La Ilíada de Homero (García Malo)/Tomo I/Libro I

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​La Ilíada de Homero​ (1788) de Homero
traducción de Ignacio García Malo
Libro primero
La Ilíada de Homero (Ignacio García Malo) (encabezado libro).jpg
LA ILIADA DE HOMERO.

LIBRO PRIMERO.

ARGUMENTO.

Desprecia Agamenón inexôrable
Al anciano Chryséo venerable;
Siente Apolo este ultraje, y á sus ruegos
Peste envia al Exército de Griegos.
El Rey le quita á Aquiles su cautiva,
Y suscita su cólera excesiva.

Canta ¡ó Diosa! la cólera obstinada
Del hijo de Peléo, el noble Aquiles,
Esta cólera infausta, que causando
Innumerables males á los Griegos,

Precipitó las almas generosas
De tantos fuertes Héroes al oscuro
Imperio de Plutón, dexando en presa
Sus cuerpos á los Buitres y á los Perros.
Asi el supremo Júpiter lo quiso
Despues de la fatal desavenencia
De Agamenón, Rey de hombres, y el valiente
Aquiles, de los Dioses descendiente.
 ¿Qué Dios movió en sus almas la discordia?
El hijo del gran Jove y de Latona,
El qual contra este Rey lléno de enójo,
Excitó en el Exército una peste,
Tan terrible y fatal, que los Soldados
En tropél á su impulso perecian,
Porque el hijo de Atreo hizo un ultraje
A Chryséo, su grande Sacerdote,
Quando vino al rescate de su hija
A las naves veloces de los Griegos,
Con muchos dones; y teniendo en mano
La corona de Apolo, y cetro de oro,
Dirigió asi sus ruegos á los Griegos,
Y mas principalmente á los Atridas
Xefes de aquellas tropas tan lucidas.
„¡Oh hijos de Atreo (dixo), y oh vosotros
„Magnánimos Acheos generosos!

„Ojalá que los Dioses del Olympo
„Permitan destruyais por vuestras manos
„La ciudad de Priämo, y os concedan
„Volverá vuestra patria felizmente
„Dignaos entregarme mi hija amada,
„Aceptando estos dones que os ofrezco,
„Y respetad en mí al excelso Apolo,
„Hijo del grande Júpiter Tonante,
„Que arroja las saetas muy distante.“
 Entonces opinaron comunmente
Todos los demás Griegos, que debia
Respetarse el carácter venerable
Del Ministro de Apolo, y recibirse
Los esplendidos dones que ofrecía.
Mas solo Agamenón inexôrable
Despreció estos consejos, poseído
De una cólera ciega, y muy severo
Despidió al Sacerdote con desayre.
„Huye anciano (le dice), huye al momento
„Lexos de aquestas naves, y no pongas
„Tus temerarios pies jamás en ellas.
„En vano con el cetro y la corona
„Del inmortal Apolo, aqui has venido.
„Nunca yo dexaré tu amada hija,
„Hasta que la vejéz llégue á cogerla,

„De su estimada patria muy distante,
„En mi casa, allá en Argos, ocupada
„En cuidar de mi lecho, y hacer tela.
„Si quieres otra vez volver á Chrysa,
„Y salir de aqui sálvo, no me apures,
„Vete luego, mi enójo no procures.“
 El venerable anciano, intimidado
Con estas amenazas, obedece.
Muy triste y taciturno se retira
Por la costa del mar estrepitoso;
Y estando muy distante de los Griegos,
Dirige al Dios Apolo aquestos ruegos.
 „¡Oh gran Dios, que de plata el arco llevas,
„Y á Chrysa y Cila la divina amparas!
„Rey de Ténedos pio y poderoso!
„¡Oh Dios de Smintho! Si tu hermoso templo
„Alguna vez mis manos coronaron,
„Si grata alguna vez te fue la grasa
„De las piernas de Toros y de Cabras,
„Que he quemado gustoso en tus altares,
„Condesciende á mi ruego fervoroso.
„Haz que paguen mis lagrimas sensibles
„Los Danaos con tus flechas invencibles.“
 Asi dixo rogando, y Febo Apolo
Oyendolo al instante, muy ayrado

Baxa desde las cumbres del Olympo,
Con su arco y aljaba sobre el hombro;
Y agitadas las flechas, por el vuelo
Ligero de este Dios tan irritado,
Resonaban en medio de la playa.
Camina á largo paso, y semejante
A la lóbrega noche, y encubierto
De una sombría nube, se detiene
No lexos de las naves, y despide
Una flecha mortal, que el ayre rompe,
Dando el arco de plata horrible silbo.
Los primeros que hiere son los Mulos,
Y los Perros veloces, mas en breve
Destruye con sus flechas á los Griegos.
No se ven sino piras en el campo,
Y pompas funerales. Nueve dias
Cayendo están encima de las tropas
Las flechas que arrojaba el Dios Apolo.
Juno al decimo dia, lastimada
De las grandes miserias de su Pueblo,
Inspira al corazon del fuerte Aquiles
El designio propicio, de que al punto
Convoque la asambléa de los Griegos.
Junta, pues, la Nacion, de donde estaba
Aquiles se levanta, y asi dice:

„Atrida, aunque podamos evadirnos
„Del rigor de la muerte (pues la guerra
„Y la peste parece se han unido
„Para perder los Griegos); yo presumo,
„Que tal vez obligados nos veremos
„A retornar errantes á la patria.
„En peligro tan grande é inminente
„Un Adivino nuestro consultemos,
„Que sepa penetrar de lo futuro
„Los sucesos ocultos, é igualmente
„El misterio y sentido de los sueños
„(Pues los sueños tambien de Jove vienen),
„El qual nos diga por qué Febo Apolo
„Tan irritado está contra nosotros:
„Si acaso nos acusa de que hayamos
„Omitido algun voto ó hecatombe,
„Para ver si se digna compasivo
„Alexar esta peste de nosotros,
Aceptando ahora en cambio el humo denso .
„De Corderos y Cabras escogidas,
„Que serán en sus aras ofrecidas.”
 Habló Aquiles asi, y volvió á sentarse.
Entonces se levanta el sábio Calcas,
Hijo del grande Thestor, el mas diestro
Adivino de todos, que advertia

