La Ilíada de Homero (García Malo)/Tomo I/Libro VII

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La Ilíada de Homero (1788) de Homero
traducción de Ignacio García Malo
Libro septimo


La Ilíada de Homero (Ignacio García Malo) (encabezado 2).jpg
LA ILIADA DE HOMERO.

LIBRO SEPTIMO.

ARGUMENTO.

Vuelve Héctor de Troya con su hermano,
Y anímase el Exército Troyano.
Tienen luego un combate muy reñido
Ayar valiente y Héctor aguerrido;
Y una tregua establecen con cordura
Para dar á los muertos sepultura.

Dixo asi; y de las puertas Héctor sale,
Y con él va tambien Páris su hermano,
Ambos llenos de ardor y de impaciencia
De llegar á la guerra y al combate.
Como alegra á los tristes Marineros
Un viento favorable, que á sus votos
Envia Dios, despues que están cansados
De abrir del mar las olas con sus remos,

Y los miembros ya sienten la fatiga;
De esta suerte á los Teucros deseosos
Fue grata la presencia y el aspecto
De aquestos dos hermanos. Al instante
Páris quita la vida al gran Menesthio
Que demoraba en Arna, y era hijo
Del valiente Arcithoo (quien llevaba
Por armas una clava), y de su esposa
Phylomedusa hermosa de ojos grandes;
Héctor hirió á Eionéo con su lanza
Debaxo de su yelmo por el cuello,
Y de los miembros le quitó la fuerza.
El hijo de Hypolocho el fuerte Glauco
General de los Lycios valerosos
Acercandose al hijo del gran Dexio
El ilustre Iphinoo, en el combate,
Al subir en su carro le da un golpe
Tan fuerte con su lanza, que le pasa
La espalda, y le derriba en el momento
Al pie de sus Caballos sin aliento.
 Luego, que Palas vió que los Argivos
En la áspera refriega perecian,
Baxó desde las cumbres del Olympo
Dando un vuelo ácia Troya muy ligero.
Divisandola Apolo de lo alto

De la Pérgama torre, fue volando
Al instante á su encuentro, pues queria
Que los Teucros ganasen la victoria.
Ambos báxo del Haya se encontraron,
Y Apolo hijo de Jove dixo á Palas:
„¡Hija del grande Jove! ¿Por qué causa
„Otra vez tan furiosa aqui has venido
„Desde el excelso Olympo? Un grande afecto
„Sin duda te ha movido. ¿Acaso quieres
„Dar la neutral victoria á los Argivos?
„Porque el ver perecer á los Troyanos
„Te compadece poco. Si tú quieres
„Mis consejos seguir, sin duda alguna
„Será para los dos mas ventajoso.
„Hagamos cesar, hoy guerra y combate,
„Y despues volverán á comenzarlo
„Hasta que al fin expugnen la alta Troya,
„Supuesto que os es grato á las dos Diosas,
„Que esta ciudad tan triste y desgraciada
„Sea del todo abatida y arruínada.”
 Minerva de ojos garzos le responde:
„Yo pretendo lo mismo, Febo Apolo,
„Pues por esto he baxado del Olympo,
„Y he venido á los Teucros y á los Griegos.
„Vamos luego, ¿mas cómo en tal estado

„Contendrás á estas tropas aguerridas
„En tan cruel refriega enfurecidas?”
 Apolo hijo de Jove le responde:
„Excitemos el ánimo valiente
„Del generoso Héctor, por si acaso
„A un áspero combate desafía
„Al Héroe mas valiente de los Griegos,
„Pues estos irritados de su audacia
„Elegirán al punto el mas valiente
„Capitan que tendrán entre su gente.”
 Asi dixo; y consiente la gran Palas.
El hijo de Priämo el sábio Heleno,
Penetrando al instante este designio
De Apolo y de Minerva, á Héctor se acerca
Y le habla de esta suerte: „Hijo valiente
„Del ilustre Priämo, semejante
„En prudencia y consejo al grande Jove,
„¿Harás lo que te diga ? soy tu hermano,
„Y nunca te daré malos consejos.
„Haz sentar á los Griegos y Troyanos,
„Y al mas valiente Argivo desafía
„A combatir contigo en grave pugna.
„Hoy no dispone el hado que perezcas,
„Y de tí está la muerte mas distante,
„Pues esto que te llevo declarado

