Memorias de los muertos

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Memorias de los muertos de Alphonse de Lamartine
Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

Ved cómo á la tierra va
Hoja tras hoja cayendo;
Cómo la brisa gimiendo
De los valles se alza ya.
Ved la golondrina allá
Rasando en veloz huída
La faz del lago dormida;
Ved al rapaz de la choza
Entresacar de la broza
Lefia del árbol caída.

Ya el boscaje no estremece
La fuente con sordos ecos;
En desabrigados huecos
Muda el ave se guarece:
No bien el sol aparece,
A sepultarse camina;
Anochecida neblina
Le emboza, y de cuando en cuando
Anunciase, despertando
Con luz enferma y mezquina.

Auras no alienta la aurora
Ni matiza sus celajes;
Entre mustios cortinajes
Muere la tarde incolora.
En la mar inmensa ahora
Ni un esquife se refleja;
Campo agostado semeja,
Y sobre la sorda playa
Sombría la onda desmaya
Y parece que se queja.

No halla purpúreo tomillo
La ovejuela en el collado;
Roba el zarzal erizado
Su vellón al corderillo;
Ni de agreste caramillo
Voz que melódica trina
Músico zagal afina
Recogiendo su rebaño.

¡Así marchítase el año!
¡Así la vida declina!

Al furor del vendaval
¿Qué hay que no ceda y sucumba?
Siento venir de la tumba
También un cierzo invernal,
A cuyo soplo glacial
Hombres caen ciento á ciento.
La reina del firmamento
Así sus plumas renueva,
Y las que pierde, las lleva
Como inútiles, el viento.

En esta misma estación
Os vi pálidos ayer
¡Oh dulces frutos! caer
Sin llegar á granazón.
Mozo, á una generación
Solitario sobrevivo;
Y cuando el recuerdo avivo
De seres que tanto amo,
Con muda intención los llamo
Y miro allá pensativo.

Su tumba está en la colina,
La senda conozco bien.
¿Mas yacen ellos también?
¿Allí su esencia divina?
Torna el ave peregrina

Que cruza espacios desiertos;
Otra vez á nuestros puertos
Barcos vendrán que zarparon;
¡Y la línea que salvaron
Nunca repasan los muertos!

¡Ah! mientras frío mortal
Todo infunde; mientras cruje
Árida rama, al empuje
De la ráfaga otoñal;
Mientras rueda funeral
Són de campana profundo
En tinieblas, yo errabundo
Por el bosque avanzo á solas,
Y en rumor de vientos y olas
Oigo la voz de otro mundo.

Si mal los sentidos lentos
Esa voz perciben vaga,
A el alma en secreto halaga
Con más íntimos acentos.
Envuelven mil pensamientos
En la noche á el alma mía,
Remolinando á porfía
Cual hojas que el Boreas ronco
Secas restituye al tronco
A quien dieron lozanía.

Ya es la madre bendecida
Que á sus hijos busca errantes,

Y entre sus brazos, cual antes,
A descansar los convida.
Su boca el beso no olvida;
Seno que nido les fué
Latir por ellos se ve;
Su sonrisa vela el llanto;
T habla su mirada: "¿Tanto
Os aman cual yo os amé?"

Ya es una novia, una flor,
Que, aun intacta su hermosura,
Fué trasplantada á la altura
Siempre pensando en su amor.
Siente en el cielo el dolor
De la ausencia, y vuelve atrás
Suspirando: "¿Adonde vas
Entre tinieblas perdido?
Nunca de ti me despido;
¡No me abandones jamás!"

Ora un amigo que el cielo
Nos dio, cuya compañía
Fuese en nuestras dudas guía
Y en nuestra aflicción consuelo:
Perdímosle, y ya en el suelo
Calor no hallamos ni abrigo;
Mas él, "Doquiera te sigo;
Si tu corazón se llena,
El alborozo ó la pena
¿Quién compartirá contigo?"

Ora el genitor amante
Que grave al partir nos nombra,
O de una hermana la sombra
Que en silencio va adelante.
A todos, hace un instante,
Atados en lazo estrecho
Nos abrigó un mismo techo;
Y hoy ¡cuan lejos del hogar
La frente han ido á posar
En frío y desierto lecho!