Con sola una mirada lo pasado,
Lo presente tambien y lo futuro;
Pues por ser Adivino tan famoso,
Inspirado de Apolo Soberano,
Para venir á Troya con las naves
Los magnánimos Griegos lo eligieron.
En fin, estando en pie, con gran prudencia
Habló de esta manera por su ciencia:
 „¡Oh Aquiles (dixo), Principe valiente,
„De Júpiter amado! Tú me mandas
„Que revele la causa y el delito
„Porque Apolo persiste en sus enojos.
„Estoy pronto á decirla, mas primero
„Jura y promete que has de defenderme,
„No solo de palabra, sino de obra:
„Creo voy á irritar á un Héroe excelso,
„A quien todos los Griegos obedecen.
„La cólera de un Rey, quando se irrita
„Con algun inferior, tarde ó temprano
„Llega á ser muy funesta y peligrosa;
„Pues aunque alguna vez la disimula,
„La conserva en el centro de su alma,
„Y hasta estár satisfecho no se extingue.
„¡Oh Principe ! Si puedo asegurarme
„De tu favor, preparate á escucharme.”

 El magnánimo Aquiles le responde:
„Habla con confianza, pues yo pongo
„Al gran Dios, que te inspira, por testigo
„De que aunque tú reveles á nosotros
„Los ocultos oráculos futuros,
„Nadie se atreverá mientras yo viva,
„A alzar su mano impía contra Calcas,
„Ni el mismo Agamenón, que aqui al presente,
„Dice tiene el lugar mas eminente.”
 El Adivino sábio, asegurado
Con este juramento, asi les habla:
„Apolo no desprecia vuestros votos,
„Ni se quexa de vuestros sacrificios;
„Pero irritado está por el ultraje
„Que el Rey Agamenón ha ocasionado
„A Chryséo, su anciano Sacerdote,
„No queriendo entregarle su hija amada,
„Ni aceptar el rescate que ha ofrecido.
„Este es, pues, el delito que castiga,
„Causando entre nosotros el contagio
„El Dios, cuyas saetas son temibles,
„Y aun nos hará tambien mayores males,
„Porque no alexará de aqui la peste
„Si sin rescate alguno, y sin demora,
„A su padre Chryseida no se entrega,

„Y á Chrysa no se lleva un hecatombe.
„Este quizá es el medio en tal estado
„Para que Apolo quede apaciguado.”
 Dexó Calcas de hablar, y tomó asiento.
Al oír sus palabras se levanta
El Héroe Atrida, Agamenón reynante,
De tal suerte indignado, que la bilis
Le ofusca el alma de una oscura niebla,
Y volviendo sus ojos ázia Calcas,
Centellando de rabia, asi le dice:
„Oh funesto Adivino! ¿Qué has hablado?
„Nunca sino infortunios me has predicho,
„Porque siempre te agrada el anunciarnos
„Los siniestros sucesos y desgracias,
„Y jamás con palabras ni con obras,
„Nos has sido propicio ciertamente.
„Esparcir ahora intentas la discordia
„En medio del Exército de Grecia,
„Y que se irriten contra mí, diciendo,
„Que yo soy el autor de las desgracias,
„Que Apolo les envia; pues reuso
„Los dones que Chryséo me ha ofrecido
„Para librar su hija, deseando
„Llevarla á mi palacio. Ciertamente
„La prefiero, á la bella Clytemnestra,

„Que fue niña mi esposa; pues Chryseida
„No es inferior á ella en hermosura,
„En el cuerpo, talento, en el semblante,
„Ni en destreza en labores de su sexô.
„Mas sea lo que sea, yo estoy pronto,
„Si aqueste es el partido mas propicio,
„A entregarla á su padre sin tardanza;
„Pues ¿quién podrá dudar de que me es grato
„Mucho mas que mi Pueblo salvo quede,
„Que tener á Chryseida? Pero advierto,
„Que á vosotros os toca prepararme
„En lugar de Chryseida, prontamente,
„Otro premio que iguale al que yo pierdo.
„Bien conoceis que la razon me asiste,
„Pues sin duda sería una injusticia,
„Que vuestro Rey y Xefe, solamente,
„Se quedase sin premio competente.”
 Asi dixo, y Aquiles se levanta.
„Hijo de Atreo (dice), el mas aváro
„E insaciable del mundo; ¿cómo quieres
„Que los Griegos te dén un nuevo premio?
„¿No hemos partido ya todo el despojo
„De todas las Ciudades conquistadas?
„Es justo que los Griegos ahora vuelvan
„A poner en comun lo recibido,

„Para partirlo todo nuevamente?
„Cede al Dios que la pide esa cautiva;
„Pues si Jove Supremo nos concede
„Que de Troya lleguemos á ser dueños,
„Por mas que tus deseos sean grandes,
„Encontrarás alli abundantemente
„Con que satisfacerlos prontamente.
 „No pretendas, Aquiles, ofuscarme,
„Responde Agamenón, con las promesas
„Que tanto me exägeras; ni presumas,
„Por mas valor que tengas, que te es facil
„Persuadirme, ni menos sorprehenderme.
„¿Quieres, tú, poseer tranquilamente
„El premio que por suerte te ha tocado,
„Mientras que yo me quede sin el mio?
„Que envíe mi cautiva tú me mandas:
„Estoy pronto á enviarla, si los Griegos
„Otro premio me dán, con que yo pueda
„Satisfacer mi ánimo en un todo.
„Si á mis justos deseos son rebeldes,
„Me haré yo la justicia por mí mismo,
„Pues entraré en tus tiendas á quitarte
„La cautiva que en suerte te ha tocado,
„O si no la de Ayax, ó de Ulises;
„Y el que de mí reciba tal afrenta,

„Inutilmente bramará de rabia...
„Mas despues hablarémos de este asunto.
„Entre tanto juntemos los remeros,
„Y al mar botemos una negra nave,
„Donde mándo se lleve un hecatombe,
„Y que al instante en ella entre Chryseida.
„Elijamos un Xefe que presida,
„Y que Ayax sea éste, ó Idoméneo,
„O Ulises el divino, ó aun tú mismo,
„Aquiles, el mas fiero de los hombres.
„Probemos á aplacar con sacrificios
„La cólera de Apolo formidable,
„Haciendo que nos sea favorable.”
 Aquiles, al oír estas palabras,
Le arroja una mirada con enojo.
„Rey cobarde (le dice), Rey ingrato,
„Que la insolencia llevas en tu frente,
„Y á viles intereses solo aspiras:
„¿Cómo quieres que todos estos Griegos
„Tus ordenes gustosos obedezcan,
„Ya sea en los combates, ya en las marchas?
„¿Es, por ventura, alguna quexa mia
„La que me haya empeñado en esta guerra,
„Contra los Héroes que Ilión habitan?
„¿Qué injuria he recibido de los Teucros?

