetía cantando, acompañándolas con las acostumbradas gesticulaciones y posturas del cuerpo, hasta que el Padre logró extender sus textos al papel.

En el verano pasado nos trasladamos por segunda vez á la Misión de Panguipuili y repasamos con algunos de los indios más entendidos los textos apuntados por el R. P. Sigifredo; nos aseguramos una traducción correcta de las frases oscuras, y aprovechamos la ocasión para hacer la impresión fonográfica de algunas canciones y de un trozo de un parlamento. Por eso podemos presentar el texto verdadero de algunas canciones, que los relatores habían dictado dando más bien el sentido que las palabras.

Respecto á la forma y el estilo de las piezas recogidas se presentan tales que ya en la boca popular ó por el compositor, si es un individuo solo, han recibido una forma determinada, como las canciones, parlamentos, las oraciones contenidas en los relatos de los nguillatunes; y otras, en las cuales la individualidad del relator ya ha ejercido influjo sobre la dicción, como en los cuentos, y finalmente aquellas que son producciones originales del relator, como los relatos de los nguillatunes. Y en esta última clase de composiciones hay que tomar en consideración la circunstancia de que sus compositores no hacían un borrador, que después hubiesen repasado, sino que las impro­visaban al dictarlas sin haber tenido de ordinario lugar para meditar previamente sobre la materia de que trataban; solamente teníamos que ayudar á veces con preguntas, para que el narrador diera de sí lo que sabía y nos hiciera las comunicaciones deseadas.

III. FONÉTICA, ORTOGRAFÍA.

Las vocales son: a, e, i, o, u, ù [3] y la media vocal ə.

El sonido de la ù se aprende sólo al oirlo: casi se parece algo al que produce una persona que está haciendo gárgaras sin tener agua dentro de la boca como por imitarlas. Sólo siguiendo la costumbre de las antiguas gramáticas la agregamos á la u; nosotros preferiríamos colocarla entre la e y la i.

La misma ù sirve también de consonante, y en este caso es expresada por el tipo de q, pero nó cuando inicia una palabra; v. g.: umaq, kuq, kaqe, kalqal, habiéndose escogido este tipo por su pronunciación parecida á una g mal pronunciada[4]. Cuando le sigue i, oyen muchos una r mal pronunciada, v. g. en ùi, ùiyəmn.

Muchas veces se trueca la vocal ù por la ə. Esta es muy parecida á la e muda francesa; á veces toma el sonido de una „œ“ muy corta, como en rəf, kəf, ləfn, otras veces suena como una „o“ corta p. e. en wən otras veces como u corta; p. e. en dəŋun, apəmn. En el posesivo mn (vuestro), ni entre dos consonantes finales de verbo, se expresa esta letra en la escritura; p. e. eln, fentenn, miawn, eŋn. Pero suprimirla del todo tendría el inconveniente de que muchas palabras se harían muy difíciles de leer; porque ¿cómo se sabría p. e. dónde hay que interponer una ə en las palabras laŋmñmaŋei, mtrmŋeiŋn, flmn?

Muchas voces que en Wapi se pronuncian con ə, en Panguipulli tienen ù; v. g. fotùm (=fotəm), kùfchi (=kəfchi); mas en algunas palabras, el cambio de esta letra constituye también un cambio de significado, p. e. pədí=es espeso, pero pùdí = se difundió, se propagó.

La pronunciación de las otras vocales no ofrece nada de particular.

Las consonantes son: ch, d, f (v), ŋ, k, l, l·, ll, m, n, n·, ñ, p, q, r, s, sh, t, tr, w, y.

La ch tiene sonido suave como en castellano; a ella se opone la letra compleja tr con un sonido parecido, pero muy fuerte.

La d tiene un sonido que varía entre la d castellana[5] y la th inglesa.

La f es sustituida en algunas comarcas por la v bilabial fricativa.

La ŋ es ng alemana; por falta de un tipo especial la expresamos por una ú ó ù inversa, y la mayúscula de la misma manera, es decir: Ŋ.

La letra k sustituye la c (cuando precede á una vocal llena), y la q (delante de las vocales débiles); v. g: ka, ke, ki, ko, ku, kù, kə.