„De la voz de los Dioses he escuchado.”
 Dixo; y Héctor contento y satisfecho
De esta proposicion, en el instante
En medio de sus tropas se presenta,
Y tomando su lanza por en medio
Contiene de los Teucros las phalanges,
Y todos al instante se sentaron.
Agamenón tambien hace sentarse
A todos los Acheos, y Minerva
Y el inmortal Apolo báxo aspecto
De dos Buitres se sientan en la altura
De una Haya consagrada al padre Jove,
A ser espectadores del combate.
Estaban las hileras de unos y otros
Sentadas muy unidas, y causaban
Los escudos, las lanzas y los yelmos
Un espánto y horror imponderable.
Como al soplar el Zéfiro furioso
Se agita el vasto mar, y se ennegrecen
Sus ondas encrespadas, cuyo aspecto
Asusta y horroriza; de esta suerte
El movimiento y armas de las tropas
De Acheos y Troyanos espantaban
Sentados por hileras en el campo.
Héctor entre unos y otros asi dixo:

„¡Oh Troyanos y Acheos escuchadme,
„Para que asi yo pueda declararos
„Lo que en mi pecho el ánimo me dicta.
„El hijo de Saturno, que demora
„En el excelso Cielo, no ha querido
„Que efecto alguno tengan los tratados,
„Antes bien maquinando está al presente
„Muchos daños y males á unos y otros,
„Hasta que esté expugnada por vosotros
„La eminente Ilión, ó que vencidos
„Quedeis junto á las naves que el mar surcan.
„Entre vosotros hay los mas valientes
„De todos los Acheos; mas no obstante
„Quien á pugnar conmigo tenga aliento,
„Venga luego delante de los otros
„A combatir con Héctor el divino.
„Digo asi, y sea testigo el grande Jove:
„Si vuestro campeón me da la muerte,
„Me quitará las armas, y al instante
„Podrá á sus naves huecas conducirlas,
„Y enviará mi cuerpo á mi palacio
„A fin de que los Teucros y Troyanas
„Muerto sobre una pira me coloquen:
„Y si yo le doy muerte con mi acero,
„Y Apolo me concede la victoria,

„Me llevaré á Ilión sus bellas armas,
„Las colgaré en su templo suntuoso,
„Y enviaré su cuerpo á los baxeles
„A fin de que los Griegos hacer puedan
„Sus exéquias y honrosos funerales,
„Y un túmulo le erijan en la orilla
„Del profundo Helesponto, de manera
„Que en la posteridad diga algun hombre
„Por el piélago negro navegando
„En su nave con bancos construída:
Este túmulo es de un varon fuerte
Que fue vencido en los antiguos tiempos
Por Héctor belicoso en desafío.
„De este modo dirán, y de mi gloria
„Será siempre indeleble la memoria.”
 Asi dixo el gran Héctor, y los Griegos
Quedaron silenciosos , pues tenian
Rubor de reusar este combate,
Y temor de aceptar el desafío.
Pero al fin se levanta Menelao,
Y exhalando suspiros muy profundos
A todos les reprehende de esta suerte:
„¡Ay de mí miserable! ¡Oh jactanciosos!
„Acheas, y no Acheos. ¡Qué ignominia!
„¡Qué vergüenza mayor, si algun Acheo

„No sale ahora al encuentro contra Héctor!
„¡Ojalá que ahora todos os volvieseis
„Agua y tierra , supuesto que sentados
„Estais como cobardes y sin gloria!
„Pero yo me armaré contra este fiero
„Y cruel enemigo, pues los Dioses
„Tienen entre sus manos la victoria,
„Y darán á quien gusten esta gloria.”
 Dixo; y sus bellas armas se vestía.
Pero tú Menelao en este instante
De tu vida habrias visto el fin extremo,
Entre las manos de Héctor (cuya fuerza
Superaba á la tuya ), si con priesa
No hubiesen contenido tu ardimiento
Los Principes Acheos, y asimismo
Si el Rey Agamenón no te detiene
Cogiendote al momento por la mano,
Y te habla de esta suerte: „¡Ah Menelao,
„Alumno del gran Jove! ¿estás demente?
„¿Qué imprudencia es aquesta inoportuna?
„Refrena tu furor aunque lo sientas.
„No á combatir te pongas con un hombre
„Que en vigor con exceso te aventaja,
„Con Héctor, que temor imprime á todos;
„Y á un Aquiles que en fuerza te supera,