„Jamás me han ofendido, ni robado
„Mis briosos Caballos, ni mis Toros:
„Jamás nave ninguna de los Teucros
„Fue á devastar los campos, ni los frutos
„De mi Imperio de Phthia, pues en medio
„De la sobervia Troya, y de Larisa,
„Hay montañas, hay mares y florestas.
„Mas á tí solamente hemos seguido,
„Por sostener tu honor, y pura gloria,
„Y vengar el ultraje que os han hecho
„A tí y á Menelao, los Troyanos.
„No obstante estos favores, me amenazas
„Con que me has de quitar la recompensa,
„Que he adquirido con solo mis fatigas
„Y el premio que me han dado los Acheos.
„Quando alguna Ciudad de los Troyanos
„Ha sido por los Griegos expugnada,
„Nunca ha sido mi premio igual al tuyo.
„Sin embargo que soy el que sostengo
„El peso mas terrible de esta guerra,
„Quando se han repartido los despojos,
„Tú siempre lo mejor has escogido;
„Y despues que en combates muy expuestos
„He arriesgado mi vida, me es preciso
„Contentarme en llevar á mis baxeles

„Aquello que me han dado por mi parte,
„Que de ordinario ha sido la mas corta.
„Pero cansado ya de tu injusticia,
„Y de esta dura guerra, parto al punto,
„Y me voy á Thesalia con mis naves.
„Causará mi partida tu vergüenza,
„Y nunca adquirirás ya deshonrado
„Los tesoros que tanto has deseado.
 „Huye al momento, Agamenón, le dice,
„Huye, si tu valor tan solo aspira
„A la infame y vil fuga. No me valgo
„De ruegos para hacer que permanezcas
„Aqui por amor mio. Otros guerreros
„Mas valientes que tú, vivo seguro
„De que me han de ayudar á la venganza,
„Y mas principalmente el Sábio Jove.
„De quantos Reyes hay, de este Dios hijos,
„Jamás ninguno de ellos fue á mi vista
„Mas odioso que tú; pues no respiras
„Sino guerras, combates y discordias.
„Si tú eres tan valiente, ¿de qué parte
„Te viene ese valor? ¿No le posees
„Porque Dios te lo ha dado? Marcha al punto
„De aqui con tus baxeles y tus tropas;
„Y manda á tus sobervios Myrmidones,

„Pues no temo tu ausencia ni tus íras.
„Mas oye esta amenaza, que no es vana:
„Supuesto que me obliga Febo Apolo
„A que dé mi cautiva, no vacílo
„En enviarla al punto en una nave,
„Con la escolta que sea conveniente;
„Pero yo mismo iré luego á tu tienda
„A quitarte á Bryseida, que por premio,
„En el rico despojo te ha tocado,
„A fin de que conozcas por tí mismo,
„Que mi poder al tuyo se aventaja,
„Que todos por tu exemplo se intimiden,
„Y no me hablen jamás con insolencia,
„Ni piensen igualarse á mi potencia.”
 Dixo, y Aquiles de dolor bramaba.
A varios movimientos lo transporta
El furor que lo tiene arrebatado.
Ya quiere armar su brazo valeroso,
Y separará un lado los amigos
Del Rey, para inmolarlo á su fiereza,
Y ya se esfuerza en moderar su rabia.
Mientras que asi fluctúa en uno y otro
Extremo de razon y de furores,
Y la espada sacaba de la vayna,
Baxa la Diosa Palas desde el Cielo,

Porque Juno, que amaba á los dos Reyes,
Le mandó que baxase á conservarlos.
Se pone tras de Aquiles, y le coje
Al Héroe de su rubia cabellera;
Vuelve éste la cabeza sorprehendido,
Y conoce á la Diosa por los rayos
Y explendor que exâlaba de sus ojos.
A todos una nube la ocultaba,
Solo el valiente Aquiles la veía;
Y mirandola atento é irritado,
„Hija de Jove (dice), ¿á qué ahora vienes?
„¿Vienes acaso á ver esta insolencia
„Del Rey Agamenón, hijo de Atreo?
„Pues te digo, y protesto ha de cumplirse,
„Que perderá su vida con violencia,
„Por su mucha osadía y prepotencia.
 „Solo báxo del Cielo (dice Palas)
„Para venir á moderar tu enójo,
„Si prestas obediencia á mis consejos.
„Juno, que á ambos á dos os ama mucho,
„Y quiere conservaros vuestra vida,
„Me ha mandado que báxe á contenerte.
„No empuñes ya la espada, y apacigua
„El ímpetu y furor que te transporta.
„Te permito que puedas injuriarlo,

„Como ha de suceder, con las palabras.
„Si ahora tú me obedeces y reprimes
„Esa cólera insana, que te ciega,
„Pagará Agamenón, con doble ó triple,
„La injuria y el ultraje que te ha hecho.
„Refrena, pues, tu ardor descomedido,
„Y será aqueste oráculo cumplido.
 „Diosa (responde Aquiles), yo estoy siempre
„Sometido á tus leyes y consejos,
„Por mas furioso que mi enójo sea.
„El respeto á los Dioses, los inclina
„A que escuchen propicios nuestros ruegos.”
Dixo, y la mano echando con presteza
Al puño de su espada, prevenida
A la venganza ya, la entra en la vayna.
Palas vuelve volando ácia el Olympo
Al Palacio de Jove, donde estaban
Los demás inmortales congregados.
Entre tanto profiere el fuerte Aquiles
Estas grandes injurias y baldones,
Contra el hijo de Atreo, pues no estaba
Todavia su enójo apaciguado:
„¡Oh Rey! cuyo temor vil y cobarde,
„E imprudencia, es igual: tímido Ciervo
„Quando estás en combate: temerario

