Primeros auxilios en los casos de accidentes é indisposiciones repentinas

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Primeros auxilios en los casos de accidentes é indisposiciones repentinas (1909) de Cecilia Grierson
Digitalizado por Biblioteca Feminaria.
Introducción








Primeros Auxilios

en los
casos de accidentes

é indisposiciones repentinas.








PRIMEROS AUXILIOS
EN LOS CASOS DE ACCIDENTES







impresor: ADOLFO GRAU
Moreno 960




PRIMEROS AUXILIOS
EN LOS CASOS DE ACCIDENTES
Y
PREVENCIÓN CONTRA LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS


Compilado y Publicado en Castellano por la
Profesora Normal y Primera Médica Argentina
Fundadora
y Presidenta honoraria de la Sociedad Argentina Primeros Auxilios
Fundadora de la Escuela de Enfermeras y Masagistas
de Buenos Aires,
del Consejo Nacional de Mujeres,
de la Escuela Técnica del Hogar, etc.




Cuarta Edición Argentina



1909
LAS CIENCIAS
Libreria y Casa Editora de Nicolás Marana
646—AVENIDA DE MAYO—646
buenos aires





INTRODUCCIÓN

El 15 de Abril de 1892, conseguí fundar en Buenos Aires, la «Sociedad Argentina Primeros Auxilios», cuyo objeto es hacer propaganda sobre la manera de prestar primeros auxilios en casos de accidentes, heridas é indisposiciones súbitas, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, y fomentar que se apliquen desinteresadamente estos conocimientos, siempre que se presente la ocasión.

Esta instrucción tiene por objeto dar nociones de higiene para prevenir enfermedades y accidentes; á más enseña lo que debe hacerse hasta la llegada del médico ó servir de guía á los legos en medicina que están alejados de todo socorro médico, enseñándoles á no recurrir al curanderismo, sino valerse de las leyes de la naturaleza y usar medios sencillos y mecánicos con los cuales podrán evitar la agravación de un accidente ó enfermedad y aún contrarrestar la muerte que produciría una hemorragia, un síncope, la asfixia, etc., que no fuera debidamente atendido.

¡Cuántos corazones generosos se abstienen de auxiliar desinteresadamente á sus semejantes por la falta de conocimientos necesarios que da energía y valor para proceder en casos de urgencia que se presentan en la vida diaria, dentro y fuera del hogar, permitiéndoles hacer la caridad sin dinero y manifestar así, sus más nobles sentimientos, haciendo un bien moral y material, simplemente con inteligencia y voluntad. Así, el más pobre en bienes materiales puede con estos conocimientos dar lo que con todas las riquezas del mundo no se puede comprar: la vida y la salud!

¡Cuántos también, sin saber, han hecho males irreparables por ignorancia de estos sencillos conocimientos, que deben aprenderse en seguida y no esperar el momento en que los necesitarán con urgencia, porque entonces será demasiado tarde para aprenderlos y aplicarlos!

Más indispensables aún son estos conocimientos en tiempo de calamidad pública ó sobre el campo de batalla, debiendo ser hoy día, la enseñanza sobre la manera de prestar primeros auxilios, la base de la organización médica de campaña.

Estas nociones deben ser inculcadas á cada uno de los militares, teniendo en su bagaje los elementos necesarios para atender en el momento de la batalla á sí mismos ó á su compañero caído, y luego terminado el combate, saber servir de camillero, con ayuda del cuerpo especial de las ambulancias ó de los hospitales de campaña.

Esta innovación ya ha dado sus frutos desde la guerra chino-japonesa, en que el Japón á la par de la excelente instrucción militar, cada soldado y marino sabía perfectamente prestar primeros auxilios en casos de heridas, y así, es como se explica que la Cruz Roja Japonesa haya podido atender eficazmente á todos los heridos y enfermos de aquella guerra, y la ruso-japonesa, puesto que cada soldado era un elemento inteligente y útil.

Hoy día ha cambiado completamente la táctica militar, y hay necesariamente que cambiar las bases del Servicio de Sanidad en campaña; porque alcanzando las balas de fusil á 1.800 metros y las de cañón á 5.000 y aún más, es necesario suprimir los puestos de socorros y colocar las ambulancias fuera del alcance de los proyectiles, es decir, á distancias de 5 á 6 kilómetros y los hospitales de campaña de 8 á 10 kilómetros.

Así, en la guerra greco-turca, se ha comprobado que es completamente erróneo colocar la asistencia médica más cerca, porque es sacrificar inútilmente los médicos, enfermeros y camilleros, que son destruídos antes de poder prestar sus servicios, como sucedió en la batalla cerca de Farsalia; necesitando un valor sobrehumano para esperar impasible el éxito de la batalla ó su problemática salvación para recién ser útil; porque durante durante la batalla los médicos, enfermeros ó camilleros no tienen papel alguno; tanto que estos últimos les hacen servir como soldados durante la batalla, utilizando éstos y los músicos después como camilleros; porque con las distancias tan grandes entre la línea de fuego y las ambulancias, se necesita un ejército de camilleros para efectuar el transporte á pie, calculado en una hora de tiempo por cada 1.500 metros.