„De combatir con él se horrorizaba
„En la pugna gloriosa. Vuelve al punto
„En medio de las tropas de tus sócios,
„Y sientate ahora alli, pues los Acheos
„A otro rival excitarán en contra,
„Que aunque intrépido sea este Héroe osado
„E insaciable de guerra, yo imagíno
„Que se irá á reposar con mucho gusto
„Si puede salir sálvo enteramente
„De esta pugna y combate tan ardiente.”
 Asi dixo; y mudó con su consejo
La mente de su hermano, quien al punto
Obedeció á su voz, y sus criados
Con suma diligencia y gran contento
Le quitaron las armas al momento.
 Nestor entre los Griegos se levanta,
Y en alta voz exclama de esta suerte:
„¡Oh Dioses! ¡qué afliccion para la Grecia!
„¡Qué dolor para el viejo y gran Peléo,
„De Myrmidones Consejero ilustre,
„Y Orador elocuente, que algun dia
„Se alegraba infinito en su palacio
„Preguntandome el nombre de los padres
„Y los hijos de todos los Acheos
„Que á aquesta expedicion se encaminaban!

„¡Oh quanto gemiría, si ahora oyese
„Que de Héctor todos temen el encuentro,
„Y cómo muchas veces alzaría
„Sus manos á los Dioses inmortales
„Para implorar con ruegos fervorosos
„Que su alma del cuerpo separada
„Dentro la casa de Plutón baxase
„Por no ver esta infamia ni vergüenza!
„Pluguiese al Padre Jove, á Apolo y Palas
„Que al presente tan joven yo me hallase
„Como quando pugnaban juntamente
„En el rápido y claro Caledonte
„Los Pylios, y los Arcades armados
„Con sus lanzas debaxo de los muros
„De la eminente Phea, que bañada
„Está de las corrientes del Jardano!
„Era, pues, entre todos el primero
„Ereuthalión á un Numen semejante
„Que llevaba las armas de Areithoo,
„Del divino Areithoo, á quien llamaban
„Porta-clava los hombres y mugeres,
„Porque no combatia ni con arcos,
„Ni con la larga lanza, sino solo
„Con su clava, de hierro guarnecida,
„Destruía y rompia las phalanges.

„Lycurgo le dió muerte con astucia,
„Mas no con fuerza, en un camino estrecho,
„Donde la ferrea clava no podia
„Librarle de la muerte, pues Lycurgo
„Previniendole el golpe, con su pica
„Por medio le pasó: supino en tierra
„Cayó, y Lycurgo le quitó las armas
„Que Marte le habia dado, las que siempre
„Despues llevaba él mismo á los combates.
„En su casa Lycurgo llegó á viejo,
„Y regaló estas armas á su siervo
„Ereuthalión, que de ellas adornado
„Desafiaba á todos los mas fuertes,
„Y estos siempre temblaban temerosos,
„Y no osaban ponerse en su presencia.
„Mas á mí me impelió mi audáz aliento
„A pugnar con su mucha confianza,
„Aunque yo era entre todos el mas joven.
„Con él, pues, combatí, y me dió Minerva
„La gloria de vencerle, pues dí muerte
„A este hombre tan alto y valeroso,
„Que aun extendido en tierra horror causaba,
„Y ocupaba su cuerpo un gran espacio.
„¡Ojalá que ahora fuese yo tan joven,
„Y tuviese mis fuerzas tan enteras!

„Pues Héctor valeroso me veria
„Pugnar con él al punto cuerpo á cuerpo;
„Y entre vosotros que hay los mas valientes
„De todos los Acheos, no se encuentra
„Quien se atreva con ánimo y con brio
„A aceptar el propuesto desafío?”
 Asi el viejo á los Griegos increpaba,
Y en medio se presentan al instante
Nueve Xefes. Levantase primero
El Rey Agamenón, despues Diomédes,
Los dos Ayax tambien, llenos de fuerza,
Los sigue Idomenéo, y su escudero
Merión semejante al fiero Marte,
El valiente Eurypylo hijo de Evémon,
Y Thoas de Andremon, y el divo Ulises.
Todos querian pugnar con Héctor noble;
Mas el Gerenio Nestor al instante
Se levanta, y les dice de este modo:
„Entre todos la suerte ahora decida
„A quién toca la empresa. El que la saque
„Hará un bien infinito á los Acheos
„Si de la áspera pugna se liberta,
„Y llegará á adquirir con la victoria,
„Un inmortal renombre y clara gloria.”
 Dixo asi; y cada uno en el momento