„Ladrador, insolente en los convites,
„Quando te ofusca la razon el vino.
„Jamás en ningun dia de combate
„Has tenido valor para ponerte
„A mandar, como Xefe, á tus Soldados,
„Ni menos para hacer una emboscada
„Con los mas principales de los Griegos,
„Porque crees que la muerte te persigue.
„Ciertamente es mejor ir recorriendo
„Por el campo y Exército de Grecia,
„A quitar la adquirida recompensa
„De quien solo se opone á tus designios.
„¡Oh tirano cruel, que te mantienes
„De la sangre y substancia de tu Pueblo,
„Por qué mandas á floxos y cobardes!
„Si por esto no fuese, Rey Atrida,
„Esta injuria y afrenta que me haces
„La ultima sería: mas te júro,
„Y aqueste juramento es inviolable;
„Júro por este cetro, que apartado
„Del tronco que en los montes lo produxo,
„No arrojará jamás hojas ni ramas,
„Ni reverdecerá, pues le ha quitado
„El acero las hojas y corteza:
„Júro, vuelvo á decir, por este cetro,

„Que en manos de los Reyes puso Jove,
„Como símbolo fiel de la Justicia
„(Juramento de un Rey el mas terrible),
„Que llegará algun dia en que los Griegos
„Tendrán necesidad de mi presencia,
„Y que tú no podrás darles socorro,
„Por mas dolor que el corazon te oprima,
„Quando caer los veas al impulso
„Del homicida Hector. Vanamente
„Desearás entonces mi asistencia,
„Y sentirás roerte las entrañas
„Un acerbo y cruel remordimiento,
„De haber tratado tan iniquamente
„Al que es entre los Griegos mas valiente.”
 Acabó estas palabras , y arrojando
A la tierra su cetro, tomó asiento.
Tambien se enfurecía por su parte
Agamenón, y entonces se levanta
En medio de ellos, el suave Nestor,
Orador agradable de los Pylios.
Mas dulces que la miel, rápidamente,
Salian las palabras de sus labios.
Habia visto nacer y destruirse
Dos edades de hombres elocuentes
Nacidos antes, y tambien nutridos

Con él en la alta Pylos, y reynaba
Ya sobre la tercera. Habló el anciano
Con estas expresiones y prudencia,
Que indicaban su juicio y experiencia:
 „¡Oh Dioses inmortales (asi exclama)
„¡Qué dolor mas cruel para la Grecia!
„¡Qué júbilo mayor para Priámo,
„Para todos sus hijos y los Teucros,
„Si llegan á saber que la discordia
„Causa la enemistad entre vosotros,
„Que ya por la prudencia en los consejos,
„Y ya por el valor en los combates,
„A quantos Griegos hay, sois superiores !
„Ea, pues, escuchadme, porque ambos
„Mas jovenes que yo, sois ciertamente.
„Yo viví, tiempo hace , entre otros Héroes
„Mas fuertes y valientes que vosotros,
„Y jamás mis consejos despreciaron.
„Nunca he visto, ni ver tampoco espero,
„Otros mayores hombres que Piritho,
„Driante, el gran Ceneo, el fuerte Exâdio,
„Polyphemo, á los Dioses semejante,
„Y el semidios Theseo, hijo de Egeo.
„Estos fueron los hombres mas valientes
„Que la tierra ha nutrido con sus dones,

„Y á todos los mortales superaron
„En fuerza y en valor; pues combatieron
„Con los monstruos de bosques y montañas,
„Destruyendo la estirpe de Centauros,
„Que dió inmortal renombre á sus proezas.
„Estos fueron los Héroes memorables,
„Con quienes yo viví desde muy joven,
„Que la primera vez salí de Pylos,
„Y desde el Apia tierra, que es mi patria.
„Emulo fuí tambien, y compañero
„De estos hombres ilustres; y entre todos
„Los mortales, que viven al presente,
„Ninguno es á estos Héroes comparable,
„Y con todo escuchaban mis consejos,
„Y asentian tambien á mis palabras.
„Condescended vosotros igualmente,
„Pues éste es el partido mas seguro.
„¡Oh Agamenón! por mas poder que tengas,
„No le quites á Aquiles su cautiva,
„Y sufre que tranquílo goce el premio
„Que le han dado los hijos de la Grecia.
„Y tú, hijo de Peléo, no persistas
„En irritar al Rey con tal audacia,
„Pues un Rey, que en su mano lleva el cetro,
„No admite que en honor nadie le iguale,

„Porque le dió la gloria el grande Jove,
„Si es mayor tu valor, y de tus dias
„Es autora una Diosa, él es sin duda
„Mas superior que tú, mas poderoso,
„Porque á un Pueblo mas grande rije y manda.
„Agamenón, aplaca ya tus íras:
„Aquiles, yo te ruego, que pues eres
„Antemural de Grecia en esta guerra,
„Refrenes el furor que en tí se encierra.
 „¡Oh sábio anciano Agamenón le dice,
„Es la razon la que habla por tu lengua:
„Pero debes saber, que este ambicioso
„Se quiere remontar sobre los Griegos,
„Establecerles leyes, arreglarlo
„Y prescribirlo todo á sus antojos,
„Y no pienso que aqui se halle ninguno,
„Que á sus ordenes quiera sujetarse.
„Si le han hecho los Dioses un guerrero
„De valor y de fuerza tan dotado,
„¿Derecho de ultrajarnos le han prestado?”
 El valeroso Aquiles le responde:
„Ciertamente, llamarme deberian
„El mas vil y cobarde de los hombres,
„Si á quanto tú pretendes yo cediese.
„Manda á los otros, pues, de esa manera,

„Y dexa de mandarme, porque nunca
„Me encontrarás dispuesto á obedecerte.
„Solamente una cosa he de decirte,
„Y mis palabras graba en tu memoria:
„Nunca combatiré por una esclava
„Contra tí, ni ninguno de los tuyos.
„Y á tu arbitrio la dexo, y al de todos
„Estos Griegos cobardes, que consienten,
„Con su silencio vil, que despojado
„Me vea indignamente de sus dones.
„Pero de otras riquezas y preseas,
„Que tengo custodiadas en mis naves,
„Te guardarás muy bien de ser osado
„A quitarme ninguna con violencia.
„Si tienes la osadía de pensarlo,
„Verán todos los Griegos, muy en breve,
„Que tu sangre, corriendo por mi lanza,
„Será el fruto ferál de mi venganza.”
 Despues de este debate tan prolixo,
Agamenón y Aquiles se levantan,
Y toda la asambléa se divide.
Aquiles á sus tiendas se retira,
Con su amigo Patroclo, y sus sequaces.
Agamenón, habiendo ya elegido
Veinte bravos remeros, da la orden

