Un rayo de sol

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Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

Este es el sitio. ¡Mi corcel, detente!
Déjame repasar la misma escena,
Y el recuerdo evocar con honda pena.
 De la mujer que fué.
Júntanse aquí el pasado y el presente.
Del tiempo separados por el vuelo,
Cual las huellas que oculta el arroyuelo,
 Y á ambos lados se ven.

¡Venid, recuerdos, mi único recreo!...
¡Ah! la gramosa calle ya distingo
Que al ara santa aquel feliz domingo
 Nos condujo á los dos.
La inquieta sombra de los tilos veo
Acariciando la menuda grama.
¡Ay! tú pasabas entre sombra y rama
 Como etérea visión.

Blancas cual la azucena eran tus ropas,
Como ella casta y pura tu alma era;
Parecías, graciosa mensajera,
 Del cielo descender.
Con ternura los árboles sus copas
Doblaban por besar tu ebúrnea frente,
Y el pudoroso trébol reverente
 Te acariciaba el pie.

"¡Dormid, dormid en este santo día
Angustias y cuidados mundanales!"
El coro canta. Armónicos raudales
 Ascienden hasta Dios.
El sol por la entreabierta celosía
Un rayo vierte en la extendida sala
Que el polvo dora, y la soñada escala
 Semeja de Jacob.

El viento perfumado á cada instante
Besa y agita con su soplo blando
Las páginas del libro venerando
 Que está sobre el altar.

Largo tiempo la voz edificante
Del ministro sonó; mas un momento
Fué para mí, que á ti mi pensamiento
 Se ligaba tenaz.

Así también la férvida plegaria
Que él y yo pronunciamos aquel día,
Pasó; que á Dios volaba el alma mía,
 Mi corazón á ti.
Hoy ¡oh dolor! la tea funeraria
Alumbra sólo. El rayo aquel de oro
Se extinguió para siempre. Amargo lloro
 Sucedió á aquel festín.

¡Triste recuerdo, al corazón ligado
Con mil raíces! Cual el alto pino
El sol aparta y gime de con tino
 Su eterna soledad.
Mas su memoria brilla en lo pasado
Como el luciente sol brilla á lo lejos,
Cuando nube que envidia sus reflejos
 Nos oculta su faz.

A. P.