Un hombre y un asno

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FÁBULA IV.
dichoso el que escarmienta en cabeza agena.
Un hombre y un asno.

Como un hombre hubiese sacrificado al dios Hércules un Verraco, que le debia en fuerza de un voto hecho por su salud; mandó echar al borrico las sobras de la cebada, pero él despreciándolas habló así: apetecería con mucho gusto esa tu cebada, si no hubieras degollado al que engordó con ella.

En atención á esta fábula he huido siempre de ganancias arriesgadas. Pero me dices: al cabo los que hurtaron riquezas, se las tienen. Ea pues, contemos los que perecieron cogidos con el hurto en la mano; y hallarás ser mayor, el número de los ajusticiados. La temeridad á pocos sale bien, á muchos los pierde.


notas.

Verrem. Una de las víctimas, que se sacrificaban á Hércules. Evandro fue el primero que se la sacrificó. Tit. Liv. lib. 1, c. 7.

Hérculi. Hubo muchos Hércules, de suerte que no falta, autor que cuenta hasta 43. El mas señalado fue el Tebano, hijo de Júpiter, y de Alcmena, tan conocido por sus doce célebres hazañas.

Sancto. Llámale Fedro Santo; porque las poetas le cuentan en el número de los dioses.