Revista del Jardín Zoológico de Buenos Ayres/Tomo I/Las leyes de la vida/III

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PARTE III.

LEYES DE LA VIDA.

Despues de un asiduo trabajo, he renunciado á mi propósito de formular una buena definicion de la vida. Para tal definicion, es imposible el concurso de las principales condiciones requeridas; puesto que las definiciones deben ser claras y cortas, y no contener nada de mas ni de menos.

Sacrificando la claridad á la concision y exactitud, diré que la vida es á la vez una fuerza y un resultado. Bajo el primer punto de vista, es lo espontáneo; bajo el segundo, es el estado normal de los cuerpos dotados de la facultad de resistir á las fuerzas que tienden á acelerar la pérdida de su espontaneidad.

Ahora voy á reparar la falta de claridad sacrificada en mi definicion.

La vida es lo espontáneo, porque es la única fuerza que se mantiene por sí misma y que aumenta y adelanta en la línea de resistencia, ó sea en la direccion contraria á la fuerza que se le opone. Las demás no son espontáneas, porque, al contrario de la fuerza viva, siguen la línea de menor resistencia ó de mayor traccion ó impulso recibidos de otras fuerzas; y caen en equilibrio muy estable, ya por saturacion de sus afinidades, ya por haber sido agotadas por fuerzas ó impulsos contrarios.

Pero la espontaneidad de la vida no siempre es una fuerza simple. Es debida, por lo general, á la accion sucesiva y simultánea de dos fases opuestas,—positiva y negativa,— de una sola fuerza primordial, conocida bajo el nombre de afinidad. La fase positiva de esa fuerza es la afinidad, propiamente dicha; la opuesta, ó negativa, se llama inestabilidad, é inestables los cuerpos que la poseen, como los compuestos de Ázoe, por mejor ejemplo.

En los seres vivos, la afinidad positiva constituye la facultad de asimilar, y la negativa la de desasimilar.

La afinidad positiva, que en los cuerpos inorgánicos queda satisfecha, ó sea en equilibrio muy estable en las combinaciones, jamás conserva esa estabilidad en los cuerpos vivos. La fase opuesta, obrando alternativa y simultáneamente con la positiva, hace que la una y la otra sean inestables, é intermitentes á intérvalos mas ó menos largos, y que el equilibrio de ambas desaparezca inmediatamente despues de restablecido. Esta combinacion de las dos fases opuestas de la afinidad, es lo que constituye la vida.

Su representacion esquemática es esta:

Revista del Jardín Zoológico de Buenos Ayres (Tomo I. Entrega X, pp. 289-320) (page 6 crop).jpg
Fig. 34
la mitad del diagrama de la evolucion. La otra mitad, señalada aquí por líneas de puntos, no se deja ver sino á cierta altura en la escala de los organismos. Tal cual está ahí, figura tan sólo la vida de los organismos inferiores, cuyos gérmenes se desarrollan tomando directamente del medio los alimentos necesarios, pues no existe todavia el individuo asimilante que los prepara para satisfacer las exigencias de esa célula ó gérmen que, de desasimilante que era, se trasforma en asimilante.

Como simple esquema, sólo representa el esporo de los vegetales inferiores, el grano de pólen de las plantas fanerógamas y la célula masculina de los animales; pero si se le quiere ver en su forma real y efectiva, se le encontrará en la reproduccion de las células, por division indirecta ó cariocinética (karyon, núcleo; kinesis, movimiento), principalmente en lo que se llama «division de las asas gemelas

Dada ya la definicion de la vida, y explicado lo que en ella no estaba bastante claro, vamos ahora á hacer un ligero exámen de las leyes de esa fuerza que he llamado lo espontáneo. El lector que se interese en ello podrá estudiarlas mas detenidamente. Es el estudio mas interesante y provechoso á que puede dedicar su inteligencia. Es, además, muy fácil de comprender y sumamente divertido, si bien, á primera vista parece muy árduo y fatigoso. Esta falsa apariencia la debe en gran parte á ese lenguaje erizado de términos técnicos y casi siempre oscuros, pero que, cuando se llega á la observacion directa de lo que expresan, se comprende su significado con una claridad mucho, muchísimo mayor de la que pueden ofrecer á la imaginacion los vocablos mas adecuados. Lo oscuro no es el estudio, sino la manera y los medios de enseñar.

Pero lo que mas contribuye á hacer de difícil comprension las leyes de la vida, es lo que les toca á ellas de un vicio inherente á nuestra naturaleza, porque es la consecuencia de otra ley natural que podemos y debemos eludir haciendo abstraccion mental de sus efectos. A este vicio lo llamo yo filomorfismo (philos, amigo; morphé, forma). Consiste en atribuir un valor absoluto y esencial á la forma exterior y á las diferencias y semejanzas aparentes y accidentales que asumen los cuerpos ó manifiestan los fenómenos observados, y sin tener en cuenta, para nada, la ley universal de la gradacion. Es el vicio de creer que lo semejante es igual en todo, y que lo diferente no es semejante en nada.

Ciñéndonos estrictamente al método inductivo, debemos admitir que todas las formas de la materia no son sino gradaciones ó múltiplos de una sola fuerza universal. Llamáremos á esta fuerza el mínimo comun divisor; y si nos detenemos á pensar cuáles pueden ser sus atributos, veremos que ella corresponde con toda precision á lo que en lenguaje infantil se dá los nombres de Dios, el Todo-Poderoso, el infinitamente sabio, y, como se verá despues, el infinitamente bueno y justo, principio y fin de todas las cosas.

