La Ilíada de Homero (García Malo)/Tomo I/Libro II

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La Ilíada de Homero (1788) de Homero
traducción de Ignacio García Malo
Libro segundo


La Ilíada de Homero (Ignacio García Malo) (encabezado 2).jpg
LA ILIADA DE HOMERO.

LIBRO SEGUNDO.

ARGUMENTO.

El Rey Agamenón se halla engañado
Por un Sueño, que Jove le ha enviado.
Congrega de los Griegos la asambléa,
Para hacerles pugnar, como desea:
Describense las naves numerosas,
Sus Xefes y sus tropas, belicosas.

Los Dioses y los hombres belicosos
Asi toda la noche reposaban,
Mas Jove no gozaba el dulce sueño,
Antes bien meditaba entre sí mismo
El medio de colmar de gloria á Aquiles,
Y de hacer que infinitos pereciesen
Cerca de los baxeles de los Griegos.
Entre todos los medios que pensaba,

Ningun consejo halló mas conveniente,
Que el de enviará Agamenón un Sueño,
Que pudiese engañarlo y seducirlo.
Llamó á este Sueño, pues, y asi le dixo:
„¡Oh pernicioso Sueño! anda al instante
„A las naves veloces de los Griegos,
„Y luego que estés dentro de la tienda
„De Agamenón, Atrida, exactamente,
„Todo le anunciarás segun te mando.
„Dile que arme al momento los Argivos,
„Y que ponga su Exército en batalla.
„Dale á entender que es este el felíz dia,
„En que se hará de Troya árbitro y dueño:
„Que los Dioses excelsos é Inmortales,
„Que habitan el Olympo, están unidos,
„Porque la Diosa Juno, suplicando,
„Ha logrado vencer á todos ellos;
„Y que ya á los Troyanos les espera
„De la parte de Jove ruína entera.”
 Dixo; y el Sueño habiendo recibido
La orden soberana del Tonante,
Va volando á las naves de los Griegos,
Y á donde estaba Agamenón se pára.
En su tienda lo encuentra, que dormia
De un sueño de ambrosía rodeado;

Y puesto en su cabeza, semejante
A Nestor que era hijo de Neleo,
Y entre todos los Xefes veteranos
Era á quien mas Agamenón honraba,
Le dice asi la orden que llevaba:
 „Hijo del grande Atreo cómo duermes!
„Un Rey que presidiendo está asambléas,
„Que á un Exército entero está mandando,
„Y que tiene cuidados tan urgentes,
„Nunca debe dormir la noche entera.
„Despiertate, y escucha mis consejos,
„Pues soy un enviado del gran Jove,
„Que aunque está tan distante de vosotros,
„Tiene mucho cuidado de tu gloria,
„Y siente las desgracias que padeces.
„Manda que hagas armar á los Acheos,
„Y á todos tus Soldados y tus tropas,
„Porque ya llegó el dia en que consigas
„Conquistar á Ilión de calles anchas.
„Los Dioses inmortales que demoran
„En las casas excelsas del Olympo,
„No están ya divididos, porque Juno
„A todos con sus ruegos ha rendido;
„Y tambien á los Teucros amenaza
„De parte del gran Jove mortal ruína.

„Graba en tu corazon profundamente
„La orden que te he dado, y cuida mucho
„Que el olvido no la haya en tí borrado,
„Quando del dulce sueño seas dexado.”
 Despues que dixo asi, desaparece,
Dexando á Agamenón muy pensativo,
Repasando en su ánimo unas cosas,
Que no debian tener efecto alguno;
Pues pensaba expugnar en aquel dia
La ciudad de Priämo, ¡oh insensato!
Quando Jove otras cosas maquinaba
E intentaba causar mayores males,
Y suspiros á Griegos y Troyanos,
En combates sangrientos y crueles.
Despierta pues, el Rey, y al despertarse
Juzga que aquella voz dulce y divina,
Aún resonar sentía en sus oídos.
En la cama se sienta, y muy alégre,
Se cubre con su túnica muy fina,
Nueva y hermosa: toma un manto grande,
Y se viste con él: despues adorna
Sus delicados pies con un calzado
Rico y maravilloso: su terrible
Y formidable espada iba pendiente
De un tahalí precioso, y con su cetro,

Que inmortal habia sido en su familia,
Se sale de su tienda, y va al momento
A recorrer su armada y campamento.
 Ya la Aurora subia ácia el Olympo,
Para anunciar la luz resplandeciente
A Jove y á los otros Inmortales,
Quando el hijo de Atreo con gran gozo,
A sus dos Reyes de Armas les ordena,
Que á una asambléa llamen á los Griegos.
Estos dos Reyes de Armas los convocan,
Y los Griegos con priesa se reunen.
El Rey Agamenón junta el Senado
De los viejos magnánimos y Xefes
En presencia de Nestor y en su nave,
Y despues de estár todos congregados
Este astuto consejo les propone:
„Oíd, amigos mios (él les dice):
„A mí se ha aparecido en esta noche
„Un Sueño muy divino mientras tanto
„Que durmiendo en mi lecho reposaba.
„Tenia la estatura y el aspecto
„De Nestor el anciano respetable,
„ En mi cabeza al punto se ha fixado,
„Y en estos mismos términos me ha hablado:
 „Hijo del grande Atreo ¡cómo duermes!

„Un Rey que presidiendo está asambléas,
„Que á un Exército entero está mandando,
„Y que tiene cuidados tan urgentes,
„Nunca debe dormir la noche entera.
„Despiertate, y escucha mis consejos,
„Pues soy un enviado del gran Jove,
„Que aunque está tan distante de vosotros,
„Tiene mucho cuidado de tu gloria,
„Y siente las desgracias que padeces.
„Manda que hagas armar á los Argivos,
„Y á todos tus Soldados y tus tropas,
„Porque ya llegó el dia en que consigas
„Conquistar á Ilión de calles anchas.
„Los Dioses inmortales que demoran
„En las casas excelsas del Olympo,
„No están ya divididos, porque Juno
„A todos con sus ruegos ha rendido,
„Y tambien á los Teucros amenaza
„De parte del gran Jove mortal ruína.
„Graba profundamente en tu memoria
„La orden que te he dado, y cuida mucho
„Que el olvido no la haya en tí borrado,
„Quando del dulce sueño seas dexado.
 „Luego que dixo asi, volando parte,
„Y de tan dulce sueño yo despierto.

„Veamos pues, el medio mas seguro
„De que las armas los Acheos tomen:
„Mas antes probaré con mis palabras
„Su modo de pensar, segun es justo,
„Y mandaré que apresten los baxeles,
„Para volvernos luego á nuestra patria.
„Os opondreis vosotros á este intento,
„Y haréis con las palabras dulcemente,
„Que todos se detengan prontamente.”
 Habla asi, y á tomar asiento vuelve.
Nestor el venerable, Rey de Pylos
Se levanta, y les dice con prudencia:
„¡Oh Principes amigos, y caudillos
„De las tropas Argivas valerosas!
„Si otro qualquiera Griego nos contase
„Este Sueño divino, juzgariamos
„Que era un falso impostor, y yo el primero
„Ninguna fé daria á sus palabras:
„Mas aquel á quien Jove le ha enviado,
„Es el mas poderoso de los Reyes,
„Y el Xefe principal de nuestras tropas.
„Vamos á hacer de modo que ahora tomen
„Nuestros Griegos las armas en las manos,
„Para vencer los animos Troyanos.”
 Dixo asi, y del Consejo salió al punto.

Todos se levantaron, y los Reyes
A su gran General obedecieron.
Entre tanto las tropas se acercaban:
Y asi como se ven muchas Abejas
Salir de un peñon hueco, á las que siguen
Sin cesar otras nuevas que volando
En confusos enxambres, sobre todas
Las flores de la bella Primavera,
Dispersandose van por todas partes;
Asi los batallones se veían
Salir desde las naves y las tiendas,
Y correr en tropél ácia el Senado.
La Fama en medio de ellos como nuncia
Del soberano Jove, con instancia,
Los incíta á marchar á toda priesa.
Fórmase la asambléa, y van llegando
De todas partes numerosas tropas.
Gime la tierra al peso de sus huellas,
Mientras que aquellas tropas se sentaban,
Y resonaba en toda aquella costa
El tumulto y el ruido. En altas voces
Nueve Reyes de Armas se esforzaban
En hacer que callasen, y escuchasen
A los Reyes alumnos del gran Jove.
En fin, estando ya todos sentados,

Y calmado el estrépito que hacían,
El Rey Agamenón en pie se pone.
En su mano tenia el rico cetro,
Trabajado por arte de Vulcano,
Que lo dió al hijo excelso de Saturno.
Jove despues lo regaló á Mercurio,
Quien lo pasó á Pelope, diestro y hábil
Para guiar Caballos, y Pelope
Lo dió á Atreo despues, Pastor de Pueblos:
Quando Atreo murió lo dexó en manos
De Thiestes, muy rico de ganados;
Y á Agamenón despues lo dió Thiestes
A fin de que reynase en muchas Islas,
Y mas principalmente en la gran Argos.
En este cetro el Principe apoyado
Asi dice al Exército esforzado:
 „Amigos mios, Héroes de la Grecia,
„Guerreros y discipulos de Marte,
„Júpiter nos aflije cruelmente.
„Este Dios que me habia prometido,
„Haciendome señal con su cabeza,
„Que no retornaría á nuestra patria
„Sino despues que hubiese saqueado
„La sobervia Ilión, impiamente
„Al presente me engaña pues me manda

„Que lleno de rubór á Argos me vuelva
„Despues que aqui he perdido una gran parte
„De las tropas lucidas de mi mándo.
„Asi lo quiere el prepotente Jove,
„Que gusta de arruinar las fortalezas
„De las ciudades altas y eminentes,
„Y que lo, mismo hará con otras muchas,
„Porque su potestad es infinita.
„¡Qué vergüenza será para nosotros,
„Quando allá en las edades venideras,
„Se diga que un Exército de Griegos,
„Tan numeroso, fuerte y belicoso,
„Ha hecho tan largo tiempo inutilmente
„La guerra contra huestes enemigas,
„Que en el número son tan desiguales;
„Y que habiendo pasado tantos años
„Está el fin muy distante todavia!
„Pues si todos los Griegos y Troyanos,
„Jurando una fiel paz irrevocable,
„Quisiesemos contarnos unos y otros,
„Los Troyanos á un lado separados,
„Y á otra parte nosotros por docenas,
„Y un Troyano eligiese cada una,
„Para que él solo el vino nos echase,
„Infinitas docenas aún tendriamos,

„Que sin ningun copero quedarian:
„Tan cierto es que los Griegos sobrepujan
„En número, copioso á los Troyanos.
„Mas estos tienen tropas auxiliares,
„Que de varias ciudades los socorren.
„Esto es pues, lo que mucho me embaraza,
„Y saquear á Troya nos impide.
„Nueve años enteros del gran Jove
„Hace que en este sitio nos hallamos.
„Las naves están ya casi podridas,
„Los cables consumidos totalmente,
„Nuestras mugeres é hijos jovencitos
„Nos esperan con ansia en nuestras casas,
„Y la empresa, que aqui nos ha traído,
„Temo no ha de tener efecto alguno.
„Seguid todos constantes mis preceptos,
„Huyamos á la patria en nuestras naves;
„Pues nunca el arruinar conseguiremos
„La sobervia Ilión como queremos.”
 Dixo asi, y conmovieron sus palabras
Aquella multitud, que no sabía
Lo que pasado habia en el Consejo.
En toda la asambléa se levanta
Un murmurio confuso, semejante
Al fracaso tremendo de las olas,

Que se amontonan en el golfo Icario,
Quando el viento de Oriente y Mediodia,
Baxando de las nubes del gran Jove,
Las agita y conmueve con violencia;
O asi como se ven en algun campo
Las mieses ondear á grandes olas
Quando el Zéphiro exerce sobre ellas
Su rabia impetuosa, y las obliga
A baxar las espigas á su impulso;
Asi aquella asambléa se conmueve
Al oír lo que el Principe decia.
Las tropas van corriendo á sus baxeles,
Dando unos grandes gritos y alaridos.
Unas nubes de polvo se levantan
Debaxo de sus pies, y unos á otros
A preparar sus naves se estimulan,
Y á botarlas al mar á toda priesa.
Limpian apresurados los canales,
Y el clamor de los muchos que corrian
Con priesa ácia sus casas se remonta
Hasta el brillante Cielo. Ya sacaban
Las palancas debaxo de las naos,
Y el regréso y partida de los Griegos
Sin duda hubiera sido inevitable,
A pesar de la orden del destíno,

Si Juno no le dice asi á Minerva:
„Hija invencible del supremo Jove,
„¿Asi los Griegos piensan retirarse
„Por las ondas del mar estrepitoso,
„Para volver á su estimada patria,
„Y dexarán cobardes para gloria
„De Priämo, y de todos los Troyanos,
„La Argiva Elena que la causa ha sido
„De que muertos se queden tantos Griegos,
„Al pie de las murallas de esa Troya,
„Tan lexos de su amada y dulce patria?
„Vuela, Minerva, al campo de los Griegos,
„Habla á cada uno de ellos, empleando
„Esa dulce elocuencia que te es propia,
„Para hacer que desistan del designio,
„Y no sufras jamás, que en él siguiendo,
„Sus naves en el mar vayan poniendo.”
 Asi dixo, y Minerva le obedece;
Y descendiendo del excelso Olympo
Con mucha rapidéz, llega la Diosa
A las naves veloces de los Griegos.
Encuentra antes que á nadie al sábio Ulises,
El qual por su prudencia en los consejos
Podia compararse al mismo Jove.
Estaba en inaccion, y no habia dado

Disposicion alguna en sus baxeles,
Porque el alma tenia penetrada
De una pena y tristeza muy profunda.
Acercase á él la Diosa, y asi dice:
„Divino Ulises hijo de Laertes,
„Que con tu gran prudencia siempre encuentras
„Recursos en los casos mas extremos,
„¡Qué es esto! ¿Ya marchais á vuestra patrias
„Entrandoos en tropél en vuestras naves,
„Dexandole á Priämo y á los Teucros,
„Para que ellos se jacten de esta gloria,
„La Argiva Elena que la causa ha sido
„De que muertos se queden tantos Griegos
„Al pie de las murallas de esa Troya,
„Tan lexos de su amada y dulce patria?
„Vuela, Ulises, al campo de los Griegos,
„Habla á cada uno de ellos, empleando
„Esa dulce elocuencia, que te es propia,
„Para hacer que desistan del designio,
„Y no sufras jamás, que en él siguiendo,
„Las naves en el mar vayan poniendo.”
 Dixo asi, y conociendo en el instante
La voz de aquesta Diosa que le hablaba,
Echó á correr quitandose su manto,
Que recogió Eurybates Rey de Armas

De la Isla de Ithaca, que seguia
Sus pasos desde cerca. En el camino
Encuentra á Agamenón, y de su mano
Toma el cetro paterno incorruptible;
Y llevando en las suyas este cetro
Acia las naves Griegas se encamina;
Y quando hallaba á alguno de los Reyes
O Xefes de la armada, procuraba
Con sus dulces palabras detenerlos,
Diciendo al que encontraba de esta suerte:
„Principe generoso, tú no debes
„Temer como un cobarde. Tente, espera,
„Y da exemplo á los otros pues no sabes
„Hasta aqui ciertamente lo que piensa
„El Rey Agamenón. Lo que hace ahora
„Es solo por probar á los Acheos,
„Y en breve tú verás que los castiga.
„No todos escuchamos lo que dixo
„En medio del Consejo. Ahora temamos
„Que no pruebe el impulso de su enójo
„El Exército Griego; pues la íra
„De un Rey hijo de Júpiter supremo,
„Es terrible y funesta. Esa gran gloria
„De que está revestido y rodeado,
„Es de Júpiter mismo de quien viene;

„Y este Dios poderoso y formidable,
„Que lo protege y ama no es dudable.”
 De este modo suave persuadia
A los Reyes y Xefes de la armada.
Pero quando encontraba á algun Soldado
Díscolo, alborotado ó sedicioso,
Con el cetro sus pasos detenia,
Y á él con autoridad asi decia:
„¡Oh malvado detente, toma asiento,
„Y oye á tus respetables superiores.
„Tú eres vil y cobarde, y nada vales
„Ni en guerras, ni en combates, ni asambleas.
„No debemos aqui ser todos Reyes.
„El gobierno de muchos nunca es bueno,
„Uno debe mandar tan solamente,
„Un solo Rey que tiene entre sus manos
„El cetro que le ha puesto el gran Saturnio,
„Dandole facultad de formar leyes,
„Y de hacer la justicia merecida,
„A este Rey la obediencia es muy debida.”
 Hablando de este modo el diestro Ulises,
A todos detenia y animaba
El Exército Griego. Se veían
Salir desde las tiendas y las naves
En confuso tropél á los Soldados,