Con ellos el niño tierno
Cuya cuna está vacía,
Que inerte á la tumba fría
Cayó del seno materno.
Cuantos en descanso eterno
Yacen, desde el polvo helado
De aquel asilo sagrado
Talvez murmuran dolientes:
"¿Y vosotros los vivientes
Ya nos habéis olvidado?"



De olvido no os quejéis ¡oh manes caros!
¡Oh dulces prendas de entrañable amor!
Quien se olvide de sí, podrá olvidaros;
Para quien tenga lágrimas, lloraros
 Es la dicha mayor.

En el oscuro viaje de la vida
Abre horizontes la pasada edad;
El alma, en dos porciones dividida,
Tras los sepulcros ve su más querida,
 Su más bella mitad.

Si los que en vida nos amaron tanto
También hermanos en la ausencia son,
Por ellos ¡oh Señor, tres veces santo!
¡Dios suyo y de sus padres! va con llanto
 A ti nuestra oración.

Siempre te amaron en sus breves días;
Imploraron tu gracia desde aquí,
Bendijeron tu mano cuando herías....
 Tú, promesa inmortal, ¿engañarías
 Al que ha esperado en ti?

¡Ay! ¿nace su silencio de desvío?
¿Olvidaron el valle del dolor?
¿Cesan de amarnos?.... ¡Pensamiento impío!
¿No amarnos ellos desde allá, Dios mío,
 Si tú eres todo amor?

Mas si hoy nos descubriesen su colmada
Felicidad, la posesión de Dios,
Querríamos con ala arrebatada,
Anticipando el fin de la jornada,
 Volar de ellos en pos.

¿Qué astro sobre sus párpados reabiertos
Piadoso vierte bienhechora luz?
¿Flotan aún sobre la tierra inciertos?
¿O islas de ese Océano habitan, puertos
 De eterna beatitud?

¿Embóbense en la lumbre soberana,
Y los nombres dulcísimos que ayer
Les dábamos, de madre, esposa, hermana,
Perdieron ya, y á invocación humana
 No habrán de responder?

Eres justo, Señor; y si en tu gloria
Por siempre nos hubiesen de olvidar,
También de nuestro pecho la memoria
Borrarías, y á imagen ilusoria
 No alzáramos altar.

Parte les diste en nuestro bien terreno,
Parte en su dicha tu bondad nos dé;
Anéguense sus almas en tu seno,
¡Mas guarden siempre de nosotros lleno
 Lugar que nuestro fué!

Tiende sobre ellos manto de clemencia;
Pecaron; mas tu gracia es amplio don.
De dolor y de amor fué su existencia:
El dolor reconquista la inocencia;
 Amor sella el perdón.
 


En la terrenal morada,
Cual nosotros, criaturas
Fueron débiles y oscuras;
Hombres, en fin, polvo, nada.
Si descubre tu mirada
En su vida algún error,
No con vara de rigor
Quieras medir su flaqueza;
¡Mira en ellos tu grandeza,
Y perdónalos, Señor!

Si tu protección retiras,
¿Quién permanece? Las rocas
Átomos son si las tocas,
Sombra la luz si la miras.
Á un amago de tus iras
Las puertas del firmamento
Retemblaron; si á tu acento
Acude inocencia alada,
Cubre su faz sonrojada
En tu santo acatamiento.

Tú sólo bastarte puedes
¡Dios eternal! á ti mismo;
Mas de tu amor el abismo
Acrecientan tus mercedes.
Un destello al sol concedes,
Y sigue á un día otro día;
Al tiempo, que edades cría,

Prestaste fecundidad,
Y él á la honda eternidad
Siglos y siglos envía.

¡Señor! de edades oscuras
Otras sacas florecientes,
Y á tu vista son presentes
Las pasadas y futuras.
Inmutable tú fulguras,
Y á par de tu ciencia arcana
¡Oh, cuán estulta, cuán vana
Fábrica labran los hombres,
Con los raquíticos nombres
Ayer, ahora y mañana!

¡Oh Padre! ¡oh Fuente de vida!
¡Centro de toda virtud!
No tomes tu excelsitud,
Cuando juzgues, por medida:
Si tu hechura desvalida
Comparece en tu presencia,
El peso de tu clemencia,
Toda, en la balanza pon,
¡Y resplandezca el perdón
Cual segunda omnipotencia!