Pero estos demonios de sábios son unos ateos filomorfistas, unos idólatras. ¿Sabe el lector lo que hacen en el estudio de la Naturaleza, para sostener su negacion de la unidad y omnipotencia del verdadero Dios? Cortan pedazos de la tela de Epicuro, esquema de la cosmogonía de los tabiques, que ya conoce el lector, y de cada cuadro ó interseccion de dos líneas hacen un sustantivo aparte: un pequeño Dios, á cada uno de los cuales ponen un nombre diferente, y se quedan mas ó menos satisfechos, haciéndose muchas ilusiones. Así es como dan al estudio de la Naturaleza esa oscuridad y complicacion que tanto nos asusta y desanima.

En donde más se vé el sustantivismo separatista, esa especie de dilucion del poder divino que hacen los sábios, es en el hecho siguiente: Toman ciertas tierras raras, y las someten á una reaccion muy larga y contínua, que ellos llaman análisis, y á la cual se puede representar tirando una línea sobre esos tabiques de la tela de Epicuro. Despues ponen un nombre en cada casilla ó fraccion de la línea: alpha, beta, gamma, delta, eta, zeta.... Felizmente, las tierras se acaban antes que el alfabeto griego. El filomorfismo científico es el equivalente moderno de la antigua mitomanía antropomorfística.

Nosotros vamos á estudiar las leyes de la vida sujetándonos á un método nuevo, pues parte de un principio completamente desdeñado hasta el presente. Este principio consiste en admitir, sin reserva alguna, la completa sujecion del hombre á las leyes físicas mas universales y á las que son comunes á todos los demás seres. El desconocimiento de este principio, ó la simple negligencia en atender á él, han dado orígen al descuido de sus mas lógicas consecuencias. Para salvar este escollo, vamos á hacer uso de los dos medios indispensables:— 1° Hacer abstraccion mental del filomorfismo.— 2° Hacer inversion del antropismo.

Por hacer abstraccion mental del filomorfismo, orígen de la reproduccion ilimitada de los sustantivos, no quiero decir prescindir de las formas y de su diversidad, pues ellas no sólo son una realidad y la base de todas las ciencias, sino que su realidad es tal, que las formas constituyen las propiedades esenciales de la materia; son lo inherente á la existencia, al atributo exclusivo del mínimo comun divisor, el cual crea todo «segun su especie», como el autor del Génesis llamó á las formas de sus vegetales y animales alegóricos.

La abstraccion que haremos del filomorfismo sólo debe ser mental, pero teniendo siempre presente la induccion por la cual estamos obligados á admitir la universalidad de la ley de la gradacion y sus consecuencias lógicas: la intermitencia del cambio de las formas y la unidad de la materia en la diversidad de las formas, ó, dicho en lenguaje infantil, la «omnipotencia del Dios único». Pero no tampoco del Dios figuradamente antropomorfo de Abraham y de Jacob, de cuyo cautiverio nos redimieron nuestro Señor Jesucristo ó sus discípulos, sino de ese Dios que Prout creyó haber encontrado en el Hidrógeno.

Para explicar mejor el origen real de las formas y lo artificial de las líneas de separacion, ó sea la cosmogonía de los tabiques, compararé al verdadero Dios, al mínimo comun divisor, con un comerciante, el cual hace todas sus operaciones mercantiles por medio de la balanza. La barra que forma los brazos de esta balanza, se halla siempre en equilibrio mas ó menos estable, pero no absoluto. Está siempre subiendo y bajando alternativamente con intérvalos de diversa duracion, porque apoya sobre una superficie cuya menor ó mayor amplitud, dá la estabilidad de la forma, y cada brazo ó extremidad de la barra, pierde ó recibe sin cesar y en cantidades desiguales, los variadísimos productos del mínimo comun divisor. Cuando el peso de éstos alcanza á sobrepasar el de los que se hallan en la opuesta extremidad de la barra, la que estaba arriba desciende, y un cambio completo de forma tiene lugar con mayor ó menor impulso y en condiciones que pueden hacerlo inapreciable á nuestra observacion.

Si el impulso recibido ha sido relativamente muy considerable, la forma del cuerpo ó sus propiedades serán llevadas á lo que llamaré estabilidad por impulso excesivo, y de la cual será sacado por otro impulso en sentido contrario al primero, ó por la presencia del mismo cuerpo, pero que no haya ultrapasado su forma de equilibrio, que lo subordina á su respectivo puesto en nuestras clasificaciones.

Considerando bajo este punto de vista el orígen de la diversidad de las formas, habremos hecho abstraccion mental del filomorfismo y de su hija la cosmogonía de los tabiques.

La inversion del antropismo nos llevará á conclusiones mas prácticas y evidentes.

Ya sabe el lector cómo y por qué esa manera de interpretar la Naturaleza es la verdad al revés; de modo que mirándola del lado opuesto, tendremos la verdad al derecho: la verdadera verdad, la cual nos servirá de guia infalible para comprender los fenómenos que no se presentan bajo la forma exterior, exclusiva al Hombre.