Las letras y tienen la particularidad de que al pronunciarlas se asoma la punta de la lengua algo entre los dientes casi cerrados. Es muy difícil percibir la diferencia con la l y n, por lo cual no pueden evitarse equivocaciones.

Ll y ñ figuran también al final de sílabas después de una vocal; v. g.: , makuñ, pillañ, pùñmo, fill, chamall, ùllkun. Se pronuncian tocando el paladar con la parte media de la lengua. Oyese entonces una i muy corta antes de la ñ ó ll.

Sh es como j francesa.

Respecto de la letra t observamos que algunos escritores distinguen una t particular, cuyo sonido es producido apretando más detenidamente que de ordinario la lengua contra la alveola; por eso escriben, p. e.: fottəm, fentte.

Tr véase arriba en ch.

W pronúnciese siempre como una u corta, no acentuada[6].

Y desempeña siempre la función de consonante.

IV. ACENTO.

En nuestra gramática hemos establecido como regla fundamental de acentuación que las palabras terminadas en consonante ó diptongo son agudas, y las terminadas en vocal graves, regla que en la presente obra también hemos tomado por base de la acentuación, marcando con acento aquellas palabras que discrepan de ella[7]. Sin embargo siempre tropieza la acentuación con dos dificultades: la una es la falta del tipo ù y ə con acento en nuestra imprenta, la otra consiste en las diferencias dialécticas y cierta variabilidad que admite el idioma respecto al acento.

Los verbos compuestos tienen dos acentos, uno principal en el primer elemento de la combinación, y otro secundario en la terminación. Lo mismo sucede con las formas pasivas, en los que además hay que observar que cuando hay modificación de la raíz, el acento principal pasa á descansar sobre la partícula agregada. Mucho se facilitaría la lectura, si se separara del auxiliar ŋen la raíz verbal, como se ve en la siguiente serie:

Kùpai, kùpárkei, kùpali, kùpal ŋei, kùpalel ŋei; l·aŋəmi, l·aŋemel ŋei, l·aŋəmeñma ŋei; kintu ŋei, kintul ŋei, kintulel ŋei, kintuñma ŋei; kim ŋei, kimel ŋei.

Además de estos acentos prosódicos existe también el acento declamatorio ó enfático, que permite reforzar una sílaba fuera de las reglas de acentuación.

V. DIFERENCIAS DIALÉCTICAS.

Sentimos que nuestro oído no tenga la afinación suficiente para distinguir todas las diferencias fonéticas de los dialectos, como lo hizo el Dr. Lenz en sus „Estudios Araucanos“, y confesamos que ni las gramaticales se encuentran consignadas todas en nuestros apuntes, porque tuvimos que hacerlos con rapidez; lo mismo decimos respecto del trabajo del R. P. Sigifredo, quien se atuvo siempre á nuestra gramática. Pero al mismo tiempo creemos poder advertir que esas diferencias no son tan notables que lleguen á dificultar considerablemente la conversación entre las diversas tribus comarcana[8]. Entre las particularidades de la lengua que se habla en Panguipulli, hemos podido notarlas siguientes:

Allí el pronombre posesivo de 1a. persona de plural es yiñ (en lugar de ), forma que lógicamente figura en el verbo, y no dicen ellos amuáiñ, sino amoayiñ con el acento en la última sílaba[9]. Cheu y chem suenan chieu y chiem, dando á conocer que ambas palabras son combinaciones de la partícula chi, y de eu y em[10] respectivamente. El correlativo de cheu es meu, que será me (partícula de movimiento) y eu ó u. El em de chiem, tal vez no es otra cosa que la partícula em.

De las particularidades de las transiciones ya hemos dejado constancia en nuestra gramática. Hay que añadir sólo el uso de la interposición de e en el gerundio para formar la transición cuarta y tal vez quinta, y la elisión de la f de la partícula fu en formas como ŋùlamtukenfiñ en lugar de ŋùlamtukefuiñ, en que hay elisión de la partícula fi para evitar la cacofonía ŋùlamtukefufiñ, ó ayulaufiñ en lugar de ayùlafuiñ (= ayùlafufiñ).

Además se observan en el dialecto de Panguipulli no pocas raíces particulares, p. e. fəken pedir.