Eligió su señal, y las echaron
En el yelmo del fuerte y claro Atrida.
Entonces los Soldados suplicaban
Levantando las manos á los Dioses,
Y cada qual mirando al ancho Cielo
De este modo decia: o» Padre Jove,
„Haz que toque la suerte al grande Ayax,
„O al hijo de Tydeo valeroso,
„O al gran Rey de Mycenas poderoso.”
 Asi decian; y el Gerenio Nestor
Las suertes removia. La primera
Que del yelmo salió fue la de Ayax,
Que era la que querian los Soldados.
La toma el Rey de Armas, y la muestra
A todo aquel congreso, yendo en torno
A derecha y siniestra de los Griegos.
Ninguno la tomó por no ser suya:
Mas yendo al rededor de la asambléa
Llegó en fin al gran Ayax, que en el yelmo
Su señal habia echado : en el instante
La mano le alargó, y el Rey de Armas
Estando cerca de él, le dió la suerte;
La conoció al mirarla, por el sello,
Y lléno de contento y alegria,
Inmediato á sus pies la arrojó entonces,

Y dixo de este modo: » Amigos mios,
„La suerte á mi favor se ha declarado,
„Yo estoy lléno de gozo, pues espéro
„Triunfar de Héctor divino sin tardanza.
„Despachemos al punto, y mientras tanto
„Que con mis armas bélicas me visto,
„Suplicad al gran Rey Jove Saturnio,
„Pero hacedlo en secreto, de manera
„Que no lleguen á oírlo los Troyanos.
„Pero no, suplicad en voces altas,
„Y no temamos á persona alguna;
„Pues nadie con su fuerza, aunque lo anhele,
„Como no quiera yo, podrá aterrarme,
„Ni menos por la falta de pericia,
„Porque creo que el noble nacimiento
„Y educacion felíz, que en Salamina
„Recibí de mis padres, me han formado
„El valor mas terrible y esforzado.”
 Asi dixo; y los Griegos suplicaban
Al Rey Jove Saturnio poderoso,
Y cada qual mirando al ancho Cielo
Decia en altas voces de esta suerte:
„¡Oh Padre Jove, que en el Ida imperas
„De magestad y gloria circuído!
„Concede la victoria á Ayax valiente,

„Y que adquiera la gloria mas ilustre;
„Y si al gran Héctor amas, y de él cuidas,
„Permite que estos dos fuertes mortales
„En gloria y en vigor queden iguales.”
 Asi todos dixeron; mientras tanto
De acero refulgente Ayax se armaba;
Y despues que en contorno de su cuerpo
Sus armas colocó, partió furioso
Como camina Marte ácia una guerra
Que el hijo de Saturno ha suscitado
Entre algunos varones, infundiendo
En sus almas valientes la discordia
Para pugnar con fuerza y ardimiento;
De esta suerte el gran Ayax Telamonio
Antemural de Grecia, caminaba
Con aspecto terrible, y muy gozoso;
Y báxo de sus pies con largos pasos
Dexaba mucho espacio de terreno,
Vibrando su acerada y larga lanza.
Al verle los Argivos se alegraron,
Y el temblor asaltó luego los miembros
De todos los Troyanos, y á Héctor mismo
El ánimo en el pecho palpitaba.
Pero ya no era tiempo de temblores,
Ni de hacer retirada ácia sus tropas,

Mostrando desaliento y poco brio
Quando él mismo habia hecho el desafío.
 Camina contra él Ayax cubierto
De su fuerte broquél, como una torre,
Y con siete dobleces fabricado
Por Tychio, que era artífice muy diestro,
Y en la ciudad de Hyla demoraba,
El qual hizo este escudo prodigioso
Con siete cueros juntos de unos Toros,
De una plancha de cobre guarnecidos.
Llevando este broquél delante el pecho
Ayax de Telamon á Héctor se acerca,
Y le dice con furia y amenaza:
„Héctor ahora sabrás de solo á solo
„Cómo son los Caudillos de los Griegos,
„Aun sin el fuerte Aquiles, que adornado
„De un corazon feróz y leonino,
„Destruye las escuadras enemigas,
„Pues ahora está en sus naves que el mar surcan
„Contra el ilustre Agamenón ayrado:
„Mas aqui somos muchos que podemos
„A tu encuentro salir con valentía.
„Ea, pues, da principio presuroso
„A esta pugna y certamen belicoso.”
 El magnánimo Héctor le responde:

„Ayax de Telamon fuerte y divino,
„Principe de los pueblos, no imagínes
„Infundirme terror, como si fuese
„O tímida muger, ó niño debil,
„Ignorante de guerras y combates.
„Sé lo que son estragos y batallas,
„Sé con la mano diestra y la siniestra
„Manejar el broquél árido y grande,
„Y pugnar me conviene como fuerte.
„Sé regir diestramente el fiero Marte
„A pie firme en el campo, y sé igualmente
„Con mis Yeguas veloces en mi carro
„Perseguir los contrarios en la guerra;
„Y aunque tú eres tan fuerte y valeroso
„Yo no te quiero herir furtivamente,
„Sino entrar en combate abiertamente.”
 Asi dixo, y vibrando la hasta larga
La dirige, y se fixa en el escudo
Siete veces doblado del gran Ayax
En la plancha de cobre que formaba
El octavo dobléz. La lanza aguda
Los seis primeros dobles le penetra,
Y en el septimo cuero se detiene.
Despues Ayax magnánimo despide
Su larga y fuerte lanza, cuya punta

Pasó el broquél igual por todas partes
Del hijo de Priämo. Impetuosa
La lanza penetró por el escudo,
Se entró hasta la coraza, hecha con arte,
Y despues hasta báxo de la ingle
La túnica rasgó el agudo acero.
Héctor inclina el cuerpo, y de este modo
La negra muerte evita: mas sacando
Ambos sus largas picas, al instante
Se ponen frente á frente mas de cerca,
Como fuertes Leones carniceros,
O como unos furiosos Javalies
Cuya fuerza y vigor es tan terrible.
Segunda vez el hijo de Priämo
Da con su lanza en medio del escudo
Del generoso Ayax, mas no rompe
El metal que lo cubre, y al impulso
Se remacha la punta. Ayax entonces
Saltando contra Héctor, le da un golpe
Con la punta del hasta en el escudo,
El qual traspasa de una parte á otra
Con tanta violencia y tanta fuerza
Que en el cuello le hiere con el corte,
Y salta de la herida negra sangre.
Mas Héctor no desiste de la pugna,

Antes retrocediendo, coge al punto
Con su mano robusta una gran piedra
Aspera y negra que en el campo habia;
Dió con ella en el medio del escudo
Siete veces doblado del gran Ayax,
Y el bronce resonó terriblemente.
Ayax no se consterna, antes levanta
Otra piedra mayor con mucho exceso
Semejante á una rueda de molino,
Y dandole primero algunas vueltas
Le añadió inmensa fuerza, y mas impulso,
Y rompiendo la piedra el broquél fuerte
El vigor le quitó de las rodillas.
Cayó extendido en tierra boca arriba
Cubierto con su escudo hecho pedazos:
Mas le levanta Apolo en el instante,
Y echando ambos la mano á las espadas
Uno y otro se hubieran mal herido
Si los dos Reyes de Armas mensageros
Del soberano Jove y de los hombres,
Talthybio, y grande Ideo, ambos prudentes,
El primero en favor de los Argivos,
Y el segundo en favor de los Troyanos,
No se hubieran cruzado por delante.
Estando en medio de ellos con sus cetros

El Rey de Armas Ideo, muy prudente
Para dar un consejo, asi les dixo:
„No combatais ya mas, hijos amados,
„Ya basta de certamen y refriega,
„Porque Jove á los dos os quiere y ama,
„Y ambos teneis valor, y sois guerreros,
„Lo que todos sabemos ciertamente:
„Mas la noche se acerca en diligencia,
„Y es bueno le prestemos obediencia.”
 Ayax de Telamon asi responde:
„Manda Ideo al gran Héctor que esto diga,
„Pues él desafió á los fuertes Griegos.
„Y si cede primero, en el momento
„Seguiré yo su exemplo muy contento.”
 Héctor entonces dice de esta suerte:
„Supuesto. Ayax que Dios el dón te ha hecho
„De grandeza, de fuerza y de prudencia,
„Y que eres el mas diestro de los Griegos;
„En manejar la lanza, por ahora
„Dexemos el combate y la pelea,
„Y despues otra vez combatiremos
„Hasta tanto que un Numen nos sepáre,
„Y dé al que mas le agrade la victoria.
„La noche ya ha llegado, y es debido
„Que á ella obedezcamos. Anda al punto