Para explicar la manera de hacer esta inversion, tomaré por ejemplo el concepto antropomórfico de «la sabiduría divina». El hombre se llama ó es sabio cuando obra siempre, ó posee muchos conocimientos, en correspondencia con el mundo exterior. Pero como sus acciones y pensamientos no son sino reacciones á las acciones del medio, haremos inversion del antropismo si pensamos que «la sabiduría divina» es la misma que la humana, porque, tanto la una como la otra, son la correspondencia entre las reacciones de los pacientes con las acciones de los agentes, y ambas son la obra exclusiva del mínimo comun divisor, del omnipotente, del «divino». Y en general, como todo lo humano no es exclusivamente tal, sino tan sólo por ciertos detalles de su forma, detalles resultantes de muchas fuerzas accesorias, mientras que por lo mas fundamental es comun á los demás seres orgánicos, para hacer inversion del antropismo debemos tomar lo humano para explicarnos por medio de ello todos los fenómenos vitales de los demás organismos, y los de éstos para comprender los que sólo por su forma son exclusivamente humanos. Si así lo hacemos, el lenguaje antropomórfico no sólo será muy útil, sino áun indispensable para expresar y comprender todo lo que se refiere á las leyes de la vida, tanto humana cuanto no humana.

Volvamos ahora á tomar el hilo en el estudio de esas leyes.

En la actualidad, no es posible ver en dónde principia ó en qué extremo de pequeñez empieza á manifestarse la fuerza espontánea de la vida, ni saber si será ella la primera forma que asume el mínimo comun divisor, el único verdaderamente espontáneo; pero es de suponer que cuando el cuerpo formado por él ha adquirido cierto volúmen, consistencia y complicacion, se hace visible con el auxilio del microscópio y es entonces que se le ha dado el nombre de Protoplasma.

Este cuerpo es un compuesto de Carbono, Hidrógeno, Oxigeno, Ázoe y otros muchos cuerpos simples, cuya existencia en los seres vivos es mas ó menos constante.

El agua, como ya lo sabemos, es una combinacion de Hidrógeno y Oxígeno, combinacion que puede operarse por la electricidad, como la llama opera entre ellos la combustion, un cristal la cristalizacion de una solucion concentrada, una partícula sólida la solidificacion del mismo cuerpo en estado de sobrefusion, y como en los innumerables casos en que se observa la desaparicion de la estabilidad por impulso excesivo.

De los demás componentes principales del Protoplasma, el Ázoe forma próximamente cuatro quintas partes del aire atmosférico, y con el Carbono se combina de tal manera, que forma un compuesto orgánico (Cianógeno), con ciertas propiedades de cuerpo simple. Sólo el Carbono es el que sirve para evidenciar la naturaleza orgánica del cuerpo en que se halla. El diamante, el menos impuro de los estados del Carbono, observado con el microscopio, presenta una estructura celular, como si fuese de origen orgánico.

De los organismos conocidos, los mas pequeños é inferiores presentan caractéres que les han valido el ser clasificados como vegetales. Como á nosotros nos interesan mas directamente las leyes de la vida, que rigen á nuestros compañeros de reino, los animales, para no extenderme mas de lo necesario ahora, me ocuparé solamente de los últimos.

Ascendiendo en la escala de la vida, se encuentra otros seres de mayores dimensiones que los vegetales ínfimos; pero muy pequeños todavía. Estos verdaderos animales están formados de una sola célula y se llaman Infusorios. Son microscópicos y muy pocos de ellos pueden ser distinguidos á simple vista, en buenas condiciones para la observacion. Los encontrareis en las aguas estancadas, donde crecen los vegetales acuáticos, ó en infusiones de otras plantas: de pasto seco, por ejemplo. Si venciendo la repugnancia que experimentáis á la vista de esas aguas estancadas, verdosas mas ó menos oscuras, poneis una gota bajo el microscopio, vuestra repugnancia se trocará en estupefaccion. Encontrareis en esa agua todo un mundo nuevo, de seres á cual mas extraño é interesante. Entre las algas microscópicas, de una estructura maravillosa, se agita, y pasa sin cesar, un enjambre de organismos de tan raras y variadas formas, que el uno no os dá tiempo ni siquiera para volver de la admiracion causada por el otro que acabábais de ver pasar.

La importancia de los animales, para el estudio de las leyes de la vida, está, hasta cierto punto, en razon directa de la sencillez de su organizacion. Cuando esta es muy simple, tanto mayor es la claridad con que se manifiestan los mas oscuros detalles de las leyes fundamentales de la vida. Los Infusorios, ni son tan simples como otros seres cuyo cuerpo es completamente homogéneo, ni tan complicados como los animales compuestos de muchas células. Además, como son muy pequeños, las leyes de la vida obran en ellos con mucha eficacia y prontitud, de modo que se ve con gran claridad lo que en nosotros se verifica bajo una forma muy complicada y muy lentamente, y, por consiguiente, difícil de descubrir. Los Infusorios nos dan, puede decirse, el trazado del camino por donde la fuerza de la vida lleva al individuo, y la de la evolucion conduce á la humanidad.

Esos animales, por lo mismo que son monocelulares, tienen un perfecto conocimiento de las leyes de la vida, y observan con mucho rigor las que los hacen inmortales. Saben, por experiencia, que la muerte es una ley esencialmente individual; es decir, que afecta sólo al individuo, y, por consiguiente, este puede eludirla y hacer contínua la vida, oponiendo á la muerte la fuerza contraria, lo cual obtienen renovando la vida por medio del matrimonio.