Con el fin de formar otra asambléa.
Un rumor se percibe semejante
Al murmurio confuso que las olas
Hacen, quando irritadas fieramente
Se estrellan en las rocas de la costa,
Y resuenan en medio de las aguas.
Toman su puesto pues, todos los Griegos,
Y se sientan por orden silenciosos.
Térsites solo hablando sin medida,
Un ruído muy terrible ocasionaba.
Nunca decir sabía sino oprobios,
Necedades é indignas groserías,
E insultando á los Reyes sin respeto,
Buscaba en su concepto lo mas apto
Para mover á risa á los Argivos.
Era, además de esto, tuerto y cojo,
Y el mas feo de quantos alli habia:
Tenia las costillas desiguales,
Y en el pecho y los hombros dos corcobas,
Y la cabeza encima puntiaguda,
Y cubierta de pelo escasamente.
Era pues, enemigo declarado
De Aquiles y de Ulises porque nunca
Cesaba de insultarlos neciamente:
Mas entonces gritando en altas voces,

Decia á Agamenón mil vituperios.
Los Griegos al mirar tanta insolencia,
De justa indignacion llenos estaban,
Y oían sus palabras con enójo;
Pues gritando en voz alta, persistía
En proferir baldones, y decia:
 „Hijo fiero de Atreo, ¿qué te quexas?
„¿Qué quieres de nosotros? ¿qué te falta?
„Tus tiendas ya rebosan de metales,
„Y de hermosas cautivas están llenas,
„Con que hemos colmado tu avaricia
„Quando alguna ciudad hemos ganado.
„¿Tienes aún hambre de oro? ¿Tú pretendes
„Que de Ilión desciendan los Troyanos,
„A traerte el rescate de sus hijos,
„Que yo ó qualquiera Acheo de los otros
„Te hayamos conducido prisioneros?
„¿Quieres ya otra cautiva bella y joven,
„Para que servir pueda á tus placeres,
„Y en tu tienda por fuerza retenerla?
„Siendo tú el General de los Argivos,
„¿Es justo que les hagas tantos males?
„Hombres floxos, y dignos del oprobio,
„Acheos mas cobardes que mugeres,
„Volvamos á la patria en nuestras naves,

„Dexemos á este hombre que consuma
„Aqui á vista de Troya sus riquezas,
„A fin de que su orgullo reconozca
„Si necesita ó no, de nuestro auxilio.
„El se atrevió á injuriar al fuerte Aquiles,
„Cuyo valor al suyo se aventaja,
„Y en su poder retiene el justo premio,
„Que con gran violencia le ha quitado.
„Ciertamente que Aquiles fue cobarde,
„Y en extremo indolente, de otra suerte
„El lo hubiera injuriado en aquel dia,
„Por la ultima vez con osadía.”
 Asi en estas injurias se propasa
Térsites, insolente y temerario,
Contra el hijo de Atreo, Rey de Reyes.
Ulises al instante se levanta,
Le arroja una mirada altiva y fiera,
Y ayrado le habla alli de esta manera:
 „¡Ah Térsites, loquaz y temerario,
„Fértil solo en palabras, mas no en obras,
„Que nunca hablas con juicio ni prudencia !
„Da fin á tus clamores sediciosos,
„Y solo tú no ultrajes á los Reyes.
„De todos los mortales que han seguido
„A los hijos de Atreo, hasta los muros

„De la sobervia Troya, no conozco
„Un hombre tan cobarde y despreciable
„Como eres tú insensato, y sin embargo
„Injurias á los Reyes, é imprudente
„Profieres invectivas contra Atrida.
„Tú aconsejas volvamos á la patria.
„Aun no sabemos bien, ni claramente
„Lo que ha de suceder en esta guerra,
„Ni si aún retornarémos á la patria
„Distinguidos con gloria ó ignominia.
„Pero indignado estoy muy justamente
„Al oír que tu audacia é insolencia
„Insulta á Agamenón, y le echa en cara,
„Que los mas valerosos de los Griegos
„Lo han colmado de dones. Dí insensato,
„¿De tí que ha recibido sino injurias?
„Pero oye esta amenaza, y ten por cierto
„De que será fielmente executada:
„Si alguna vez te veo propasarte
„A estas extravagancias que hoy has hecho,
„Yo quiero perecer en el combate,
„Y que no esté en los hombros mi cabeza;
„Yo quiero no ser nunca mas llamado
„Padre de Telemaco, si al instante
„No te cojo y desnudo del vestido,

„Del manto, de la túnica y de quanto
„Sirve para que cubras tu vergüenza,
„Si no te hago salir de este Consejo,
„Y afrentado te envío en nuestras naves,
„Despues de haberte á palos maltratado
„Como á un esclavo vil, necio y malvado.”
 Despues que asi le dixo, le dió Ulises
Con el cetro en la espalda, y en los hombros.
Térsites se agovió báxo los golpes,
Y se puso á llorar como un cobarde.
Un cárdeno tumor se le levanta
Encima de la espalda, ocasionado
Por el cetro de oro. Temeroso
Vuelve á ocupar su asiento, y á la fuerza
Del dolor que del golpe resentia,
Arroja una ridícula mirada,
Y á enjugarse las lagrimas se pone.
Aunque estaban los Griegos afligidos,
Contenerse en la risa no podian,
Y los unos á otros se decian:
 „Ciertamente que Ulises siempre ha hecho
„Mil acciones muy buenas y gloriosas,
„Ya dando unos consejos muy prudentes,
„Ya ordenando combates y batallas;
„Pero no ha hecho jamás cosa mas util,

„Que el haber puesto un freno á ese cobarde
„Y hablador pernicioso. Yo no creo
„Que ya aqueste insolente con audacia,
„Ose ultrajar, tan temerariamente,
„A los Reyes que reynan dignamente.”
 Asi la multitud confusa hablaba;
Y Ulises, destruidor de las ciudades,
En medio la asambléa en pie se pone,
Con su cetro en la mano. Alli á su lado
Estaba en la figura de un Rey de Armas
La divina Minerva, y daba orden
De que callase el Pueblo congregado,
A fin de que los ultimos pudiesen
Del mismo modo oír, que los primeros,
Lo que Ulises queria prevenirles,
Y los consejos que intentaba darles;
Y entonces dice Ulises con prudencia:
„¡Oh Rey Agamenón! Los Griegos quieren
„De confusion cubrirte en este dia,
„Y á la vista del mundo avergonzarte.
„Se niegan á cumplirte la promesa,
„Que á la salida de Argos te ofrecieron
„De no volver jamás á ver su patria,
„Sin que á Ilión hubiesen arruinado;
„Y ahora, como si fuesen unos niños,

„O unas mugeres viudas, se lamentan
„Los unos con los otros, deseando
„Solamente el volver al patrio suelo.
„A la verdad que es cosa muy pesada
„Una guerra tan larga, aunque no hubiese
„Sino el dolor de estár tan largo tiempo
„Ausentes de sus casas y familias;
„Pues cada dia vemos muchos hombres
„Que hace un mes que dexaron sus esposas,
„Consumirse de pena en una nave,
„Quando las tempestades del Invierno,
„Y la mar agitada los detiene
„En un puerto distante de su casa;
„Y hace ya nueve años muy cabales,
„Que aqui sin fruto alguno nos estamos,
„Por lo que no condeno á nuestros Griegos
„De que estén afligidos en sus naves,
„Y que solo apetezcan ver su patria.
„Mas no obstante sería vergonzoso
„Haber estado aqui tan largo tiempo,
„Y que tantos esfuerzos fuesen vanos.
„Sufrid, amigos mios, con paciencia,
„Subsistid algo mas, y asi sabremos
„Si son del todo ciertas ó engañosas
„Las predicciones, que nos hizo Calcas;

