Historia general de la medicina en Chile, tomo I/Capítulo XXIV

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CAPÍTULO XXIV.

Preliminares para constituir la enseñanza médica




SUMARIO.—§ I. Esfuerzos del Gobierno para fomentar los estudios médicos. Facilidades y honores otorgados á los alumnos. Dificultades para constituir la enseñanza. Retracción de la juventud.—§ II. Se declara vijente el Protomedicato. Se sustituye por la Sociedad Médica y ésta por la Inspección General de Medicina. Restablecimiento de la Sociedad Médica. Restablecimiento definitivo del Protomedicato. Los primeros profesores. Planes de organización para la Escuela Médica. Discusiones é Informes. Causa inmediata que facilita la matrícula del primer curso médico.




§ I.


Todos nuestros gobiernos que pudieron disfrutar de relativa paz durante la organización nacional, dedicaron esfuerzos en pro de la enseñanza primaria y superior.

En el «Proyecto de Constitución para el Estado de Chile» suscripto en 1811, se lee en su art. 215 que «se establecerá en la República un Instituto Nacional para la enseñanza de las ciencias.»

El 7 de Noviembre de 1811, Camilo Henriquez, el fraile de la Buena Muerte, patriota sin miedo y sin tacha, presentó á la consideración de las autoridades la Constitución del Instituto Nacional, base angular del porvenir de los pueblos libres, é hizo su propaganda, desde el prospecto del primer periódico, y que fue también la primera publicación hecha por la imprenta en nuestra patria, en Febrero del año 1812, con el nombre de «Aurora de Chile» [1] y cuyo noble lema es: «Luce beet populos, somnos expellat, et umbras.»

En esta Constitución, del primer centro escolar del nuevo régimen, se estableció en su Tit. I esta hermosa declaración: «El gran fin del Instituto es dar á la Patria, ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor.»

Camilo Henriquez fué el alma de aquellos primeros estudios y nunca olvidó que, el primer cuidado de los lejjsladores, como dice Aristóteles, ha de ser la educación de la juventud sin la cual no florecen los estados.

El 1.° de Junio de 1813, la Junta de Gobierno nombró una comisión compuesta del senador don Juan Egaña, del Director General de Estudios don Juan José Aldunate y del director del Colegio Carolino don Francisco José de Echáurren, para que presentaran á la mayor brevedad el plan de educación nacional.

La misma junta gubernativa, compuesta de los señores Francisco A. Perez, José Miguel Infante, Agustín Eyzaguirre y Mariano Egaña, secretario, recomendaba á los chilenos, el 12 de Junio del mismo año el Convictorio de San Carlos, seminario de la felicidad pública, para que á él concurriera la juventud estudiosa.

La fundación del Instituto Nacional, data del 27 de Julio de 1813, fecha en que acordó el Gobierno, el Senado y el Cabildo, crear esta casa de educación y unirla al Seminario en un solo cuerpo, de acuerdo con lo propuesto por la comisión nombrada al efecto, dejando subsistente la Universidad de San Felipe, sólo para la colación de grados.

El artículo cuarto de esta constitución dice lo siguiente: «Conceptuando el Gobierno que las profesiones de medicina y cirugía deben reputarse más distinguidas por ser las más útiles y por la ventajosa y elevada clase de estudios que se les proporciona, le proponga la comisión los honores y distribuciones que deben franquearse á esta apreciabilísima clase.»

Entre los varios artículos relativos á la fundación del Instituto, se sancionó el establecimiento del Museo Nacional, anexo á la Universidad de San Felipe.[2]

La propaganda en pro de los estudios fué decidida. Se proclamó á los estudiantes como á beneméritos de la juventud y se les reglamentó un vistoso uniforme talar.

Se lanzó, también, un aviso á los pueblos, dando cuenta de la institución oficial de los estudios, y entre las varias cátedras enumeradas, para todas las necesidades y profesiones, se contaban dos de Medicina, una de Anatomía, otra de Botánica y una de Química.

El Instituto Nacional fué solemnemente inaugurado el 10 de Agosto de 1813.

A pesar de los esfuerzos de la superioridad, si bien concurrieron algunos alumnos á las aulas de leyes y teología, quedaron vacías, sin embargo, las de medicina.[3]

El interregno, después del desastre de Rancagua en 1814, no hizo sino retroceder lo poco que se había avanzado, al anular, los dominadores, las reformas sobre instrucción ejecutadas por la Junta de Gobierno, y retrotraer dichos actos á su primitivo estado.

Sellada la independencia nacional en los campos de Maipú el 5 de Abril de 1818, la Superioridad, desde los primeros dias, reanudó sus tareas en pro de la instrucción.

El 18 de Agosto de 1819, se reinstaló el Instituto Nacional bajo la dirección de don José Ignacio Cienfuegos.

Con todo, las tendencias que dominaban en el réjimen español no se modificaron; se habia cambiado de ropaje pero el alma quedaba apegada á la rutina y á resabios ignorantes.

La profesión médica siguió mirándose como á oficio vulgar, y á los facultativos como á pobres lázaros.

No obstante, el escaso elemento culto empeñó la batalla.

Hubo necesidad de hacer declaraciones por la prensa y por el gobierno de que dicha profesión era noble y digna del respeto público, hubo necesidad de hacer promesas positivas como el ofrecimiento de empleos bien remunerados para dar término á un estado que alarmaba justamente á la autoridad y al elemento culto.

A fin de facilitar los estudios, Camilo Henriquez publicó en «El Monitor Araucano», N.° 63, de 2 de Septiembre de 1813, una lista de los libros que con más urgencia se necesitaban en el Instituto, para iniciar los cursos, pidiéndolos en donación ó en venta. Entre esta nómina figuran los libros de medicina siguientes: Química, de Chaptal; Botánica, de Ortega ó Cabanillas; Anatomía, de López; ó el resumen de Bonels y Lacaya; Cirugía, de Roberto Aler y Richerandi Bell; Vendajes, de Cannibel, y Obstetricia, de Novas. Debido á la escacez de libros en el pais, sólo acudieron á esta petición, el Dr Grajales que donó 3 tomos de la Química, de Fourcroy, y el ex-jesuita don Juan González, con 10 tomos de la Física, de Nollet.

En 1826, el Instituto tenía 150 alumnos y ningún matriculado en medicina. Las ocho becas que dejó el Gobierno para estos alumnos á pedido de la Junta de Educación no fueron ocupadas, por lo cual, en 1828, decía el rector de dicho establecimiento al ministro del ramo, que aún no habían podido instalarse los cursos encomendados á los profesores Oliva, Grajales y á su sucesor el Dr. José de Passamán.

Con todo, durante 23 años, esta campaña fué estéril.

Durante este lapso de tiempo, diversas organizaciones se ensayaron tendentes á constituir la enseñanza y la asistencia pública, como veremos en seguida.[4]


§ II.


En Abril de 1819, el Senado Conservador, envió una nota al Director Supremo, haciéndole ver la necesidad de reconstituir el tribunal del protomedicato, en la forma establecida por la cédula reglamentaria de 24 de Marzo de 1800, salvo los artículos contrapuestos é incompatibles con el estado republicano. Y al efecto solicita el decreto ejecutivo, y propone como miembros de la corporación á las personas siguientes:

Presidente del Protomedicato, al Dr. Eusebio Oliva.

Examinador de Cirugía, al Dr. Agustín Nataniel Miers Cox.

Examinador de Medicina, al Dr. Camilo Marquisio.

Examinador de Flebotomía y Fiscal, al Dr. Manuel Julián Grajales.

Examinador de Farmacia, á don Francisco Fernández.

Asesor, al Licenciado Agustín Vial.

La anterior solicitud se termina, pidiendo «el pronto restablecimiento del tribunal, por la salud pública, por el honor del pais i por el crédito del gobierno,» agregando que debe darse una reglamentación pomposa y solemne á la recepción del médico, dando toda «la decoración á un acto que debe mirarse con la mayor circunspección, porque nunca estará demás cualquier acto exterior, respecto de un tribunal que va á cuidar de los medios de conservación del individuo.»

La proposición del Senado, fué ley de la república hasta el 15 de Agosto de 1826, en que, por decreto hecho por el ministro Ventura Blanco Encalada, se declaró en caducidad, reemplazando á dicho tribunal, la Sociedad Médica, institución más ó ménos análoga, creada con el fin de separar al protomédico Oliva que nada había podido hacer por el progreso médico, y cuyos actos y deficiencia técnica fueron puestos de manifiesto por publicaciones del Dr. Blest.

La «Sociedad Médica», fué á su vez reemplazada el 6 de Abril de 1827, por la «Inspección General de Medicina», con el siguiente personal nombrado por el presidente Freire y el ministro Gandarillas.

Inspector General, el Dr. Guillermo C. Blest.

Subinspector, el Dr. Eusebio Oliva.

Inspector de policía médica, el Dr. José de Passamán.

Inspector de Farmacia, el Dr. Juan Miquel.

Secretario, el Dr. Pedro Morán.

El 26 de Noviembre de 1827, otro decreto vuelve á poner en vijencia la «Sociedad Médica», hasta que el presidente Ovalle y el ministro Portáles, derogan á su vez esta institución y restablecen el antiguo Tribunal del Protomedicato con fecha 27 de Abril de 1830, «en vista de que la Sociedad Médica no puede llenar los objetos de su instalación ya por la extensión que se dió al número de vocales, ya por haberse limitado la facultad que debía tener al igual de las del antiguo protomedicato á quien subrogó.»

El nuevo protomedicato quedó constituido en esta forma:

Presidente y Profesor de Medicina, el Dr. Guillermo C. Blest.

Profesor de Cirugía, el Dr. A. Nataniel Cox.

Profesor de Farmacia, don Vicente Bustillos.

Secretario, el Dr. Pedro Morán.

Fiscal, don José Barrios.

Esta vez el tribunal obtuvo mejor éxito, tanto por la confianza que inspiraba su personal, como por las medidas que tomaron para enaltecer la profesión, y los trabajos de propaganda en pro de la enseñanza médica, la cual fué llevada á cabo dentro de los primeros años de su instalación.

Los esfuerzos de sus predecesores habían sido nulos; el profesor de medicina Oliva en 1817, y el de cirugía Grajales, en 1819, no consiguieron tan feliz resultado. El Dr. Oliva, sin embargo, tuvo de alumno en 1817, al joven Domingo Amunátegui[5], más, á pesar deque dicho profesor llegó á asignar la pensión de 10 pesos á su educando, este abandonó la carrera obligado por la lucha por la vida; después volvió á las aulas pero para cursar leyes, y recibirse de abogado en 1826.

El primer «Plan de Estudios Médicos» fué propuesto por Grajales el 7 de Agosto de 1819, al Senado Conservador.[6]

Los puntos principales que abarcaba dicho plan consistían en las indicaciones para crear, un anfiteatro anatómico, un jardin botánico, gabinetes de química y física, y una biblioteca con la base de los libros de los Drs. Llenes, Chaparro, Rios y Sierra, cuyos poseedores estaban dispuestos á donarlos algunos, y otros á venderlos por precios módicos; proponía Grajales, además, la formación de una escuela de partos, y pedía que los flebótomos y sangradores asistiesen á las primeras lecciones de los cursos. Estos estudios deberían durar cuatro años y se enseñaría por cuatro profesores rentados que funcionarían en el hospital militar.[7]

Este programa fué combatido por Oliva [8] y principalmente por el Dr. Cox [9] que presentó un enérjico informe pidiendo su rechazo por considerar desdoroso para la profesión el que los flebótomos y sangradores fuesen á rolarse con los alumnos de la noble ciencia, además de otras inconveniencias como la proposición de hacer clínico el hospital militar, en vez del de San Juan de Dios, y la de dirijir la enseñanza cuatro catedráticos que serían mal rentados, con escasos alumnos, y poco dedicados á sus tareas.

El 21 de Octubre de 1823, el Dr. Oliva, solicitó licencia, del Senado Conservador,[10] á fin de aumentar el escasísimo número de médicos que había en Chile,[11] el poder dispensar un año de práctica y dos de edad, el admitir certificados de profesores privados, y aún otorgar títulos interinos en casos de epidemias ó de escasez de profesionales. Esta súplica termina con la queja de que las cátedras de los Rios, de los Chaparros, y los Sierras, no funcionen en el Instituto, «aunque no mas fuese para formar hombres medianos en la medicina que salven á tantos que mueren sin asistencia. »

Nombrado Grajales para emitir un informe sobre la solicitud de Oliva, pidió un perentorio rechazo, según sus palabras, para tan exquisita ambición.

«¿Como hay valentía, señores,[12] dice el informante, para pretender la autoridad de facilitar curanderos en tiempos de epidemias, y que en todas épocas sean bastantes los certificados privados de estudios? Se ignora acaso la facilidad con que un empeño, una noticia seductora, un respeto á mil relaciones, una equivocación, una falsa piedad, ó una prostitución del destino, según que este se varíe en las personas, puede franquear esos documentos de que pende la salud pública? En medicina no se admiten grados de bueno y mejor careciéndose de los elementos necesarios para salvar la vida, porque queda expuesta á manos inexpertas que la destruyan. Un examen no es la prueba concluyente del candidato. Cualquier accidente puede hacer un lucimiento sin que esté adornado de los estudios que no ha tenido. El interés de la vida del hombre demanda un caudal de luces que no se adquiere por una gracia del tribunal, y yo jamás convendría en que haya malos facultativos que el que no haya ninguno, porque en esta carencia universal sería la naturaleza mejor médico que aquellos que pueden matar á los sanos.