La muerte, en la escala de los seres y de los individuos, difiere de tal manera, que sólo se puede definir del modo siguiente: La cesacion de la individualidad, precedida de la diminucion gradual ó repentina de su espontaneidad vital, y seguida de la reasimilacion mediata ó inmediata de los componentes del individuo que desaparece, pero continuando vivo lo que llegó á ser fecundante ó fecundado.

En los animales compuestos de muchas células y llamados Metazoarios, la existencia de órganos especiales para cada una de las funciones de la vida, ha hecho sean instintivas é inconscientes las medidas adoptadas por los animales monocelulares, ó Protozoarios, para obedecer á esa ley de la continuidad ó «eternidad» de la vida. La fuerza que á ello los impele, es la conocida bajo el nombre antropomórfico y vago de «amor».

Los Infusorios son seres cuya muerte está tan inmediata á la vida nueva, á la resurreccion, que la una no es sino la continuacion de la otra.

Cuando han llegado á la decrepitud, sea por agotamiento normal de la vida, durante la cual cada individuo ha producido algunos cientos de sus semejantes, sea por haberla anticipado la falta de alimentos, los Infusorios sienten amor y se casan con sujecion á las leyes reglamentarias de la vida.

La mas sagrada de estas leyes morales, despues de la de no casarse sino en la decrepitud, es la que prohíbe la consanguinidad entre los cónyugues. Los hermanos siempre se reconocen mediante ciertas investigaciones preliminares de todo matrimonio; pero entre primos no se hace este reconocimiento con tanta facilidad. Cuando artificiosamente se les obliga á casarse entre parientes cercanos, la familia degenera rápidamente y acaba por extinguirse.

En aquellos Infusorios cuyas dos fases de la sexualidad no están separadas en individuos distintos, el plasma germinativo está unido á la parte de que trae su origen el plasma personal, y ambos forman un cuerpecillo muy pequeño, llamado núcleo, y tambien aparato nuclear. Cuando se casan ó «conjugan», el núcleo de ambos cónyugues se divide en dos; pues el plasma germinativo, ó parte inmortal, se separa del plasma personal, porque éste ha llegado ya á su último extremo de decrepitud, y estando «muerto», va á ser expulsado del cuerpo del Infusorio. (Como los «glóbulos polares» de los Metazoarios). El plasma germinativo, una vez separado del personal, tambien se divide en dos partes: la una, llamada pronúcleo femenino, permanece quieta en el mismo sitio, y la otra, pronúcleo masculino, es la que se separa de la parte inmóvil, y la que se pone en movimiento para ir á casa de la novia. Como todo se verifica de igual manera en los dos Infusorios conjugados, el resultado viene á ser un cambio recíproco de hermanas, entre los dos pronúcleos masculinos.

Así que los dos polos opuestos de la sexualidad se han combinado, la nueva vida queda reconstituida en cada uno de los dos cónyugues. El núcleo recien formado por la union de los dos pronúcleos, servirá de nuevo centro de atraccion á los elementos de desarrollo, legados por los antecesores que en vida los acumularon. Todo el protoplasma que formaba el cuerpo de los padres, pasa á formar el de los hijos, donde continúa viviendo sin que quede muerto nada mas que la pequeñísima parte «decrépita» del núcleo.

Desde los primeros momentos de esta «resurreccion de la carne», los dos párvulos quedan inmóviles por algun tiempo; pero luego que han tomado posesion de su herencia, toda, sin omitir ni la memoria», empiezan á moverse en busca de mas alimento, y adquieren una movilidad sin igual en todo el reino de los animales. Andan sin cesar, de dia y de noche, sin tregua ni descanso. Si no es en busca de alimentos, pues son tan voraces como activos, se persiguen unos á otros, por jugar, como niños que son, y por satisfacer su exagerada actividad.

A favor de los alimentos asimilados, el volúmen de los jóvenes aumenta hasta cierto límite, y cuando han crecido demasiado, se reproducen á la manera de las demás células simples, es decir, partiéndose en dos. Por lo general, los dos Infusorios se separan completamente; pero en algunos, la separacion va haciéndose poco á poco, por estiramiento de la parte inferior del cuerpo. Los hay que quedan unidos por un hilo que al fin se corta; pero los dos individuos permanecen por algun tiempo sin alejarse el uno del otro, atraídos por un creciente amor recíproco.

Si bien hay entre los Infusorios muchas variedades en cuanto á las pequeñas diferencias de forma y demás caractéres secundarios, los hay tambien en cuanto á los mas importantes, relativos á su movilidad, y principalmente al del amor que los une á sus padres y hermanos.

Con respecto á la movilidad, los unos son completamente libres y movedizos; los otros son fijos, ya sea permanentemente, ya tan sólo cuando el alimento es abundante; pero se desprenden y vuelven á la vida vagabunda cuando aquel escasea. En aquellos que son siempre fijos, la mayor parte forman familias, muy erróneamente llamadas colonias. Los individuos nacidos de un mismo progenitor, es decir, los hermanos, están todos unidos entre sí por medio de un amor tan íntimo, que la fuerza separativa ó individuativa, no ha podido vencerlo y no se ha verificado una completa separacion, sino tan sólo el estiramiento de la parte inferior del cuerpo. Este estiramiento forma un pedúnculo, dentro del cual existe por lo general un músculo.