„Porque yo bien me acuerdo, y á vosotros,
„Que la Parca fatal ha perdonado,
„Os llamo por testigos; pues parece
„Que fue ayer quando toda nuestra armada
„Juntandose de Aulide en el puerto,
„Y amenazando de infinitos males
„A Priämo y á todos los Troyanos,
„Nos pusimos en torno de una fuente,
„Y en honor de los Dioses inmortales.
„Ofrecimos perfectos hecatombes .
„En sagrados altares á la sombra
„De un plátano, de cuyo pie salia
„Un manantial copioso de agua pura.
„Alli sucedió un caso prodigioso:
„Un horrible Dragon, taraceado
„De unas manchas de sangre, que enviaba
„El mismo Jove Olympio omnipotente,
„Desde el centro del ara se desliza,
„Y al plátano se sube á toda priesa.
„En la mas alta rama un nido habia,
„Con unos paxarillos pequeñitos,
„Tremolantes debaxo de las hojas.
„Los hijos eran ocho, y con la madre,
„Que el sér les habia dado, nueve habia.
„El Dragon devoró ante nuestros ojos,

„Los ocho paxarillos pi-piantes.
„Lamentando la madre sus hijuelos,
„Y queriendo empeñarse en su defensa,
„Volaba al rededor, y el fiero monstruo,
„Volviendose de pronto, con los dientes
„La coge por una ala, y la devora,
„Mientras llenaba el ayre con sus gritos:
„Mas luego que el Dragon impiamente
„Se comió los hijuelos y la madre,
„El hijo de Saturno, el sábio Jove,
„Transformó este Dragon en una piedra,
„Y atónitos nosotros, con asombro
„Vimos esta mudanza tan terrible.
„Sucedió este prodigio tan estraño
„En medio de los puros sacrificios,
„Y Calcas nos habló de esta manera:
¿Por qué mudos estais, Griegos valientes?
Júpiter para hacernos desde lexos
Comprehender lo dispuesto por los hados,
Nos envia este signo prodigioso,
Que aunque tarde su efecto tener debe,
Y cuya fama y gloria será eterna;
Porque como el Dragon ha devorado
Los ocho pararillos y su madre,
Asi estaremos otros tantos años

Combatiendo animosos con los Teucros,
Y al pasar los diez años nos veremos
Dueños de su ciudad como queremos.
 „Asi Calcas habló, y hasta el presente
„Todas sus predicciones se han cumplido.
„Subsistid pues, aún valientes Griegos,
„Hasta que esta Ilión tan celebrada
„Veamos por nosotros arruinada.”
 Dixo de esta manera. Los Argivos
Todos juntos gritaron, y en las naves
Resonaba el aplauso estrepitoso,
Que hacían al estílo relevado,
Con que el divino Ulises habia hablado.
 Nestor despues de Ulises se levanta,
Y exclama en alta voz de esta manera:
„¡Oh Dioses Inmortales! aqui, amigos,
„Discurrís como niños, que no piensan
„En guerras, ni en las cosas militares.
„¡Qué llegarán á ser nuestros tratados,
„Y tantos repetidos juramentos!
„¿Serán desvanecidos como el humo
„Los consejos, cuidados, libaciones,
„Y la diestra á la qual nos confiamos?
„En vano disputamos con palabras,
„Y aunque estamos aqui, ya ha mucho tiempo,

„No encontramos remedio que nos salve.
„Persiste en tu consejo, grande Atrida,
„Y manda á los Argivos, como Xefe,
„En las ásperas guerras y combates.
„Si hay una ó dos personas sediciosas,
„Que quieran separarse de los Griegos,
„Dexales que ellos solos se consuman,
„Pues no verán cumplido su designio,
„Ni volverán á Argos, sin que antes
„Sepamos si son ciertas, ó son falsas
„Las promesas de Jove soberano.
„En efecto, en el dia que los Griegos
„Se embarcaron, trayendo á los de Troya
„Las ruínas, los estragos y la muerte,
„El hijo poderoso de Saturno
„Nos envió los signos mas propicios,
„Haciendo que brillase á la derecha
„Un resplandor de rayos admirable.
„Y asi persona alguna no se apreste
„A volverá la patria sin que haya
„Tenido en el despojo por su parte
„Una bella Troyana, y sin que hayamos
„Vengado el rapto de la hermosa Elena,
„Sus suspiros y lagrimas copiosas.
„Si alguno hubiese aún tan obstinado,

„Que intente retornar, basta que toque
„Solamente á la nave, si ser quiere
„El primero que corra ácia la muerte,
„Y cumpla su hado triste. ¡Oh Rey excelso!
„Consulta sabiamente entre tí mismo,
„Escucha los consejos de los otros,
„Y el mio, que no debe despreciarse.
„Divide, pues, las tropas por Naciones,
„Ponlas tambien por Tribus separadas
„Para que unas á otras se sostengan,
„Y se presten socorro mutuamente.
„Si haces lo que te digo, y los Argivos
„Te siguen obedientes, ten por cierto,
„Que podrás conocer los Capitanes,
„Y todos los Soldados, que en combate
„Hayan manifestado mas aliento,
„Y los que mas cobardes hayan sido.
„Tambien conocerás de esta manera,
„Si son los Inmortales los que impiden
„Que de Ilión ya llegues á ser dueño,
„O si es la cobardía de tus tropas,
„Por faltarles valor y resistencia,
„O bien porque no tienen experiencia.”
 Agamenón responde de este modo:
„¡Oh viejo! ciertamente sobresales

„En prudencia, consejo y elocuencia
„A todos nuestros Griegos mas ancianos.
„¡Oh gran Jove! ¡oh Minerva! ¡oh Dios Apolo!
„Si tuviese en mi Exército lucido
„Diez hombres como tú que me ayudasen,
„La ciudad de Priämo sería en breve
„Por nosotros ganada y saqueada:
„Mas el hijo terrible de Saturno,
„Solo me da motivos de aflicciones.
„El, pues, me precipita en la discordia,
„Y en disputas y riñas vanamente.
„Yo con el fuerte Aquiles he reñido
„Solo por su cautiva, lo confieso,
„Yo he sido quien primero le ha insultado.
„Si alguna vez nosotros nos unimos,
„Veremos arruinada la alta Troya,
„Sin poder diferirlo ni un instante.
„En fin, id á tomar algun sustento,
„Para poder entrar en la refriega:
„Prepáre cada qual su escudo y hasta,
„Hagase que repasten los Caballos,
„Exâmíne su carro cada uno,
„Y medíte la guerra, de tal suerte
„Que sostener podamos todo el dia
„Del homicida Marte los horrores,

„Porque no habrá un momento de descanso,
„Hasta que por la noche se contenga
„El ardor de los fuertes combatientes.
„Sudará en torno al pecho la correa
„Del inmenso broquél que cubre al hombre:
„Se encontrarán las manos fatigadas
„De sostener la pica, y los Caballos
„De alguno sudarán yendo de priesa
„Tirando de los carros mucho tiempo,
„En medio de los muertos y el estrago.
„Desgraciado el que encuentre yo en el ócio
„Fuera de la batalla, ó en sus naves,
„Porque no tendrá excusa que lo libre
„De ser presa de Buitres y de Perros;
„Pues al que no obedezca de esta suerte,
„Tengo aqui potestad de darle muerte.”
 Esto dixo, y los Griegos lo aplaudieron
Con gritos que á lo lexos resonaban,
Como suenan las olas, conmovidas
Por los vientos mas fuertes y contrarios,
Que entre sí hacen la guerra mas terrible,
Y revolviendo el mar, van á estrellarse
Con rapidéz, contra una roca alzada,
Que se opone á su furia arrebatada.
 Todos se levantaron, y á sus tiendas

Se fueron retirando. Encienden fuego,
Y toman la comida. Cada uno
Ofrece sacrificios á los Dioses
Rogandole lo libre de la muerte,
Y del fatal peligro de la guerra.
El Rey Agamenón tambien inmola
Al hijo poderoso de Saturno
Un Toro de cinco años, y convida
A los Xefes ancianos de los Griegos.
Va el primero el prudente y viejo Nestor,
Despues Idomeneo, los dos Ayax,
Diómedes, el gran hijo de Tydéo,
Y Ulises comparable al mismo Jove,
Para dar los consejos mas prudentes.
Menelao el valiente, comparece
Tambien sin convidarlo, pues sabía
Que su hermano ofrecía un sacrificio,
En el qual él tenia tanta parte.
Al rededor del Toro se pusieron,
Y tomando la sal y la cebada,
El Rey Agamenón la voz alzando,
A Júpiter implora, asi rogando:
 „¡Oh Jove gloriosísimo omnipotente,
„De las etereas cumbres habitante!
„Haz que antes que al Ocaso se retíre

