El lago (Lamartine)

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Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

¿Y en afán incesante, el rumbo incierto,
Hacia otra, y otra, más lejana grilla,
Rodando iremos sobre el mar desierto,
Sin que un instante en apacible puerto
 Repose nuestra quilla?

¡Oh lago, un año se lia cumplido apenas;
Y héme aquí solitario! ¡Sus pisadas
No volverá á estampar en tus arenas
La que desde esta roca, ayer, serenas
 Fijó en ti sus miradas!

Y así cual ora, entonces resonabas;
Mugiendo estás como en aquellos días,
Contra estas peñas tu furor desbravas,
Y con la blanca espuma el musgo lavas
 Donde sus pies lamías.

Era una tarde. En éxtasis supremo
Ibamos ella y yo bogando á solas,
Y bajo el cielo azul, de extremo á extremo,
Más no se oía que el batir del remo
 Sobre las blandas olas.

Y al piélago dormido, al mudo viento
Cautivó de repente voz divina;
Jamás hombre soñó tan dulce acento
Como el que oyó arrobada en tal momento
 La esfera cristalina:

 Suspénde el ala rápida,
 No turbes nuestros éxtasis,
  ¡Oh tiempo volador!
 Gozar por siempre déjanos
 Estos instantes mágicos
  Que aquí nos brinda amor.

 ¿Cuántos no piden míseros
 De la esperanza el bálsamo
  A tu correr fugaz?
 Vé, y sus dolores íntimos
 Alivia tú benéfico;
  ¡Déja al dichoso en paz!

 Mas ¡ay! con vana súplica
 Ruego á esta noche plácida
  Que lento mueva el pie.
 Rueda muda la bóveda,
 Y en el oriente pálido
  Odioso albor se ve.

 Todo, todo es efímero;
 Yeloces precipítanse
  Las lloras, ¡ay de mí!
 ¡Mas entre tanto, amémonos,
 En el oasis místico
  Que amor nos brinda aquí!

 ¡Ay! en tanto que el mal acerbo dura,
El tiempo, que á su vista se adormece,
A robarnos la dicha se apresura;
Y el momento que encierra más dulzura,
 Huye y desaparece.

 ¿Y nunca ha de volver lo que ha pasado?
¿Aquello que se fué quedó perdido,
Y para siempre lo sepulta el hado
En mudo seno, en insondable vado,
 En sempiterno olvido?

 ¿Y ni aun habremos de guardar sus huellas?
¿A dó van las delicias que devoras,
Qué haces, profunda Eternidad, de aquellas
Que descendieron á tu abismo, bellas
 Y fugitivas horas?

 ¡Oh lago! ¡grutas! ¡rocas! ¡selva umbría!
Pues os perdona el tiempo, ó la primera
Beldad os restituye, la hermosura
De esa noche guardad. ¡Salva, oh Natura,
 Su recuerdo siquiera!

 ¡Perenne viva aquel recuerdo, oh lago,
En tu recinto; en las suaves frondas
Que te circundan con riente halago;
En estas rocas que con torvo amago
 Penden sobre tus ondas!

 ¡Viva en los ecos que de orilla á orilla
Responden; en el céfiro que vuela
Y hojosa copa susurrante humilla;
En la alba luna que en el éter brilla
 Y en tu cristal riela!

 ¡Y el fresco aroma que tu ambiente espira,
Tu oleaje, adormido ó resonante,
Cuanto aquí se oye, cuanto aquí se admira,
Todo á la vez, cual misteriosa lira,
 Mi amor recuerde y cante!