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La teoría de la relatividad de Einstein.

el número de vibraciones (efecto de Doppler) y sobre la dirección (aberración); pero no sobre la velocidad de la luz (experimentos de Arago, página 152, y Hoek, página 153). Ultimamente ha demostrado De Sitter (1913), por medio de una detenida investigación, que la velocidad de la luz procedente de las estrellas fijas es independiente del movimiento de esas estrellas.

Hemos citado esa teoría, a pesar de su fracaso, porque acentúa un pensamiento que es importante para la inteligencia de la teoría de la relatividad; es a saber, el hecho de que todos los procesos observables están siempre adheridos a la materia. El campo en el éter es una ficción, inventada para describir con la mayor posible sencillez las dependencias espaciales y temporales de los procesos en los cuerpos. Habremos de volver más tarde sobre esta concepción.

Ahora nos fijaremos de nuevo en la teoría electrónica de Lorentz, la cual evidentemente veíase puesta en apuradísima situación por el experimento de Michelson. La teoría del éter inmóvil parece exigir indudablemente la existencia del viento de éter en la Tierra y se encuentra, por tanto, en radical oposición al resultado del experimento de Michelson. Si al punto no se deshizo y se vino abajo, es una prueba de su solidez que descansa en la uniformidad e integridad de su imagen física del universo.

Finalmente, logró dominar también esta última dificultad, hasta cierto punto, por medio de una hipótesis muy extraña, que propuso Fitz Gerald (1892) y que Lorentz admitió al punto y elaboró.

Recordemos las reflexiones que constituyen el fundamento del experimento de Michelson. Allí vimos que el tiempo que un rayo necesita para recorrer de ida y vuelta un camino l es diferente, según que este camino sea paralelo o perpendicular al movimiento de la Tierra; y el valor es en el primer caso: