Gramática de la Lengua Castellana: 2.3

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Gramática de la Lengua Castellana
Parte II: En que se trata de la sintáxîs, ó construccion
Capítulo III: De la construccion figurada
 de Real Academia Española


CONSTRUCCION FIGURADA es la que se aparta de la natural, quando lo piden así el uso ó la mayor elegancia y energia de la expresion. Figura en su recto significado no es otra cosa que ficcion, y en este sentido se usa en la Gramática, porque las expresiones figuradas ó fingidas se ponen para substituir á otras naturales y verdaderas.

Por medio de las figuras se altera con freqüencia el órden y colocacion natural de las palabras: se callan unas: se aumentan otras; y se falta á las leyes de la concordancia.

Quando se invierte el órden se comete la figura hipérbaton que vale inversion. Quando se callan palabras es por la figura elipsis que vale falta, ó defecto. Quando se aumentan es por la figura pleonasmo que vale sobra, ó superfluidad. Y quando se falta á la concordancia es por la figura silepsis, ó concepcion, porque se conciertan las palabras mas con el sentido que se concibe, que con el valor que ellas tienen.

En el exemplo siguiente se podrá conocer con facilidad en qué se diferencia la construccion natural de la construccion figurada.

El premio y el castigo son convenientes en la guerra, así como la justicia y la clemencia son convenientes en la paz.

En este exemplo se hallan enteramente observadas las reglas de la construccion natural. Lo primero, están los sustantivos premio y castigo precedidos de sus artículos masculinos, y unidos con la conjuncion y. Lo segundo, está el plural de la tercera persona del presente de indicativo del verbo ser, porque debe concertar con el nombre en número y persona. Lo tercero, está el adjetivo convenientes, que por ser de una sola terminacion, es comun al género masculino y femenino, y por estar en plural concuerda en número con el plural que forman los dos sustantivos. Lo quarto, está el sustantivo femenino guerra, precedido de la preposicion en, y del artículo femenino la. Lo quinto, está el adverbio así como, que compara las dos proposiciones.

Lo sexto, están los sustantivos femeninos justicia y clemencia precedidos de sus artículos femeninos, y unidos con la conjuncion y. Lo séptimo, está repetido el mismo verbo y el adjetivo son convenientes; y lo octavo, el sustantivo femenino paz precedido de la preposicion en, y del artículo la que le corresponde en número singular, y terminacion femenina.

El mismo exemplo pasa á ser de construccion figurada en uno de los autores clásicos de nuestra lengua, de esta forma:

Así como son convenientes en la paz la justicia y la clemencia, son en la guerra el premio, y el castigo.

Esta cláusula es de construccion figurada por dos motivos: el primero, porque se altera el órden natural poniendo el adverbio ántes del verbo, el adjetivo ántes de los sustantivos, en lo qual se comete la figura hipérbaton. El segundo, porque en el último miembro de la cláusula se suprime, ó calla el adjetivo convenientes por la figura elipsis.

Conocida así en general la construccion figurada, se tratará en particular de cada una de las quatro principales figuras de la Gramática.


Artículo I: Del hipérbaton.

Ya se ha dicho que hipérbaton es lo mismo que inversion ó perturbacion del órden natural de las palabras. No es tolerable esta figura quando se pone el artículo ó la preposicion despues del nombre, porque deben precederle siempre, y esa es su naturaleza invariable.

Decimos bien la Villa de Madrid, pero no podemos decir: Villa la Madrid de.

Al contrario, aunque es conforme al órden y construccion natural que el sustantivo preceda al adjetivo, el nombre y pronombre al verbo, quando son principio de su accion, y el verbo al adverbio, se puede, y aun muchas veces es conveniente, invertir este órden natural, posponiendo el sustantivo al adjetivo, el nombre, y pronombre al verbo, y el verbo al adverbio.

Si decimos: (1) dichosos los padres que tienen buenos hijos: (2) feliz el reyno donde viven los hombres en paz: (3) acertadamente gobierna el que sabe evitar los delitos; cometemos esta figura hipérbaton, porque en el primer exemplo están los adjetivos dichosos, y buenos ántes que los sustantivos padres, é hijos. En el segundo está el adjetivo feliz ántes que el sustantivo reyno, y el verbo vivir ántes que el sustantivo agente hombres. En el tercero, porque el adverbio acertadamente está ántes que el verbo gobernar.

En estos exemplos se ve, no solo que puede alterarse el órden natural, pues así lo admite el uso de los que hablan bien, sino que este uso se funda en la mayor elegancia y energía que adquieren estas expresiones por medio de la inversion. Adquieren mayor elegancia, porque no sonarian tan bien las mismas cláusulas, si se pusiesen por el órden natural, diciendo: los padres que tienen hijos buenos son dichosos. El reyno donde los hombres viven en paz es feliz. El que sabe evitar los delitos gobierna acertadamente. Y adquieren mayor energia, porque empiezan las mismas cláusulas por aquellas palabras, cuyo significado es el objeto principal de la sentencia.

El objeto del primer exemplo es expresar la dicha de los padres que tienen buenos hijos, y así empieza por el adjetivo dichosos; y como la dicha no consiste en tener hijos, sino en que sean buenos, precede este adjetivo al sustantivo hijos, porque el adjetivo es el que denota la bondad.

El objeto del segundo exemplo es expresar la felicidad del reyno en que se vive en paz, y así empieza por el adjetivo que denota esta felicidad.

El del tercero es expresar el acierto con que gobierna el que impide que se cometan delitos, y empieza la sentencia por un adverbio que significa este acierto.

Quando el autor ya citado (38) dixo: tan terrible se mostró en una audiencia el Rey Asuero á la Reyna Esther, que cayó desmayada: antepuso sin duda el adjetivo terrible al sustantivo Asuero, porque su intento principal fue expresar el terror que causó en Esther el aspecto iracundo de Asuero. De otra suerte pudiera haber dicho: El Rey Asuero se mostró tan terrible en una audiencia á la Reyna Esther, que cayó desmayada; pero no tendria la misma fuerza, porque no anunciaba desde luego el terror.

De aquí se infiere, que aunque el uso de esta y otras figuras parezca algunas veces arbitrario, é indiferente, se funda por lo comun en alguna razon de conveniencia; y que para hablar bien es necesario seguir este uso fundado en razon y autoridad, ó á lo menos en autoridad quando no se encuentra razon.

El uso es tan poderoso que ha hecho ya como naturales y comunes muchas expresiones figuradas, de tal suerte que serian defectuosas si se quisiese reducirlas al riguroso órden natural. En preposiciones afirmativas anteponemos siempre los adjetivos alguno y ninguno, y así decimos: algunos libros tengo: ningun hombre viene; y hablaria mal el que los pospusiese, diciendo: tengo libros algunos, viene hombre ninguno; pero si hacemos negativas estas mismas proposiciones, se posponen los adjetivos, y se dice: no tengo libros algunos; no llega hombre ninguno.

Los adjetivos mucho y poco no se pueden posponer quando se juntan inmediatamente con los sustantivos, y así se dice: muchos soldados hay: pocos víveres tienen; y no se dice: hay soldados muchos: tienen víveres pocos; pero si se interpone verbo entre el sustantivo y adjetivo, es tolerable que se anteponga el sustantivo, y así suele decirse en la enumeracion de varias cosas: soldados habia muchos; víveres tenian pocos.

El adjetivo cierto, quando se usa en sentido vago, é indeterminado precede siempre al sustantivo, y así decimos: cierto amigo me vino á ver: cierta persona le escribe: hay ciertos hombres con quienes no se puede tratar: ciertas señales suelen pronosticar lo que ha de suceder; pero si el mismo adjetivo se usa en sentido fixo y determinado, se pone despues del sustantivo, diciendo: el haber favorecido fulano á su enemigo es una señal cierta de su generosidad.

Por las mismas razones que los adjetivos se anteponen algunas veces á los sustantivos, se anteponen otras los verbos á los nombres que son principio de su accion ó significacion, como en estos exemplos.

- I -

En la guerra puede mucho la autoridad de la sangre; pero no se vence con ella, sino con el valor y la industria.

- II -

Obran en el relox las ruedas con tan mudo y oculto silencio, que ni se ven, ni se oyen.

- III -

No se contentó el entendimiento humano con la especulacion de las cosas terrestres.

En el primer exemplo pedia el órden natural que se dixese: la autoridad de la sangre puede mucho en la guerra; pero no se vence con ella, sino con el valor y la industria: mas la claridad pedia otra colocacion, porque anteponiendo el nombre autoridad al verbo puede, no podia darse al pronombre ella otro lugar que el que ocupa, y de esta suerte era obscuro el sentido, pudiéndose referir aquel pronombre á la guerra, siendo así que debe referirse á la autoridad.

En el segundo exemplo pedia el óden natural que se dixese: las ruedas obran en el relox con silencio tan mudo y oculto, que ni se oyen, ni se ven; pero el autor de aquella cláusula alteró sin duda el órden natural en favor de la elegancia; y así no solo antepuso el verbo obran al nombre agente ruedas, sino que pospuso el sustantivo silencio á sus adjetivos mudo y oculto; y perturbó la distribucion de los verbos, diciendo: ni se ven, ni se oyen, debiendo decir: ni se oyen, ni se ven por el mismo órden que habia colocado los adjetivos mudo y oculto, á que debian corresponder los verbos oir y ver.

En el tercer exemplo pedia tambien el órden natural que se dixese: el entendimiento humano no se contentó con la especulacion de las cosas terrestres; pero la energía pedía se expresase primero, que aspira el entendimiento humano á mas que á la especulacion de las cosas terrestres, y la elegancia tenia tambien interes en la inversion del órden natural, pues se evitaba con ella el mal sonido que resultaria de la concurrencia de las dos sílabas no no de las dicciones humano, no.

Por iguales motivos que se anteponen algunas veces los adjetivos á los sustantivos, y los nombres, y pronombres agentes á los verbos, se suelen anteponer á los verbos los adverbios, y así decimos freqüentemente: bien está: mucho corre: poco vale: tarde viene: nunca llega: porque en todos estos casos, y otros semejantes deseamos anticipar la calificacion de los verbos á su significacion.


Artículo II: De la elípsis.

LA ELÍPSIS es una figura que se comete quando se omite ó calla alguna palabra ó palabras necesarias para la integridad gramatical de la expresion, pero no para la inteligencia.

Llámase elípsis, que es lo mismo que defecto, porque le hay verdaderamente de aquellas palabras que se callan y suplen.

Esta figura es de uso muy freqüente y muy útil, porque como aspiramos á expresar nuestros pensamientos con toda la presteza y brevedad posible, omitimos aquellas palabras que parece no son muy necesarias para que nos entiendan.

Algunos exemplos familiares darán á conocer facilmente quando se comete esta figura.

Cométese á cada paso en el modo comun de hablarnos, y saludarnos tinos á otros quando decimos: á Dios: buenos dias: bien venido. En cuyas expresiones tomadas gramaticalmente no hay oracion, ni sentido alguno, porque falta verbo que pueda formarle, pero supliendo el que corresponda, se halla sentido á estas y otras semejantes expresiones, en esta forma: A Dios te encomiendo. A Dios pido que te guarde. Buenos dias te dé Dios. Buenos dias te deseo. Bien venido seas.

Quando alguno hace ó dice alguna cosa, ó la oye decir ó la ve hacer, y quiere saber el dictámen de otro que está presente, suele preguntarle: que tal? y el preguntado responde: bien. En esta pregunta y respuesta se comete elípsis, porque en la pregunta se suple: que tal te parece, y en la respuesta: me parece bien.

Quando se quiere mostrar agradecimiento á otro por algun beneficio que ha hecho, suele decirse solamente: gracias, en cuya expresion se suple: te doy por tal, ó tal cosa.

Quando nos despedimos con ánimo de volver, se acostumbra decir: hasta luego, supliendo las palabras: que volveré.

No menos freqüente que en la conversacion se halla esta figura en lo escrito, pues apenas se podrán leer algunas lineas sin encontrarla por qualquiera parte que se abra un libro. Saavedra dice: Un vasallo pródigo se destruye á sí mismo: un Príncipe á sí, y á sus vasallos. En el segundo miembro de esta cláusula se callan, y deben suplirse el adjetivo pródigo, el pronombre se, y dos veces el verbo destruye; pues la integridad gramatical pedia que se dixese: un Príncipe pródigo se destruye á sí, y destruye á sus vasallos.

Quando se ponen seguidos sin conjuncion dos ó mas nombres sustantivos pertenecientes á una misma cosa, se comete la figura que algunos llaman aposicion, y no es otra cosa que la misma elípsis, pues se suple comunmente con ella un verbo y un pronombre relativo; y así quando se dice: Madrid corte del Rey de España: Madrid y corte están por aposicion, pero se suple entre estos dos nombres el relativo que, y el verbo es: como si se dixese: Madrid (que es) corte del Rey de España.

Es muy necesario el conocimiento de esta figura elípsis, y del freqüente uso que tiene en nuestra lengua para no caer en el error de tener por excepciones de las reglas las que verdaderamente no lo son.

Es una regla invariable de nuestra Gramática, que los nombres propios no llevan artículo; pero sin embargo no falta quien pretenda que de esta regla se exceptúan algunos rios, reynos, provincias, y aun personas, como: el Tajo, el Duero, el Ebro, el Miño, las Españas, las Galias, las Andalucias, el Petrarca, el Bocacio, el Taso, &c. sin considerar que ántes de estos nombres propios se suplen otros comunes ó apelativos que admiten artículos, como: rio, provincia, autor.

Por la misma razon pudiera pretenderse, que los adverbios no solo se juntan con verbos, sino con adjetivos, pues Saavedra dice: Los ánimos demasiadamente recelosos por huir de un peligro, dan en otros mayores; pero si se repara que despues del sustantivo ánimos deben suplirse estas dos palabras, que son, se verá que el adverbio demasiadamente se junta no con el adjetivo recelosos, sino con el verbo suplido son.

Estos exemplos parece que bastan para conocer la naturaleza y uso de la figura elípsis.


Artículo III: Del pleonasmo.

PLEONASMO vale lo mismo que sobra ó redundancia. Es figura viciosa quando sin necesidad se usa de palabras superfluas: y es figura útil y conveniente, aunque opuesta á la elípsis, quando se usa de palabras al parecer superfluas, pero que son necesarias para dar mas fuerza á la expresion y para no dexar duda alguna á los que nos oyen de lo que les queremos decir ó asegurar.

Quando decimos: yo lo vi por mis ojos: yo lo escribí de mi mano, cometemos pleonasmo, porque rigurosamente no son necesarias las palabras por mis ojos, y de mi mano, y bastaba decir: yo lo vi: yo lo escribí; pero como se quiere dar mayor firmeza y energia á la expresion para que no se dude de ella, se añaden estas ó semejantes palabras.

De la misma figura usamos quando decimos: volar por el ayre: subir arriba: baxar abaxo, porque en rigor gramático sobran las palabras por el ayre, arriba, y abaxo, pues no se vuela por la tierra, no se sube abaxo, ni se baxa arriba; pero el uso fundado en el deseo de no dexar duda en lo que se dice, ha establecido aumentar algunas veces aquellas palabras.

Otras veces usamos de esta figura añadiendo el adjetivo mismo ó propio á un nombre ó pronombre, como: el Rey mismo lo mandó: yo mismo estuve; tú propio lo dixiste: en cuyas expresiones parece que estan de mas las palabras mismo y propio, porque sin ellas quedaba íntegro el sentido gramatical; pero es muy freqüente añadirlas para dar mayor fuerza á lo que se dice y asegura.

Por igual razon se halla establecida la repeticion de algunos pronombres quando decimos: á ti te hablo: á mi me dice: á él le digo, donde se ven repetidos aunque con distinta terminacion los pronombres te, me, le, porque contribuyen á la mayor claridad.


Artículo IV: De la silepsis.

SILEPSIS, Ó CONCEPCION, como ya queda dicho, es una figura por la qual concertamos algunas veces las palabras, no segun el valor que tienen, sino segun el sentido que concebimos.

Usamos de esta figura quando no concertamos los atributos que sirven para tratamientos de las personas con los adjetivos ó participios que se les siguen. Por exemplo: Magestad, Alteza, Excelencia, Señoria, Merced son sustantivos femeninos, y sin embargo se juntan con adjetivos y participios de terminacion masculina, pues decimos al Rey: Vuestra Magestad es justo: al Príncipe, ó Infante: vuestra Alteza, sea servido de tal ó tal cosa; y así respectivamente á las demas personas segun sus tratamientos.

En estos exemplos se observa alterada la rigurosa concordancia gramatical, pues el adjetivo justo, y el participio servido no conciertan con el género femenino de los nombres sustantivos Magestad, Alteza, sino con el masculino que concebimos en las personas á quienes se refieren.

De la misma figura se usa quando no concertamos los verbos en singular con algunos nombres del propio número, sino con otros del número plural; y así suele decirse: una infinidad de soldados peleaban: una multitud de hombres acudieron. En cuyos exemplos conciertan los verbos pelear y acudir no con los nombres colectivos de número singular infinidad y multitud, sino con los plurales soldados y hombres.

Quando al sustantivo plural que está despues del colectivo se sigue pronombre relativo, se puede hacer la concordancia del verbo con el sustantivo plural que precede al pronombre, ya sea usando de esta figura, ó ya sea considerando como una oracion interpuesta el pronombre y el verbo en plural; y así necesita el nombre colectivo singular otro verbo que concierte con él: v. g. Una quadrilla de hombres que llegaron hizo lugar. Una cantidad de luces que pusieron alumbró la calle.

En cuyos exemplos los verbos en plural llegaron y pusieron van con el pronombre que puesto en lugar de los sustantivos hombres y luces; y los verbos en singular hizo y alumbró van con los sustantivos quadrilla y cantidad.

Los dos últimos verbos se podrian tambien poner en plural por la propia figura diciendo: una quadrilla de hombres que llegaron, hicieron lugar: una cantidad de luces que pusieron, alumbraron la calle.

Estas quatro figuras hipérbaton, elípsis, pleonasmo, y silépsis son las principales, y aun las únicas de construccion; pues otras muchas que suelen añadirse son (como dice un célebre autor nuestro) partos monstruos de los gramáticos; y á la verdad no sirven sino de abrumar la memoria, y ofuscar el entendimiento de los niños.