„A alegrar los Acheos en las naves,
„Y mas principalmente á tus amigos,
„Y á todos tus amados compañeros;
„Y yo por la ciudad del Rey Priämo
„Alegraré á los Teucros y Troyanas,
„Que irán por mí á rogar al sacro templo.
„Pero hagamonos antes uno y otro
„Algun ínclito dón, para que diga
„Alguno de los Griegos y Troyanos:
Estos dos ciertamente combatian
Por contienda que el ánimo eráspera;
Mas otra vez los vemos separados,
Y en amistad sincéra conciliados.”
 Despues que dixo asi, le dió una espada
De clavos plateados guarnecida,
Con su vayna y cinturón bien hecho.
Ayax su tahalí regala á Héctor
Cubierto de una púrpura finísima:
El uno va á las tropas de los Griegos,
Y el otro ácia la turba de Troyanos.
Estos se alegran al mirarle vivo,
Y que indemne volvia de la fuerza
Y las manos invictas del gran Ayax,
Y á la ciudad le llevan los que antes
No esperaban volver á verle sálvo.

Los Acheos conducen igualmente
Al gran Ayax contento por su triunfo
A donde estaba Agamenón divino.
Apenas todos entran en la tienda
Quando inmola el Rey mismo al grande Jove
Un Toro que tenia cinco años.
Le quitan el pellejo, lo preparan,
Y cortan en pedazos muy pequeños
Que fixan al instante en asadores,
Y luego que los asan con cuidado
Del fuego los apartan. Concluída
Aquesta acostumbrada ceremonia,
Y poniendo las mesas al instante
Comen todos con gusto y abundancia,
Y el Héroe Atrida, Agamenón supremo,
Honró al gran Ayax, dandole la parte
Mas honrosa de todas, que es la espalda.
Saciados de comida y de bebida
El viejo Nestor que antes habia dado
Un consejo por optimo tenido,
Da entonces otro nuevo con prudencia;
Y hablando en alta voz, asi les dice:
„¡Oh Atridas generosos, y vosotros
„Principes y Caudillos de la Grecia
„Supuesto que ya han muerto muchos Griegos,

„Y que su negra sangre ha derramado
„El homicida Marte en el hermoso
„Y corriente Escamandro, cuyas almas
„Al Orco tenebroso han descendido,
„Conviene hacer que cesen los Acheos
„Del combate fatal desde mañana
„Al despuntar la luz del claro dia;
„Y nosotros unidos en los carros
„Con los Bueyes y Mulos, á este sitio
„Traerémos los cadáveres sangrientos,
„Y en una pira cerca de las naves
„Los quemarémos todos juntamente,
„Para que cada uno llevar pueda
„Los huesos de los padres á los hijos
„Quando volvamos á la amada patria.
„Erijamos despues junto á la pira
„Un túmulo con tierra amontonada,
„Que comun sea á todos en el campo.
„Cerca de él al instante edifiquemos
„Sublimes torres, que defensa sean
„De nuestras naves y nosotros mismos.
„Pongamos en las torres buenas puertas,
„Por las quales pasar puedan los carros,
„Y cerquemoslo todo con un foso
„Tan ancho y tan profundo, que no puedan

„Saltarlo ni los hombres, ni Caballos,
„Y el ímpetu refréne de los Teucros,
„Si intentan en la guerra tan ardiente
„Asaltarnos sobervios nuevamente.”
 Asi dixo; y los Reyes lo aprobaron,
Los Troyanos tambien al mismo tiempo
En el alto alcazar de Ilión tenian
Una junta confusa y turbulenta,
Inmediato á las puertas de Priämo.
El prudente Antenor para aplacarlos
Se levanta, y les habla de esta suerte:
„¡Oh Troyanos, Dardanios y Auxiliares!
„Escuchad, y os diré lo que me dicta
„Mi ánimo en el pecho en favor vuestro,
„Y es, que la Argiva Elena y sus riquezas
„Volvamos sin tardanza á los Atridas,
„Pues nosotros ahora combatimos
„Despues de quebrantar los fieles pactos:
„Por lo que yo no espéro que nos salga
„Util ni favorable algun intento,
„Si esto mismo no hacemos al momento.”
 Dixo asi; y á tomar asiento vuelve.
Entonces se levanta el divo Páris,
Marido de la hermosa ilustre Elena,
Y responde á Antenor de aquesta suerte:

