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SESION EN 7 DE OCTUBRE DE 1844

haber reaparecido con todo su vigor aquella temible epidemia.

El Gobierno lamenta cordialmente la desgracia que pesa sobre aquellos pueblos, i no desconoce las desventajas que ella produce a nuestro comercio, pero no puede prescindir de la grave obligacion que le incumbe de precaver a la República por todos los medios que la lei le suministra, de un mal de tanta magnitud i consecuencia. No es posible que consideraciones de un interes parcial le hagan apartarse de su deber gravando su responsabilidad; basta que circunstancias mas felices alejen todo temor i hagan posible la suspension de esta medida rigorosa en verdad, pero necesaria.

Continuando la revista jeneral a todas las provincias, que hago de los diversos ramos de la administracion de mi cargo, deberé tratar ahora de los establecimientos de beneficencia. Pero ántes de daros noticias de su estado actual no podré pasar en silencio las providencias de este jénero que ha tomado el Gobierno independientemente del arreglo o mejora de los asilos de piedad que poseemos. Quiero referirme a las que hicieron necesarias dos acontecimientos imprevistos de gran cuenta, tales como el aparecimiento en nuestras playas de una numerosa inmigracion procedente de la Oceanía, i el desastroso incendio ocurrido en una porcion considerable de la ciudad de Ancud el 14 de Erero próximo pasado.

Con relacion al primero, no vaciló el Gobierno en dictar las medidas convenientes para proveer a la subsistencia de los inmigrados miéntras permanecieron sin ocupacion, tanto porque así lo exijia la hospitalidad que era razon prestarles, cuanto porque es en gran manera útil al pais la adquisicion de artesanos intelijentes i de personas laboriosas que sólo han menester elementos para ejercitar su industria de una manera útil. Con respecto al segundo de estos sucesos, que trajo la miseria i un sinnúmero de calamidades a mas de cien familias desvalidas, obrando un verdadero atraso en un pueblo naciente i lleno de esperanzas, el Gobierno no pudo ménos que dar una muestra del sentimiento que le causó tamaña desventura, satisfaciendo en cuanto pudo las exijencias del Intendente de Chiloé i seguramente los esfuerzos que este infatigable i celoso funcionario hacia por amparar a los infelices habitantes de la primera ciudad de su provincia, que habian sufrido los desastres del incendio.

Al efecto se libro una circular ordenando a los intendentes de las demas provincias que promovieran entre los demas vecinos una erogacion piadosa en favor de aquéllos, i otra a los reverendos obispos de la República para que cooperasen al mismo fin, usando de los medios que para su consecucion les suministra su sagrado ministerio. Tambien se mandó entregar cen el mismo objeto la cantidad de 10,000 pesos de las arcas nacionales i espidieron todas las órdenes necesarias a la administracion i distribucion de esta suma i de las que produjera la suscricion mandada formar.

Con estas resoluciones, que ya han principiado a producir el efecto deseado, i contando por otra parte con la actividad del Intendente de Chiloé que tan decididamente se ha consagrado a remediar los funestos efectos de aquella calamidad, puedo aseguraros, sin temor de equivocacion,. que en este momento estarán ya reparadas considerablemente tales desgracias.

El Gobierno continúa promoviendo i acojiendo con todo el interes que le inspiran los proyectos i acuerdos de las Municipalidades que tienen por objeto la creacion o el fomento de los establecimientos de beneficencia, porque está persuadido de que es importantísimo en nuestras circunstancias actuales favorecer este movimiento benéfico para hacerlo provechoso al pais.

Los hospitales de caridad de Valparaiso, Serena i Talca, que son las principales que existen en la República, sin contar los de las capitales, siguen correspondiendo con regularidad a los piadosos fines de su instituto, sin embargo de que el de Talca ha tenido que distraer una buena porcion de sus fondos para la reparacion de una parte de sus edificios que estaba ruinosa. Los hospitales de Santiago en jeneral se hallan en buen estado, mediante el filantrópico empeño de los ciudadanos encargados de su direccion, pero el de San Juan de Dios, a pesar de sus recursos, no ha bastado a veces a prestar cómodo amparo a los enfermos que ha admitido, porque el local no corresponde a la concurrencia numerosa que ha habido i que cada dia va en aumento.

Ya otra vez os he hablado de este mal con motivo de indicaros las poderosas razones que movieron el ánimo del Gobierno a considerar de nuevo i con mas detencion el espediente que se habia tomado de construir un hospital jeneral con mas capacidad que la que tienen todos los que posee esta ciudad, con el objeto de proveer mas cumplidamente a las necesidades de la poblacion. Al fin todos los datos que se han tomado para apreciar debidamente las reflexiones que la junta directiva de hospitales emitió sobre el desfalco injente i difícil de llenar que ocasionaria en los fondos respectivos el crecido gasto que se necesitaría hacer para llevar adelante aquel arbitrio, han dispuesto al Gobierno a adoptar otro medio, que la misma junta indicó, el cual puede mui bien bastar a la satisfaccion de las necesidades actuales hasta que el estado de los fondos permita realizar una reforma mas completa, tal es el de construir desde luego algunas salas mas en el hospital de San Juan de Dios, así como tambien en el de San Francisco de Borja, para atender mayor número de enfermos i colocar con comodidad a los in