En las raíces de las plantas acuáticas, tan abundantes en los charcos de nuestro puerto, he encontrado, entre otras curiosidades, un Infusorio de los llamados Vorticélidos, que se fija para reproducirse y luego vuelve á ser libre. Cuando se fija, el pedúnculo se alarga poco á poco y se estira y contrae en espiral, alternativamente. (Esta forma de la contraccion de un músculo libre, sugiere la creencia de que el origen de la estriacion de la fibra muscular no es la contraccion en zig-zag, sino en espiral). Despues de repetidas contracciones, el Infusorio gira sobre sí mismo, se desprende del pedúnculo y huye despavorido, como si escapase de una prision y temiese ser perseguido. El pedúnculo se corta en dos ó mas partes que se arrastran como gusanos, en la direccion en que se fué la cabeza: pero muy pronto se quedan inmóviles y se segmentan en pequeños gérmenes.

En los Infusorios fijos y que forman familias, por la union de los hermanos, las dos fases de la sexualidad están ya separadas en individuos distintos. Los machos, siendo mas movedizos, se separan de la familia fija y son libres y mucho mas pequeños que las hembras. Estas son siempre fijas porque son mas amorosas, y muy sosegadas porque confían en la fuerza irresistible de sus atractivos. El matrimonio, en estas familias, es una institucion verdaderamente divina. Consiste en la penetracion del esposo dentro del cuerpo de su amada, en donde se disuelve, desapareciendo así su personalidad. Al parecer, es reabsorbido por la hembra, pero, en realidad, toma posesion de ella y ambos forman un solo individuo que luego echa numerosos brotos. «El (amor) que los creó al principio, los hizo varon y hembra, y les dijo: Por eso el Infusorio dejará á su padre y á su madre y se unirá á su Infusoria, y los dos harán una sola carne.»

En las variadísimas familias de Infusorios, los individuos que las componen están unidos entre sí por medio de pedúnculos de mayor ó menor longitud. En las que ésta es menor, los miembros de la familia están en contacto los unos con los otros, ó formando una sola masa. La fuerza separativa ha ido disminuyendo á medida que la unitiva ó «amor», ha ido aumentando hasta llegar á formar otros organismos compuestos de un número considerable de células y que ya no se llaman Infusorios, ni Protozoarios, sino Mesozoarios (mésos, en medio; zoon, animal), porque son intermediarios entre los Protozoarios y los Metazoarios. Segun sus distintas formas, se llaman Diciéntidos, Ortonéctidos y Catalactas. Los dos primeros son parásitos. Los Catalactas, dice Haeckel, «son pequeñas esferas compuestas de 30 á 40 células ciliadas y piriformes, cuyas extremidades atenuadas se reunen en el centro de la esfera. Esta masa de células se desagrega despues de algun tiempo; las células aisladas vagan en el agua, á la manera de los Infusorios libres. Estas células caen luego al fondo, retraen sus pestañas, y poco á poco toman la forma de ciertos organismos homogéneos, llamados Amebas, que caminan arrastrándose. En seguida, las células amebiformes se revisten de una membrana; despues, por una escision reiterada, se dividen en un gran número de células; exactamente lo mismo que como se segmenta el huevo. Las células se erizan de pestañas vibrátiles, rompen la envoltura capsular y vagan, de nuevo bajo la forma de esférulas ciliadas.»

Detengámonos en este punto de la escala de los seres, para averiguar, por medio del antropismo invertido, el por qué del progreso verificado en los Protozoarios y del que en adelante observaremos en los Metazoarios.

Dos son los factores que, combinados, llevan á los organismos en una escala de perfeccionamiento contínuo: la refecundacion y la «herencia».

Digo refecundacion y no fecundacion, como se dice comunmente, porque ésta viene repitiéndose en toda la serie de los antepasados: el óvulo fecundado procede de otro óvulo que ya fué fecundado.

Para poder comprender el verdadero significado y valor de la herencia, es necesario explicarla en lenguaje antropomórfico.

La materia viva, el Protoplasma, «ama la verdad», y la toma y retiene indefinidamente cuando la encuentra y solamente cuando la ha encontrado.

Si hacemos la debida inversion del antropismo, veremos que el «amor á la verdad» no es un «don» exclusivo al hombre, sino una facultad propia é inherente de toda la materia viva. El Protoplasma,. como lo podemos ver experimentalmente ó por la simple observacion, se perfecciona en la línea de contínua resistencia á las fuerzas que se le oponen. Los diversos agentes del medio producen, principalmente en los animales, un contínuo gasto ó desasimilacion, de las sustancias menos materiales, por decirlo así, y la conservacion de las mas adecuadas ó «verdaderas» en aquellos puntos en que el medio presenta contínua resistencia. Como el Protoplasma asimila tanto mas cuanto mas gasta, el aumento de actividad trae consigo la acumulacion de las sustancias y formaciones mas adecuadas, en aquellos puntos favorecidos. Esta acumulacion constituye las variadísimas especializaciones llamadas, en general, adaptacion. De este modo es como el protoplasma, sea cual fuere su forma de adaptacion, «ha encontrado la verdad», y la conservará mientras el medio no varíe. Y no sólo la conservará, sino que tambien la legará á sus descendientes, como preciosa herencia.