„Antenor, lo que has dicho no me agrada,
„Pues mejores consejos dar pudieras.
„Si éste el mejor discurres sériamente,
„Los Dioses tu razon han ofuscado.
„Yo diré á los Troyanos mi dictamen:
„Me niego abiertamente á lo que has dicho,
„Y nunca entregaré mi amada esposa;
„Mas consiento en volver quantas riquezas
„Con ella desde Argos traxe á casa,
„Y añadir de mis propias posesiones
„Otros regalos, y preciosos dones.”
 Despues que dixo asi, volvió á sentarse.
El Dardanio Priämo, semejante
A los eternos Dioses en consejo,
Se levanta entre todos, y les dice:
„¡Oh Troyanos, Dardanios y Aliados!
„Escuchad, y os diré lo que me dicta
„Mi ánimo en el pecho: cada uno
„A cenar por el campo se retire
„Para poder cobrar algunas fuerzas:
„Mas estad á las guardias muy atentos,
„Y siempre vigilantes, pues mañana
„Irá Ideo á las naves de la Grecia
„A anunciar á los dos hijos de Atreo
„El Rey Agamenón y Menelao,

„El dictamen de Páris, sola causa
„Y autor de aquesta guerra. Al mismo tiempo
„Les propondrá otra cosa que es prudente:
„Si quieren separarse en el instante
„De la horrisona guerra, hasta que hayamos
„Quemado nuestros muertos unos y otros,
„Y despues volverémos al combate
„Hasta que Dios decida de la gloria,
„Dando á un partido ú otro la victoria.”
 Dixo asi, y al instante le obedecen.
Cenan todas las tropas en el campo
Juntas por compañias. Marcha Ideo
Al despuntar el dia ácia las naves,
Y halla para el consejo congregados
En la nave del Rey hijo de Atreo,
A los Danaos discípulos de Marte.
Estando en pie entre todos el Rey de Armas
Con sonoras palabras asi dice:
„¡Oh Atridas, y vosotros Generales
„Del Exército Griego! El Rey Priämo,
„Y los demás Troyanos generosos,
„Me han mandado venir (y Dios permita
„Que esto os sea agradable) á declararos
„La oferta que hace Páris el divino,
„Unico autor de aquesta guerra infausta.

„Está pronto á volveros las riquezas
„Que traxo desde Argos hasta Troya
„(¡Ojalá que la muerte hubiera visto
„Antes de este viage tan funesto!),
„Y añadir otras muchas de las suyas.
„Solo se niega á dar la esposa joven
„Del claro Menelao, aunque los Teucros
„Le han exhortado á ello con instancia.
„Tambien me han dado orden que os proponga
„Si quereis separaros algun tiempo
„De la horrisona guerra, hasta que hayamos
„Quemado nuestros muertos unos y otros,
„Y que despues de nuevo pugnarémos
„Hasta que Dios decida de la gloria,
„Y dé á un partido ú otro la victoria.”
 Dixo de esta manera ; y todos quedan
En profundo silencio : mas entonces
Se levanta Diomédes, y asi dice:
„Nadie acepte de Páris las riquezas,
„Ni aun á la misma Elena aunque la diese;
„Pues pueden conocer hasta los niños
„Que están ya los Troyanos consternados,
„Y de la ultima ruína amenazados.”
 Dixo asi; y aclamando los Acheos
Este sábio dictamen de Diomédes,

Entonces dice á Ideo el Rey Atrida:
„Ideo, ya has oído por tí mismo
„La respuesta que han dado los Acheos,
„Y yo no puedo menos de aprobarla.
„Por lo que hace á los muertos no reuso
„Que luego los quemeis. De ningun modo
„Nadie á los cuerpos muertos negar debe,
„Despues que están privados de la vida,
„El obsequio del fuego que es tan grato.
„Jove esposo de Juno Alti-Tonante
„Sea testigo ocular en el momento
„De nuestro mas solemne juramento.”
 Despues que dixo asi el ilustre Atrida
Su cetro levantó á los Dioses todos,
Y á la sacra Ilión se volvió Ideo.
Estaban los Troyanos y Dardanios
Sentados todavia en la asambléa,
Esperando el regréso del Rey de Armas.
Llega Ideo, y refiere su embaxada
Estando en pie entre todos los Troyanos.
Todos, pues, se preparan al instante,
Unos á transportar los cuerpos muertos,
Y otros la leña para alzar las piras.
Tambien de la otra parte los Argivos
En sus remeras naves se excitaban,

