Recordación Florida/Parte I Libro I Capítulo I

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PRIMERA PARTE.


INTRODUCCIÓN Á LA RECORDACIÓN FLORIDA.



Discurso historial, demostración natural,
material, militar y política del reino de Goathemala, y motivos del autor
para emprender esta obra después de tantos años
de la conquista de este Reino.
Compuesta por el capitán
D. FRANCISCO ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN,
regidor perpetuo y patricio patrimonial de la misma ciudad
de Goathemala.



LIBRO PRIMERO



CAPÍTULO PRIMERO.


 Parecerá á mucho sobra de presunción el que, después de tantos y tan graves autores como han escrito acerca de estas Indias occidentales, y en ello algo de lo mucho y admirable que hay en este Reino de Goathemala, tome yo la pluma para narrar lo que parece que otros han trillado y dejado ya advertido, con tanta erudita antelación, á la posteridad de los siglos, y que no puede ofrecerse cosa nueva que poder escribir. Pero, como quiera que las cosas de un Reino tan dilatado no son fáciles de comprender ligeramente, y que lo que la sabia naturaleza produce es tan oculto, y también maravilloso lo que después se ha descubierto, y ignoraron aquellos autores que escribieron con tanta anticipación y que por escondido y ignorado lo omitieron; por este motivo, y por lo que propondré adelante, es más fuerza de obligación la que me motiva, que estímulo alguno de gloria temporal.

 Habiéndome aplicado en mi juvenil edad á leer, no sólo con curiosidad sino con afición, veneración y cariño, el original borrador de el heroico y valeroso capitán Bernal Díaz de el Castillo, mi rebisabuelo, cuya ancianidad manuscrita conservamos sus descendientes con aprecio de memoria estimable, y llegado á esta ciudad de Goathemala, por el año de 1675, el libro impreso que sacó á luz el reverendo padre maestro Fr. Alonso Remón, de el sagrado militar orden de Nuestra Señora de la Merced, Redempción de cautivos, hallo que lo impreso no conviene en muchas partes con el venerable amanuense suyo, porque en unas partes tiene de más, y en otras de menos de lo que escribió el autor mi bisabuelo, como lo reconozco adulterado en los capítulos 164 y 171, y así en otras partes del progreso de la historia, en que no solamente se oscurece el crédito y fidelidad de mi Castillo, sino que se defraudan muchos verdaderos méritos de verdaderos héroes, á quienes está llamando el premio y el laurel de la fama á inmarcesibles glorías.

 Y añadiendo á esta verdad, la de que ha veintiséis años que estoy sirviendo á mi Rey y á mi Patria, en el oficio de regidor perpetuo de esta muy noble y muy leal ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala, y magistrado pretorio suyo, con mucha aplicación á papeles y antigüedades; considerando, con verdadero celo de buen republicano, que mi cabildo estaba en inteligencia de que no tenía más de un libro de cédulas, por cuyo engaño todos los más y mayores negocios de este primario tribunal se perdían, me resolví á pedir los papeles de el archivo para concertarlos; y habiéndoseme franqueado aquel archivo con grande honra mía, y tenido los papeles en mi casa más de catorce meses, tuve ocasión de descubrir tres libros más, de venerables y preciosos privilegios, de que formé, con los demás papeles, un abecedario curioso y fácil para hallar por él lo que se necesita de el archivo: y después, habiéndome hecho con este manejo más provecto y idóneo, ayudado con el curso del tiempo y la experiencia de él, escribí el Norte político, que señala la forma de todos los actos públicos y privados de mi cabildo; y con este continuado manejo de papeles, hallé en ellos cosas muy dignas de la memoria y de la fama, que se escondieron á los autores antiguos.