De que á la mar se bote un velóz barco,
Poniendo en él las víctimas mas tiernas,
Para ofrecer á Apolo el hecatombe.
A la bella Chryseida lleva él mismo,
Hace que entre en el barco, y nombra á Ulises
Por Comandante de él. Sueltan las velas,
Parte la embarcacion, y á remo surca
Las ondas de la playa cristalina.
Manda el hijo de Atreo, despues de esto,
Que alli se purifiquen: obedecen;
Y executado ya, á la mar arrojan
Todo quanto á este acto habia servido.
En la costa del mará Apolo ofrecen
Hecatombes de Cabras y de Toros,
Que por sus mismas manos sacrifican
Para aplacar su enójo, y de la grasa
De las víctimas sacras se remonta
Hasta el Cielo brillante y estrellado,
El olor entre el humo condensado.
 Asi todas las tropas se ocupaban.
Agamenón no cesa en la contienda
Que antes habia tenido contra Aquiles;
Y asi llama á Talthybio, y á Euribates;
Que eran dos Reyes de Armas, que tenia
Cerca de su persona á todas horas,

Totalmente á sus ordenes sumisos:
„Id (les dice), y entrad luego en la tienda
„Del hijo de Peléo, de la mano
„Sacad de ella á Bryseida, y conducidla
„Al instante á la mia. Si os la niega,
„Yo mismo iré por ella, acompañado
„De un Pueblo numeroso, y mas sensible
„Le será aquesta afrenta irresistible.”
 Estos dos Reyes de Armas, obligados
A obedecer al Rey, van repugnantes
Por la costa del mar estrepitoso;
Y pasando las naves Thesalienses,
A la tienda de Aquiles arribaron,
Y al umbral de la puerta le encontraron.
 Luego que alli lo vieron, la tristeza
Y el terror los ocupa. Temerosos,
Sin poderle decir palabra alguna,
Se detienen; y Aquiles, conociendo
La pena que tenian, se adelanta:
„Bien venidos seais (asi les dice),
„Reyes de Armas, Ministros de los Dioses,
„Y de lo que el Rey manda executores:
„Acercaos á mí, no tengais miedo,
„Pues inocentes sois de los agravios
„E injurias que recibo. Solamente

„De Agamenón me quexo, que os envia
„A sacar á Bryseida de mi tienda.”
A este tiempo, volviendose á Patroclo,
„¡Oh hijo de Menecio (dice Aquiles)!
„Trae á Bryseida aqui, ponla en sus manos,
„Para que asi la lleven al momento;
„Y vosotros, Ministros, sed testigos
„Delante de los Dioses y los hombres,
„Y delante del Rey, fiero, intratable,
„De este firme y solemne juramento.
„Si llegase algun dia en que él implóre
„El socorro y ampáro de mi brazo,
„Júro, que serán vanos sus esfuerzos,
„Para obligarme á defender sus naves,
„Yá remediar los males y desgracias
„Que están amenazando á los Argivos.
„¡Oh qué insensato Rey pues nunca sabe
„Dar premio á la virtud, ni lo pasado
„Le enseña á precaver lo venidero,
„Ni á tomar las medidas necesarias,
„Para poner los Griegos en estado
„De poder combatir con gran denuedo,
„Sin peligro en las naves, y sin miedo.”
 Executa Patroclo aquesta orden,
Que Aquiles le imponia; fuera saca

A la bella Bryseida, y se la entrega
A los dos Reyes de Armas, que al instante
Vuelven por su camino, atravesando
Segunda vez el campo de los Griegos.
Bryseida manifiesta resistencia,
Mas á Atrida la llevan con violencia.
 Despues de su partida, triste Aquiles,
Derramando sus lagrimas copiosas,
Y apartado de todos sus amigos,
En la costa espumosa toma asiento,
Acia el piélago negro atento mira,
Y suplíca á su madre muy amada,
Extendiendo las manos, de esta suerte:
„¡Oh madre mia (dice)! si el destíno
„Limitó á pocos años la carrera
„De esta vida mortal, el Dios Tonante
„Debia darme, á lo menos, mayor honra.
„Sin embargo tolera en este dia,
„Que Agamenón me afrente y me deshonre.
„Este Rey, que me trata con desprecio,
„Tiene ahora en su poder la recompensa,
„Que yo con mis trabajos he ganado,
„Y él, por su autoridad, me la ha quitado.”
 Asi dixo, sus lagrimas vertiendo.
Le oyó su venerable excelsa madre,

Que en el fondo del mar sentada estaba
Al lado de su ilustre padre anciano;
Y saliendo de pronto de las ondas
En forma de una niebla, tiernamente
A su lado se sienta, y con sus manos
Tan divinas le enjuga las mexillas,
Lo abraza con amor, y asi le dice:
„Hijo querido mio, ¿por qué lloras?
„¿Qué tristeza te aflije internamente?
„Habla, nada me ocultes, y haz que sepa
„La causa de este llanto tan extraño,
„Para poner remedio á qualquier daño.”
 Dando un suspiro tétrico y profundo,
Aquiles le responde: „Madre amada,
„Si tú sabes la causa de mi llanto,
„Para qué fin me mandas la repita?
„Ya sabes como fuimos al asedio
„De la ciudad de Thebas eminente,
„Donde Etión reynaba, que fue presa,
„De quanto en ella habia saqueada,
„Y que aqui los despojos conducimos.
„Los Griegos los partieron entre todos,
„Y á la bella Chryseida destinaron
„Para el hijo de Atreo. Mas Chryséo,
„Padre de ella, y de Apolo Sacerdote,

