Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXXIV (1844).djvu/275

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SESION EN 16 DE AGOSTO DE 1844

tamente a la época en que nos encontramos i a la humanidad, hemos visto caer grandes hombres, grandes notabilidades; hemos visto caer un Portales, i sin embargo, se ha encontrado quien le subrogue. Yo me cuento en el número de los mas fieles amigos del señor Ministro, pero no lo creo de ninguna manera necesario ¿no lloraron la caida de Portales como el último dia del pensamiento para la administracion; como el último dia de su vida? ¿Qué resultó? Todo lo contrario: la vimos mas bien rejenerarse. ¿I por qué no creer que habrá otro hombre que pueda subrogar al señor Ministro cuando mas no sea que tributando a la Divina Providencia ese atributo de confianza ¿por qué pensar que en Chile no haya otro hombre que pueda desempeñar ese Ministerio?

Vuelvo a mi idea, o mas bien, la refrescaré, para que no se crea que he salido de mi asunto. Creo mui conveniente hacer uso de la facultad que la lei concede al cuerpo lejislativo para negar los gastos de este Departamento; porque en las actuales circunstancias esta medida, sino fuese útil, en nada perjudicaría, por lo ménos al Gobierno.

Yo veo, señor, que yo soi aquí único hombre que estoi haciendo un papel, que a no ser sostenido por este vigor de mi carácter, seria evidentemente ridículo, i digo vigor, señor, porque a la verdad lo es el alzar la voz, cuando no me encuentro apoyado por ningno. Acaba la Cámara de desechar una indicacion que importaba nada ménos que decir al Gobierno; señor, ocúpese en esto, ya que en nada se piensa. Se han concedido 16,000 pesos para gastos ociosos, i se han negado 4,000 para la necesidad mas importante, mas moral; bueno señor, para concluir, porque ya lo he dicho, estoi enfermo; creo conveniente que la Cámara manifieste al Gobierno la necesidad de que no continúe por mas tiempo sin un Ministro de Hacienda, negándole por ahora las cantidades que le pide para los gastos de este departamento.

El señor Ministro del Interior. —Me cuesta un verdadero esfuerzo señor, al encargarme de contestar, aunque mui lijeramente, el discurso que la Cámara acaba de oir. Cuando se empezó a pronunciar, me habia propuesto guardar silencio, pero despues talvez lijeramente, he pedido la palabra, i ya me hallo en el caso de decir algo, aunque sea pinoso para mí.

No voi ha sostener la partida en discusion, ni tampoco las demás que contiene el presupuesto de los gastos del Ministerio de Hacienda para el año venidero de 1845, porque a ninguno en partirular se ha contraido el señor Diputado preopinante; i digo que no voi a contraerme a sostener ninguna de esas partidas, por creerlo absoluta mente supérfluo; pues seria por cierto bien curioso que una de las Cámaras, o las dos si se quiere, dijeran: no concurrimos con los fondos precisos para los gastos de uno de los departamentos del despacho. Esta seria una ocurrencia peregrina, una ocurrencia graciosa, pues en verdad, no puede calificarse de otro modo.

Una desgracia, señor, una calamidad pública ha dado cimiento al discurso del señor Diputado que acaba de hablar a saber, la enfermedad de uno de los hombres mas útiles que indisputablemente posee el pais. La enfermedad del señor Renjifo, prolongada mucho mas tiempo de lo que en los principios se habia creido, ha hecho que trascurran seis meses sin que en el Ministerio de Hacienda hayan podido hacerse las cosas que el señor Renjifo habria hecho. Siendo encargado el que habla de ese departamento en circunstancias de hallarse sobre manera ocupado en los otros dos que se hallaban a su cargo, sólo ha podido atender al despacho de lo mas necesario i urjente, como ha dicho el señor Diputado, o de lo trivial, si se quiere, aunque ningun negocio de los de mas importancia que hayan ocurrido en ese departamento ha quedado rezagado para despues; o por lo ménos se ha despachado la gran mayoría de ellos, todos los que ha sido posible.

Yo no sé cuál es el espíritu del señor Diputado preopinante, al hacer al Gobierno no solamente en esta ocasion sino mui a menudo, cargos vagos, cargos que no se comprenden, que no se expresan, porque decir: el Gobierno no promueve los mejores materiales del pais, el Gobierno no desarrolla grandes planes que tanto se anhelan, sin indicar los que son, decir esto i cosas semejantes, es espresarse en términos que a nada conducen, es espresarse en términos vagos por demás.

Lo que debia hacerse para que fuesen fundados los cargos ante el público i la Cámara, lo digo ya para que ésta desechase todas las partidas de un presupuesto, sino paia que la crítica fuese justa, seria decir: hai tal medida notoriamente útil a los intereses de la República, i el Gobierno teniendo los medios suficientes para llevarla a cabo no lo hace. Este es el medio de acusar al Gobierno, de hacerle cargos, sea por la prensa o bien en estos asientos. Todo lo demás no son mas que declamaciones que hacen perder el tiempo, i creo que el discurso que acaba de pronunciarse, no tiene otro objeto.

Una sola alusion se ha hecho, i yo quisiera, señor, que siempre se hicieran semejantes alusiones, porque se pueden contestar i porque el público pueda formarse un juicio exacto de ellas; i esta es la que ha visto la Cámara al fin del discurso que se ba pronunciado relativo a caminos, sobre lo cual ya en otra ocasion se ha hablado de talladamente en la Sala.

Todo lo demás ¿a qué conduce? Se dice que el Gobierno no tiene amigos. Si el Gobierno los tiene o no los veremos en un caso en que necesite de ellos; entónces podremos decir si los tiene o le falta, yo i reo que los tiene, señor, siendo el primero de ellos la sensatez del pueblo chileno que aprobando el actual sistema admi