A Versalles

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Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

¡Oh pórticos! ¡Oh mármoles vivientes!
 ¡Oh bosques de Versalles!
¡Sitios más deleitosos y rientes
 Que los Elíseos valles!

Los dioses y los reyes á porfía,
 Recinto almo y sereno,
Tesoros de hermosura y lozanía
 Vertieron en tu seno.

Frescura, al verte, y suavidad recibe
 El pensamiento mío,
Y como hierba lánguida revive
 A quien bañó el rocío.

No anhelo de París la varia escena:
 Quiero ver á mis Lares
Bajo tu sombra reposar amena
 En rústicos hogares,

De donde al campo, yo, circunvecino
 Llevar tranquilo pueda
Los pasos, estrechándome el camino
 Tresdoblada alameda.

¿Dónde están de ciudad armipotente
 Las regias maravillas ?....
Regalas tú con aromado ambiente,
 Con trofeos no brillas.

El apacible sueño, el manso olvido,
 El estudio y el arte,
Castas divinidades, han venido
 Por suyo á consagrarte.

¡Ay! ociosa indolencia me devora,
 Y cosechar no intento
El fruto sazonado que elabora
 Activo entendimiento.

Consumido de tedio me abandono;
 Ni gárrula alabanza,
Ni públicos favores ambiciono;
 Ha muerto la esperanza.

Y sólo ya la sombra taciturna
 Dulce parece á un alma
Desengañada; la quietud nocturna,
 La solitaria calma.

Si es vivir mi destino, en paz profunda
 Calladamente viva;

Cebe amor de mi antorcha moribunda
 La llama fugitiva.

Amo, ¡oh placer! Y tú, rincón florido,
 Aquella imagen pura
Conoces; aquel nombre tú has oído
 De inefable dulzura,

Que á tu silencio tímido confío
 Cuando de tarde vengo,
Y en pensar que la he visto me extasío
 O que de verla tengo.

Si por ella mi labio amor suspira,
 Tus umbríos boscajes
En ecos dignos de celeste lira
 La ofrendan homenajes.

Por ella la onda sacra de armonías
 Que tierra y cielo inunda,
Hoy de mis labios como en otros días
 Torna á correr fecunda.

¡Oh! si el que ama el honor y la justicia,
 Cuando el malvado impera
De olvidar y vivir á la delicia
 El pecho abrir pudiera,

Tu silencio, Versalles, tus risueños
 Asilos de verdura,
Nido fueran de cándidos ensueños
 Y de perenne holgura.

Mas tus alegres ámbitos, el verde
 Césped, la fresca gruta,
Todo sus galas ¡ay! súbito pierde
 Y á mis ojos se enluta;

¡Y de un pueblo inocente, acuchillado
 Por tribunal sangriento,
Pasar veo delante el no vengado
 Espectro macilento!