Recordación Florida/Parte I Libro III Capítulo IV

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPÍTULO IV.

De la descripción del prodigioso volcán de agua, á cuya falda estuvo fundada la primera ciudad de Goathemala.


Dejamos dicho en el precedente capítulo, como precediendo todas las solemnidades de buen acuerdo y de dictamen político en el Cabildo, que por entonces gobernaba, en nombre de S. M., con su teniente gobernador y capitán general esta ciudad y lo que es provincia de Goathemala, con lo demás hasta entonces conquistado, se determinó erigir y fundar la ciudad primera, en el mismo sitio en que estaba el alojamiento de nuestro español ejército. Y aunque en el capítulo primero de este libro dejamos dicho y probado, cuál es el gran pueblo de Goathemala, y estar fundado donde también tuvo su situación esta primera ciudad, á la falda del maravilloso volcán de agua, pero no se dijo allí, lo que ahora parece necesario acerca de la descripción del mismo admirable y prodigioso volcán; así por ser objeto digno de particular memoria, como por lo que después se ofrecerá decir, acerca del efecto que se produjo de la fundación hecha en su deliciosa y peregrina falda.

Tiene su asiento este bellísimo monte, respecto de la situación que tuvo y la que ahora tiene esta ciudad nobilísima de Goathemala, á la parte del Sur, por derechura de este rumbo, sin inclinarse más á la parte del Levante que á la del Poniente. Levántase, por eminente distanda, á maravillosa y descollada altura, con alegre y desenfadada disposición en su corpulenta forma, sin que se le arrime otro monte alto ni bajo que le confunda; dejándose admirar por su descuello á mucha distancia de leguas, examinada y repechada la eminencia de su cumbre. Consta su camino, por derechura desde el pie á la gola, de tres leguas y media de altura: esto es por la parte que mira á esta ciudad, que por la falda, que tiene á la parte del valle que va á Alotenango, tiene más de cinco leguas de subida. La formación de su tendida falda, en figura esférica perfectamente, por el de diez y ocho leguas con igualdad se dilata; con tanta perfección proporcionada, que á todas partes se halla á una misma figura representado. De esta, robusta y peregrina, se va con proporción levantando, y correspondientemente disminuyendo, hasta rematar en punta. No sólo es objeto deleitable á la vista por las amenidades que ofrece, sino por lo útil y abundante de la producción de su tierra, en tantas fecundas y abundantes milpas de sazonados maizales, que siendo las pertenencias de sus cultores de forma cuadrada, cultivadas unas y breñosas otras, forman un ajedrez concertado y vistoso, que produce opimos y regalados frutos á la nivelación de los tiempos; siendo, juntamente, culto y abundante jardín, selvas y semental, que produce á un tiempo maíz, frisoles, maderas, hortalizas, como también un agregado abundante de flores, desde un Enero á otro, siendo muy exquisita la que en él no produjere, en especial de las que llamamos de Castilla, y de las de la naturaleza de estas tierras, las que llamamos de tierra fría: introduciéndose, por todas las mañanas de los días del año, innumerables indias con abundantes pértigas de ramilletes, tejidos y formados con copia agradable y maravillosa de claveles, siemprevive, azucenas, amapolas, mirtos, trébol, azahar, espoletas, retamas, tulipanes, maravillosas rosas en infinito cúmulo, de que abastecen no sólo cinco boticas, pero todas las casas particulares, sin lo que se malogra y desperdicia el viento; y en que, fuera de el útil de sus cabezas, sirven para el adorno y recreo las flores de adormideras, lirios de todas suertes y mucho provecho, romero, marrubiós, jazmines y flores de San José que llaman malvaloca, esquisuchil, varas de San José, narcisos y floripondios, con las que llaman reinas, sin otras propias de la producción de los campos; siendo una florida primavera todo el año esta amenísima estancia, en cuyos senos y quebradas, como lo breñoso de su montaña, hay diversísima y provechosa caza, en que se logra la de muchos ciervos, que crían, por la virtud medicinal de sus hierbas, que pastan, excelentes piedras bezares. Hállanse allí muchos conejos, dantas, osos, tigres, leones, puercos monteses, erizos, tepesquintes, armados, pisotes, que se domestican y crían muy caseros, guatusas, ardillas y gatos monteses, sin infinita volatería que sirve al alimento y la recreación de la vista y el oído; porque en su diversidad y en su gran copia hay para satisfacer á todo: conduciéndose de allí, á esta ciudad de Goathemala, muchos y excelentes como estimables sensontes, cenicientos, cerrojillos, pintados, realejos, gorriones, y muchos de los que llaman cardenales jaulines, cimarrones, y otra gran máquina de carpinteros, jaras, tordos, cuervos, águilas, pavas, paupies, palomas, tórtolas, quetzales y otras aves.