Así lo hace, en efecto. Las células confeccionadas por el plasma germinativo «con el propósito» de inmortalizarse, llevan consigo, en estado de extrema reduccion, todas las verdades adquiridas por sus antepasados, y aun una parte de las que sólo pertenecían á sus mas inmediatos predecesores.

Los beneficios de la herencia biológica son esencialmente los mismos de la antropomórfica. El hijo recibe de su padre y de sus abuelos masculinos, como herencia, es decir, sin que le cueste nada de la fuerza recibida en la fecundacion que le dió el ser, todos los beneficios de la adaptacion, adquiridos por sus antepasados, á costa de la fuerza que ellos recibieron y luego gastaron en perfeccionarse. De este modo, la herencia trae consigo una economía, en virtud de la cual, la refecundacion obra en toda la integridad de su fuerza, y esta fuerza será empleada en adquirir mayor perfeccion.

Pero la perfeccion, yendo en aumento, irá acercándose gradualmente á su límite, y llegará á él cuando la adaptacion del individuo sea completa; es decir, cuando las aptitudes adquiridas le permitan equilibrar la resistencia de los agentes del medio. En este caso, ¿qué sucederá? Es evidente que la fuerza de la última fecundacion tendrá un nuevo destino. Y es evidente tambien que ese destino no puede ser sino el que le es exclusivo: el de conferir poder de asimilar, ó sea aumentar el amor celular.

El resultado mas inmediato de estas nuevas aptitudes será que, habiendo vencido la resistencia del medio, el individuo, libre y movedizo antes, ya no se verá obligado á desasimilar, vagando y trabajando en busca de alimentos; se hará sedentario, fijo, como los Infusorios, cuando el medio ofrece abundante alimento. La consecuencia, entonces, será la de que el organismo podrá retener y acumular los elementos necesarios para reproducirse de esa manera llamada «asexual», á que deben su orígen las familias fijas y mas ó menos ramificadas, y que dá el aumento de volúmen en el desarrollo de los individuos. De modo que un animal completamente individualizado y libre, se transformará en una familia fija. Luego, los miembros de esta familia irán estrechando mas y mas su union, y llegarán, con el tiempo, á producir de nuevo un individuo solitario y autónomo, el cual continuará indefinidamente su evolucion ascendente, y alternante en estas dos formas distintas: de individuo autónomo á familia unida.

Volviendo al punto de donde me aparté hace un momento, diré que no se ha encontrado aun—que yo lo sepa, al menos—ningun animal cuya forma sea una continuacion tan inmediata á la de los Catalactas, como seria de desear para seguir paso á paso y sin transicion, no la evolucion de la vida, sino la de la forma de los animales. La Naturaleza no se preocupa de mimarnos, ni siquiera haciéndonos un animal expresamente para satisfacer los caprichos de nuestro filomorfismo. Necesitaríamos un animal libre y constituido, como los Catalactas, por una esfera de células. Pero estas células, en lugar de ser tan grandes que llegasen á unirse todas en el centro de la esfera, deberían reproducirse dividiéndose de manera á formar dos esferas, la una dentro de la otra; ó si no, ser bastante pequeñas las de la esfera simple, para dejar un espacio vacío en el interior.

Figúrese ahora el lector, cuál será, en tal esfera, el efecto del amor ó fuerza que une las células, cuando ese amor llegue á ser bastante considerable. Las células que forman las paredes de la esfera, se encontrarán todas atraídas hácia el centro y se hará una abolladura ó hundimiento mas ó menos profundo.

Es precisamente lo que se observa en casi todos los Metazoarios; pero no en la forma permanente de un individuo adulto y libre, sino tan sólo en el desarrollo de los libres y de los fijos. Pedir á la Naturaleza un animal adulto, libre y sin especializacion en órganos distintos, es como si se le pidiese una cosa renegrida como pintura blanca. Como forma permanente del adulto, el hundimiento producido en una esfera de células sólo se encuentra en ciertos Metazoarios fijos, llamados Celenterados (koilos, cavidad; énteron, intestino), porque tienen la forma de una bolsa doble, cuya tela interna constituye el intestino del animal.

En Embriología, la esfera de células se llama blastodermo. La parte interior, formada por el hundimiento, ó invaginacion del blastodermo, se llama endodermo es la especializada para desempeñar la asimilacion. La exterior lleva el nombre de ectodermo; encargada de todo lo que es gastar. El sistema nervioso, hermano mayor del plasma germinativo, es el agente de este gasto. Entre las dos membranas del blastodermo se halla el mesodermo, en donde están el plasma germinativo y sus órganos (cuando existen); dá orígen al esqueleto mas ó menos sólido, al tejido conjuntivo, á los músculos, á los vasos por donde circula la sangre, al peritoneo, etc.

Los animales alcanzan una altura tanto mayor en la escala de la organizacion, cuanto más pueden asimilar y hacer en su blastodermo un mayor acopio de elementos vivos de perfectibilidad. Cuando el medio no es bastante abundante en alimentos, con relacion á la asimilatividad del animal, éste se hace libre y gastador, y se individualiza tanto más cuanto más íntima es la union entre las partes que lo componen. Por el contrario, el que es muy asimilante, pero poco gastador, y el que sin ser ni lo uno ni lo otro, vive en la abundancia, jamás tiene órganos muy perfeccionados, pues no los necesita; el uno porque es fijo y el otro porque es parásito.