„El Sol resplandeciente, y que derrame
„Las sombras en la tierra, yo consiga
„Destruír el Palacio de Priämo,
„Y abrasar de Ilión todas las puertas.
„Haz que pueda romper yo con mi lanza
„La coraza de Héctor, y que en torno
„De su cuerpo extendido, sus sequaces
„Se queden entre el polvo revolcados,
„Por las agudas lanzas derribados.”
 Asi dixo, y el hijo de Saturno
No le escuchó sus votos fervorosos,
Pero sí recibió su sacrificio,
Preparandole males insufribles.
Despues que asi sus súplicas hicieron,
Y arrojaron la sal y la cebada,
Volvieron lo primero las cabezas
De las víctimas sacras ácia el Cielo.
Con el cuchillo sacro las degüellan,
Las despojan despues, las piernas cortan,
Las separan y cubren totalmente
Con duplicada grasa. Por encima
Van poniendo pedazos pequeñitos
De todas las demás partes cortados,
Los que ponen á asar con leña seca,
Y en asadores fixas las entrañas,

En el activo fuego las tenian.
Estando ya las piernas consumidas,
Gustaron las entrañas, y cortaron
Lo restante en pedazos muy menudos,
Que pusieron al punto en asadores;
Y estando todo asado exâctamente,
Lo apartaron de alli con diligencia.
Preparando la mesa, despues de esto,
Comieron grandemente, y cada uno
Tomó su parte igual. Quando ya todos
De comida y bebida se saciaron,
Habló el anciano Nestor de esta suerte:
„Agamenón glorioso, que aqui eres
„El Rey mas poderoso de los hombres,
„No en discurrir ya mas nos detengamos,
„Ni tan solo un momento se difiera
„La obra que Dios mismo nos ofrece.
„Haz que los Reyes de Armas al momento
„Congreguen en las naves nuestras tropas:
„Marchemos á la frente de los Griegos,
„Y provocar podemos los Troyanos,
„Para que asi lleguemos á las manos.”
 Dixo asi, y no disiente el grande Atrida.
Manda á los Reyes de Armas, que al instante
Convoquen á la guerra los Acheos.

Los convocan al punto, y sin tardanza
Todas las tropas Griegas se congregan,
Y los Reyes valientes, que seguian
Al Rey Agamenón, por todas partes
Van corriendo, y las ponen en batalla,
Y en filas por Naciones las arreglan.
Comparece Minerva en medio de ellos
Armada con su Egida formidable,
Invencible é inmortal, de que pendian
Cien flecos bellos de oro, trabajados
Maravillosamente, y con tal arte,
Que cien Toros valia cada uno.
Con ésta, despidiendo resplandores,
Corre rápidamente por las filas.
Incíta á los Acheos á que marchen,
Y aníma el corazon de todos ellos
A pugnar con valor y sin descanso.
La guerra para ellos es al punto
Mas dulce que el volver ácia su patria.
Asi como un voráz y activo fuego
Quema una inmensa selva en las alturas
De un monte enmarañado, y aparecen
Los grandes resplandores á lo lexos;
Asi los resplandores de las armas,
Caminando estas tropas tan lucidas,

Su reflexo extendian hasta el Cielo.
Y asi como se ven en las praderas
Del Asio, en las riveras del Caystro
Numerosas bandadas de Anadones,
De Grullas, ó de Cisnes, y otras aves
Que de una parte á otra van volando,
Y moviendo las alas, abatirse,
Y ponerse en la tierra amontonadas,
Dando recios graznidos, que resuenan
En aquellas praderas; de esta suerte
En tropél las esquadras y phalanges
Se veían salir á largo paso
De las tiendas y naves, y acercarse
Acia la playa que Escamandro baña.
La tierra retumbaba horriblemente
Al peso de los hombres y Caballos.
Se paran en el prado tan florido
Del rio de Escamandro caudaloso,
En número infinito, semejante
Al de frondosas hojas y de flores,
Que produce la bella Primavera;
Y asi como las Moscas en legiones
En confuso tropél vuelan errantes
Por un redíl de Obejas atraídas
De la leche que baña las vasijas;

Asi en el campo estaban los Acheos,
Deseando pugnar contra los Teucros.
Los Xefes arreglaban vigilantes
Cada uno sus tropas en batalla,
Con la facilidad que los Pastores
De rebaños de Obejas los mas grandes,
Cada qual á las suyas reconoce,
Quando están en los pastos muy mezcladas.
El Rey Agamenón brillaba en medio
De los mas valerosos combatientes,
En la cabeza y ojos parecido
A Júpiter supremo quando arroja
Los rayos con su mano poderosa,
Su tahalí era igual al de Mavorte,
Y su pecho y valor al de Neptuno.
Como un Toro valiente se distingue
De todos los demás en un rebaño,
Que está en un prado hermoso, y sobresale
Entre todas las Bacas congregadas,
Agamenón entonces parecia,
Pues Jove en este dia le habia dado
Un resplandor de magestad sagrada,
Que ofuscaba á los Héroes de la armada.
 ¡Oh Musas, que habitais el alto Olympo
Decidme, pues, vosotras al presente,

Supuesto que sois Diosas, y que en todo
Asistís y sabeis, quando otra cosa
Nosotros los mortales no entendemos
Sino el ruído confuso de la Fama,
Y no sabemos nada ciertamente:
Decidme, pues, los nombres de los Xefes,
Que mandaban la armada de los Griegos,
Porque nunca podria numerarlos,
Ni sus tropas nombrar expresamente,
Aunque á tener llegase yo diez lenguas,
Diez bocas, una voz, infatigable,
Y un acerado pecho, si vosotras,
Hijas divinas del supremo Jove,
No venís á prestarme algun socorro,
Nombrandome, y trayendo á mi memoria
Todos los que vinieron contra Troya;
Mas con solo nombrar los Capitanes,
Y las naves de armada tan lucida,
Mi ansia quedará bien complacida.


CATALOGO DE LAS NAVES,
O SEA LA BEOCIA.

Los Beocios tenian por Caudillos
A Peneleo, Leito, Arcesilao,
A Prothenor y Clónio. Los Beocios
Que habian venido de la fértil Hyria,
De las rocas de Aulide , de Scola,
De Scheno, de la Grea , y las montañas
De Eteon , de las fértiles llanuras,
De Mycalesa, Harma, Ilesio, Erythras,
Peteon, Eleon, Hyla, Ocalea,
De Medeon, de muros rodeada,
De Copas, de Entresina y de la Thisbe,
Tan abundante y rica de Palomas,
De Coronea y prados de Haliarto,
De Platea y de Glysa, y los que estaban
Morando en Hypotebas, ciudad fuerte,
Y de bellas murallas circuída,
En Onochesto, célebre y famosa
Por su templo á Neptuno consagrado,
En Arna en vino fértil, en Midea,
En Nisa la divina, y Antedona,
Que está en la extremidad de la Beocia;

Cinquenta naves, pues, estos tenian,
Que á ciento y veinte hombres guarnecian.
Mas los otros Beocios, habitantes
De Aspledon y Orchomeno, allá en el Minio,
Tenian á la frente por sus Xefes
A Ascalafo y Jalmeno, que el Dios Marte
Tuvo de Astioquea; pues no pudo
Esta hermosa doncella resistirse
A la fuerza de aqueste Dios terrible,
Que llegó á sorprehenderla en el palacio
De Actor su amado padre, hijo de Aceo.
Estos dos Xefes, á qual mas valiente,
Mandaban treinta naves diestramente.
 Esquedio y Epistropho, los dos hijos
Del valeroso Iphito, y tambien nietos
De Neubolo, mandaban á los Pueblos
De la Phocia bella, que habitaban
Unos en Cypariso, en los escollos
De Pyto pedragosa, en la divina
Crysa fértil, en Daulida y Panope:
Otros la Anemorea, y en Hyampolis,
Otros bebian las aguas cristalinas
Del divino Cephiso, y otros muchos
En Lilea vivian, donde toma
Su manantial copioso aqueste rio.

Estos quarenta naves conducian,
Y estaban á la izquierda colocados
De los fuertes Beocios ya nombrados.
 Mandaba Ayax velóz, hijo de Oileo,
Las tropas de los Locros. El no era
Tan grande en la estatura como Ayax,
Hijo de Telamón, ni estaba armado
Sino de una coraza hecha de lino,
Pero entre todos quantos Griegos, eran,
Nadie como él la lanza manejaba.
Tambien á los de Cyno conducia
Los de Oponto, Caliaro, los de Besa,
De Escarpheo, y de Augeas agradable,
Los de Tarpho y de Thronio, que bañado
Está de las riveras del Boagrio.
Estos tenian tambien quarenta naves
De los Locros, que tienen su morada
Mas allá de la Eubea la sagrada.
 Los guerreros Abantes de la Eubea,
Que habitaban en Calcida, en Eritria,
En Hystiea, en buen vino fertilísima,
En Cerintho marítima, en la excelsa
Ciudad de Dioses, en Carysto, Styra,
Eran mandados de Elphenor el hijo
De Chalcodon, de estírpe de Mavorte.