Interesante es el cambio de sonidos que ocurre al apropiarse el idioma araucano una raíz castellana; v. g.: El verbo „vender“ se ha trasformado en deŋden, el verbo „padecer“ se ha mudado en parecen, es decir, la „d“ se trocó en r.

VI. TRADUCCIÓN.

Observamos desde luego que mucho se habría podido expresar mejor, si nos hubiera sido posible dedicar más tiempo á nuestro trabajo, y que no ha sido nuestra intención ni pretensión presentar una traducción en castellano clásico y libre de todo defecto.

Traducciones, como las de que aquí se trata, para que presten algunos servicios de positiva utilidad á los estudios lingüísticos, en nuestra opinión deberían ser absolutamente literales, palabra por palabra; sin embargo muchas veces nos liemos alejado de este sistema, porque no quisimos hacer demasiado desabrida la lectura de nuestros textos para aquellos que han de fijarse más bien en el pensamiento que en la forma lingüística. Y además hemos cedido á menudo á las insistencias de nuestros colaboradores castellanos, cuando en ciertos casos nos declaraban que la traducción literal no daba sentido en castellano ó que no se entendía bien. A veces hemos añadido algunas palabras en la traducción para completar el sentido, son las que se encuentran incluidas entre paréntesis ó impresas con letra bastardilla.

Como en el araucano se repiten con frecuencia los nombres en la oración, cosa, que es genuina de este idioma, pero que fastidia en un texto castellano, nos hemos servido en la traducción del pronombre correspondiente. La frase fei meu, que se repite hasta el fastidio la hemos á veces dejado sin traducción. Las partículas de movimiento me, pa, pu las hemos traducido muchas veces por adverbios; p. e.: ŋillamen, fuí á comprar, compré allí, ŋillapan vine y compré, vine á comprar, compré aquí.

Algunas equivocaciones en la traducción se hallan corregidas en el índice de erratas, p. e. pg. 116 hemos traducido traŋiren por „procelaria“, pero es el albatrós.

Por fin hemos de pagar una deuda de gratitud á nuestros generosos colaboradores, que en beneficio de la ciencia han revisado nuestras traducciones y todo texto castellano; son el Ilmo. Sr. Don Augusto Klinke, Obispo de Proconeso, el Sr. Director de la Escuela normal en Valdivia, Don José Muñoz Hermosilla y los presbíteros Don José Brahm y Don Leoncio Salas Laso.

Les rendimos, pues, nuestras más sentidas gracias.
Valdivia, Junio de 1910.
FRAY FÉLIX JOSÉ DE AUGUSTA
Misionero Apostólico Capuchino.
———O———

  1. Por eso hemos admitido también en nuestra colección unas composiciones desprovistas de todo valor literario, y que han de servir únicamente para aquellos que aprendan el idioma; y otras sólo han de demostrar el lujo de expresiones verbales de que dispone éste mismo.
  2. P. Bernardo Havestadt S. J, en el prólogo de su gramática.
  3. En nuestra gramática: ü. La majúscula es Ú; la razón es que nuestra imprenta carece del tipo U con acento grave.
  4. Lo confirmamos, pero solamente para el caso en que la letra figura entre dos vocales, como en kaqe; también en kalqal.
  5. pero no la d de Baviera, que es casi t.
  6. En esta obra hemos hecho más uso de la w que en las precedentes; p. e. ya no escribimos miaun, sino miawn, por ser palabra terminada en dos consonantes, entre las cuales se percibe claramente la e muda (ə).—La partícula de transición refleja no es simplemente u, como aparece en las gramáticas, sino de ordinario uw; v. g.: wəluwn (entregarse), que ha de pronunciarse de la misma manera que miawn.
  7. En las primeras páginas no nos hemos atenido completamente á este modo, pues debemos notar que la obra se ha impreso lentamente, y entretanto íbamos haciendo nuevas observaciones sobre las dificultades que para leer el araucano se ofrecen á los principiantes.
  8. Hacia Osorno se hace la diferencia más grande y los de Wapi me aseguran que casi no entienden el habla de los indios osorninos.
  9. En nuestro libro hemos seguido ya esta práctica, ya la otra.
  10. Compárese: chi-em = ¿qué cosa? y tu-chi = ¿qué tal?