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CÁMARA DE DIPUTADOS

la estadística será la luz que guie al Lejislador, al Ministro i al Diplomático.

En efecto, si no se conoce el territorio en su estado natural ¿cómo podrian aprovecharse los medios que ofrezca para su seguridad i desenvolverse los elementos de riqueza i prosperidad jeneral que encierre? Si se ignora la clase, cantidad i valor de sus producciones ¿cómo podrá fomentarse la industria i dirijirse el comercio esterior? Si no se sabe el número y relaciones de la poblacion ¿cómo podrá establecerse un sistema tribuiario justo i equitativo?... Sin los preciosos datos que la estadística suministra, todas las disposiciones administrativas están espuestas a adolecer de vicios que las hagan perjudicales o inobservables; así es que los Gobiernos de las naciones mas ilustradas i poderosas, han empleado todo su conato en el cultivo de esta ciencia hasta elevarla al estado de perfeccion en que se encuentra.

Continuamente se ofrecen al Gobierno motivos para lamentar su falta, i en el día pende de la administracion de ciertos datos de este jénero la formacion de diversos proyectos de lei que, aunque sen de suma importancia i urjercia, no se determina a proponerlos porque juzgaria aventurado el resultado miéntras no esté en posesion de los antecedentes que deben servirle de base. Entre éstos hasta cierto punto figura el que ha de considerarse como tercera parte de la lei del réjimen interior, relativo a la policía en todos sus ramos, cuya necesidad es tan manifiesta, especialmente por lo que respecta a la seguridad, tan descuidada en nuestros campos.

El Gobierno está persuadido de que los motivos de notoria conveniencia y necesidad pública que le movieron a proponer la citada lei de 9 de Julio, obrarán tambien en el ilustrado ánimo de los representantes de la nacion; i en este justo concepto no puedo dejar de recomendaros su propia sancion.

Terminaré esta esposicion indicándoos que al hacerla, no sólo he tenido presente el deber que me impone la Constitucion, sino tambien la esperanza de que ella os sirva de algún ausilio en vuestros interesantes trabajos. No se acompaña el presupuesto de los gastos que se han de hacer en el año venidero por el Ministerio del Interior, porque habiéndolo presentado a la deliberacion del Congreso con la oportunidad con veniente, estaria de mas reproducirlo en este documento.

Santiago, Setiembre 9 de 1844. —R. L. Irarrázaval.


Núm. 227

Soberano señor:

Dolores Novajas, viuda de don José Manuel Miranda, oficial primero del departamento de cuenta i razón de la Aduana de Valparaiso, a V. S. respetuosamente espongo: que el dia 22 de Setiembre próximo pasado falleció mi ya citado esposo en esta ciudad, dejando en ella a una desdichada mujer con cinco hijos menores sumidos en la mas desesperante i mísera orfandad.

La peor i mas eminente desgracia que en las vicisitudes de esta triste vida puede recibir una familia pobre i sin recursos, es ciertamente la falta súbita i perpetua del padre que la sostiene, i cuando esta subsistencia sólo emanaba del producto único de esta renta, el golpe es tan irreparable, que no puede haber en la naturaleza humara un sér de bastante filosofía que pueda se portar su peso. Yo, Soberano señor, me encuentro hoi en el precedente caso, cercada de cinco tiernos hijos, sin el mas pequeño recurso para alimentarlos siquiera, pues no digo educarlos, porque esto, por ser mas secundario, aun por mas remoto lo miro. Cuando estas pobres victimas de un hado infeliz se agrupen al lado de su madre pidiéndole el pan que ya no tienen, ¿qué podré contestarles? ¿Acaso las débiles e ineficaces fuerzas de una pobre mujer son bastantes para procurarse el alimento para ella i sus hijos? Quizas en el estado de una condicion mas humillante podria mui bien adquirirlo mediante el vergenzoso recurso de una pública mendicidad; mas, la clase de vergonzante no es posible sin violar las leyes eternas que rijen a las sociedades.

Un solo recurso, pues, me queda para evitar el mas fatal golpe, cual es el de la desesperacion, i este recurso no es otro que el de prosternarse ante la manificencia de los padres de la patria, suplicando una gracia, una gracia sí, que haga ménos amargos los pocos días que podré existir sobre la tierra sin la compañía de mi caro esposo. Sí, Soberano señor, a vuestra sabiduría i a la eminente justicia que os caracteriza, es una emanacion de aquella, tócale enjugar las lágrimas de una familia rodeada por todas partes de todos los tormentos morales que amenazan su destruccion. Al efecto, juzgo oportuno adjuntar, como lo hago, la hoja de servicios de mi finado esposo, para que, segun el mérito de ella i las notas de sus jefes respectivos que la suscriben, os impongais de la larga carrera de servicios que mi citado marido prestó a su patria como empleado civil. El fué uno de los pocos empleados que en aquellos pasados i vergonzosos tiempos de desmoralizacion pudo conservarse ileso de de toda mancha i fraudulencia, porque sabia mirar como sagrados los intereses fiscales que estuviesen a su cuidado. Si esta noble i honrosa conducta que no todos observaron, puede ser de algun peso para vuestra deliberacion en el voto de gracia que imploro hoi de vuestra soberanía, sirva también de añadidura el infausto estado en que me hallo, estado que me obliga a suplícalos dolorida no me dejéis sin el consuelo que me es