Aqueste Capitan tan valeroso
Guiaba á los Abantes, que no tienen
Cabellos sino atrás, y son tan fuertes,
Que despreciando el arte y la destreza
De despedir el dardo, se aproximan
Muy cerca al enemigo, y con la lanza
Dando furiosos golpes, van rompiendo
Las corazas y escudos. Esta gente,
Con quarenta baxeles, hacía frente.
 Los que habitaban la eminente Athenas,
La ciudad del magnánimo Ericteo,
A quien parió la Tierra, y la gran Palas
Tuvo mucho cuidado de nutrirlo,
Y colocó en su templo suntuoso,
Donde con pingües Toros y Corderos,
Para aplacarlo ofrecen sacrificios
Cada lustro los jovenes de Athenas,
Mandados eran, pues, y conducidos
Por Menestheo, el hijo de Peteo.
Ninguno se igualaba á este Caudillo
Para poner en orden de batalla
Los Caballos é Infantes; Nestor solo
Era quien disputarselo podia,
Porque asi como era mas anciano,
Tenia mas manejo y experiencia.

Menestheo mandaba y dirigia
Cinquenta negras naves que traía.
 El intrépido Ayax, conduciendo
De Salamina doce hermosas naves,
Se unió á los Athenienses, y á su lado
Las arregló por orden con cuidado.
 Los que habitaban la ciudad de Argos,
Y las fuertes murallas de Tiryntho,
Arsino, y Hermion (que tienen golfos
De gran profundidad), Trezena, Eionas,
Y Epidauro de viñas abundante,
Y tambien los de Egina y de Maseta,
Tenian por sus Xefes y Caudillos
Al valiente Diómedes, á Esthenelo,
Hijo de Capaneo muy nombrado,
Y á Eurialo á los Dioses semejante,
Hijo de Mecistheo, y tambien nieto
Del grande Rey Talao: mas Diómedes
Era el principal Xefe de la armada,
En ochenta baxeles computada.
 Los de la ciudad bella de Mycenas,
De la rica Corintho, de Cleone,
Maravillosamente edificada,
De Orneas, de Arethyrea deliciosa,
De Sycion (en que Adrasto fue el primero

De los Reyes que tuvo), de Hyperesia,
De la alta Genoesa, de Peleno,
Y de Egión, ciudades esparcidas
En la costa del mar, cerca de Helice,
Al Rey Agamenón iban siguiendo,
En cien naves que todas guarnecian,
De las mas valerosas, muchas tropas;
Y lo mas admirable y prodigioso
Era el gran resplandor, que despedian
Las armas que este Principe llevaba,
El qual iba sobervio y altanero
De verse superior á tantos Héroes,
Por ser tan poderoso, tan valiente,
Y mandar á mas Pueblos y mas gente.
 Todos los que habitaban en la honda
Y gran Lacedemonia, y en el Pharo,
En Esparta, y en Mesa, deliciosa
Y abundante morada de Palomas,
En Brisea, en Augeas, muy amena,
En Amyclea, en Helos, situada
En la costa del mar, Etylo y Laän,
Tenian por su Xefe y Comandante
Al valiente é ilustre Menelao,
De Agamenón hermano, quien regía
Sesenta bellas naves, y sus tropas

Solamente por sí todas se armaban.
Iba entre todas ellas, confiado
En su mucho valor y su denuedo,
Exhortando á la guerra, pues queria
Vengar el rapto de la hermosa Elena,
Sus gemidos copiosos y su pena.
 El venerable Nestor conducia
Noventa huecas naves, y era Xefe
De los pueblos de Pylos, de la Arene
Agradable terreno y delicioso,
De Thryo, donde Alpheo es vadeable,
De la alta ciudad de Epy y Ciparisa,
De Pteleo, Amphigena, Helos y Doria,
Donde hallaron las Musas á Thamyris
El Thracio, que venia de Echalia
De casa el Rey Euryto, y castigaron
Su orgullo y vanidad, pues se jactaba
De que siempre en la música tendria
La victoria mayor, aunque las Musas
Hijas del grande Júpiter, viniesen
A cantar con él solo en desafío.
Estas Diosas, de furia arrebatadas
Por su grande insolencia, lo privaron
De la vista y la voz, y de este modo
Hicieron que olvidase la armonía,

Y el arte que en la Lira poseía.
 Los pueblos de la Arcadia, báxo la alta
Y encumbrada montaña de Cylenes,
Cercana al mausoleo de Epiteo,
Que produce unos hombres tan valientes,
Los que habitaban Pheno y Orchomeno,
Abundante en ganados, en la Ripa,
En la Estracia y Erispa, que está siempre
Batida y agitada de los vientos,
En Tegea, en la amena Mantinea,
Estymphalo y Parrasio, eran mandados
Del claro Agapenor, hijo de Anceo,
Y sesenta baxeles gobernaba,
Que Soldados Arcádios guarnecian,
Expertos en la ciencia de Mavorte.
El Rey Agamenón les habia dado
Todas aquestas naves equipadas,
Porque aquestos Arcádios, habitantes
En medio de las tierras que labraban,
Jamás á la marina se aplicaban.
 Aquellos que habitaban la Brupasia,
Elida la divina, y el terreno
Que encerrado se hallaba entre el Hyrminio,
El Myrsino, la Roca Oleniena,
Y el escollo de Alisio, eran guiados

Por quatro Capitanes valerosos,
Que cada uno tenia diez baxeles
Montados por los Epéos. El primero
Era Amphymaco, el hijo de Cteato;
El segundo era Thalpio, hijo de Euryto,
Los dos nietos de Actor; el tercero
Diores el guerrero valeroso,
Hijo de Amarynceo, y era el quarto
Polyxéno á los Dioses semejante,
E hijo de Agasthenes, é igualmente
Nieto del Rey Augeo tan valiente.
 Los de Dulichio, y otros Echinades
De aquellas Islas sacras, situadas
Al extremo del mar frente por frente
De la costa de Elidé, eran mandados
Por Migeo á Mavorte semejante.
Era hijo de Phyleo el fugitivo,
Que fue amado de Júpiter supremo;
Pero habiendo incurrido en la desgracia
De indignar á su padre, fue obligado
A volverse á Dulichio, y retirarse.
Megeo conducia con su gente
Quarenta negras naves diestramente.
 El valeroso Ulises conducia
Los bravos Cephalienses, que habitaban

Ithaca, la floresta de Nerito,
Crocylea, Agilipa la escarpada,
Y en Zacinto y en Samos, y los pueblos
Que ocupaban tambien el continente,
Opuestos á estas Islas. Estas tropas
Tenian por su Xefe al sábio Ulises,
El qual doce baxeles dirigía,
Cuyas proas y popas bien pintadas
Eran maravillosas y admiradas.
 El hijo de Andremon, el gran Thoante
Mandaba á los Etolios, que habitaban
En Pleuron, en Oleno, en el Pyleno,
En Chalcis junto al mar, y Calydonia,
De escabrosas montañas circuída,
Pues los hijos de Eneo generoso
Ya no existian, ni tampoco Eneo,
Y tambien, habia muerto, Meleagro.
Por esto los Estolios eligieron
Por su Rey á Andremon, yerno de Eneo,
Y padre de Thoante, cuya armada a
Era en quarenta naves computada.
 Los Cretenses que estaban habitando
En el Cnoso, en Gortyna de altos muros,
En el Lycto, en Mileto, y en Lycasto,
En el Phesto, y en Rhytio muy pobladas;

Y en fin, todos los pueblos de esta Isla,
Que cien ciudades tiene, obedecian
Al valiente é ilustre Idomeneo,
Yá Merion, á Marte semejante
En la dura pelea, y dirigian
Los dos ochenta naves que tenian.
 Los fieros y sobervios habitantes
De la Isla de Rodas, separados
En tres pueblos diversos, y ciudades
De Lindo, de Jalyso, y de Camiro,
Todos iban siguiendo en nueve naves
Al grande y valeroso Tlepolemo
Del gran Hércules hijo, y de Astioquea,
Las quales en Ephyra habia apresado
En el rio Selente, despues que hubo
Saqueado ciudades diferentes
De Jovenes alumnos del gran Jove.
Tlepolemo educado en el palacio,
Mató por un descuido al gran Licymnio,
Que era tio materno de su padre.
Hizo al punto que naves construyesen,
Congregó algunas tropas, y rompiendo
Las olas de la mar, huyó al instante,
Temiendo las crueles amenazas
Que la estírpe de Hércules le hizo,