Unos á conducir los cuerpos muertos,
Y otros tambien á transportar la leña.
Quando el reciente Sol la tierra hería
Con sus dorados rayos ascendiendo
Desde el seno, y las ondas apacibles
Del profundo Oceano al alto Cielo,
Se encontraron los unos con los otros
En el campo marcial, siendo dificil
Entonces conocer á cada uno.
Mas despues ya limpiados con el agua
De la sangre y del polvo, derramando
Todos cálidas lagrimas, los ponen
Encima de los carros. Pero entonces
Llorar el gran Priämo prohibia
A sus tristes Soldados, y en silencio
Ponian en la pira amontonados
Los cadáveres yertos, aunque estaban
Llenos sus corazones de amargura.
Despues que de quemarlos acabaron
A la sacra Ilión se retiraron.
 Tambien de la otra parte los Argivos
Igualmente ponian en la pira
A montones los cuerpos de sus muertos
Con igual sentimiento y aflicciones,
Y despues que acabaron de quemarlos

A sus cóncavas naves se volvieron.
No habia salido la brillante Aurora,
Y era aun dudosa noche, quando en torno
De la funesta pira se congregan
Las tropas de los Griegos escogidas.
Al rededor un túmulo levantan,
Que á todos en el campo comun fuese,
Y cerca de él un muro edificaron,
Y unas sublimes torres que sirviesen
De defensa á las naves, y á sí mismos.
Ponen luego en las torres buenas puertas
Por las quales pudiesen pasar carros,
Y todo por de fuera lo circuyen
Con un profundo, grande y ancho foso,
Y fixando una fuerte empalizada
Esta obra iba á ser finalizada.
 Sentados los demás eternos Dioses
Cerca del grande Jove Fulminante,
Miraban esta obra de los Griegos
Con mucha admiracion; y el Dios Neptuno,
Que la tierra conmueve, asi le dice:
„¡Oh Padre Jove! ¿se hallará en la tierra
„Ningun mortal que quiera en adelante
„Demostrar sus designios ó intenciones
„A los eternos Dioses inmortales?

„¿No vés ya la muralla que los Griegos
„Para guardar su armada han fabricado,
„Y que en contorno han hecho un grande foso,
„Sin ofrecernos bellos hecatombes?
„Ya veo que la gloria de este muro
„Se extenderá sin duda en todas partes,
„Que el Sol con sus reflexos ilumina,
„Y aquel que Febo Apolo y yo hemos hecho
„Al rededor de Troya, para el Héroe
„Ilustre Laomedonte, enteramente
„Será hasta sus cimientos arruinado,
„Y de todos los hombres olvidado.”
 Indignado el supremo Dios Tonante
A Neptuno responde de esta suerte:
„¡Oh Neptuno potente, que conmueves
„La tierra hasta su centro! ¿qué has hablado?
„Otro Dios inferior á tí con mucho,
„Y mas debil de manos y de fuerza,
„¿Podria ser capáz de estos temores?
„Extendida será tu excelsa gloria
„En donde luzca la brillante Aurora.
„Oye lo que hacer debes: Al momento
„Que vuelvan los Acheos en las naves
„A su estimada patria, arruína el muro
„Y haz que el mar lo sumerja enteramente.

„Despues cubre la costa con arena,
„Para que quede al punto aniquilado
„El muro por los Griegos fabricado.”
 Mientras que asi los Dioses conversaban,
El Sol se precipita en el Ocaso,
Y queda concluída enteramente
La Obra de los Griegos, que en sus tiendas .
Mataban varios Toros, y cenaban.
Muchas naves que el Rey Euneo, hijo
De Jason é Hysipyle, habia enviado
Desde Lemnos, llegaron muy á tiempo
Cargadas de buen vino. Una traía
Mil medidas de vino destinadas
Al Rey Agamenón y á Menelao,
Con que Euneo un regalo les hacía.
Los Acheos compraban de aquel vino,
Unos daban metal, otros el hierro,
Otros daban las pieles y otros Toros,
Y alguno en cámbio dió tambien esclavas.
Preparaban explendidos convites,
Y toda aquella noche los Acheos
En continuos banquetes la pasaron.
Los Troyanos y tropas Auxiliares
Dentro de su ciudad lo mismo hicieron:
Mas entre tanto el sábio y grande Jove

Estaba maquinando nuevos males
Contra todos los Teucros y los Griegos
Con sus truenos terribles, de tal modo
Que un pálido temor los yela y pasma.
Todos, pues, derramaban en la tierra
El vino de las copas, y ninguno
A beber se atrevia antes que hiciese
Libaciones al hijo de Saturno.
Finalmente, al reposo se entregaron,
Y el dón del dulce sueño disfrutaron.



La Ilíada de Homero, Tomo I (Ignacio García Malo) (page 425 crop).jpg