„(De este Dios cuyas flechas son temibles),
„Despues vino á las naves de los Griegos
„A rescatar su hija tan amada,
„Conduciendo unos dones infinitos;
„Y teniendo en sus manos la Corona
„Del inmortal Apolo, con su Cetro,
„Rogó á todos los Griegos lo aceptasen,
„Y mas principalmente á los Atridas,
„Xefes y conductores de los Pueblos.
„Todos los demás Griegos opinaron,
„Que respetar debian su carácter,
„Y recibir los dones que ofrecía.
„No agradó á Agamenón este consejo,
„Y despidió al anciano Sacerdote
„Con injusta aspereza y amenazas.
„El venerable viejo se retira,
„Poseído de cólera y tristeza,
„Y como Apolo le ama tiernamente,
„Ha escuchado sus ruegos fervorosos,
„Ha arrojado sus flechas invencibles
„Contra todas las naves de los Griegos,
„Y causado una peste muy funesta.
„Un Adivino sábio ha declarado
„La voluntad del Dios, y yo el primero
„Opiné, que aplacarse convenia

„Su cólera y enójo. En el instante,
„Agamenón, de furia arrebatado,
„Se levanta y me intíma una amenaza,
„La qual al punto executada ha sido;
„Pues en el mismo tiempo en que los Griegos
„A Chrysa han conducido su cautiva,
„Y las víctimas sacras, destinadas
„Para ofrecer á Apolo un holocausto,
„Han venido á mi tienda los Ministros
„De este Rey atrevido, Reyes de Armas,
„A sacar de su orden á Bryseida,
„Que los hijos de Grecia me habian dado.
„Si puedes á tu hijo dar socorro,
„Sube luego al Olympo, madre mia,
„Y vence á mi favor al grande Jove.
„Traele á la memoria los consejos
„Y favor que algun tiempo le prestaste;
„Porque muy bien me acuerdo que algun dia,
„Estando en el palacio de mi padre,
„Oí que te jactabas con frecuencia,
„De que supiste defenderlo sola
„De aquel grande peligro á que fue expuesto,
„Quando los otros Dioses del Olympo
„Juno, Neptuno y Palas, proyectaron
„Limitar su poder, como en efecto

„Tú sola esta faccion desvaneciste,
„Y de aquellas cadenas lo libraste,
„Llamando á su socorro, allá al Olympo,
„Al Gigante cien manos (á quien llaman
„Briareo los hombres, y los Dioses
„Por Egeón le nombran), quien, teniendo
„Una fuerza mas grande que su padre,
„Al lado se sentó del grande Jove,
„Con aspecto tan fiero y tan terrible,
„Que espantados los otros Inmortales,
„Renunciaron al punto su designio.
„Traele, pues, madre mia, á la memoria
„Este grande servicio que le hiciste:
„Abraza sus rodillas, y con ruegos
„Obligale que ampáre á los Troyanos,
„Yá permitir que rechazados sean
„Los Griegos á su campo y á sus naves,
„Cayendo en el mar bravo derrotados;
„Para que asi, la pena que es debida
„Al delito del Rey que los dirige,
„Recayga sobre todos sus vasallos;
„Y que este Rey, por mas poder que tenga,
„Reconozca el error que ha cometido
„Tratando con ultraje y malos modos,
„Al mas valiente de los Griegos todos.

 „¡Ah! le responde Thetis, anegada
„En un profundo llanto: ¡Hijo querido
„¿Para qué te dí vida, y te he criado,
„Si este triste destíno te esperaba?
„Ojalá que á lo menos estuvieses
„Sin daños ni pesares en tus naves,
„Ya que es tan breve el curso de tus años!
„Mas debiendo gozar tan corta vida,
„Desgraciada tu suerte ser aún debe.
„Ay de mí, que pariendote en mi estancia,
„Te entregué yo al destíno mas funesto!,
„Pero no obstante, iré al excelso Olympo,
„Y diré al Dios de Dioses y de hombres
„Todo quanto oportuno considére
„A poder persuadirlo en favor tuyo.
„Entre tanto, hijo mio, permanece
„En tus naves y tiendas, no depongas
„Esa íra implacable ácia los Griegos,
„Y abstente de salir á la batalla.
„Júpiter está ausente por ahora:
„Ayer fue á los confines de Oceano,
„Donde todos los sabios Etiopes
„Le han llamado á un convite delicioso.
„Todos los demás Dioses lo han seguido,
„Y hasta que hayan pasado doce dias,

„No volverá al Olympo; pero entonces
„Iré yo á su Palacio, no lo dudes,
„Le abrazaré llorando sus rodillas,
„Y espéro no ha de ser inexórable
„Al ruego que le haré con tono afable.”
 Al acabar de hablar, desaparece
La venerable Thetis, y á su hijo,
Sintiendo que á Bryseida le han quitado,
Lo dexa en sus dolores angustiado.
 En tanto el sábio Ulises llega á Chrysa,
Con el sacro hecatombe que llevaba.
Entra la nave al puerto, dá la orden
De que amaynen las velas, y las plieguen,
Baxan el mástil luego á la cruxía,
Abordan con la fuerza de los remos,
Las áncoras arrojan, y los cables
A la popa del barco muy bien atan.
Entonces saltan todos en la costa
De la mar espumosa, y van sacando
Las víctimas, que estaban destinadas
Para ofrecer á Apolo en sacrificio.
Sale tambien Chryseida, y de la mano
La toma el sábio Ulises, la conduce
Delante del altar, y la presenta
A su padre, diciendo estas palabras:

„El Rey Agamenón aqui me envia,
„Venerable Chryséo, á que te entrégue
„A tu hija Chryseida, y á que ofrezca
„Un hecatombe sacro á Febo Apolo,
„En nombre de la armada de los Griegos,
„Suplicando á este Rey tan formidable,
„Que infinitos dolores y suspiros
„A las tropas Argivas ha enviado,
„Que no esté con nosotros enojado.”
 Despues que asi le dixo, entrega al punto
A Chryseida en los brazos de su padre,
Quien con mucha alegria la recibe:
Al momento disponen los Argivos,
Para ofrecer al Dios el hecatombe,
Y en orden puestos al altar se acercan.
Despues de esto, las manos se lavaron,
Y tomaron la harina de cebada
Mezclada con la sal, segun costumbre.
Entre todos, Chryséo venerable,
Levantando las manos ácia el Cielo,
En alta voz rogó de esta manera:
„¡Oh gran Dios, que de plata el arco tienes,
„Que á Chrysa y Cila la divina amparas,
„Rey de Ténedos pio y poderoso
„Ya escuchaste mis votos y deseos,