De castigar en él este homicidio.
Despues que anduvo errante mucho tiempo
Por los mares, probando mil fatigas,
En la Isla de Rodas él dió fondo.
Dividió alli sus tropas en tres Tribus,
Que en tres diversas partes se fixaron,
Y del supremo Jove la clemencia
Los colmó de favores y opulencia.
 Nireo conducia tres baxeles
De la Isla de Syma: este Nireo
Hijo de la preciosa Ninfa Aglaia,
Y del gran Rey Caropo, era el mas bello
De todos quantos Griegos habian ido
Contra la fuerte Troya, exceptuando
Aquiles el divino incomparable,
Que era de una belleza muy perfecta.
Mas Nireo era floxo, no valiente,
Y en sus naves tenia poca gente.
 A aquellos que moraban en las Islas
De Nisyro, Carpatho, Caso, y Coós,
Donde reynó Eurypylo, é igualmente
En las Islas Calydnas, los mandaban
Pheidipo, y Antipho, los dos hijos
De Thesalo, y del gran Hércules nietos.
Treinta naves en todas componian,

Que entre los dos hermanos conducian.
 ¡Oh Musas! acordadme en este instante
Los diferentes nombres de los pueblos
de Argos, y de Thesalia expresamente,
Los que habitaban Alos, Aliope,
Y la vasta Trechina, y los que habia
De Phthia, y de la Helade, fertilísima
En hermosas mugeres, y llamaban
Myrmidones, Helenos y Acheëos(*[1]),
Tenian por Caudillo al grande Aquiles,
Y cinquenta baxeles ocupaban.
Mas ellos á la guerra no acudian,
Porque no tenian Xefe que mandase
Que en orden se pusiesen de batalla,
Pues Aquiles yacía en sus baxeles,
Irritado tan solo por Bryseida,
Premio de sus fatigas, que en Lynerso,
Despues de su saquéo, habia obtenido,
Habiendo derribado las murallas
De la eminente Thebas, y causado
Por su mano la muerte á los valientes

Myneto y Epistropho, hijos de Eveno,
Y nietos del ilustre Rey Selepio.
Aquiles indignado por tal causa
Estaba en inaccion, mas no debía
Su valor mucho tiempo reposado,
Ser inutil, ni verse en tal estado.
 A aquellos que habitaban en Philaco,
Y en la fértil Pyrrhaso, consagrada
A la divina Ceres, en Itona,
Abundante y fecunda de ganados,
La marítima Antrona, y la Ptelea,
Que está llena de yervas florecientes,
Los mandaba el valiente Protesilas,
Que quarenta baxeles conducia.
Mas descendió muy pronto en el sepulcro,
Dexando á su muger cara Laodamia
Sumergida en un llanto doloroso,
Y extinguida su casa; pues habiendo
A las costas Troyanas abordado,
Salió de su baxel, y saltó en tierra
Antes que ningun otro de los Griegos,
Y un Troyano le dió la fiera muerte.
Sin embargo á sus tropas no faltaba
Xefe que las mandase, pues lo hacía
Su ilustre primo hermano Podarceo,

Hijo del claro Iphiclo, y tambien nieto
De Phylaco muy rico. Era mas joven
Que su primo, pero éste mas valiente.
No obstante que las tropas gobernaba
Un Capitan tan bueno y valeroso,
Sentian vivamente haber perdido
Un Xefe tan ilustre y aguerrido.
 Los que habitaban Pheras inmediata
Al lago de Bebeida, los de Bebo
De Glaphyras, y Jolcos ciudad fuerte,
Encima de once naves equipadas,
Obedecian á Eumelo, hijo de Admeto,
Y la divina Alcestes. La mas bella
De las hijas de Pelias era ella.
 Aquellos de Methona, de Thaumacia,
De Melibea, y la áspera Olizona,
Tenian por su Xefe á Philoctetes
El mas diestro de todos los de Grecia
En manejar el arco. Siete naves
Mandaba con valor, y en cada una
Cinquenta hombres tenia muy expertos
En combatir á tiro de las flechas:
Mas los Griegos en Lemnos lo dexaron
A causa de una úlcera incurable,
Que mordiendolo le hizo una Serpiente,

Y mortales dolores le causaba.
En la Isla, agoviado de aflicciones,
El pasaba su vida infelizmente;
Pero en breve los Griegos se acordaron
De su Rey Philoctetes, y debieron
Implorar sus socorros y su apoyo.
Mas aunque á estos Soldados no faltaba
Xefe que los mandase (pues tenian
A su frente á Medonte, hijo bastardo
De Oileo destruídor de las ciudades,
Que de la Ninfa Rhena habia tenido),
Lloraban á su Principe perdido.
 Aquellos que moraban en la Tricca,
En la escarpada Ithomo, y Echalía,
Que dominaba Euryto, hijo de Echalio,
Seguian sobre treinta bellas naves
A Podalirio y Machaon hermanos,
E hijos de Esculapio, conocidos
Por Médicos expertos é instruídos.
 Los de Ormenio, la fuente de Hyperea,
Asterio, y las montañas eminentes
Del Titáno de nieve blanqueado,
Al célebre Eurypylo, hijo de Evemon,
Tenian por su Xefe, y los mandaba
Sobre quarenta naves que llevaba.

 Los de Argisa y Gyrtona, los de Ortha,
Los de Elona, y de la blanca Olooso,
Tenian á la frente por Caudillo
Al valiente guerrero Polypetes,
Hijo del gran Piritho, y de Hipodamia,
Que le dió el nacimiento el mismo dia
Que su padre Piritho, hijo de Jove,
Castigó á los Centauros, y les hizo
Salir del Pelion, monte emboscado,
E irse á los confines del Ethico.
Partia este comando Polypetes
Con el bravo y magnánimo Leonte,
Hijo del valeroso y gran Corono,
Y nieto de Cenido. Estos mandaban
En quarenta baxeles que llevaban.
 Guneo conducia desde Cyphos
Veinte y dos negras naves. Los Enienes
Y Perebos, guerreros muy valientes,
Sus ordenes seguian. Los primeros
Habitaban las cumbres y montañas
De Dodona, de yelo muy cubiertas,
Y los otros labraban, las campiñas,
Que baña el delicioso Titaresio,
Que rápido se arroja en el Peneo,
Sin mezclar sus raudales con las aguas

Bellas y plateadas de este rio,
Y nada como aceyte encima de ellas;
Pues sale el manantial de este torrente
De las aguas de Estigio, por las quales
Hacen los mismos Dioses juramento
Con susto, con temor y desaliento.
 Prothoo, hijo valiente de Tanthrédon,
Mandaba á los Magnetes, que habitaban
Al lado del Peneo, y en las altas
Breñas del Pelion. Aquestos pueblos
Al valiente Prothoo obedecian
Sobre quarenta naves que tenian.
 Estos son pues, los nombres de los Reyes,
Y Xefes de las tropas de los Griegos.
Dime, divina Musa, en este instante
¿Quién era el mas valiente de los Héroes,
Que al Rey Agamenón obedecian,
Y mejores Caballos mantenian?
 Eumelo, Rey de Pheros, gobernaba
Dos Yeguas distinguidas entre todas,
En ligereza iguales á las aves,
De un pelo, de una edad, de una estatura.
Tuvo grande cuidado el mismo Apolo,
En el monte de Pieria de criarlas,
E inspiraban las dos por qualquier parte

Los terrores y espánto del Dios Marte.
 Ayax de Telamon era sin duda
Entre todos los Héroes mas valiente
Quando no combatia el grande Aquiles,
Que aún era mas valiente, y sus Caballos
Mejores de lo que eran las de Eumelo:
Mas él de sus baxeles no salia
A causa del fatal resentimiento,
Que contra Agamenón aún conservaba,
Sin poderse calmar de enfurecido,
Por la injuria que habia recibido.
 Entre tanto sus tropas se ocupaban
Y en las costas del mar se divertian,
En arrojar los discos y saetas,
Y en manejar el arco. Los Caballos
Estaban en las tiendas de sus dueños,
Al lado de sus carros, y pacían
El heno mas selecto en abundancia,
Y el ápio que criaban las lagunas.
Los carros de los Reyes muy cubiertos
Estaban en sus tiendas encerrados,
Y toda aquella tropa estaba triste
Porque su General no la llevaba
Al combate que tanto deseaba.
 Se encamina este Exército lucido

