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La teoría de la relatividad de Einstein.

perfeccionar hasta hacer de él un instrumento de precisión capaz de inauditas verificaciones.

En la investigación del influjo que el movimiento de la Tierra pueda tener sobre la velocidad de la luz (IV, 9, pág. 151) se ha visto que el tiempo que necesita un rayo luminoso para recorrer de ida y vuelta una distancia l, paralela a la trayectoria terrestre, difiere sólo por una magnitud del segundo orden del valor que tendría estando la Tierra inmóvil; allí encontramos antes para el tiempo ése la expresión siguiente:

,

que puede escribirse también:

.

Si se pudiera medir ese tiempo con exactitud tal que hubiera la certeza de distinguir la fracción de 1, a pesar del pequeñísimo valor de β2, ése seria un medio para demostrar el viento de éter.

fig105

Pero los tiempos luminosos en sí no pueden medirse con tamaña exactitud; los métodos interferométricos no dan sino diferencias de los tiempos que necesita la luz en diferentes caminos, con aquella enorme exactitud que es necesaria para el fin propuesto.

Por eso Michelson hace que un segundo rayo luminoso recorra de ida y vuelta un camino AB de la misma longitud l, pero perpendicular a la trayectoria terrestre (fig. 105). Mientras la luz va de A a B, la Tierra se ha movido un poquito hacia adelante, de suerte que el punto B ocupa ahora el lugar B' del éter; el verdadero camino