Semblanza de Casanova

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Mis contemporáneos: Semblanzas varias


CASANOVA.




 Burla burlando, como en el soneto de Lope, van delante los artistas que han de formar mi libro futuro, y que publicará, si á él y á mi nos da Dios salud (díganme que no soy devoto), el editor Alvarez.

 Tócale hoy el turno al pintor español Casanova, conocidísimo en el extranjero, donde pinta y vende como pan bendito frailes y majas.

 Acaso el lector español no ha olvidado el constante cuadro de Casanova que, más ó menos variado, habrá visto en casa de Hernández, ó en algún salón particular, ó en alguna exposición de pinturas.

 Lo picaresco de la situación cómico-religiosa (con permiso de los ultramontanos) que este españolísimo artista reproduce, constituye su mérito y su encanto.

 Es preciso conocer un poco el extranjero para saber cuánto se estiman aquí estas costumbres de nuestro siglo glo pasado y principios del presente, que dos ó tres artistas notables hacen maravillosamente.

 Jiménez Aranda (D. José) y su hermano D. Luis pintan abates y barberos, madamas y lechuguinos, alcaldes y alguaciles, currutacos y picadores.... Casanova pinta frailes y les pone siempre al lado muchachas bonitas.

 Hay en esto una graciosa propaganda de ridículo y una adivinación ó recuerdo de aquella época del Prado y del chocolate, la sopa boba y las visitas á las devotas apetitosas.

 Hay en estos cuadros primorosamente pintados, que los ingleses compran sin distinción, una reproducción de aquellos tiempos que Pérez Galdós ha descrito con admirable pluma en sus Episodios Nacionales y que los Mélidas han fotografiado con primorosos dibujos.

 Allá en la rué Greuze, á la entrada de Passy, tiene su estudio este contemporáneo, que, como Pellicer, Vierge, su hermano Samuel y los Arandas, apenas saben que existe París. Viven completamente dedicados á su trabajo, lejos del mundanal ruido, sin más vecino de enfrente que el modelo, ni otra aspiración que la de su arte. ¡Admirable manera de ser, que contrasta con la de tanto desocupado, que han convertido á París en el antiguo Zocodover de que hablaba Cervantes!

 De algún tiempo á esta parte, Casanova, á quien los compradores pedían cuadros de género, se negaba en absoluto á vender. ¿Por qué? Porque se había propuesto en el Salón próximo un cuadro grande, un cuadro colosal, cuyas figuras, de tamaño mayor que el natural, habrían de representar una escena tristísima y de gran importancia histórica.

 Casanova pensaba como asunto de su inmensa tela, la muerte de Felipe II, y se dedicó completamente á este largo trabajo.

 Alguien le dijo que el patriotismo exigía dar la preferencia á España y que el cuadro debía ir á Madrid y figurar en la próxima Exposición de pinturas.

 Nuestro pintor es patriota, y abandonando el centro en que vive y donde le conviene exponer, enviará su cuadro á la patria.

 No diré yo cómo es, ni si me parece bien ó mal. Lo primero sería descubrir el secreto del artista, que sólo el público debe conocer. Lo segundo, adelantar opiniones. Baste saber que el cuadro de Casanova y Estorah será de los más importantes que figuren en la Exposición próxima, y que ocupa todo el estudio aquel donde hemos pasado hace pocos dias dos horas.

 Estudio curiosísimo que no se parece á ninguno. El de Madrazo es aristocrático, el de Domingo es rico, el de Aranda práctico, el de Ribera sencillo, el de Egusquiza suntuoso, el de Gisbert campestre.... Pero el de Casanova es un almacén artístico, un gran montón de infinitas cosas, todas útiles, todas características, todas en armonía con el género del artista. Hábitos y mantillas blancas, sandalias y abanicos, tabaqueras y zapatos con galgas, peinas y disciplinas.... todo trasciende á Goya, y el contraste constituye escuela.

 El artista trabaja vertiginosamente de sol á sol; es un temperamento nervioso, impresionable, queriendo hablar á la vez español, francés é italiano, preocupadísimo en la opinión futura de la crítica y de sus compatriotas, esclavo de todos los detalles, rodeado de libros, códices é historias parciales, creyendo que las horas son minutos, y hablando y pintando, y quejándose del cielo parisién, plomizo y triste, que le roba la luz y tiempo para acabar su cuadro, que, como el más importante de cuantos ha hecho, le absorbe la atención y le quita el sueño.

 Es un joven franco, sencillo, sin pretensiones, á pesar del éxito constante de sus deliciosas escenas, que ya están á alto precio en todos los mercados. Para él no hay más mundo que aquellas cuatro paredes llenas de cachivaches y de apuntes graciosísimos. La mano, acostumbrada desde temprana edad al dibujo y al color ejercita con extraordinaria facilidad y buen gusto raro. Deseóle todo el éxito que se merece en el certamen que se prepara en la madre patria, donde apenas se le conoce. Es uno de tantos que han comenzado su carrera fuera, y van á pedir á sus compatriotas la confirmación del universal aplauso.

 En la anterior semana han visitado el estudio diferentes artistas franceses que han admirado la gran verdad histórica del cuadro nuevo y el tono de melancólica verdad que ha podido dar el pintor á tan sombrío acontecimiento.... Pero ya iba á describir los detalles, y repito que no es éste mi propósito, sino el de dar una anticipada enhorabuena á un notable pintor que nos honra en el extranjero y que será, sin duda, tan celebrado en su país como lo es donde quiera que se presenta un cuadro suyo.

 ¡Singular condición la de los españoles notables, ó la del país en que todos hemos nacido! Por centenares se cuentan los que fuera de la patria son aplaudidísimos, y discutidos, sin embargo, en ella....

 Tomás Bretón me decía no há muchas horas, que esto consiste....

 Pero de Tomás Bretón he de hablar extensamente otro día.


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