Entre los Mesozoarios y los Celenterados mas inferiores—las Esponjas—hay una distancia enorme, y, dada la perfecta gradacion que existe en la Naturaleza, un salto inverosímil, no sólo por la cantidad de elementos vivos que poseen los últimos, sino muy principalmente porque los Mesozoarios son individuos y están en via de aumentar su individualizacion, por medio de la union y especializacion de sus células ó partes componentes. Las Esponjas, por el contrario, son verdaderas colonias fijas, formadas por la agrupacion mas ó menos numerosa de familias distintas que se agregan y fusionan unas con otras; y á juzgar por su desarrollo, han pasado ya la fase de la evolucion, á que los Mesozoarios no han llegado aún.

Los Metazoarios, más inmediatos descendientes de los Protozoarios agregados y de los Mesozoarios, son, por un lado, los llamados Rotíferos, y, por otro, las Turbelarias inferiores.

Para no extenderme demasiado, me ocuparé solamente de los primeros.

Los Rotíferos son Metazoarios libres, y, en su mayor parte, microscópicos. Deben su nombre á la presencia, en la extremidad anterior, de un aparato ciliar, llamado órgano rotatorio, á causa de que en algunos se asemeja á una ó varias ruedas animadas de un movimiento circular. Las células, que en los Infusorios libres ó agregados están separadas y desempeñan cada una todas las funciones de la vida, en los Rotíferos están completamente unidas y se han especializado, para el desempeño de esas funciones, con más perfeccion que en los Infusorios: se ha establecido entre ellas lo que se llama division del trabajo. El núcleo, esa parte del plasma personal, que en los Infusorios era el centro de atraccion de los materiales asimilados, se presenta en los Rotíferos bajo la forma de sistema nervioso; muy simple, sí, pero con todas sus principales atribuciones.

Como estos séres son todavía muy pequeños y simples, revelan con relativa claridad algunos de los fenómenos de la vida, que en los Metazoarios superiores son mucho mas complicados y oscuros.

Lo mas interesante de los Rotíferos es lo referente á la sexualidad. Los machos son mucho mas pequeños que las hembras; salen del huevo completamente formados, y son tan poco asimilantes, que no toman alimento alguno durante toda su corta vida, y áun carecen de órganos de digestion y hasta de boca. Las hembras ponen dos clases de huevos: huevos de verano, con cáscara fina, y huevos de invierno, con cáscara dura. Los primeros se desarrollan sin ser directamente fecundados, y á veces dentro de la madre. De estos huevos nacen los machos. Los huevos de Invierno son puestos en Otoño y fecundados. De ellos nacen las hembras en la Primavera siguiente.

Si el lector, interesado por el estudio de la Zoología propiamente dicha, le dedica su atencion, encontrará que, con diferencias de grado, son muchos los animales en los cuales se observa lo mismo que en los Rotíferos. Cuando el macho es muy pequeño, con respecto á la hembra, y muy diferente de ella, por consiguiente, ésta se basta á sí misma para reproducirse durante cierto tiempo, poniendo huevos fecundos y áun dando á luz sus hijos ya formados. Esta manera de reproducirse sin refecundacion inmediata, se llama partenogénesis. El macho, no sólo es inútil cuando hay partenogénesis, pero ni siquiera existe todavía.

Estudiando la Zoología se verá tambien que, cuando los individuos de distinto sexo son muy semejantes, ambos tienen una notable facilidad para reproducir cualquiera parte de su cuerpo que les haya sido cortada, y áun se cortan ellos mismos espontáneamente. Esta separacion del exceso de crecimiento sobre la fuerza, unitiva que dá su forma al individuo, se llama reproduccion asexual. Es una calificacion completamente falsa, puesto que, como ya lo sabemos, vivo y asexual son términos contradictorios entre sí; es como decir fuego frio ó agua seca. La reproduccion llamada sexual es, propiamente dicho, exógama (ex, fuera; gama, casamiento); la asexual es endógama (endo, dentro).

Los hechos que acabo de hacer conocer revelan lo siguiente: El plasma personal del macho no sólo es desasimilante, sino que tambien va, en su evolucion, haciéndose mas y mas desasimilante, hasta quedar reducido á casi nada. Cuanto más desasimilante se hace el plasma personal del macho, tanto más asimilantes se han hecho en él los productos del germinativo, es decir, los espermatozoides.

El plasma personal de la hembra es asimilante, ó lo contrario de desasimilante; y se hace más y más asimilante hasta adquirir ese volúmen relativamente enorme del individuo hembra. Cuanto más asimilante es el plasma personal de la hembra, tanto menos lo son los productos ú óvulos del germinativo. Cuando estos productos han llegado al máximum de asimilatividad, la misma reaccion que transformó en asimilantes las células germinativas desasimilantes del macho, transforma en desasimilantes, es decir, en machos, las células asimilantes ó huevos de la hembra. Por eso es que de los huevos no refecundados de los Rotíferos nacen los indivíduos machos.

En los animales cuyo dimorfismo sexual es muy considerable, el macho está próximo á desaparecer como indivíduo, y cuando desaparezca del todo, la masculinidad pasará al indivíduo femenino, ó, mejor dicho, permanecerá en él y dará el mismo resultado que la fecundacion en el óvulo. Se formará entonces, nó una hembra y un macho, sino indivíduos que podrán asimilar y crecer mucho, y desprenderse del fruto de su crecimiento ó endogamia, cuando el volúmen del indivíduo sea superior á la fuerza unitiva de sus componentes.