Así, ya que los elementos médicos son utilizados en la táctica militar, deben aquéllos hacer la recíproca y preparar á todos para que puedan socorrerse á sí mismos ó á su compañero caído durante la batalla y luego servirle de camillero á la terminación del combate. Simultáneamente con la táctica militar debe enseñarse la táctica médica moderna, consistiendo principalmente en adquirir nociones sobre la manera de prestar primeros auxilios en casos de accidentes, como está decretado en nuestro país para oficiales, clases, soldados, etc. Porque el combatiente está más desamparado hoy día que antes, de toda asistencia médica y está librado á sus propios esfuerzos y conocimientos; puesto que en la línea de fuego, en vez de ser socorrido por el antiguo «servicio regimentario», está hoy en manos exclusivas de cada soldado.

Esmarch dice: «Lo mismo sucede en la vida ordinaria. ¡Cuántos desgraciados mueren todos los años de una manera verdaderamente deplorable, que con ayuda de prontos socorros hubieran podido salvarse, y nadie estuvo allí para ofrecérselos!

¿No es, en efecto, terrible encontrarse en presencia de un accidente grave, ver la sangre derramarse á borbotones por la abertura de una herida, aproximarse la muerte á cada borbotón que salta, y no saber lo que hay que hacer para apartar aquel peligro inminente?

Toda persona de corazón, experimenta el deseo de asistir á su semejante en caso de accidente; pero la mayor parte retroceden ante la necesidad de poner ellos mismos manos á la obra, porque temen obrar contrariamente á las indicaciones del momento, y porque ignoran si su intervención activa haría más daño que beneficio».

Por esto, cada persona debe poseer estos conocimientos y cada centro de la Cruz Roja no tiene otro papel que preparar á los ciudadanos en estos conocimientos para el momento oportuno.

Cada miembro de la «Sociedad Argentina de Primeros Auxilios», debe esforzarse en hacer propaganda y los médicos prestarse á esparcir esta instrucción popular, dando cursos teórico- prácticos en diversos centros, aún á un corto número de oyentes que podrían ser socios activos previo examen de la asociación. Estos deben empeñarse, á su vez, en ser útiles á la humanidad, sabiendo prestar primeros auxilios bien y rápidamente y como socios llevar, como hacen los de la «Samaritana» de Alemania, prendas de vestir, útiles para desempeñar un primer auxilio (fajas, tiradores, ligas y cinturones elásticos, pañuelos de Esmarch, con láminas de vendajes, etc.). Luego comunicar á su centro respectivo los auxilios realizados para honor y gloria de la «Sociedad Argentina Primeros Auxilios», y todos pueden agregar su grano de arena á la benéfica obra, haciéndose socios protectores, perpetuos, etc., para ayudar á esparcir esta instrucción en todo el país.

Desde la fundación de la Sociedad Argentina Primeros Auxilios ha progresado mucho, á fuerza de trabajo y perseverancia de los miembros de las diversas Comisiones directivas que se han renovado año á año, y desde la fundación se notó la necesidad de tener un texto de instrucción escrito en lenguaje claro y sencillo para los legos en medicina.

El primer texto que publiqué, fué una traducción de Esmarch, que dí para aumentar los fondos de la Sociedad Argentina Primeros Auxilios. Esta edición se agotó en año y medio, como también la segunda que aumenté y modifiqué totalmente para adaptarlo mejor á las necesidades médicas modernas y amoldarlo á las costumbres de nuestro país. Luego, á mi ida á Europa, autoricé nuevamente á la Sociedad Argentina Primeros Auxilios para que publicara una tercera edición á su beneficio; edición que hoy está completamente agotada. También, hace tiempo, autoricé á la Cruz Roja Argentina publicara un millar de sus «Anales», prestándoles los «clichés» para esparcir los conocimientos entre los asociados; luego muchos periódicos han publicado capítulos de esta obrita, de la cual se han esparcido 10.000 ejemplares que suman las tres ediciones, lo cual es sorprendente en nuestro país, en que poco se lee y donde se está habituado á hacer la beneficiencia á fuerza de dinero, sin preocuparse de prepararse para prestar su contingente de trabajo personal.