En orden de batalla y de combate.
De las armas los rayos refulgentes
Parecian á un fuego muy activo,
Que toda aquella playa devastaba.
La tierra retumbaba al tropél mismo
Y peso de los pies de los guerreros.
Como quando irritado el grande Jove
Arroja sus temibles fuertes rayos
En la tierra que cerca el Tiphoeo,
En el País que habitan los Arimes,
Donde dicen que el túmulo se halla
De este fuerte Gigante ; asi la tierra
Gemia báxo el peso formidable
De todo aquel Exército aguerrido,
Que iba contra Ilión enardecido.
 La Mensagera de los Dioses Iris,
Mas ligera que el viento fue á anunciarles
De parte del gran Júpiter Tonante
Esta triste noticia á los Troyanos.
Congregados halló para el Consejo
Desde el hombre mas viejo hasta el mas joven,
Al entrar al palacio de Priämo.
Tomó la voz de un hijo de este Héroe
De Polytes, que siendo el mas ligero,
Y confiando en esto los Troyanos

Le encargaron estár de centinela
Fuera de las murallas de la plaza,
Desde el sepulcro del anciano Eyseta,
Para observar el punto en que los Griegos
Saliesen de sus naves, y en batalla
Acia la fuerte Troya se avanzasen.
Imitando su voz la Mensagera
A Priämo le habló de esta manera:
 „Siempre ó viejo te agradan los discursos
„Inutiles y largos, como en tiempo
„Que la paz disfrutamos; pero ahora
„Una guerra se excita inevitable.
„Yo he visto, á la verdad, muchas batallas,
„Mas nunca tantos pueblos congregados.
„Los Griegos en un número tan grande
„Como tienen los arboles las hojas,
„O el mar encierra arenas, ahora vienen
„A asaltar de Ilión los fuertes muros.
„Héctor, á tí estas voces se dirigen,
„No dexes de observar la que te ordéno.
„Hay en esta ciudad muchos Soldados
„De pueblos extrangeros, que se explican
„En diverso lenguage: en el momento
„Separalos á todos, y haz que manden
„Sus Capitanes indistintamente,

„Cada uno á sus tropas y á su gente.
 Dixo asi; y el gran Héctor, conociendo
Por la voz á la Diosa, la obedece,
Y despide al instante la asambléa.
Corren todos al arma: abren al punto
Las puertas de Ilión, y en un momento
Las tropas de á Caballo, y los Infantes
Salen haciendo un ruído pavoroso.
En frente á la ciudad, una colina
Se mira algo distante, muy extensa,
Y una cuesta muy cómoda y muy facil,
Que Batiea es llamada de los hombres,
Y los Dioses la nombran el sepulcro
De la velóz Myrina. Alli los Teucros
Y el número de tropas auxiliares,
Todos para el combate prevenidos,
Se ponen en batalla divididos.
 El hijo de Priämo, Héctor valiente,
Mandaba á los Troyanos numerosos,
Que ardian de impaciencia y de deséo
De llegar á las manos sin tardanza,
Y combatir á impulso de la lanza.
 El magnánimo Eneas, producido
De los favores que la Diosa Venus
Se dignó hacer á Anchises en las densas

Cimas del elevado monte Ida,
Mandaba á los Dardanios, asociado,
De Archiloco y Acamas, que eran hijos
Del ilustre Antenor, ambos expertos
En el arte marcial, y acostumbrados
A combates reñidos y esforzados.
 Aquellos que habitaban en la Zelia
Rica, y al pie del Ida situada,
Y bebian las aguas del profundo
Y caudaloso Esepo, obedecian
Al ilustre Pandaro, que era hijo
Del grande Lycaonte, á quien Apolo,
Para hacerlo un guerrero celebrado,
Un arco con sus flechas le habia dado.
 Los que habitando en Adrestia estaban,
En la ciudad de Apeso, en la Pityea,
Y en el excelso monte de Terea,
Tenian por sus Xefes dos hermanos
Nombrado el uno Adrasto, y otro Amphio
(Que llevaba en su pecho una coraza
Fabricada de lino), los dos hijos
De Meropo, el gran hijo de Percosio,
Que siendo el Adivino mas perfecto,
Consentir no queria que sus hijos
Fuesen á combatir en una guerra,

Que á los hombres destruye y aniquila.
Pero no obedecieron á su padre,
Porque la fiera Parca y triste suerte
Los llevaba á los dos á negra muerte.
 Los pueblos de Percoto, los que estaban
En la orilla del Practio, los de Sesto,
De Abydos y colonos habitantes
En la divina Arisba, obedecian
A Asio su Capitan , hijo de Hyrtaco.
Asio montaba unos Caballos siempre
De una grande fiereza y estatura,
Que trajo desde Arisba la sagrada,
Que del rio Selente está bañada.
 Los Tribus de Pelasgos, que habitaban
Las fértiles llanuras de Larisa,
Furiosos por sus lanzas en la guerra,
Seguian á Hipothoo, y á Pyleo,
Discipulos muy dignos del Dios Marte,
Hijos ambos del gran Pelasgo Litho,
Y de Teudamante los dos nietos.
Acamas y el valiente Héroe Piroo,
Juntamente mandaban á los Thracios,
Y á un número de pueblos muy valiente,
Que cerca de Helesponto la corriente.
El hijo de Troeceno, el grande Euphemo,

Que era nieto de Ceo, comandaba
Por sí á los belicosos Ciconienses.
Perechmo conducia los Peonios
Que se sirven de arcos encorvados,
Los que venian de un país distante,
Pues de tierra Amydonte habian partido,
Y desde las riveras donde baña
El grande rio Axio la campaña.
 Del país donde habitan los Henetes,
Terreno fértil en salvages Mulos,
Pylemenes intrépido guiaba
A aquellos Paphlagonios que vivian
En Cytoro, en Sesamo, y populosas
Ciudades, que contienen las riveras
Hermosas y floridas del Parthenio,
Cromna, Egialo, y las rocas Erythinas.
El gran Odio y Epistropho mandaban
Todos los Halizonios que venian
De su lexana patria, que es la Alyba,
Por sus minas de plata muy nombrada,
Y en todo aquel contorno celebrada.
 Por Xefes de los Mysios venian Chromis,
Y Eunomo, el mas científico Adivino:
Mas con toda su ciencia no fue facil
Que pudiese evitar la negra Parca,

Pues le dió muerte Aquiles en la orilla
Del caudaloso Xantho, donde este Héroe
Hizo un horrible estrago de los Teucros,
Y tambien de las tropas esforzadas,
Que á su auxilio venian congregadas.
 Phorcys y el rubio Ascanio, semejante
En belleza á los Dioses, impacientes
De llegar á invadir al enemigo,
Mandaban á los Phrygios valerosos
De mas allá de Ascania celebrada,
Que era su patria bella y estimada.
 Mesthles y Antipho hermanos, los dos hijos
Del grande Pylemenes, Capitanes
Los mas fuertes que ha dado la laguna
Que se llama Gigea, eran los Xefes
De todos los Meonios que llevaban,
Y al pie del monte Tmolo se criaban.
 Los Carios que habitaban en Mileto,
Las sombrías montañas de Phethiro,
La orilla del Meandro y en las cumbres
Y rocas elevadas del Mycalo,
Y en bárbaro lenguage se explicaban,
Estaban báxo el mándo y la conducta
De Amphimaco, y de Nastes, que eran hijos
Ilustres de Nemion. Pero Amphimaco

Muy vano á los combates se acercaba,
Y tan cargado de ornamentos de oro
Como va una doncella, oh insensato
Pues todos sus adornos no pudieron
Librarlo de la muerte, porque Aquiles
Lo mató en un combate que tuvieron
En la orilla del Xantho caudoloso,
Y se llevó aquel oro tan precioso.
 El grande Sarpedon, y el bravo Glauco,
Eran los que mandaban á los Lycios,
Que de Lycia remota habian venido
Por donde pasa el Xantho tan fluído.



La Ilíada de Homero, Tomo I (Ignacio García Malo) (page 216 crop).jpg


  1. (*) Acheos debe decir, pues solo se le añade una e para completar el verso.