Se vé, pues, que del dimorfismo sexual exagerado, á la completa igualdad de los sexos, con reproduccion endógama, no hay mas que un paso. Este paso puede verificarse fuera del alcance de nuestra observacion, porque tendrá lugar bajo la misma forma de desarrollo y crecimiento, comun á todos los animales que nacen de un huevo y crecen mucho despues. La partenogénesis y la reproduccion endógama ó por brotos que se separan ó no de su generador, son una continuacion la una de la otra, en la forma siguiente:

Revista del Jardín Zoológico de Buenos Ayres (Tomo I. Entrega X, pp. 289-320) (page 21 crop).jpg
Fig. 35.

Los animales son muy variados en formas y en el grado de perfeccion con que se desempeñan en ellos las funciones de la vida. El estudio de esas variedades hacen de la Zoología una ciencia muy extensa é interesante. Para no salir de los limites en que debo circunscribirme, sólo diré que desde el mas ínfimo de los animales, hasta el más elevado en organizacion, todos forman numerosas séries paralelas (Poligenismo), en las cuales pasan por unas mismas fases (Monogenismo), sucediéndose en un órden ascendente, tan regular y admirable, que lo hacen digno de la mas atenta consideracion de nuestra parte.

Haciendo abstraccion de la altura á que cada animal alcanza en la escala, el órden en el cual se verifica la ascension es el mismo observado ya en los animales de que nos hemos ocupado. Es una sucesion en la cual los indivíduos libres alternan con las familias fijas, cuyos miembros ó zooides se unen entre sí por vínculos de más en más estrechos.

A cierta altura en la escala y en las diversas séries, aparecen nuevas formas de familia. En las unas, los zooides están muy íntimamente unidos; la familia ha dejado de ser fija, pero no ha adquirido sino la escasa individualizacion y solidaridad que le permite la poca actividad de su vida. Estas familias ambulantes, como yo las llamo, viven casi todas en el mar, ya sea arrastrándose en el fondo, ya nadando ó dejándose llevar por las olas. En las otras familias de nueva forma, tales como los Termitas y las Hormigas, Abejas y Avispas sociales, los hermanos, muy numerosos, son completamente individualizados; pero no del todo libres, pues están subordinados al hogar, el cual es fijo. Por estar formados de numerosos individuos libres, se las suele comparar con las sociedades humanas; pero difieren notablemente: primero, porque sus miembros son todos hermanos y la sociedad no es una reunion heterogénea de individuos; y segundo, porque sus instituciones no son simples fantasías literarias, ni decoraciones teatrales, artísticamente confeccionadas, sino la manifestacion real de las leyes biológicas. En las sociedades de esos insectos hay, por lo menos, cuatro clases de individuos: la madre, el padre, las tias y los niños. La madre, impropiamente llamada reina, no es una soberana, porque, al revés de lo que pasa en las sociedades humanas, la soberanía reside en el pueblo; de modo que éste obedece libremente á las leyes de la vida y no á las de astutos egoístas ó de oficiosos soñadores. Las tias son el verdadero pueblo y lo equivalente del plasma personal en el individuo. El proverbio de «á quien Dios no le dá hijos, el Diablo le dá sobrinos», tiene en ellas la realidad de una ley biológica. Ellas son las que desempeñan todo el trabajo material de la casa, y lo hacen con tanta inteligencia y puntualidad, que muy rara ve<, se comete una leve falta.

Hay una variedad asombrosa en la forma y en el rango de todos los animales; y el que se tome el trabajo de estudiarlos encontrará todos los grados imaginables de union entre los hermanos ó zooides que componen cada familia, y de su especializacion para el desempeño de las funciones necesarias á la existencia del todo. Cuanto más íntima es la union de los hermanos, tanto más se ha especializado cada uno al desempeño de una funcion determinada, y tanto mayor solidaridad hay entre todos. Cuando la union y division del trabajo son completas, la familia forma un solo organismo completamente individualizado; es decir, un individuo, el cual será tanto más complicado y «perfecto», cuanto más elevado sea su rango en la evolucion y más difícil la vida en el medio en que se halle.

Pero las fuerzas de la Naturaleza son contínuas. Lo único intermitente es el cambio de forma. La fuerza unitiva, que transformó en individuo á toda una familia, continuará en este individuo bajo la forma, ó, mejor dicho, bajo el nombre de fuerza separativa, porque lo es con relacion á los demás prójimos y hermanos, y se llama egoísmo. Continuará hasta que, acumulados los efectos de la refecundacion, den al individuo «egoísta» las aptitudes requeridas para vencer las resistencias del medio y, á más, un pequeño fondo de reserva, que tambien irá acumulándose bajo la forma de «amor», ó, como ya lo he llamado, «fuerza unitiva».

Una vez vencidas las resistencias del medio, lo mismo que el Infusorio, libre y vagabundo cuando era difícil obtener el alimento, y fijo cuando éste era abundante, el individuo egoísta, que ántes sostenía una encarnizada lucha por la vida, ahora, gracias á su grande amor y á las ventajas adquiridas en esa lucha, alcanzará á superar todos los obstáculos, á evitar todos los males, ó, dicho en lenguaje figurado, pero con toda verdad, como lo haré ver despues, conquistará el «Paraíso Celestial».