 Por toda la primera parte, de lo bajo de su admirable cuerpo, está todo cultivado y pulido de dilatadas y grandes sementeras de maíz y otras muchas y provechosas legumbres, con tanta suficiente cantidad de tierra prolífera, que hay para descansadas remudas de sementeras; y así se ven de ordinario unos cuadros cultivados y pulidos de la agricultura y otros cubiertos de breña. Y subiendo más al segundo tercio de él, está poblado de montaña de tupida arboleda, que la hace muy umbría y enlazada entre sí misma, y de donde resulta mucha y muy fácil providencia de incorrruptibles y excelentes maderas y bejuco para los edificios de esta ciudad, pueblos de su falda y algunos de los potreros de su contorno; pero desde donde termina la arboleda, á los últimos tercios de su eminencia, no se puebla ni viste de otro género de hierba que no sea esparto; bien que el último filo de su remate es de lisa y desnuda peña, igualándose por todo el ámbito de su circunferencia de esta manera que hemos dicho.

 Entrase á la gran plaza que tiene arriba, y que en un tiempo fué lago, antes de la inundación de la Ciudad vieja, por uno de los portones por donde reventando fluyó al valle, que es el más transible de todos; mas, sin embargo, se baja mucho camino á la profundidad de su plano, y esto con no pequeño ni despreciable peligro: el hueco de él es á la manera y forma de una caldera, que abriendo de arriba se va cerrando para lo bajo del plano que tiene, y se le miden en su asiento ciento y cuarenta varas castellanas de Norte á Sur, y de Oriente á Poniente ciento veinte, y de profundidad más de cien varas, y por toda la parte interior de su circunferencia cuatrocientas y veinte varas: bastante buque para depósito de las aguas que causaron el estrago de la fatal inundación. Puédese andar por todo lo alto de su bordo, aunque con dificultad y peligro; y de cualquiera parte de aquella elevada cima se alcanza á ver mucha y muy apacible tierra útil, porque se consigue el ver toda la tierra de la provincia de San Salvador, y todo lo que compone la tierra de la costa del Sur. La laguna de Amatitlán y Petapa se ve á la parte oriental al pie del mismo volcán, y su figura parece, desde la altura, á la manera del corte de una capa; que aunque hay autor que diga parece del tamaño de un pliego de papel, es manifiesto engaño, porque esta se ve toda muy de cerca y de su propia grandeza, y la que dice es la de San Salvador. Vese todo el valle de Mesas, Mixco y Canales, todos sus pueblos y labores, con mucha distinción y claridad; la ciudad de Goathemala y sus potreros, y otras muchas poblazones. Vese también, por la parte de Poniente, toda la provincia de Suchitepequez y la de Soconuzco, y por la del Norte se alcanza hasta la parte que llaman los Llanos de Chiapa, que son los Quelenes. Brollan y nacen en su falda, por la parte del Sur y el Occidente, once arroyos excelentes de maravillosas aguas, que todos van á entrar en la mar del Sur. Entre las oquedades y aberturas de sus peñas , en la parte alta de la caldera, conserva y guarda, por toda la estación mayor del año, mucha nieve, que pudiera, á mucha facilidad, bajarse á esta ciudad: los canales, con el mayor y más profundo por donde se vertió todo este lago de la cima de este volcán, son siete, que redundaron de otras tantas bocas que abrió el peso del agua, que estaba represada en esta gran caldera, y que formaba aquel estupendo lago, de donde provino la inundación; que sucedió el año de 1541, después de diez y siete años de la conquista y de la fundación de Goathemala en aquel sitio.

 En lo que hace al ámbito de su falda, yacen diversas y ricas poblazones de provechosos potreros, y seis numerosos pueblos á la parte del Norte, que miran á esta ciudad, sin otros que en su maravilloso contorno se gozan excelentes; pero los que están situados al Norte son los de San Juan de el Obispo, San Gaspar, Carmona, San Pedro de las Huertas, Tzacualpa que antes fué Coctecmalam, Atmulunga con título de Ciudad vieja, por lo que ya dijimos, de llegar hasta aquella parte lo material de la ciudad poblada de indios extranjeros de Tlaxcala, Mexico y Cholula, que estuvieron siempre allí, como ya se dijo en aquel sitio, como barrio de la antigua ciudad que corría, según los vestigios que hoy patentemente se muestran, á la parte oriental de este excelente pueblo de Atmulunga.