Pero, el dato anterior agregado á que ya la Sociedad Argentina Primeros Auxilios cuenta á la fecha casi mil socios activos, muestra que hay un grupo de personas del habla español que están dispuestas á aprender, perseverar y aplicar sus fuerzas á algo muy útil, práctico y humanitario. También me cabe la satisfacción de ver esta instrucción incluída en todos los programas de educación de nuestro país; de que haya entrado en el lenguaje de la prensa diaria y que esta propaganda haya despertado la formación de varios centros que cooperan moral y materialmente á la realización de los fines de la «Sociedad Argentina Primeros Auxilios», cuya medalla de idoneidad es reconocida por las autoridades de la Capital y de muchas provincias de la República Argentina. Centros oficiales como la Asistencia Pública de Buenos Aires, encomendó la organización á la fundadora de la Sociedad y muchos otros centros se han provisto de los medios más modernos para realizar los primeros auxilios y efectuar una primera cura.

La actual obrita es una recopilación de lo más moderno y mejor escrito, sobre manera de prestar primeros auxilios y hemos seguido á Esmarch en la distribución de las conferencias.

Comprende nociones de anatomía y fisiología, para poder entender sus aplicaciones y las nociones de higiene aplicables, tanto á los enfermos como á los sanos, y por lo tanto : manera de precaverse de enfermedades y accidentes; manera de prestarle los primeros auxilios cuando suceden; salvatajes; cura de heridos, etc., y por fin, cuidado racional de los enfermos después de hacer su transporte inteligentemente.

Espero que esta obrita siga despertando el deseo de poseer estos conocimientos que son tan necesarios en la vida diaria y que todos lleguen al convencimiento que es deber de humanidad [1] y ciencia el poseer esta instrucción, con la cual podrán hacer tanto bien; porque hay que llegar al convencimiento que más vale los conocimientos sobre la manera de prestar primeros auxilios que todos los medios materiales, sin estos conocimientos y ejercitarlos en la vida diaria; así, estarán siempre prontos para cualquiera calamidad pública en que se podrá ejecutar personalmente ó dirigir la manera de prestar primeros auxilios.

Enero de 1909



Manera de hacer la enseñanza de Primeros Auxilios

Las conferencias deben ser sencillas, comprensibles y prácticas; sólo deben darse nociones elementales y útiles para prestar primeros auxilios en casos de accidentes. Así, sólo se enseñará la anatomía, teniendo en vista sus aplicaciones; los huesos, para auxiliar un fracturado; las arterias, para impedir una hemorragia; la respiración para socorrer un asfixiado, etc. Los envenenamientos se tratarán en grupos, de una manera general, enseñando á eliminar el veneno ó resguardar el organismo de sus efectos. Nada de antídotos, ni medicamentos, que sería favorecer el curanderismo; sólo debe enseñarse á utilizar é imponer los medios físicos—así, el primer capítulo sería estudiado conjuntamente con los otros.

Un médico dedicará, á lo menos, una hora semanal para la conferencia, debiendo la última mitad de la hora ser dedicada á los ejercicios prácticos; á más, á otras horas harán estos ejercicios bajo la dirección de un secretario de conferencias.

Esta enseñanza debe hacerse de una manera sencilla y concisa, dando reglas fijas y exactas, con pocos elementos (unos mapas de anatomía, una venda elástica, tiradores ó cinturones, unos metros de géneros para vendajes y un poco de madera, cartón, etc.). Si el conferenciante tiene imaginación y sabe enseñar é improvisar con lo que haya á mano, según el sitio en que se encuentren; los oyentes estudiarán, á más, por algún libro de «Primeros Auxilios en casos de accidentes».

Para dar examen los inscritos, deben dar garantías de honradez y deben haber asistido, á lo menos, dos tercios de las conferencias, y al rendir la prueba el conferenciante no debe tener, ni voz, ni voto, aunque firme el certificado de competencia.

Los exámenes deben versar sobre casos prácticos, en que se pruebe la habilidad y rapidez en improvisar medios de asistencia.

El libro no basta para adquirir estos conocimientos, pues en la práctica ha de fallar este medio teórico.








  1. Los alemanes han dado el nombre de «Samaritana» á su sociedad de primeros auxilios en casos de accidentes, fundada en la siguiente leyenda bíblica del buen samaritano: El Evangelio de San Lucas X 33 y 34, refiere que un hombre al bajar de Jerusalem á Jericó, cayó en poder de unos ladrones que lo despojaron y que después de haberlo herido, lo abandonaron como medio muerto. Al poco tiempo pasó por ese lugar un sacerdote y más tarde un levita, ambos se mostraron indiferentes para el desgraciado. No sucedió lo mismo con un samaritano que movido de compasión, le vendó las heridas echando sobre ellas aceite y vino; colocándolo sobre su bestia lo llevó para cuidarlo á una posada próxima. Este hombre caritativo le dijo al fondero que se comprometía á su regreso á pagarle el importe de los gastos que originase el herido.