No cesaría de clamar contra esas epiqueyas de edad y de luces para que sin un sólido juicio y sin los conocimientos necesarios, quede expuesta la existencia de los habitantes de Chile á la impericia de cualquier extrangero que traiga títulos adquiridos como cualquier viajante puede traer su título de cónsul... »

En este vaivén de programas, reformas y discusiones por un lado, y por el otro, de indiferencias y de necias creencias, en medio del abatimiento general que encadenaba las alas de la prosperidad intelectual, pasaron los primeros años de la independencia.[13]

La activa propaganda en pro de la medicina, había preparado algo el terreno para iniciar su implantación. El surco definitivo abierto para tan fecunda simiente, se debe al esfuerzo vigoroso del ministro Joaquin Tocornal que después de emular á la juventud por todos los medios oficiales y particulares de su elevada posición, inculcó á su hijo Francisco Javier el cariño por dicha ciencia hasta hacerlo encabezar con su nombre la matrícula del primer curso de medicina que se estableciera en Chile dentro del réjimen republicano. Este acto de patriotismo del joven Tocornal salvó la situación y pudo más que todas las propagandas y ofrendas del Gobierno para conseguir alumnos. Este sólo hecho bastó para aniquilar las timideces y mezquinas preocupaciones sociales, y en pocos dias hubo alumnos para formar el primer cuadro de estudiantes, lo que revela, con claridades de linterna, cual era el vasallaje intelectual y absurdo que dominaba en nuestra pobre colonia.


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  1. «La Aurora de Chile», fué impresa, en Santiago, en la imprenta del Gobierno, por los Srs. Samuel B. Johnston, Guillelmo H. Burbidge y Simón Garrison, de los Estados Unidos.
  2. Parece que este nuevo Museo no tuvo gran protección, pues, al clausurarse la Universidad de San Felipe, su inventario sólo apuntaba los útiles siguientes:

    Un microscopio de doble refracción.

    Tres termómetros clínicos.

    Un termómetro de baño.

    Un barómetro de Bunten.

    Un aparato para observar la electricidad de la atmósfera.

    Dos barras de magnetismo artificial.

    Un imán artificial en forma de herradura.—Firmados.—Andrés Antonio de la Gorbea, Francisco Garda Huidobro.

  3. En el primer año el Instituto alcanzó á tener 60 alumnos internos y 50 externos. Para la mejor dirección de los educandos se nombró á dos protectores, uno civil nombrado por el Gobierno, y otro eclesiástico, por el Obispo.
  4. En el t. 23 de Educ. é Inst. Pública— 1681-1824. M. S. de la B. N.—se encuentran diversos documentos é informes sobre la organización pública de los estudios y reglamentaciones del Instituto Nacional, Eclesiástico y Civil, firmados por los señores Juan Egaña, Francisco de Echeverría, Dr. Quezada, Manuel Salas, Tomás de la Torre y Anselmo de la Cruz.
  5. Primeros años del Instituto Nacional, por Domingo Amunátegui Solar.—Santiago de Chile.—1899.
  6. Cuerpos Legislativos—Tomo III.—Santiago de Chile.—1819.
  7. Plan de Estudios Médicos, presentado al Senado Conservador, por Manuel Julián Grajales—7 de Agosto de 1819.—Santiago de Chile.
  8. Objeción de la condición á que quiere sujetarse á los aprendices á estudiantes de medicina i cirugía teórica i práctica en los hospitales, por Eusebio Oliva.—1.° de Diciembre de 1819.
  9. Informe sobre el «Plan de Estudios Médicos» presentado al Senado Conservador por Manuel Julián Grajales, por Agustín Nataniel Cox—1 de Octubre de 1819.
  10. Petición al Senado Conservador, de facultades para el Protomedicato, con el fin de facilitar la carrera médica—por Eusebio Oliva—21 de Octubre de 1823.
  11. En 1818 y en 1822, pasó Oliva, al Senado, las nóminas siguientes de los médicos que tenían derechos á ejercer la profesión:

    En 1818: Oliva, Diaz Coronilla, Nataniel Cox, Grajales y Camilo Marquisio entre los latinos, y á José Delgado, Pedro Morán y José Puyó, entre los romancistas.

    En 1822: Oliva, Juan Miquel, Manuel González, Nataniel Cox, Diaz Coronilla, Juan Crous, Santiago Michael, Pedro Morán, Gregorio Arias y N. Polar.—Agrega que hay cinco boticas en la ciudad de Santiago.—(Cuerpos Legislativos.)

  12. Informe presentado á la Comisión de Policía del Senado, sobre la petición del Protomédico Oliva para dar facilidades á la carrera médica, por Manuel Julián Grajales—Noviembre 5 de 1823.
  13. La «Sociedad de Amigos del Pais», fundada en 1818, y el «Tribunal de Educación» creado en 1823, bajo la presidencia del Senador don José María Rosas, para dirijir la enseñanza pública, fueron asociaciones que contribuyeron en mucho al fomento de la instrucción y á la emulación por el estudio.

Historia general de la medicina, tomo I de Pedro Lautaro Ferrer

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