 Fuera de que todos han pasado como por la posta en las cosas de este admirable Reino, gastando muy poco tiempo y muy pocos renglones en describirlo, siendo tantas las maravillas naturales, su amenidad y fértil producción, su opulencia en riquezas y frutos, y sus antigüedades materiales, que no tuvieron razón de pasarlas en silencio; bien que algunas, envueltas en las ruinas y los estragos del tiempo, pudieron escondérseles á la noticia por la distancia de las leguas y lo revuelto de aquellos tiempos, que aunque hoy están tan distantes de nuestra edad, el mayor manejo y trajín las han ido descubriendo, hasta dejarlas patentes y bien averiguadas; dejándolas sin rastro de duda ni recelo para lo que hoy puede escribirse. A que se agrega el que, en lo que escriben Gómara, Illescas y el obispo Paulo Jobio, como lo propone y asienta mi Castillo en el preámbulo preparatorio al lector, se apartaron de lo cierto y seguro de las noticias, como lo hace el reverendo obispo de Chiapa Fr. Bartolomé de las Casas escribiendo con sangre; y ahora nuevamente se defrauda en el primero capítulo de lo impreso. En lo que parece del borrador original, empieza el amanuense diciendo: «Bernal Díaz del Castillo, vecino é regidor de la muy leal ciudad de Santiago de Goathemala, uno de los descubridores de la Nueva España y sus provincias, y cabo después en lo de Honduras y Higueras, que en esta tierra asi se nombra, natural de la muy noble é insigne villa de Medina del Campo, hijo de Francisco Díaz del Castillo, regidor que fué de ella, que por otro nombre llamaban el Galán, y de Doña María Díez Rejón que hayan santa gloria,» etc.: y comienza el primero capítulo de lo impreso, sacado á luz por el P. M. Fr. Alonso Remón diciendo: «El año 1514 salí de Castilla en compañía del gobernador Pedro Arias de Avila, que en aquella sazón le dieron la gobernación de Tierrafirme,» etc. En que se ve, que si ya no se le defrauda y hace agravio en lo que declara y manifiesta en su original, acerca de su buena y clara nobleza y valerosas hazañas suyas y de sus gloriosos compañeros, por lo menos le alteran las propias voces de que usaba su llano y verdadero sentido y estilo; y que habiéndosele alterado en esto, es prueba mayor de lo que se alteró en lo impreso, con más y menos, al arbitrio del impresor, que es una de las razones que más me han estimulado para ilustrar el trabajo y la verdad de aquel mi ínclito y generoso progenitor.

 Y como quiera que en aquellos dichosos y felices siglos, ilustrados con hombres que eran alumnos de la fama, todo era andar de unas partes á otras, entregado al celo heroico de las conquistas y reducción de la tierra de este noble Reino de Goathemala, no se cuidó de recomendar á las prensas lo que no era acción del ejercicio militar; dejando de escribir muchas cosas maravillosas y lo magnífico y ilustre de algunas poblazones, como refiere mi invencible y verdadero Castillo en su primero capítulo, fólio primero de su original, diciendo: «Y la gran misericordia de Dios Nuestro Señor, que fué el socorro verdadero, que fué servido que ganásemos la Nueva España, y la muy nombrada y gran ciudad de Tenuztítlan Mexico, que así se nombra, y otras muchas ciudades y provincias que por ser tantas aquí no declaro sus nombres,» etc. Con que siendo cierto, como parece, que se dejó de decir mucho y lo más maravilloso del aspecto material de las poblazones de los indios, habrá mucho que escribir de este y otros asuntos , en lo que hoy vemos, de lo antiguo y lo moderno de este ilustre Reino de Goathemala; que no fué menos admirable y grande, que fueron excelentes los de Mexico y Lima, de quienes con tanta razón hay tanto y tan notable maravilloso escrito.

 Sólo para este de Goathemala, reino dilatado y rico, y que es aparte de los dos de Mexico y Lima, se engañó Enrico Martínez, escribiendo que le sojuzgó el Imperio Mexicano; porque contra esto está lo que dice el historiador Antonio de Herrera, en la Década III, libro III, cap. XV, que la provincia de Teguantepeque, que está sesenta leguas de Socunuzco, nunca Montezuma lo pudo acabar de sojuzgar, aunque fué en persona contra ella, porque era el señor muy poderoso. Luego si no debeló ni dominó á Teguantepeque, estando antes de Soconuzco, que es de este Reino, tampoco pudo dominar á Goathemala, pues era primero rendir y vencer los dos antemurales de Teguantepeque y Soconuzco, que sojuzgar á Goathemala; á quien, como decíamos, ha faltado pluma que diga, de tan maravilloso Reino, lo mucho de su grande, dilatada circunferencia; hasta que yo, con mala pluma, y estilo menos limado de lo que pide lo serio de esta materia, hube de emprender tan gigante asunto: á que daré principio, confiado en el celo y impulso del amor de la Patria que me arrebata, siendo lo propuesto bastante motivo para mi estímulo.