„Ya vengaste mi injuria, ya me honraste,
„Y ya hiciste á los Griegos grande daño.
„Dignate de escuchar del mismo modo
„Los ruegos, que al presente te dirijo
„En favor de los hijos de la Grecia.
„Aparta de ellos ya la peste ayrada,
„Que destruye su exército y armada.”
 Despues de aquestos ruegos fervorosos,
Que escuchó Febo Apolo en el instante,
Con la sal y cebada consagraron
Las víctimas preciosas, y ácia el Cielo
Volvieron las cabezas de los Toros.
Con el cuchillo sacro los degüellan,
Los despojan despues, las piernas cortan,
Las separan, y cubren totalmente
Con duplicada grasa: por encima
Van poniendo pedazos pequeñitos
De todas las demás partes cortados,
Y los echan á asar sobre la leña,
Que Chryséo en el ara arder hacía.
Despues derrama el viejo en estas carnes
Un vino de color de vivo fuego,
Y estaban varios jovenes en torno,
Que en sus manos tenian asadores,
De cinco agudas puntas cada uno.

Estando ya las piernas abrasadas,
Gustaron las entrañas, y cortaron
Lo restante en pedazos muy menudos,
Que pusieron al punto en asadores;
Y estando todo asado exàctamente,
Lo apartaron de alli con diligencia.
Quando ya estaba todo prevenido,
Se sirvieron las mesas, y por orden
Se fueron todos ellos colocando.
De la porcion que á cada qual le dieron
Quedaron muy contentos: concluído
El festivo convite, unos mancebos
Llenaron de buen vino vasos grandes,
Desde donde lo echaron en las copas,
Que á toda la asambléa presentaron.
Despues que executaron libaciones,
Se ocuparon el resto de aquel dia
En aplacar, la cólera de Apolo,
Y en cantar en su honor hymnos preciosos,
Y aqueste Dios, con gusto y alegria,
Sus cantos escuchaba y aplaudia.
Quando el Sol ocultó sus rayos bellos,
Y las densas tinieblas comenzaron
A obscurecer la tierra, los Argivos
De alli se retiraron, y durmieron

Cerca de su baxel toda la noche.
Apenas de la Aurora matutina
Vieron el rosiclér resplandeciente,
Quando pensaron retornar al campo.
Se preparan al punto á la partida,
Enderezan el mástil, y desplegan
Las velas de la nave. El Dios Apolo
Un viento les envia tan propicio,
Que perdieron de vista en un momento
La costa de la mar. Las olas tersas
Batian con estrépito terrible
El baxel, que con suma ligereza,
Hendia del mar vasto la fiereza.
 Luego que asi al Exército llegaron,
Sacaron el baxel sobre la costa,
Por debaxo palancas le pusieron,
Y por tiendas y naves se esparcieron.
 Mientras tanto irritado el noble Aquiles
Se estaba en sus baxeles, y no iba
A ninguna asambléa, donde adquieren
Los hombres una gloria imponderable,
Por sus sabios consejos, ni tampoco
En combate ninguno se encontraba.
Alli en tal inaccion se mantenia,
Consumido de pena y sobresaltos,

Suspirando la guerra y los asaltos.
 Pero pasados ya los doce dias,
Que al Olympo volvió el Supremo Jove,
En compañia de los otros Dioses,
Thetis, que en la memoria conservaba
Los ruegos de su hijo, y su promesa,
Dexó al albor del dia los profundos
Abismos de la mar, y voló al Cielo.
A Júpiter halló sentado aparte
En la mas alta cumbre del Olympo.
La Diosa, apróximandose á su trono,
Con una mano abraza sus rodillas,
Y cogiendo su barba respetable
Con la mano derecha, asi le dixo
Al supremo Tonante, con ternura:
„Júpiter poderoso y soberano,
„Si alguna vez mi dicha ha permitido
„Que te diese mis utiles avisos,
„Y te hiciese servicios agradables,
„Yo te ruego que escuches mis deseos,
„Y que colmes de honor á mi hijo amado.
„De quantos Héroes hay, ninguno debe
„Tener vida mas corta que la suya.
„No obstante, Agamenón lo ha deshonrado,
„Quitandole aquel premio que los Griegos

„Le han dado en recompensa á sus hazañas.
„¡Oh padre de los Dioses y los hombres!
„Cuida de que su gloria no obscurezca
„La injuria y el ultraje que padece:
„Concede la victoria á los Troyanos
„Hasta tanto que todos los Argivos
„En público resarzan esta afrenta,
„Que han causado á mi hijo, y le tributen
„Los honores, que tanto ha merecido
„Por su grande valor, jamás vencido.”
 Júpiter no responde una palabra,
Y está por largo tiempo taciturno,
Pero Thetis postrada le renueva
Sus mas vivas instancias, y le dice:
„¡Ah! concedeme, Jove soberano,
„Lo que rendidamente de tí implóro.
„Damelo á conocer por algun signo.
„De tu inmortal cabeza que no engaña,
„O niega mi demanda abiertamente.
„El temor de afligirme no contenga
„Tu voluntad suprema. De este modo
„Sabré por una accion induvitable,
„Que entre las Diosas soy muy desgraciada,
„Y que yo sola soy mas deshonrada.”
 El Dios Tonante entonces, exhalando

Un profundo suspiro, le responde:
„¡Qué funestas desgracias y debates
„Tú vas á suscitar con lo que pides,
„Haciendo que me enoje contra Juno,
„Que no tardará mucho en irritarme
„Con sus amargas quexas é invectivas!
„Porque continuamente me echa en cara,
„Y me insulta en presencia de los Dioses,
„Diciendo que yo ampáro á los Troyanos.
„Mas vuelvete, no sea que te vea,
„Pues yo procuraré satisfacerte;
„Y á fin de que no dudes de mi oferta,
„Baxando la cabeza la confirmo,
„Que es la señal mas fixa, con que sello
„La certeza de todas las promesas
„Que hago á los Inmortales, porque quanto
„Con este signo afirmo y autorizo,
„No engaña, es en efecto irrevocable,
„Y que siempre lo cumplo no es dudable.”
 Dixo asi, y el Saturnio mover hace
Sus formidables cejas. Los cabellos
Que ambrosía destílan, se estremecen
En la inmortal cabeza del Tonante,
Y hace tiemble el Olympo en este instante.
 Despues de esta promesa se separan.

Thetis dexa el Olympo luminoso,
Y en el profundo mar se precipita,
Y Júpiter se vuelve á su Palacio.
A su arríbo los Dioses se levantan,
Y en su trono se sienta el Dios Tonante.
Juno, que no ignoraba cosa alguna,
Porque con Thetis bella le habia visto,
Asi, le reprehendió severamente
Por lo que habia pasado anteriormente:
 „¡Pérfido! ¿qué designios has formado?
„¿Qué Inmortal á tu audiencia has admitido?
„Tú te complaces siempre en ocultarme
„Las empresas secretas que meditas,
„Y jamás, en verdad, me has declarado
„El designio menor que has proyectado.”
 El padre de los Dioses y los hombres
Asi responde á Juno: „Nunca esperes
„Penetrar mis ideas ni proyectos,
„Aunque nos une un lazo tan sagrado.
„En quanto sea justo y conveniente
„Que llegues á saber, yo te prometo
„Que ningun Dios ni hombre será nunca
„Antes que tú instruído ni informado;
„Pero jamás emprendas preguntarme,
„Ni querer sondear mis intenciones,

„Sobre objetos que encierre yo en mi seno,
„Quando ocultarlos pienso con cuidado
„A todos quantos Dioses tengo al lado.”
 La venerable Juno, de ojos grandes,
Le responde mirandolo irritada:
„Hijo fiero y terrible de Saturno,
„¿Qué manera de hablar usas conmigo?
„Nada te he preguntado ya hace tiempo,
„Ni he tenido deseos, ni cuidado
„De penetrar tus miras é intenciones;
„Y asi dispon tranquílo quanto quieras.
„Pero un grave temor ahora me agita,
„Porque creo que ya te ha seducido
„La hija del marino viejo ilustre,
„Thetis de pies de plata. Esta mañana
„Ha tenido contigo larga audiencia,
„Te ha abrazado con ansia las rodillas,
„Y sospécho que tú le has prometido,
„Con el signo de asenso, honrar á Aquiles,
„Y rechazar los Griegos á sus naves,
„Permitiendo que caygan en las manos
„De sus contrarias huestes los Troyanos.”
 A su esposa responde el Dios Tonante:
„Divinidad inquieta y cavilosa,
„Que nada puedo hacer sin que pretendas

„Penetrar mis designios é intenciones,
„Tus esfuerzos son vanos, porque nunca
„Me impedirás hacer quanto me agrade.
„Tú llegarás á serme muy odiosa,
„Y para tí será mas doloroso.
„Si lo que tú sospechas no es dudable,
„Es que asi debe ser, y asi lo quiero.
„Mi voluntad respeta, y no me irrites;
„Pues si descargo sobre tí mi enójo,
„Todos los Inmortales del Olympo,
„Aunque tengas en ellos confianza,
„No te podrán librar de mi venganza.”
 Dixo, y Juno temiendo, en el instante
Se retira en silencio, sufocando
El dolor que su alma penetraba.
Todos los habitantes del Olympo
Sienten interiormente su disgusto.
Pero el diestro Vulcano, con intento
De calmar la amargura de su madre,
Le habla con suavidad de esta manera:
„¡Qué cosas tan terribles, madre mia!
„¡Qué desgracia mayor é intolerable,
„Si por unos mortales solamente
„No haceis sino altercar entre vosotros,
„Y poner en desorden todo el Cielo!

„Ya no hay medio ninguno que produzca
„El tranquílo placer de los convites,
„Supuesto que ya reyna la discordia
„Entre los mismo Dioses inmortales.
„Yo te aconsejo, pues, ó madre amada
„Aunque no necesitas mis consejos,
„Que hables con gran dulzura al padre Jove,
„A fin de que su enójo nó perturbe
„Nuestro alegre festín; porque si quiere
„Puede de su Palacio echarnos luego,
„Pues es el mas potente de los Dioses.
„Mas procura aplacarlo con agrado
„Y palabras suaves, y al instante
„Veremos el Olympo luminoso,
„Placído nuevamente, y delicioso.”
 Despues que asi le dixo, se levanta,
Toma una rica copa, y con ternura
Presentandola á Juno, asi le dice:
„Tolera con paciencia, madre mia,
„Todo quanto te pasa, por mas grande
„Que sea la afliccion que te consterna,
„No sea que el disgusto experimente
„De verte en mi presencia maltratada,
„Sin poderte prestar socorro alguno;
„Porque no queda impune quien se atreve

„A resistir á Júpiter Olympio.
„Jamás yo me he olvidado de aquel dia,
„Que queriendo acudir á defenderte,
„Me arrojó por un pie desde el Olympo.
„Un dia entero anduve por los ayres,
„Y al sumergirse el Sol en el Ocaso
„Semivivo caí en la Isla de Lemnos,
„Donde sus habitantes me ampararon,
„Y las grandes heridas me curaron.”
 Dixo, y Juno riendo, tomó entonces
La copa de la mano de su hijo;
Y sacando Vulcano en dulce nectar
De los vasos sagrados en que estaba,
Llenó diversas copas, y en seguida
Las presentó á los Dioses del Olympo.
En las bobedas sacras del Palacio
Resonaba la risa estrepitosa,
Que entre todos los Dioses excitaba
La suma diligencia de Vulcano,
En servirlos á todos por su mano.
 Duró el convite asi, todos contentos,
Hasta que el Sol partió para el Ocaso.
Nada alli les faltaba , pues tenian
Buena mesa, y la música mas dulce.
Apolo, con su cíthara armoniosa

Tocaba con destreza y melodía,
Y las Musas cantaban alternando,
Con la voz mas sonora y delicada.
Pero al momento que la luz brillante
Del soberano Sol desaparece,
Y se sumerge en las profundas ondas,
Cada uno á reposar vase á su estancia,
Fabricada por arte de Vulcano.
Jove á su lecho, en que dormir solia
Quando el sueño sus párpados cerraba,
Se retira á gozar dulce reposo,
Y Juno entre los brazos de su esposo.



La Ilíada de Homero, Tomo I (Ignacio García Malo) (page 152 crop).jpg